I Trail Desafío del Barro (2022)

Cartel de la prueba

En mis dos últimas entradas he estado haciendo hincapié en la ilusión que me hacía correr un trail, así que visto el título de esta crónica a nadie sorprenderá que, por fin, lo haya corrido… e incluso alguno se alegrará porque así dejaré un poco de dar la vara.

Antes de ir al lío, lo que sí quiero comentar es que es una pena que hayamos dejado de escribir de carreras en nuestros blogs (cuando no directamente de escribir). Son (o eran) una fuente de información muy valiosa para la gente interesada en tal o cual prueba. A través de las vivencias de otros, podías hacerte una idea de cómo era esa competición y si te interesaba ir a correrla o no. Buscando crónicas recientes sobre trails pequeños para empezar, me ha costado mucho encontrar algo, aparte de blogs traileros enfocados a pruebas mucho más importantes que el pequeño trail que he corrido en Pereruela de Sayago y en el que he tenido la suerte de debutar.

A falta de información de otras pruebas, me decidí por el «Desafío del Barro» por varias razones: la primera, que iba a estar en Zamora durante la Semana Santa y Pereruela está muy cerquita; la segunda, que tenía una distancia corta ideal para un novato como yo; y la tercera, que me pareció tremendamente barato pagar 10 euros por un trail con comida, sorteos y camiseta incluidos, eso no se ve por las pruebas que anduve mirando en Madrid.

Una vez tomada la decisión, el proceso de inscripción fue fácil a través de la página web y la recogida de dorsales anticipada en el Decathlon de Zamora también me pareció tremendamente útil para no madrugar demasiado el día de la prueba. Un diez para la organización. La única pega que puedo ponerles es que no pusieran el recorrido en la web y tuviera que adivinar el último día, a través de comentarios, que estaba disponible en Wikiloc. Esto, señores, hay que ponerlo más fácil, para que los que quieran puedan descargarse esos datos a los relojes y seguir la ruta desde el gps.

Al hilo de esto, me encantó el comportamiento de la app WorkOutDoors para el Apple Watch: no tuve problema para subir el recorrido al Watch y el comportamiento en carrera, espectacular. No da preaviso de giro (o yo no lo sé poner), pero funcionó como la seda la navegación por mapa. Ciertamente no echo de menos el Polar, para nada. El Watch es súper preciso para mi gusto y el sensor de pulso óptico es de lo mejorcito que he probado. Vale, sí, hay que cargarlo todos los días, igual que el móvil. Te acostumbras.

Pasando a la prueba en sí, me presenté en Pereruela, el pueblo de los hornos, unos 15 minutos antes de la hora de salida, las 10. Un chico del pueblo, participante también, me vio un poco perdido entre las callejuelas y me acompañó hasta la plaza de donde salía la prueba (un 10 para la gente de Pereruela). Como me daba tiempo, me puse a curiosear un poco por los alrededores. Seríamos ciento y poco entre la gente del trail largo y del corto. Muchas Nike trail, muchas Asics trail, alguna Joma trail y también gente con zapatillas de asfalto (y hasta de no asfalto porque juraría que uno llevaba unas Nike Air Max). Pero vamos, si llegas a la salida de un trail y ves zapas de asfalto intuyes que la dificultad va a ser asumible (el reglamento indicaba unos 300 m de desnivel acumulado en 11 km).

La salida la dio el alcalde, como debe ser en cualquier pueblo que se precie, y enseguida enfilamos una senda a la salida del pueblo por la parte norte, hacia el río. Debo decir que correr en pelotón, en un terreno que no es asfalto, es complicado porque tienes poco tiempo para que tu cerebro reconozca la parte del terreno en la que vas a querer aterrizar tu pisada porque tu perspectiva no va más allá del talón de los que van delante. No vi a nadie caerse, pero toda precaución me pareció poca. Era una pena tener que mantener esa concentración porque el entorno era muy bonito y a pesar del fresco de la mañana, o precisamente por eso, el olor era intensísimo a hierbas aromáticas, como en un plato de pasta italiano: el orégano, el tomillo, aromas todos que transportaban a sitios buenos.

Dejé de olerlo pronto, no sé si por saturación de la pituitaria o porque empezamos a sufrir subiendo la primera tachuela del terreno en torno al km 2,5: la ascensión a un depósito de agua en la cumbre de una pequeña colina.

Me sorprendió la cantidad de gente que se puso a andar. Lo tomé como un aviso de lo que quedaba por venir, así que imité a mis compañeros y yo también hice lo mismo por lo que pudiera pasar. Sabía por el track que íbamos hacia el Duero, que por allí bajaríamos, y que esa bajada habría que volverla a subir. El arribe por Pereruela no es demasiado profundo, pero aun así, siendo yo nuevo en esto no quería correr riesgos.

Una vez dejamos atrás el depósito, el recorrido se puso muy corrible y aproveché para adelantar unas posiciones y hacerme un hueco, para correr holgado.

Y juro que lo habría conseguido de no haber existido el avituallamiento del kilómetro 5. Aquello fue una cosa de locos. Lo que menos me esperaba era encontrarme a las 10:30 de la mañana, en medio del campo, una mesa atendida por dos voluntarias con sandía, naranja, plátanos, agua, fanta, cocacola, hornazo, tortilla de patatas, jamón, queso, chorizo, salchichón…

Os juro que casi me da un síncope. Lo malo es que no tenía hambre, así que tomé un poco de agua, medio plátano y un trocito de hornazo para llevar mordisqueándolo en la bajada hacia el Duero y marché. Allí se quedó apalancado algún que otro compañero que animaba encima a los demás a abandonar la prueba y quedarse allí degustando el sabroso producto local. Me hubiera gustado quedarme, la verdad, pero habíamos venido a correr y con el trozo de hornazo medio atragantado continué con la carrera. Eso sí, como me habían pasado ya unos cuantos en la pausa, holgado, corría.

El terreno se puso feo de veras en la cuesta abajo, la senda apenas se veía, entre la maleza y el suelo removido por los que me habían precedido. Menos mal que no había llovido en varios días porque aquello podría haber sido un lodazal. Tuve un par de sustos por no saber dónde ibas a acabar pisando, pero las zapas (unas Nike Wildhorse 3) se portaron como jabatas a pesar de ser que tienen ya un tiempo (creo que las WH van ya por la versión 7, pero las mías tienen 500 km y cuerda para rato).

Y después de la bajada, la puñetera subida. Por suerte llevaba la gorra y los goterones de sudor caían por los lados. Allí se pusieron los fotógrafos de la prueba para, en vez de sacarnos guapos, sacarnos sufriendo como perretes… hasta con un dron nos grabaron.

Como podéis imaginar estaba disfrutando como un gorrino.

Llegados al kilometro 6 el trazado se normalizó. Un cartel indicaba el trail corto a la izquierda y el largo a la derecha, así que pensé que lo gordo había pasado y lo que me quedaba era la vuelta, que poco más o menos sería de dura como lo había sido la ida. A pesar de que el recorrido estaba muy bien señalizado, un grupo con el que coincidí se había despistado. Eran tres y aparecieron por una senda a mi derecha, me preguntaron cuanta distancia llevaba yo en el reloj y resultó que ellos llevaban un kilómetro de más. Una pena. Se veía que eran de un club porque todos vestían igual, iban muy finos, sobre todo la chica, que enseguida tiró para adelante sin esperar a sus compañeros y al final me enteré de que quedó tercera, a dos minutos de la ganadora. Vamos, que de no haberse perdido habría ganado de largo.

Los últimos kilómetros no tuvieron mucho misterio, se corrían por pistas forestales grandes, rectas, con poco desnivel y muy disfrutonas.

Al final me salieron por el reloj 10,70 kms, 300 m de desnivel y un tiempo de 1:09:58, cuatro segundos más que el tiempo oficial, y puesto 32 de 74 (28 de 45 en categoría masculina).

