Carrera Cultura Mediterránea Madrid (2018)

Cartel Carreras Cultura Mediterránea

Cartel de las carreras

La característica más importante de esta Carrera Mediterránea, que se celebraba simultáneamente el pasado 21 de octubre en Madrid, Guadalajara y Soria (no me pregunten por qué), era sin duda su carácter gratuito. Hoy no es normal que las carreras sean gratis, pero siempre ha habido. Yo recuerdo la Melonera, cuando salía de Hipercor, y medía lo que le daba la gana (se decía que eran casi diez kilómetros); o la media de Moratalaz, que no era gratis pero su coste era irrisorio (y compartía con la Melonera el sanbenito de estar mal medida). Y básicamente ese fue el motivo por el que me inscribí, junto a que se celebraba en el Juan Carlos I que no queda lejos de mi cuartel de intendencia madrileño (la casa de mi padre, en concreto).

¿Se puede hoy día hacer una carrera gratuita? Parece que sí. Primero tenemos un patrocinador institucional que elimina de un plumazo muchos de los problemas de las pequeñas carreras, en este caso el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Segundo, nada de camisetas (gorrilla y tirando millas). Tercero, circuito a dos vueltas dentro de un parque donde no hay que cortar calles, luego no hay que pagar más al Ayuntamiento por eso. Cuarto, no indiques los puntos kilométricos, que los participantes, como es a dos vueltas, cuando pasen por meta sabrán que están en el kilómetro 5. Y quinto, prescinde del cronometraje, se da el pistoletazo de salida y cada uno que cronometre su carrera con sus propios medios. Para el resto, la organización se comportó como en una carrera “normal”: voluntarios en los cruces, arco de salida/meta, speaker, avituallamiento a mitad de carrera y otro al finalizar (agua, leche y plátano). ¿Veis? Es fácil. Si te sientes a gusto con las peculiaridades de la carrera, pienso que no hay mejor plan para un domingo por la mañana.

Como crítica a la organización, en Madrid la carrera estuvo bien medida, pero en Guadalajara me consta que no fue así (nada que no solucione un gps el año que viene, si la carrera tuviera continuidad).

La carrera de Madrid estuvo muy bien, el día parecía que iba a ser, meteorológicamente hablando, peor de lo que luego fue. Participaríamos 200 o 300 corredores entre 5 y 10K por lo que se podía correr muy bien. El circuito bonito, dentro del parque, aunque con algunas cuestas (que tampoco eran el Mortirolo, claro), y superficie mixta: asfalto y camino de tierra.

No llegaba yo en condiciones (buenas) a la carrera después de una semana de gripe/constipado fuerte/catarro/llámalo x y cuando empecé a correr noté claramente que no me entraba el oxígeno suficiente a los pulmones. Aun así intenté correr rápido pero a pesar de todos mis esfuerzos no conseguía bajar a esos 5 min/km que me hubiera gustado, con el agotamiento extra que ese esfuerzo supuso y unas pulsaciones desbocadas. En la cuesta arriba del kilómetro 6 pensaba, incluso, que no podría terminar la carrera. Pero bueno, uno tiene oficio ya después de 20 años, y se sobrepone a la situación aunque sea con el piloto automático puesto.

Al final paré el crono (nunca mejor dicho) en unos muy discretos 52:27 (51:42 netos, si descontamos los 45 segundos que tardé hasta cruzar el arco de salida).

Así es la vida de los corredores.

El lado positivo es que sigo corriendo, las lesiones me respetan, y contándolo por aquí.

 

 

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Solo ante el Streaking (vol. 2)

Este año, coincidiendo con las vacaciones de agosto, he vuelto a las andadas con el streaking y he repetido la experiencia que ya conté en el blog el año pasado aunque con una pequeña modificación: si en 2017 la distancia mínima eran 5 kilómetros este año decidí subirla a 8. Y un propósito: superar el número de días consecutivos saliendo a correr que fueron 16 días el año pasado. Adelanto que lo conseguí y que he dejado la “plusmarca” en 19. Ahí lo dejo. Además me ha venido de perlas para elevar mis estadísticas de días saliendo a correr en un mes hasta un total de 25 en agosto de este año. Tendría que revisar si alguna vez he corrido tantos días como durante este mes.