En meta nos dieron una botella de agua y una magdalena o un sobao, a elegir (aquí te ceban), y por obligaciones familiares me marché sin quedarme a la entrega de trofeos ni al almuerzo de dos y pingada (plato típico de la Semana Santa Zamorana) al que invitaban a todos los participantes. Una carrera de 10, una organización volcada con el corredor y que particularmente a mí me ha hecho sentir cuidado. Ha sido un placer correr en Sayago y debutar en trail. Solo me queda desearles que sean muchas ediciones más y decir que espero poder volver a correr en Pereruela… pero la próxima vez en el trail largo, que el corto me ha sabido a poco.

EDP Rock’n’Roll Madrid Maratón 2016

Aunque a veces parecía que no iba a llegar nunca, por fin llegó el acontecimiento deportivo más importante de la temporada para mí: el maratón de Madrid. Antes de hablar de mi carrera quería comentar que parece que, por fin, este año la organización ha querido enmendar todos los errores y faltas de años anteriores y tanto la entrega de dorsales como la organización del ropero antes y después de la carrera ha sido modélica. El traslado al Ifema de la Feria del Corredor, en el Campo de las Naciones, creo que ha sido un acierto porque las antiguas instalaciones de la Casa de Campo era evidente que no podían absorber la cantidad de visitantes que acuden a la feria y aún más este año en el que estábamos inscritos casi 34.000 corredores entre las tres carreras. En definitiva, todo estaba bien organizado y eso se nota. El único ‘pero’ fue que faltaba una pantalla donde comprobar el dorsal en la feria. Pero tampoco me voy a quejar demasiado por eso. A mí me encanta que las cosas funcionen y esta vez todo funcionó a la perfección.

De la carrera sólo puedo decir que estoy contento con el resultado final, pero tambié que no cumplí con mi objetivo que era bajar de las tres horas y media y, de haber sido posible, hacer mejor marca personal. Y la culpa se la echo principalmente a dos factores. El primero, mi peso. Y en eso tengo que estar con Rafa, autor del blog maratonman que le da muchísima importancia a este factor. Y, efectivamente, no se puede hacer MMP pesando 74 kilos a escasos días de la carrera teniendo en cuenta que mido apenas 170 centímetros. Si haces la cuenta en cualquier calculadora de IMC verás que estoy en lo que llaman ‘sobrepeso’. Y el entrenamiento intenso de estos últimos cuatro meses no ha sido suficiente para quitarme esos kilos de más. Ni siquiera en aquellas semanas que he llegado a correr 80-90 kms. he bajado de peso significativamente. Está claro que tenía que haber complementado el esfuerzo con una dieta más rigurosa porque 4 kilos menos en la carrera de ayer me habrían ayudado mucho.

Y el segundo de los factores me vino impuesto por la organización que decidió incluirme en el Cajón 3 en la salida y de lo que no me di cuenta en la feria (allí podría haber solicitado un cambio de cajón) sino que lo vi al llegar a casa. No entiendo cómo teniendo una marca de 2:32:26 en esa carrera en 2014 (en 2015 no corrí la maratón) la organización no lo comprueba de oficio y en lugar de ello me asigna un cajón en el que estaba la gente que salía con los globos de 4:30 y de 4:15. Que no lo digo como algo peyorativo, sino como fastidio porque mi estrategia era pegarme como una lapa al globo de 3:30 y rodar a su rueda, a 5 minutos por kilómetro, hasta el momento de meter un cambio de ritmo en el último tramo para mejorar mis tiempos; y sencillamente eso se fue a la porra porque lo que tuve que hacer fue ir esquivando genta para tratar de adelantar a todos los globos que pudiera: el de 4:30, el de 4:15, el de 4:00 y hasta el de 3:45. Pero ya en la media maratón me di cuenta de que no iba a ser posible seguir dando caña al cuerpo sin pagarlo al final tan sólo por alcanzar un globo y no poder seguir su ritmo después por estar desfondado. Así que mi planteamiento varió para tratar de mantener el ritmo que llevaba, en torno a los 4:55-5 minutos por kilómetro.

Resultados
Resultados

Pero el daño ya estaba hecho y a partir del 25 los kilómetros caían cada vez más lentos. Al principio poco a poco, pero a partir del 35 el ritmo bajó considerablemente. En el 37, al paso por Atocha, ya tenía una buena pájara que se fue haciendo más y más grande hasta el 40, y no porque recuperara las fuerzas, sino porque desde ese punto hasta la meta el trazado picaba hacia abajo y casi podía bajar rodando. Los dos últimos kilómetros a volví a recuperar un ritmo de 5’30», eso sí, dando gracias, para acabar parando el reloj en un tiempo real de 3:33:13 (tiempo oficial: 3:37:37).

Otra vez será.

Ahora, a descansar un poco y decidir cuál será el próximo objetivo maratoniano porque con 13 maratones no me puedo retirar, y no es que sea supersticioso pero tendré que buscar al menos el 14, digo yo.

XVII Trofeo Paris (2016)

El pasado 10 de enero volví a correr el Trofeo Paris que se celebra todos los años en el Parque Lineal del Manzanares. No me tocaba. El plan de maratón que he empezado a seguir el pasado día 4 no me exige tomar parte en ninguna competición, salvo un medio maratón el 28 de febrero. Así que me tocó jugar con el orden de los entrenos de la semana para desplazar la sesión de calidad del martes y sustituirla por la carrera del domingo. La parte positiva es que al estar de vacaciones no supuso complicación alguna.

¿Y todo esto por qué? Pues porque me apetecía. No corrí ninguna carrera de fin de año y además me gusta esa prueba y en esta tercera participación he vuelto a confirmar que me gusta mucho. A lo mejor es que me estoy asilvestrando porque últimamente me está encantando participar en pruebas que se hacen en zonas verdes: el Paris, el Akiles en la Casa de Campo, la Carrera de la AVT en el Parque de la Cuña Verde de O’Donnell, la Carrera del Taller en el Parque Juan Carlos I. Y al revés, me aburren todas esas pruebas que van Castellana arriba, Castellana abajo. Quizá tenga alguna vez que probar el trail, pero me da mucha pereza eso del desnivel acumulado. Me lo pensaré. Eso sí, elegí las Salomon Crossmax para esta carrera que tenía abandonadas en el fondo del armario ni sé de tiempo. De hecho están hasta descatalogadas. En general, fueron una buena opción con la de barro que había por el parque, salvo en la recta final que es una pasarela de madera que estaba empapada por la lluvia y en la que pensé que me iba a pegar la costalada padre porque resbalaba la maldita como si fuera una pista de hielo.

Es que no lo he dicho, pero hacía un día de perros. No ha llovido en Madrid en todo el invierno, pero este fin de semana ha sido de los de casa, estufa, tele y mantita. Es lo que tiene ser corretón. Cuando todos están a gustito en la cama o tomando un vermut al calor del amor en un bar, el corretón está entrenando o compitiendo. Probablemente porque podamos presumir de piernas, pero no tanto de cerebro. Lo bueno que tuvo la lluvia es que te das cuenta de que el Parque tiene un fallo enorme: no hay un sitio donde ponerse a cubierto (los olivos no fueron buena idea, lo probé). Pero bueno, la lluvia nos respetó durante buena parte de la competición (no así en los prolegómenos) y sólo al final hizo acto de presencia. Por suerte el guardarropa estaba al lado de meta y los voluntarios no tardaron nada en localizar mi bolsa en la que guardaba una camiseta seca y un chubasquero. Todo bajo control.

La carrera en sí muy bien organizada, como siempre. Participación modesta. Entrega de dorsal y camiseta (normalita) sin colas ni esperas. El recorrido, llano a dos vueltas, con indicaciones cada 500 metros (se agradece mucho ese detalle que no sé cómo no lo incorporan más organizadores) y en meta agua (1) y Aquarius (1) sin tener que esperar colas tampoco.

Sobre mi rendimiento tampoco tenía demasiadas expectativas. Había tenido un par de días antes un tirón en los isquiotibiales, a la altura dela rodilla, por detrás. Así que salí muy conservador y hacer un poco de calidad si pudiera ser. Me coloqué de la mitad para atrás en el pelotón y poco a poco fui sintiéndome bien, así que empecé a adelantar gente hasta encontrar mi lugar en el grupo. Tampoco fui de paseo, me esforcé, pero la maquinaria en la primera semana del plan de maratón todavía no está muy engrasada y al final incluso se me fueron los compañeros con los que había coincidido la mayor parte de la carrera (las maderas resbaladizas influyeron un poquito, pero sólo un poquito).

En resumen, 10 kilómetros (aunque según mi GPS le faltaban algunos metros) en 45:43 netos (46:18 tiempo oficial) a un ritmo de 4:35 por kilómetro. Buen comienzo de plan. Y todavía me quedan otras 15 semanas para mejorar.

XXXVI Trofeo José Cano – Canillejas 2015

Cartel Canillejas 2015
Cartel Canillejas 2015

El pasado domingo corrí por novena vez la carrera de mi barrio, el Trofeo José Cano o la carrera de Canillejas, como vulgarmente se la conoce. Sigo teniendo sentimientos encontrados hacia ella. Por un lado me encanta correrla: por cercanía, por tradición, porque el trazado a pesar de no ser llano es rápido y, si se sabe gestionar, pueden salir grandes marcas, de esas de que uno siente “curradas”, no del tipo: «voy a hacer marca a la “Norte-Sur” porque es cuesta abajo». Por otro lado, pienso y seguiré pensando que es una carrera demasiado cara para lo que ofrece: vale, hay avituallamiento en el km 5 y dan medalla, pero la camiseta es muy mejorable y la bolsa del corredor simplemente no existe; y este año aparte de las conocidas colas para recoger la camiseta en meta ni siquiera había botellas de agua (y no, con el Powerade solo no vale). Y todo eso por 15 eurazos… con un bonito sobrecoste de 1,30 euros si se hacía la inscripción online. Es decir: ¡1,30 euros extra por inscribirse uno mismo! Un total de 16,30 euros señores organizadores que no se pueden justificar proclamando a los cuatro vientos que correr Canillejas es como jugar en el Bernabéu porque por allí han corrido los más grandes. No lo es. Quizá lo fue hace muchos años, como la ciudad de Baden-Baden en su tiempo llegó a ser sinónimo de lujo y glamour y por sus calles se paseaban emperatrices como Eugenia de Montijo, pero hoy no la conoce ni Dios (y eso que Dios lo sabe todo). Lo siento, lo siento mucho, pero ni siquiera el patrocinio de Skechers ha conseguido impulsar la carrera. También lamento mucho la innecesaria nota de prensa de la Federación de Atletismo avisando de que la carrera había dejado de estar homologada y que ninguna marca sería reconocida. No entiendo qué sentido tiene boicotear una carrera popular en vez de ayudarla. Probablemente carreras homologadas y avaladas por la Federación en Madrid se puedan contar con los dedos de las manos y sin embargo esa misma Federación no saca notas de prensa todas las semanas para denunciar la falta de homologación de los cientos de carreras populares que se celebran en la provincia durante el año ( o los miles a nivel nacional). Supongo que detrás habrá algo que uno no alcanza a comprender: ¿codicia, grandes egos, enemistades? Quién sabe.

canillejas 2015
Cabeza de carrera

Pasemos página y vayamos a lo deportivo. Lo más destacable es que corrí esta edición acompañando a mi sobrino Moe que con 16 años quería debutar en una carrera popular. Me había tocado un dorsal en el sorteo de Ocio Runners por Twitter (gracias, chicos), así que le invité para que corriéramos los dos. Desde que hace dos años, en Zamora, no salíamos a correr juntos (por aquel entonces con poco más de seis kilómetros a 6:30 por km el pobre ya iba con la lengua fuera), así que no tenía referencia de a qué ritmo correría y me planteé llevarle simplemente a bajar de la hora. En la salida nos situamos casi atrás del todo para no molestar y los primeros kilómetros los hicimos al ritmo lento del pelotón. A partir del kilómetro tres empezamos a aumentar el ritmo y le vi responder bien. El truco de esta carrera, creo, es saber regular el tramo de cuatro kilómetros del Parque de El Paraíso y, en mi opinión lo hicimos bien. A la altura del kilómetro cinco ya vi que bajábamos de la hora sin demasiado esfuerzo. El kilómetro 6 es el más difícil pues se trata de una subida continua cuyos últimos 200 metros son aún más inclinados y tras coronarla y pisar la línea del kilómetro 7 (un diez para la señalización de cada kilómetro), Moisés se me quejó un poco de flato, pero la cuesta abajo de la calle Julián Camarillo le hizo revivir y los últimos tres kilómetros los hicimos todos por debajo de 5 minutos el kilómetro. En la recta de meta incluso se me emocionó y pegó un sprint que casi le hace dejar los higadillos tras cruzar el arco de meta.

Al final tiempo oficial de 52:58 y neto de 51:40 y la moral de mi sobrino tan por las nubes que me ha pedido que para la próxima le lleve a ritmo de sub-45 (lo que hace la edad). 😉

Crónica de la XXXIV edición del Trofeo José Cano (año 2013)

IX Media Maratón Villa de Azuqueca (2015)

Cartel Media Maratón Azuqueca
Media Maratón Azuqueca 2015

A última hora pude apuntarme para correr esta prueba en la que nunca antes había participado, pero con la que tenía una deuda pendiente con mi compañero de curro, Diego, azudense de pro y miembro del Club de Atletismo Azuqueca que es el colaborador deportivo de la carrera. Lo único que sabía de la media maratón es que era en un circuito a tres vueltas. Nunca antes había corrido a tres vueltas en ningún sitio. A mí, sinceramente, lo que me gusta de verdad son los recorridos a una vuelta; a dos he corrido algunos, pero no me fascinan; sin embargo, bien pensado, las tres vueltas suponen un reto adicional: evitar que los primeros te doblen.

El día amaneció soleado, muy soleado. A las nueve cuando recogí el dorsal sobraba la manga larga, lo que hacía prever que hacia el final de la carrera íbamos a pasarlo mal. Eché de menos la gorra y el protector solar, que se quedaron en casa (las prisas de última hora). El recorrido, que apenas se alejaba de las nuevas urbanizaciones que hay al sur del magnífico estadio desde donde se dio la salida, donde también estaba la meta y por donde se habría de pasar hasta en tres ocasiones, al menos, parecía llano.

foto estadio
Arco de salida/meta desde el graderío

En la salida nos juntamos escasamente 400 corredores, incluyendo a los que iban a dar únicamente una o dos vueltas (240 participantes llegados a meta en los 21k, según listado de clasificaciones), por tanto no iba a resultar difícil encontrar hueco para correr. Y así fue, salvo los primeros 400 metros por la pista de atletismo, se podía rodar sin agobios. Mi objetivo era doble: evitar, como dije, ser doblado y comprobar si estaba en condiciones de mantener un ritmo de 4:50 minutos/km (se supone que ése es el ritmo al que debo correr en Chicago para acabar en 3h25m).

Justo tras el primer kilómetro me encontré con Pablo, un ex-corredor del grupo Correr Te Hace Libre (ya salió en libertad), pero que ha decidido seguir en esto de la carrera a pie. Me dio mucha alegría y mucha satisfacción, porque prueba que el proyecto de Don Pablo funciona. Juntos hicimos cinco o seis kilómetros, pero yo me veía con fuerzas y tiré hacia adelante. Iba rodando en torno a 4:40 y muy fuerte. Justo antes del primer paso por el estadio está la única tachuela del recorrido, una pequeña subida que casi no se le puede ni llamar cuesta, pero imaginé que en la tercera vuelta iba a pasar factura. Lo bueno del circuito es te permitía cruzarte varias veces con gente que iba más adelantada o atrasada que tú. Saludando y animando a los conocidos y conociendo la situación tanto de la cabeza de carrera (masculina y femenina) como del último clasificado. Lo peor, los giros de 180º, sobre todo el situado al sur de la Av. Enmedio que ni siquiera aprovechaba una rotonda, sino que había que cambiar bruscamente de sentido atravesando la mediana por un paso de peatones. Quizá esa sea la explicación de que, por mi GPS, a la media maratón le faltaran metros (21,02 kms me marcó, cuando lo normal es que salgan 21,2 o incluso 21,3).