Como comenté la vez anterior en el blog, a mí no me cuesta entrenar en verano ni lo dejo para descansar. Al contrario, tengo más tiempo libre y puedo dedicarlo a hacer deporte (que es algo que me gusta) y, concretamente, a correr (que es algo que me gusta mucho) ya que muchas veces, durante la temporada, entreno mucho menos de lo que me gustaría.

Y, como el año pasado, sigo comprobando en propia piel que el verano es una época de excesos, y que si esperaba una diferencia física notable entre el antes y el después, me equivocaba. Como sí me he encontrado es físicamente mejor, no sólo subjetivamente (que también) sino mejorando ligeramente mi rendimiento en la segunda mitad del período de streaking (tampoco una locura, que los ritmos han sido siempre muy suaves).

Como conclusión, dejo aquí un pequeño resumen, en números, como a mí me gusta:

  • 19 días encadenados (16 en 2017).
  • Distancia promedio de 8,15 kms por entreno (2,66 kms más que en 2017).
  • Tiempo promedio de entrenamiento: 47’23” (15’52” más que en 2017).
  • Ritmo promedio de entrenamiento 5’49″/min (5 segundos más lento que en 2017).

El año que viene, si dios quiere y la autoridad lo permite, mas.

XII Media Maratón de Azuqueca (2018)

Cartel Media Maratón Azuqueca 2018

El primer dorsal del año ha tardado en caer. En parte por la lesión recurrente de los gemelos y en parte por falta de ganas/interés/llámalo x. Sin embargo, en cuanto la organización del medio maratón de Azuqueca avisó por mail de la apertura de inscripciones, me apeteció correrla. Quizá porque poco a poco voy cogiendo más confianza en que no me voy a romper corriendo y quizá porque el ritmo de una media, al ser más lento que un 10.000, me ofrecía más confianza. Lo que no deseaba era cebarme y acabar lesionado. Además, el precio de la inscripción era tan sólo de 10 euros, menos de lo que cuesta un 10K en Madrid pero con mejor bolsa del corredor, una cervecita helada al final y la posibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera. Otro de los factores añadidos que tuve en cuenta era la posibilidad de poder retirarte en la primera vuelta (el recorrido es ahora a dos vueltas, no a tres como era en 2015 cuando participé por primera vez), por si las cosas iban mal dadas.

Mi estado, comparado con el de 2015 cuando participé por primera vez, ha variado mucho. Entonces tenía la ilusión por mantener un ritmo de 4:50 y estaba ilusionado con un maratón de otoño. Este año, por el contrario, sin objetivos maratonianos llegaba al día de la carrera con tan sólo 260 kilómetros recorridos en todo lo que llevamos de año (13 por semana). En definitiva: llegaba sin preparación y pasado de peso, como es habitual. La semana anterior improvisé un rodaje de 15K para comprobar si era capaz de llegar a la carrera en condiciones de terminar y al final salieron 16K a 5:50, lo que me daba esperanzas para mantener un ritmo de 5:20 y, salvo debacle, no retirarme en la primera vuelta. Tristemente, ese era mi objetivo.

Así que el domingo a las 9:30 me coloqué atrás de un pelotón de 632 corredores, entre participantes de la media y de la media de la media, con la firme decisión de mantener mi ritmillo y no pasarme. Lo bueno de Azuqueca es que es muy plana, así que mantener un ritmo constante sin hacer sobreesfuerzos no es difícil y al ser poco más de 600 corredores el mogollón del principio es también menos mogollón por lo que es más fácil colocarte sin estorbar ni ser estorbado.

Hago la primera vuelta en 55:40, con buenas sensaciones y con la casi certeza de que voy a acabar muy entero, y en la segunda vuelta, sin forzar en ningún momento, mejoro cuarenta y cinco segundos la marca parando el crono en 53:55. En total, un tiempo neto de 1:49:35, a 5:12 el kilómetro; mucho mejor de lo que esperaba, que ya veía yo que podía hacer peor marca que en aquel medio maratón de Zamora de 2015 en que toqué fondo con 1:56:19.