Durante la segunda vuelta aún podía mantener ritmos por debajo de 5 minutos por kilómetro pero el calor se hacía notar, tanto que pasó por mi cabeza la idea de dejarlo al paso por el estadio en el km. 14, pero pensé que si hubiese sido una prueba en línea ni se me habría ocurrido, así que decidí que aunque hubiera que sufrir había que terminar. Afortunadamente, hubo cinco puestos de avituallamiento en carrera (kms. 3, 7, 10, 14 y 17), así que lo que hacía era tomar un par de sorbos de agua y echarme el resto de la botella por la cabeza, lo suficiente para llegar al siguiente avituallamiento y repetir el proceso.

La última vuelta fue agónica con el sol en todo lo alto y hasta viento en algunos tramos. Un poco más allá del km. 15 me encontré a la cabeza de carrera que ya iba por el 20. No me iban a doblar, así que objetivo conseguido. Sin embargo el segundo objetivo se alejaba un poco más con cada kilómetro y si empecé la tercera vuelta a 5 min/km, la acabé a más de 5:20.

Al final, sprint en recta de meta recibiendo los ánimos de Diego, que había terminado su carrera en el km. 14, y parando el crono con un tiempo oficial de 1:43:53, la mejor media de la temporada, pero a un ritmo de 4:55 min/km, 5 por encima del objetivo. Queda mucho trabajo por delante para llegar en forma a Chicago. Empezando por bajar de peso, que se ha convertido en prioridad absoluta.

Tras recoger la bolsa del corredor (camiseta técnica amarilla muy bonita y con pinta de ser muy fresquita, ideal para entrenar este verano), Diego y yo esperamos a Pablo y cuando llegó nos fuimos juntos a tomar una Coronita bien fresquita, cortesía de la organización, que nos sentó de lujo. De las migas no puedo decir nada porque se repartían tras la entrega de trofeos y no tenía tiempo suficiente para quedarme a esperar.

En definitiva, una carrera modesta en participación, llana y bien organizada aunque confinada en un circuito pequeño y apartado del centro del pueblo, sin apenas animación. Lo de siempre: lo que ganas en ahorro de costes (menos policía para cortar calles, menos problemas vecinales indignados por que se paralice el tráfico) lo pierdes en personalidad y encanto de la carrera, lo que a su vez provoca que la participación no aumente porque la carrera, sinceramente, no es bonita. Un consejo para la organización: me pensaría seriamente para próximas ediciones adelantar al menos una hora la salida, las diez (en mayo) es demasiado tarde.

Pero bueno, a estas alturas de temporada quien más quien menos ya ha acabado con su objetivos de primavera y esta media es ideal, por ejemplo, para aprovechar la supercompensación del maratón y sacar una buena marca a pesar de no ser tan llana como Alcalá, por ejemplo.

Arco de salida
Foto al estilo Rafa Pérez de mis Pegasus 30, que estrené en carrera.

V Media Maratón Cervantina de Alcalá de Henares (2015): la crónica

Este domingo tocaba volver a ponerme un dorsal y encadenar la Media de Zamora con esta Media Cervantina de Alcalá de Henares. Segundo año consecutivo corriéndola y segundo año defendiendo los colores del equipo «Correr Te Hace Libre» gracias a la gentileza de Don Pablo. Pero que haya repetido tiene también que ver con la magnífica organización y sobre todo ese extraordinario circuito que, pese a ser a dos vueltas, se ha currado el Club A.J. Alkalá, organizador de la carrera.

mmcervantina2015
Cartel anunciador Media Maratón Cervantina 2015

El centro histórico de Alcalá de Henares es muy bonito, si la media maratón es capaz de sacar el mejor partido de él y si encima la altimetría indica que es casi tan llana como la palma de la mano, no se puede pedir mucho más por 15 euros. En el mundo del corredor se habla mucho de la Media de Getafe para hacer marca, pero probablemente Alcalá reuna mejores condiciones para ello (no sólo el recorrido, sino la importante limitación de dorsales que impide la masificación) y, por supuesto, el entorno le da mil vueltas (sólo baste recordar que Alcalá de Henares es Patrimonio de la Humanidad).

Puntos negros: convivir con el tráfico en algunas calles y el adoquinado de la calle Mayor que obliga a prestar mucha atención para conservar los tobillos (sobre todo en la segunda vuelta cuando uno lleva ya 20 kilómetros y anda algo cansado). Hablando de tráfico muy desagradables los bocinazos del Paseo de Pastrana, sobre todo cuando la Policía hacía lo que podía para aligerar de vez en cuando los embotellamientos y, sobre todo, el deplorable comportamiento de un energúmeno en el Paseo del Val encarándose a una agente de policía por no poder pasar y enfrentándose e insultando a los corredores cuando éstos le reprochaban su actitud. Una pena que tan magnífica ciudad tenga algunos ciudadanos así. Gente.

Respecto a mi carrera he de decir que mejor de lo esperado. Venía de arrastrarme en Zamora el pasado domingo, por lo que iba con todas las prevenciones. El día anterior salí a «soltar carbonilla» y me salieron 4 kilómetros interesantes a una media de 4:30 que me sorprendió hasta a mí.

El domingo por la mañana me acerqué a la salida en la moto a pesar de que el cielo amenazaba agua. Chispeaba cuando Pablo me entregó el dorsal. Después me di una vuelta por la zona de salida para respirar el ambiente. Paso al lado del Club Atletismo Villanueva cuando se están haciendo la foto de grupo y reconozco a un bloguero clásico de Guadalajara: «El Peñu«; me pregunto cuántas testas rebanará hoy :). Pero no me paro, queda poco tiempo y tengo que vaciar la vejiga antes de nada. Al salir del excusado ya no llueve. Se ha quedado el cielo encapotado y una temperatura fresca, no fría (a pesar de que son las 9:30 de la mañana), y un ligero viento que no llega a ser molesto. En suma, un día ideal para correr.

Me coloco al final del pelotón, no quiero molestar a nadie porque voy a salir muy prudente (léase lento). Tardo 45 segundos en pasar por el arco de salida. Poco a poco voy buscando mi hueco en el pelotón. Me vuelve a sorprender la cantidad de «cagaprisas» que salen detrás y luego van esquivando gente. Siempre pensé que eran los lentos los que se ponían delante y estorbaban, ahora también sé que hay «rapidillos» que se ponen detrás (o salen tarde) y molestan con sus adelantamientos y zigzags.

En el kilómetro 1 la calle se estrecha y hay un poco de tapón que ralentiza el ritmo que había puesto (ese embudo también podría ser mejorado por los organizadores). Adelanto un par de grupos que corren en paralelo y enseguida tengo espacio suficiente. Paso el kilómetro 5 en 26:31 a una media de 5:18. Sin embargo me encuentro fuerte, con ganas de correr más, y es que el circuito alcalaíno te hace correr aun sin tener intención de hacerlo.

Empieza la segunda parte del circuito. Voy siguiendo a grupos pero no me quedo con ninguno y al final acabo adelantándolos. Sin embargo no puedo seguir el ritmo de los que me adelantan a mí, o no me atrevo. El kilómetro 10 lo paro en 51:32: la media ha bajado a 5:09/km. La media de este parcial ha sido de 5 minutos por kilómetro, es un ritmo que me va bien y me propongo mantenerlo. Se me ha pasado el miedo de petar como en Zamora, me sigo encontrando fuerte. Evidentemente no estoy como el año pasado cuando preparaba Mapoma, pero sí que estoy para seguir a este ritmo sin dificultades.

Alcanzo el km. 15 en 1:16:18, 5:05 de media. El ritmo del parcial ha bajado a 4:57/km. Estoy yendo de menos a más, la carrera perfecta. Y voy solo, no tengo a nadie que me marque el ritmo, corriendo por sensaciones. Encaro el tramo hasta el kilómetro 20 muy contento sin embargo a partir del 18 noto que me encuentro más lentorro. Tengo gasolina (he bebido en todos los avitullamientos, poco pero he bebido), sin embargo carburo peor. La letra de una canción de Mamá «Nada más» martillea mi cabeza desde que tuiteó esta mañana un enlace al vídeo otro bloguero de casta (Pacheco, de «La República del Running«): nada más que lo mío, nada más, estoy vacío, no puedo ofrecerte nada más.