De la carrera tengo que decir que ha mejorado mucho de hace tres años a ahora. El parking vigilado, el ropero, el circuito a dos vueltas, la media hora de adelanto para evitar el calor (aunque hizo un día perfecto), la bolsa del corredor, las dos cervezas y la comida popular (a la que tampoco me quedé este año y es que a mí eso de esperar como que no me va). El recorrido sigue siendo plano como la palma de la mano (salvo el kilómetro de acceso al estadio) y ahora pasa por el centro, aunque no hay mucha animación. Quizá ese es el defecto que más le achaco a la carrera, la indiferencia hacia el medio maratón que hay en la ciudad. De hecho mucha gente parecía no haberse enterado de la carrera habida cuenta de que vi no uno ni dos encontronazos entre conductores y policía local, sino varios más. Sin hablar ya de la mala educación de algún conductor como el que nos adelantó en la Avenida Norte después de que la organización le dejara acceder al circuito entre corredor y corredor con la advertencia de que se quedara detrás, al ritmo de los corredores y sin rebasarles. Se la repampinfló, evidentemente.

Sin embargo, anécdotas aparte, la carrera es muy recomendable y prueba de ello es que sigue creciendo año tras año, sin llegar a la saturación de las pruebas madrileñas: el año que yo participé, 2015, llegamos a meta 240 corredores y este año 406.

P.D.: Muchos vídeos, muchas fotos en la web de la carrera y además sms de la organización con tu tiempo al finalizar la prueba. Ya casi lo único que les falta es una app de la carrera con el tracking en vivo. 😉

Fisioterapia

Algún día tenía que llegar. Durante mis casi 20 años corriendo de forma ininterrumpida no he tenido nunca que pisar una clínica de fisioterapia. Es algo que, además, he llevado estúpidamente muy a gala. Casi como una condecoración: el hombre que no se rompe. Ya ves tú. Pero mira por dónde, cedes parte del tiempo que le dedicabas a correr a otro deporte y ¡zasca!, el cuerpo reacciona… para mal. Y esa es la historia de mis últimos seis meses. Fue empezar a compaginar kárate y running y mis gemelos se han quejado. Los dos. Dos veces pinchazos en la pierna izquierda y un sólo pinchazo muy fuerte en el de la derecha, tanto que ha sido el que tras guardar diez días de reposo me ha hecho pasar por las manos del (de la, en este caso) fisioterapeuta.

Y la experiencia ha sido muy positiva. Me preocupaba mucho tener que buscar a alguien un poco “de confianza”, más que nada por miedo a dar con un fisio que en vez de ayudarme me acabara de estropear. Pero como tampoco se puede vivir así, al final lo que hice fue localizar una clínica seria (es decir, con profesionales titulados y colegiados) cerca de mi casa, clínica FYS, gracias al buscador de centros de la web del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid. Pedí cita y allí me presenté. La fisioterapeuta era una chica muy simpática, le conté lo que me pasaba y mientras me descargaba las piernas me estuvo explicando que el running es un deporte maravilloso… pero no perfecto. Que los corredores utilizamos mucho la musculatura de la parte superior de las piernas, pero no tanto el resto, así que se produce una descompensación. Lo que quiso decir es que cuando hago kárate (cambios rápidos del centro de gravedad, mucho trabajo de piernas -patadas, barridos-, gemelos en tensión, etc.) me falta tono muscular para ese deporte. Específicamente, gluteos y gemelos y que por eso se producen los pinchazos. El cuerpo se queja. Y es verdad.

Así que ahora estoy pasando un periodo de tranquilidad en el que corro poco y a medio gas y entreno kárate con mucho cuidado mientras trato de cumplir con los ejercicios de fortalecimiento que me ha mandado la fisioterapeuta y otras recomendaciones como estirar y aplicar hielo en los gemelos al final de cada entrenamiento. Lo que no es nada fácil porque soy muy vago.

Al menos, seguimos… aunque sin objetivos concretos, como no sea seguir viviendo una vida activa.

Todo menos apalancarse en el sofá a ver la tele.

 

2017

2017Como ya es tradicional en este blog, toca entrada-resumen del año que nos deja y propósitos carreriles para el nuevo.

El año pasado me propuse “terminar elegantemente” la Maratón de Liverpool, que era prácticamente el objetivo del año. Pues bien, después de la petada espectacular, está claro que el objetivo no se cumplió. ¿Disfrutar en otras carreras menos masificadas? Pues yo creo que eso sí que lo he conseguido.

Corrí en marzo una nueva edición de la Media Maratón de Zamora, que disfruté mucho al dejar de lado por un día ese plan de preparación absurdo para Liverpool. Y después he corrido tres 10K: la “Madrid Corre x Madrid“, los “10K Mercamadrid“, y la “Carrera Popular de Canillejas“; las dos primeras nunca antes las había corrido y la de Canillejas, como siempre he dicho, es mi favorita y este año, a mi juicio, ha mejorado muchísimo. Las tres muy disfrutadas y, además, yendo de menos a más  en los dos meses que van de la primera a la tercera, aunque todavía muy lejos de los tiempos por los que me solía mover.