Pero a pesar del empedrado la llamada de la meta es fuerte y pico el 20 en 1:40:50 a 5:02 el kilómetro. ¡He hecho el último parcial a 4:54/km! Es curiosa esa alegría cuando el año pasado a esas alturas ya había acabado la carrera, pero bueno, esto es lo mejor de este deporte, que cualquier mejora sobre lo inmediatamente anterior te puede hacer tan feliz como si hubieras batido un record del mundo.

El kilómetro hasta la meta, el último kilómetro, es el más terrible. Sólo quieres acabar, encarar la plaza, la recta de meta aunque sabes que todavía tendrás que callejear un poco. Me he venido arriba, así que meto una marcha más a las piernas y éstas responden. Me veo corriendo rápido, a un ritmo de 4:33 me enteraría después. Los últimos 200 metros son prácticamente al sprint, no quiero que el reloj pase de 1:46:00 y finalmente lo consigo: 1:45:49, a una media de carrera de 5:01 por kilómetro. 1:45:01 en tiempo neto, a 4:59. ¡Síííí!

Me dan la bolsa con la camiseta y el avituallamiento y me encuentro eufórico. Por megafonía suena el «Uptown Funk» de Mark Ronson con Bruno Mars & The Hooligans y soy incapaz de reprimir las ganas de bailar: Don’t believe me, just watch! Hey, hey, hey, oh!

Yes, sir. Garricar is back in town!

V Carrera Proniño: la crónica

Una de las cosas más comunes que pueden ocurrir cuando vives con un niño pequeño es que el canijo se ponga malito. Mateo lleva renqueando con una gripe varias semanas, con episodios esporádicos de fiebre incluidos. Nos ha tocado ir a ver un par de veces a Juan, su pediatra, y probablemente nos quede todavía verlo otra vez antes de las vacaciones. Bueno, que me desvío, el caso es que como progenitor, y si no lo sois, cuando decidáis serlo lo sabréis; cuidas del heredero como mejor puedes, sin importarte las consecuencias. Consecuencias a las que te enfrentas con el pensamiento más lógico del mundo: niño chiquitito, bacilos chiquititos versus papá grande, anticuerpos grandes… ¡Papá gana! Error. El curso de los acontecimientos real es: niño chiquitito, bacilos cabrones, papá grande, anticuerpos «mariquitas»… ¡El nene gana!

Por eso el martes estaba como cansado, débil. Pero achacaba eso a un mal fin de semana con ingreso hospitalario de mi madre incluido. Pero no. En el momento en que apareció la tos de tuberculoso podrido ya no hubo dudas sobre el origen de todo. Y desde entonces sigo así, tosiendo como un viejo y temiendo que cada vez que voy al hospital a ver a mi madre, como está en Neumología, me confundan con un paciente a la fuga y me aten a una cama hasta que vengan las autoridades sanitarias y certifiquen que no soy un peligro para la sociedad, aunque mis compañeros de trabajo lleven una semana opinando lo contrario y pidiendo al jefe que me aislen con unos plásticos o algo.

En cualquier caso, Don Pablo me ofreció acompañarle a él y a los chicos a la Proniño del domingo y ni lo dudé porque para el domingo estaría yo ya curado, seguro. Objetivo: confirmar la buena marca de la carrera Liberty y si era posible, mejorarla un poquillo, ¿no?

Pero llegó el día de la carrera y mi tos perruna seguía acompañando a una voz cazallera pero bueno, el caso era ir, participar y hacer un entreno a buen ritmo y de paso sudar un poco para echar todos los bichos fuera. Habíamos quedado en el metro Ronda de la Comunicación, y como nunca había ido por allí me sorprendió el tinglado que tiene Telefónica montado en eso que se ha venido en llamar Distrito Telefónica. ¡Cacho instalaciones! Y la verdad es que en el aspecto organizativo de la carrera también estaba todo bastante bien pensado con los cajones de acceso por tiempos estimados para que la gente se fuera colocando bien, stands de marcas ofreciendo degustación de productos (me sorprendió lo de las gominolas energéticas y me parecieron muy ricas) y hasta animación infantil para los más peques (tras la carrera grande llegarían las carreras de los más niños). El día, además, muy bueno para correr porque el vientecito era fresco. Tardaron unos minutos más de la cuenta en dar la salida, pero en cuanto nos largaron no me pareció que hubiera mucho agobio para poder correr sin problemas: calles muy anchas en un distrito de nueva creación. Eso es lo mejor y lo peor que se puede decir de un recorrido: mucho sitio para correr, poca gente para animar. Además un recorrido muy rompepiernas con subidas y bajadas, ninguna podía considerarse un gran repecho, pero sí que eran largas y tendidas y al final acababan machacando.

En mi caso, pude aguantar el ritmo los tres primeros kilómetros, a partir de entonces, sólo pensaba en llegar o en retirarme. Estaba agotado, como si llevara 35 kilómetros corriendo. Imagino que se tuvo que deber, más que a un bajo estado de forma, a la escasa entrada de aire en los pulmones fruto del gripazo, la inflamación de los bronquios o lo que quiera en que consista eso. Así que no me quedó otra que olvidarme de marcas, apencar con las cuestas y acomodarme en ritmos de hasta 5:10 por kilómetro. Al final conseguí no hundirme por debajo de los 50 minutos y paré el crono en 0:48:37.

Proniño
Con los chavales, Chema Martínez y Martín Fiz.

Después de la carrera, reagrupación de efectivos y foto de familia acompañados de dos figuras/estrellas del atletismo como Martín Fiz y Chema Martínez. Dos auténticos cracs que participaron en la carrera y que después aguantaron estoicamente, siempre con una sonrisa, a todos los corredores, amigos de corredores y familias de corredores que buscaban/buscábamos hacernos una foto con ellos. Muy grandes. Alguno de los chicos de «Correr Te Hace Libre» estaba hasta emocionado. Y eso, en gente que ha pasado por la cárcel, es decir mucho. Espero que en el futuro siga pudiendo decir esto mismo porque en el 2008 también conocí a Urdangarín y hasta me pareció un tío majo.

Epilogo:

Creo que hasta aquí ha llegado la temporada. A partir de julio empieza una historia completamente diferente: la preparación para la maratón de Nueva York (flamante premio Príncipe/¿Princesa? de Asturias de los Deportes 2014) del próximo 2 de noviembre. Será la segunda vez que tenga que entrenar durante el verano. La primera fue en 2001 por la Millennium Marathon Madrid… pero de eso hace ya tantos años que ni recuerdo cómo lo hice. Supongo que adaptaré el garriplán, buscando a lo mejor un poco más de volumen y no tanto ritmos más altos. No voy pensando en llegar a Manhattan para hacer MMP. Quiero disfrutar esa experiencia de correr uno de los Majors hasta el último detalle, siendo consciente de que no se volverá a repetir, no por ganas, sino por el enorme desembolso económico que conlleva. Pero, ¿una vez en la vida? Sí, se puede.

Queda por ver cómo encajo el blog en todo esto puesto que no tengo intención, como ya dije, de ir comentando por aquí mis entrenos. Además tengo que preparar al menos dos asignaturas de Derecho de la UNED para septiembre, más el trabajo, etc. etc. Quizá lo aparque una temporada y sólo suba crónicas de las carreras en las que participe. Al menos hasta mediados de septiembre, una vez que  se hayan acabado los exámenes.

Por otra parte, en la primera quincena de julio tendré vacaciones y mi familia y yo buscaremos relajarnos unos días del agobio acumulado de todo el año en Lanzarote… siempre que al Gobierno no se le ocurra a última hora volver a dejarnos sin paga extra a los funcionarios. 😉

Felices entrenos.

VII Carrera Liberty (2014): la crónica

El virus del post-marathon blues me ha estado atizando, pero bien, tras el maratón de Madrid. Sólo apelando a la disciplina he podido forzarme a salir a correr un par de días por semana durante el último mes, pero en ninguno de esos rodajes absolutamente cochineros he llegado siquiera a recorrer diez kilómetros, y siempre con malas sensaciones: sobre todo la de estar perdiendo la forma a pasos agigantados.