Resumiendo, un maratón, una media y tres diezmiles… nada espectacular. Más bien diría que ha sido un año escasito.

En cifras totales, 1.170 kilómetros recorridos; mi registro más bajo desde 2013, año en que corrí la maratón de Barcelona medio lisiado y bajé mucho el kilometraje después para recuperarme.

Como hito del año destacaría esa racha de dieciséis días seguidos saliendo a correr en agosto, coincidiendo con las vacaciones en el trabajo. Eso sí, cinco o seis kilómetros al día y a ritmos tranquilitos.

¿Propósitos para el 2018? La verdad es que ninguno, no tengo ni siquiera un maratón en la cabeza aunque probaré suerte en alguna lotería. Me gustaría repetir Zamora y poco más. Además desde el pasado septiembre he vuelto a retomar el kárate, deporte que practiqué de pequeñito y estoy disfrutándolo mucho, tanto que ya he ido a una competición el pasado diciembre (eliminado en ronda previa, por si alguno sentía curiosidad).

El blog cada vez registra menos entradas, y este año aún menos por la falta de carreras, pero no pienso abandonarlo. Al menos subiré la crítica de cada carrera en la que participe, a alguien le servirá.

Y nada más, sólo desearos a todos un feliz 2018.

 

 

XXXVIII Trofeo José Cano – Canillejas (2017)

Cartel de Canillejas 2017

Hace ya mucho desde que en 2001 corriera por primera vez Canillejas. Desde entonces he participado en diez ocasiones y he fallado en siete. Imagino que eso la convierte, con mucho, en mi carrera preferida porque, como he dicho muchas veces es la de mi barrio, la de toda la vida. Y este año, por fin, puedo escribir algo positivo de ella tras las críticas que publiqué en 2013 y 2015. Yo creo que casi todo lo que se va haciendo en esta carrera se hace ya con sentido común: el precio de la inscripción ha bajado de 15 a 13 euros (y la comisión por venta online ya no es de 1,30, sino que se queda en 0,94); el dorsal, el chip y la camiseta (por cierto más fea que Picio) se entregan antes de la carrera; los puntos kilométricos están bien señalizados y visibles (incluso con una raya de pintura que atraviesa completamente la carretera); se entrega una bolsa del corredor en meta con bebida y algo de comer y las colas que se pudieron formar para recogerla eran las normales de cualquier carrera popular.

En lo negativo, seguimos sin agua en meta (o yo no la vi) y hemos perdido la medalla de finisher. Y mira, lo de la medalla me importa menos, pero el agua es más necesaria. Sí, ya sé que había Powerade y cerveza 0,0 isotónica fresquita, pero una botellita de agua nunca, repito, nunca viene mal.

Además, una cosa me ha gustado mucho ha sido la gestión de la carrera en redes sociales: muy constructiva y de gran ayuda contestando las dudas. Comprobada en primera persona.

¿Significa todo esto un nuevo resurgir de Canillejas? Pues no lo sé, hace años se hablaba de una prueba de 4.000 corredores y este año había leído que el cupo era de 5.000 participantes. El caso es que, según el listado de clasificaciones, el último llegado a meta hace el puesto 2.384 y no creo que se haya retirado la mitad de los atletas. 2.400 atletas en un día en el que la competencia más directa eran la Carrera de los Emprendedores y la Maratón de Valencia se me antojan pocos para una ciudad como Madrid.

En cualquier caso hasta el día acompañó pues no recuerdo haber corrido nunca Canillejas con un clima tan bueno, con una temperatura tan suave. Cosas del cambio climático… o del anticiclón de las Azores, vaya usted a saber.

Y pasando al tema personal, de mi carrera poco hay que contar. Un circuito más que bien conocido y la idea era apretar para ver cómo de cerca podía andar de 45 minutos. Creo que gestioné bien el kilómetro en subida de Arcentales, pero cuando llegaron los últimos 3 kilómetros, que es donde hay que apretar, no pude bajar de 4’20″/km. Al final un tiempo oficial (desde el disparo) de 47:30 (medio minuto mejor que en Mercamadrid) y 46:34 netos (desde la alfombrilla de salida), bastante lejos del sub 45′.