En esas, con menos ganas de trabajar que Mario Vaquerizo, el viernes coincidí con Don Pablo, el alma mater de «Correr Te Hace Libre«, y me comentó que uno de sus chavales no podía asistir a la Liberty, así que como le sobraba un dorsal para la carrera me lo ofreció. Y acepté. No hay nada que motive más a un runner que un dorsal, supongo. Además tenía buenos recuerdos de la edición del año pasado en la que conocí personalmente a gente tan estupenda como Rober, un deportista fantástico y mejor persona. Por la noche eché un vistazo a los resultados de aquella edición y vi que Rober y yo entramos juntos en 50 minutos cortos, así que el objetivo estaba claro: mejorar la marca del año anterior. Para mis adentros también quedaba un objetivo secundario: demostrar que el tan manido fenómeno de la supercompensación es tan real como los Reyes Magos; vamos que existe sólo en la imaginación de los inocentes.

El domingo, como el año anterior, amaneció algo fresco así que me demoré un poco en ir a dejar la ropa al ropero, para no quedarme pajarito vestido de romano. Vi que lo habían trasladado (el ropero) hasta las puertas del Palacio de los Deportes y que era más grande que el año anterior (el ropero). Mejor. También, que al lado (del ropero y/o del Palacio, indistintamente) habían ubicado las letrinas químicas para los corredores. Dejé la bolsa y me fui a calentar con los chicos. Por el camino me tropecé con el popular Shinichi Sasaki y su inseparable cámara de fotos. La verdad es que había mucha gente, no sé si más que el año pasado, pero al menos tanta como entonces (10.000 según la prensa). La mayoría vestían la camiseta oficial de la carrera que este año que tenía un diseño bastante original, más que la del año anterior a mi juicio. La verdad es que las camisetas de la marca 42K Running, aparte de las de las grandes marcas, son las que más me gustan, por calidad y por diseño (y que conste que no me pagan ni me llevo nada por decir esto): ya me gustó mucho la camiseta de la Carrera del Taller y esta me ha encantado (y creo que la que dan en la Carrera Norte-Sur también es de ellos).

Tras calentar fuimos hacia el arco de salida y cuando me iba a ir hacia el lateral para entrar por detrás del mogollón veo que todos tiran recto y se meten bajo el arco de salida donde ya están todos colocados. Es lo que tiene salir con presidiarios: son unos chungos. Pero como la mayoría de ellos tienen la espalda como dos armarios roperos (alguno de ellos se había hecho la Spartan Race el día anterior) pues tampoco nadie nos dijo nada, así que creo que ha sido la carrera en la que me he situado más cerca del arco de salida y eso que yo me fui unos metros para atrás porque me daba cosa estar tan adelante no fuera que me arrollaran en cuanto dieran la salida. Error: dieron la salida y todavía yo adelantaba gente (como para no jurar en arameo cuando te colocas en tu sitio con la cantidad de deslocados que hay).

De la carrera poco voy a hablar, los dos primeros kilómetros muy fuertes, a una media de 4 minutos el kilómetro y en cuanto nos plantamos en Castellana bajé un poco el ritmo y ya a piñón fijo toda la subida: a 4:25-4:30. La cuesta de los Sagrados Corazones me salió mejor de lo que pensaba, a 4:40, y de ahí a meta con las fuerzas que quedaban a un ritmo de  4:15-4:20  por Principe de Vergara. En Goya se trataba de no perder tiempo por lo que había que llegar con fuerzas y en cuanto tuve a la vista el marcador electrónico de meta metí un poco de ritmo para bajar de 44 minutos.

Liberty 2014
Correr te hace Libre en la Liberty 2014

Al final, 43:56 tiempo oficial (43:48 tiempo neto) y muy contento porque no bajaba de 44′ desde el año 2003 (por aquel entonces lo raro era correr por encima de 44′). Conclusión: bonita carrera, bien organizada, con un avituallamiento en carrera y otro al final, con un recorrido con el punto justo de sufrimiento y con una camiseta que al menos merece la pena (aparte de que se donan tres euros de cada inscripción para un equipo paralímpico de personas con discapacidad).

Conclusión personal, que si teniendo la sensación de volver a estar gordito (véase la foto adjunta: el de rojo de la derecha, al que se le nota el flotador bajo la camiseta es un servidor), sin ganas de entrenar y bajo de forma he corrido así…

Vamos, que yo no creo en supercompensaciones… pero haberlas, haylas.

 

Rock’n’Roll Madrid Maratón 2014: la crónica

Si te hieren las piedras del camino,
sonríe
porque caminas.
Lo importante no son tus pies,
sino tus pasos.

El domingo 27 de abril a las 9 de la mañana fue el momento de poner a prueba el garriplán. El plan para preparar un maratón que iba a impulsar a un “atleta” cuarentón, pasado de peso y con poco tiempo para entrenar hasta la línea de meta de un maratón. 700 kilómetros y 16 semanas de entrenamiento en mi haber, sin gimnasios, sin fisioterapeutas y sin gaitas. En los pies, debutando en la distancia, mis Adidas Glide 6 Boost y unos calcetines tobilleros. Sin mochilitas, ni cinturones portabidones, ni mp3, ni gps, ni pulsómetro… manías de viejo. Tan sólo mi viejo Casio Accelator para ir marcando parciales y tener una referencia en carrera, la camiseta de los 10k de Madrid que corrí una semana antes de que naciera Mateo, un pantalón corto y a correr.

Ese día, en la media también corrían Rober, Diego y hasta Don Pablo. Pero no hice ningún esfuerzo por verles. Los días de maratón, le comentaba a Rober el día antes, me pongo muy tonto. No soy buena compañía. Los nervios, la necesidad de tenerlo todo bajo control: la ropa en el guardarropa, la vaselina en “sus sitios”, las zapas bien anudadas, la vejiga vacía, la entrada al cajón de salida localizada, el cronómetro en la muñeca izquierda con el oído atento al disparo para pulsar el start (yo soy de los que su referencia es el tiempo oficial y no el neto… manías de viejo). El único momento que me concedí para la relajación fue el trayecto entre el guardarropa y la salida, ese kilómetro paseando entre runners vestidos de mil colores y hablando distintas lenguas. Observando y escuchando los sonidos de la ciudad. Oliendo la primavera en cada árbol. Me gusta Madrid. Me encanta Madrid en primavera y quiero que el maratón siga celebrándose siempre en abril. Pero os pido perdón, Rober, Diego, Pablo. Me hubiera encantado daros un abrazo y desearos suerte, pero, manías de viejo, esos minutos previos de inquietud y miedos son para mí el modo de encontrarme con ellos a solas y mirarles a la cara y convencerme de que voy hoy también voy a vencerles, de que hoy también voy a llegar. Voy a correr durante 42 kilómetros y cruzaré la meta corriendo y salga como salga la carrera, sonreiré porque, a pesar del dolor y el sufrimiento, la habré corrido y porque sé que lo importante no serán mis piernas, sino mis pasos, uno tras otro, hasta la meta.

Empieza la carrera, como todos los años no oigo el disparo, así que pulso el start cuando noto que se mueve el cotarro. La Castellana nos acoge y se abre paso ante nosotros. Somos muchísimos, no recuerdo haber visto tanta gente nunca en Madrid, pero claro, estamos juntos los del maratón y los de la media. Somos tantos que pierdo la referencia de los primeros kilómetros porque, a pesar de que voy pendiente, no veo el cartel. Ocupamos los dos sentidos de la calzada central. Es impresionante. Mucha gente más lenta que yo delante, lo que me hace ir a un ritmo más lento del que me he acostumbrado a entrenar. A partir de la Plaza de Colón nos cruzamos con los participantes de los 10 kilómetros, que han salido media hora antes que nosotros, y bajan ahora por el lateral.

Llegando a Pza. Castilla se empieza a correr en condiciones. El primer 5.000 ha salido en 27’32” cuando lo normal hubiera sido estar por debajo de 24’. Te das por contento pensando que esas fuerzas ahorradas servirán para el final.

El recorrido sube hasta las cuatro torres de la Castellana y vuelve a bajar a Pza. de Castilla. Un gitano está hablando con unos municipales y aunque no le dan mucho carrete señala a la carrera, gesticula y en alto les dice “esto, esto… ¡esto es de payos!” Risas para entrar en Bravo Murillo. El día previo había leído que era un buen momento para recuperar tiempo, así que aprieto un poco. Antes de llegar a Estrecho adelanto al globo de las 3h45m y llego al km 10 en 50’35”, he hecho el último 5.000 en 23 minutos, a 4’36”/km. Cruzamos Cuatro Caminos por medio de un pasillo de gente que no para de animar y encaramos Raimundo Fernández Villaverde al revés de cómo ha sido en otras ediciones. Por allí adelanto al globo de las 3h30. Me podía haber puesto detrás, pero no me gusta ir agobiado por la cantidad de gente que se pone ahí. En el kilómetro 14 decimos adiós a los atletas que corren la media maratón y que a partir de ese punto van por otro lado (indicación perfecta, imposible confundirse). Paso por el kilómetro 15 manteniendo el ritmo a 4’38”/km. Me sigue sorprendiendo lo suave del recorrido. Llega un tramo corto de subida suave hasta José Abascal, pero desde allí todo vuelve a ser bajada por Quevedo y San Bernardo hacia Gran Vía (se echa de menos la calle Fuencarral). En Gran Vía veo a mi amigo canarión, Marianito, que me estaba esperando frente a las puertas del Vips (eres grande, Mariano, muchas gracias). Y a continuación, el plato fuerte de la carrera: la salida desde Preciados a la Puerta del Sol y esa cantidad enorme de espectadores animando a lo largo de la plaza y en el primer tramo de la calle Mayor. Siempre es emocionante, vives en primera persona lo que puede sentir un ciclista en el Tour de Francia subiendo un puerto de esos de categoría especial. Es algo que no se puede describir. Te sientes pequeñito ante esa masa que ruge, que grita, que anima sin descanso. Además se puede disfrutar porque hay fuerzas, quizá más adelante también se pasa por sitios muy concurridos, como Atocha, pero el sufrimiento impide disfrutarlo tanto (me pasó también el año pasado en Barcelona, cruzando Pza. Catalunya: estaba tan roto que no podía sentir el calor de la gente). Frente al Palacio Real se sitúa el km. 20 y el ritmo ha bajado hasta los 4’46”/km, pero me encuentro fenomenal. Paso la media en 1:43’14” y me tomo un gel. Noto la energía, pero también un “algo” en el estómago que no me gusta.

En el km 23 un corredor de Guadalajara me dice que vamos a un ritmo similar, que cuál es mi objetivo. Le digo que quiero hacer sobre 3:30 y nos ponemos a correr juntos. La verdad es que charlando con él empiezan a caer kilómetros sin darme cuenta y se me olvida el “algo” en el estómago. Sería algo mental. Manías de viejo. Pasamos el 25 manteniendo el ritmo a 4’47”. Entramos en la Casa de Campo y nos dan otro gel. No me lo tomo, lo reservo para más adelante. Me encanta correr por la CdC. Dicen que hay poca animación en ese tramo, pero a mí me parece que hay bastante gente, y gente que además entiende más de deporte y de esfuerzo que la que puedes encontrarte en el centro de Madrid. La salida de ese pulmón de la ciudad se hace por la estación de Lago y por la p*t* cuesta de todos los años. Ese es mi primer punto de inflexión. En lo alto está el km 30 y el cuerpo por primera vez dice que no, que por llano vale, pero que cuestas no. Y es un hecho, el ritmo se ha ido a 5 minutos por kilómetro. Agarro un botellín de agua y abro el gel que tenía guardado, pero es de esos líquidos. No los he probado nunca y dudo, finalmente apelo a mi legendario estómago de acero  que aguanta todo lo que le echen y me lo tomo. No me mola el sabor y el hecho de que estuviera algo caliente de haberlo llevado en la mano. Los kilómetros siguen cayendo, mal que bien, al ritmo previsto. Estoy siguiendo a un grupo de paracaidistas que van a mi ritmo. Poco antes del 34 llega la cuesta de la calle Segovia, no es muy larga, pero me mata. Es el segundo punto de inflexión. Esa cuesta me mata todos los años y éste no iba a ser una excepción. Soy consciente de que no voy, que no tiro, que me he quedado sin gasolina. Le digo al corredor de Guadalajara que a partir de ese momento cada uno haga su carrera. Por mi parte me mentalizo y me digo: aguanta hasta el 35 el ritmo y desde ahí a meta, a sobrevivir y a que el hombre del mazo se ponga las botas contigo.

Pasado ese punto queda lo más “feo” de la carrera. El trazado empieza a picar hacia arriba y nunca da un respiro, nunca deja de subir. Al paso por Atocha, el tío del mazo me va atizando a base de bien. Un dolor agudo, como un pinchazo, en la rodilla derecha me va matando. Pero sigo. Despacito, pero sigo. Me he convertido en un “Jogging Dead”. Me pasan corredores por todos lados y yo apenas adelanto a un puñado. Desde el kilómetro 35 a meta pierdo más de 300 posiciones (no es que me importe, simplemente es indicativo). En el km 38 hay agua y plátanos, tomo de todo y me arrepiento. Me caen como una patada en el trasero y noto que si aprieto el paso me dan náuseas. Podía no haber comido ni bebido, pero entonces me habrían dado calambres o qué sé yo. Estoy roto, punto. Pero aguanto. Soy duro. Sólo dos kilómetros más y se acabarán las cuestas. El recorrido se hace larguísimo. No sé si hay mucha gente o no. No levanto la cara del asfalto. De vez en cuando sí, levanto la mirada y ojeo para ver si la cuesta sigue o no. En el km. 39 llegamos a Colón y giramos hacia Goya. ¡Goya! ¡Pero si Goya es un cuestón! Me acuerdo de la madre del planificador del recorrido, y de su padre y de toda su familia (manías de viejo). A mitad de calle giramos por Velázquez y aquello sigue subiendo y hemos pasado el km. 40 y aún no hemos llegado a la Pza. del Marqués de Salamanca, donde se supone que empieza la cuesta abajo. Los últimos 5 kilómetros los he hecho en 29 minutos, ¡a 5’49”! Pero ya estoy en los últimos dos kilómetros. No puedo dejar de correr. Al llegar al 41 ya estamos en plena cuesta abajo. Intento acelerar, pero me vuelven las nauseas. Antes porque era cuesta arriba, ahora porque no tengo de dónde tirar. ¡Al puto garriplán le han faltado horas de vuelo! Mantengo mi trote cochinero y lastimoso. Pero el Retiro está ahí, llega por fin y sé que esta maratón también la voy a terminar corriendo y que la meta es alegría y, sobre todo, descanso.

Cruzo las verjas del parque y en pleno Paseo de Coches oigo un grito que me llama: “¡Carlos!” Son Rober y su mujer. Alzan los brazos y les devuelvo el saludo. Me sonrío. Pues no voy tan mal si puedo sonreír y saludar. Se oye la música y a la gente, te das cuenta de las vallas y de que los arcos de meta se perciben al fondo, ya casi donde no alcanza la vista. Esto está hecho. No, mejor: ¡esto está hecho, coño! Voy rodando a casi 6 minutos el kilómetro pero no me importa.

Ya soy capaz de distinguir los números del reloj que está bajo el arco de meta: acaba de cambiar de 3 horas 33 minutos a 3 horas 34 minutos. Me relajo. Venga tío, llegas de sobra antes de 3:35. Avanzo.

Detengo el Casio y me paro.

Subo los brazos.

Once.

Manías de viejo.

Medalla
Medalla 2014

  • Tiempo oficial: 3:34:14
  • Tiempo neto: 3:32:26

 

IV Media Maratón Cervantina de Alcalá de Henares

En el año 2007 corrí la primera media maratón de Alcalá de Henares. Aquella edición fue única, se celebró en octubre y los organizadores debieron quedar tan escaldados (supongo que con la autoridad competente) como aquellos que organizaron el Millennium Marathon, tanto que jamás se volvió a celebrar. Fue la primera carrera que corrí después de saber que no había sacado la oposición aquel año, apenas unas horas después de haberme bajado de un avión procedente de Roma. Otra vez el running como terapia, como forma de aclarar la mente. Quizá por eso no tenga demasiados recuerdos de aquella carrera, de su trazado. Recuerdo que salimos del recinto ferial y que la meta estaba en la Plaza de Cervantes. El resto lo he olvidado. Puestos a desempolvar memorias Google me dice que participó Martín Fiz y que quedó tercero y Don Pablo, el alma máter de «Correr te hace Libre», me cuenta de viva voz que también él la disputó. Y esta mañana, calentando todavía vi a un participante con la camiseta conmemorativa de aquel medio maratón de hace ya siete años y pienso que la mía debe andar guardada también en algún cajón por casa.

El tiempo pasó. Al año siguiente aprobé la oposición, pero ya no había media en Alcalá. Tampoco al año siguiente, ni al otro. No fue hasta la primavera del año 2011 cuando volvió a celebrarse la media maratón en Alcalá. La primavera en que nació Mateo. Desde entonces, organizada por el club A.J. Alkalá, tomó el nombre de Media Maratón Cervantina y se ha venido celebrando cada año, ininterrumpidamente, aunque yo no la había vuelto a correr, hasta este año cuando Don Pablo, alcalaíno de pro, me invitó a correrla con los chicos, y habiendo descartado la media de Zamora por logística familiar, no me lo pensé ni un segundo. Y en esta salida hemos vuelto a coincidir los dos en la media de Alcalá, pero no ya como extraños sino como funcionarios y compañeros, y si esta vez nos ha faltado Martín Fiz, al menos hemos fichado para el equipo a Ismael Martínez, nuestro corredor más carismático, y a su guía David Plaza Cervantes que con ese nombre hoy podríamos decir que corría en casa.

Y ya, hablando de lo que fue la carrera decir que el objetivo era entrenar el ritmo de maratón (5’/km) durante la primera de las dos vueltas del circuito y salir en la segunda a por todas con las fuerzas que quedasen. Uno de los chicos de Don Pablo, Héctor, me dijo que quería correrla también a ese ritmo y salimos juntos. Nos situamos a unos 30 metros de la pancarta de salida, encajonados en la calle Mayor, que pensé iba a ser una ratonera, pero supongo que es lo bueno del límite de 1.000 corredores de la carrera, que no hubo agobios en y apenas tardamos 30 segundos en cruzar por el arco de salida, lo que nos permitió, además, no tener que ir los primeros kilómetros recuperando el tiempo perdido.

Empezamos a correr y nuestro ritmo (4’40») era más rápido que el previsto (5’00»), y aunque traté de frenarme no me salía ir tan lento. Es más, estaba muy cómodo rodando así. El caso es que sobre el kilómetro 2 nos encontramos una barrera de unos 4 o 5 corredores del equipo «Alkalá Trotters» que corren en paralelo ocupando de lado a lado la calle. Estoy tentado de rebasarles, pero llevan un ritmo constante que me va bien y me quedo detrás de ellos, a rueda. Un par de kilómetros más adelante pierdo a Héctor, que al final de la carrera, en meta, me contó que le dio un dolor en la espalda del que no se recuperó hasta el kilómetro 10 y aunque tiró fuerte la segunda vuelta ya no me vio.

Seguí a rueda de los chicos del «Alkalá Trotters» y sobre el kilómetro 7 me adelantan un par de corredores con camisetas de «Deportes Evolution» y uno reconoce que la que llevaba yo puesta era la del maratón de Barcelona del año pasado (decidí correr con ella en el último suspiro, sentirme maratoniano, manías de corredor viejuno) y me saluda, me cuenta que él también lo corrió. Van a un ritmo más vivo que nosotros y en unos pocos cientos de metros nos dejan atrás.

Llegamos al kilómetro 10 y voy muy entero. En el avituallamiento se me cae el teléfono y tengo que bajar el ritmo aunque sin parar de correr. Reinicio el cacharro y vuelvo a poner en marcha el Strava y la música. Estoy hasta la coronilla de correr con el teléfono, qué ganas tengo de ahorrar y comprarme un Garmin o un Suunto o un cachivache de esos que lleváis algunos, aunque como me acompañaba también mi incombustible Casio de hace 15 años, seguí marcando los parciales y no perdí mis referencias en ningún momento porque la verdad es que los kilómetros estaban bien marcados en el suelo y los cartelones que los indicaban en la acera se veían perfectamente.

A partir del 11 la cuestión era aguantar o tirar hasta ver dónde llegaba, pero como los «Alkalá Trotters» mantenían el ritmo seguí con ellos hasta el 13 que vi que el grupo empezaba a dividirse, unos quedaron descolgados y dos de ellos se fueron por delante, así que me pegué a los que se iban y seguí su estela calculo que un kilómetro más, hasta el avituallamiento del 14, ahí les rebasé y los perdí. Estuve ya haciendo mi carrera solo, en tierra de nadie, desde entonces. Sobre el 16 uno de los dos ‘Trotter’ me pasó a toda velocidad (además era uno de los que gustaba recortar por las aceras). Pero se le acabó el combustible como a unos 60-70 metros por delante de mí, y se quedó en todo momento a la vista. Así que pensé en mantenerle ahí hasta el último kilómetro para tratar de alcanzarle entonces.

Entrando en meta con Mateo
Entrando en meta con Mateo. Fuente: instagram @cmansog

Sobre el 19 alcancé a los dos chicos de Deportes Evolution, uno se iba quedando y el que había corrido Barcelona trataba de tirar de él, les volví a saludar y a lo mío, tratando de ir pendiente del suelo porque pasábamos por la zona empedrada de la calle Mayor y la perspectiva de torcerse el tobillo por no andar atento no es un pensamiento agradable. Por cierto, llevaba mis Adidas Glide Boost 6 y la verdad es que se portaron muy bien, terminé muy contento de su rendimiento. A la llegada a la plaza Cervantes pico el kilómetro 20 y todavía queda un kilómetro de callejeo extra para completar la distancia. Trato de que no se me vaya el Trotter. Pasamos por delante de la impresionante fachada de la Universidad Cisneriana y desembocamos de nuevo en la plaza por otra calle. En la acera veo a Cristina, mi mujer, y a mi hijo Mateo, me paro a darles un beso y le digo a mi mujer que me acerque al niño por el otro lado de la plaza para entrar con él en meta. Ya paso del ‘trotter’ y de tiempos y de todo. Sólo quiero entrar con mi hijo. Corro despacito hasta el otro lado, le espero y le agarro de la mano. Apenas quedan 60-70 metros. Al principio va con una sonrisa de oreja a oreja, corriendo y con la lengua fuera, pero a los 40 o 50 metros ya empieza a estar harto y me mira como diciendo a dónde demonios vamos, jajaja. Entramos andando bajo el arco de meta cuando el reloj oficial marca 1 hora, 39 minutos y 8 segundos.

Conclusión. Magnífica carrera, mucho más llana que Getafe, probablemente la media más llana que haya corrido jamás. Magnífico día para correr: sol pero con temperaturas no muy altas. Los puntos más negativos quizá sean la zona de la calle Ávila, en la que hay que compartir uno de los dos carriles con coches (en la segunda vuelta sobre todo se notó mucho el olor a tubo de escape) y el adoquín de la calle Mayor. Una media para tener en cuenta de ahora en adelante.

Reflexión personal: parece que los entrenos van dando sus frutos. Esta es la carrera que yo había soñado en Getafe, lo que pasa es que el cuerpo entonces no estaba preparado y sufrí lo que no estaba escrito y me frustré por no haber bajado entonces de 1:40′. No había para más. Hoy, por el contrario, sin sufrir, reteniéndome en los primeros kilómetros, he bajado sobradamente de 1:39′ en tiempo neto con parada para saludar a la familia incluída y entrando a paso de niño de 3 años en meta. Enorme inyección de moral a cuatro semanas de terminar la preparación del maratón. Parece que las cosas van como debieran. Veremos qué pasa el 27 de abril. Salvo sorpresas de última hora no me volveré a colocar ningún dorsal hasta ese día. La semana que viene trataré de hacer una súper tirada larga y a partir de entonces bajar el pistón para llegar a la salida del Mapoma con hambre de kilómetros.

PD: Dar las gracias y pedir perdón al grupito de «Alkalá Trotters» con los que coincidí por haber ido con ellos «chupando rueda» durante tantos kilómetros, espero que todos hayáis conseguido vuestros objetivos.