No puedo quejarme, insisto, si apenas corro 15 kilómetros a la semana bastante hago con mantener estos ritmos en carrera.

En principio, con esta carrera doy por finalizado el año en lo que a competiciones se refiere, excepto alguna San Silvestre que pudiera caer, pero que no será la Vallecana, eso fijo. Han sido tres diez miles, una media maratón y una maratón…

¿Para qué más?

🙂

IIª Carrera 10K Mercamadrid (2017)

10kmercamadrid17
Cartel de la carrera

Normalmente soy un negado para que me toque nada. Ni una rifa en el cole. Pero bueno, sobre todo después de ganar la lotería para una plaza en la maratón de Nueva York de 2014, parece que de vez en cuando las tornas cambian y algo pillo. Esta semana fue para enmarcar y cayeron 9 euros en la Primitiva (¡tomaaaa!) y un dorsal para participar en la segunda edición de la Carrera 10K Mercamadrid en un sorteo que había puesto en marcha la organización del Trofeo José Cano.

Recogí el dorsal y la camiseta conmemorativa (muy chula, de manga larga, de 42Krunning) el jueves por la tarde y el domingo me planté en esa miniciudad que es Mercamadrid, en la que nunca había estado, ni me lo había planteado siquiera. Y de verdad que merece la pena. Por todo, por curiosidad, por organización, por ese trazado que a veces entra incluso dentro de las naves…

Llegué con algo de tiempo puesto que no conocía cómo iba a ser aquello, ni cómo llegar, ni dónde podría aparcar. Pero desde el primer momento te das cuenta de que la organización es muy buena. Los voluntarios y los vigilantes te dan paso al recinto (hay barreras de acceso, como las de los peajes) y te van indicando las zonas de aparcamiento. Es súper cómodo estar en un espacio cerrado y poder dejar tranquilamente las cosas en el coche.

Y siguiendo a la gente me acerqué a la zona de salida-meta donde ya había bastante ambiente. Me tomé un café y un zumo antes de la carrera, cortesía de la organización aunque ya había gente, sobre todo los acompañantes, desayunando de forma contundente, en la carpa de Ahorramás, creo. Después fui a un wc portátil en el que pude entrar sin apenas colas y el resto del tiempo que me sobraba lo dediqué a curiosear por ahí aprovechando que hacía muy buen tiempo, demasisdo (hice bien en no estrenar la camiseta de manga larga de la carrera y a los que vi con ella iban todos arremangados). También pude localizar algún punto kilométrico y comprobé que estaban señalados por carteles en el suelo, como de un metro de altos, y me hice la idea de que el trazado iba a ser bastante llano.

Un par de minutos antes de la hora fui a la zona de salida pero ya no pude colocarme muy delante a pesar de que la participación está limitada a 2.000 personas (inscripciones agotadas). Hasta que salimos todos y se estiró la carrera no me fue posible correr “rápido”. Por dar un dato: desde el disparo de salida hasta que pasé por el cartel del km 1 pasaron 6 minutos y medio. El paso por la primera nave es una jaula, pero a partir de ahí ya pude correr bien pues hasta que vuelves a entrar en una de las naves pasan un par de kilómetros corriendo por espacios abiertos y la carrera te coloca en el lugar que te corresponde.

En previsión de que el gps no fuera muy fiable,  por correr a tramos dentro de las naves (que no lo fue y al final me salieron sólo 9,8 kms con algunas mediciones un tanto desastrosas -aunque menos de lo que pensaba-) me llevé también mi viejo Casio con el que iba marcando los laps manualmente con los carteles de los kilómetros. Vi todos menos el del 4, quizá porque en el 4 dieron agua, pero bueno, también volvieron a dar en el 7 y ése no se me escapó.

El trazado estaba siendo plano, como se preveía, aprovechando el espacio tanto de los viales de Mercamadrid como el interior de las propias naves. Sin embargo allá por el kilómetro 6 nos encaminaron a unas naves más al sur a las que se accede desde una pronunciada cuesta abajo. Así que ya me temía yo que ese desnivel habría que volverlo a subir para llegar a meta. Efectivamente, había que guardar fuerzas porque del 8 al 9 se salva de nuevo el desnivel. Así que, tras el esfuerzo,  del 9 al 10 se corre en reserva aunque espoleado por la cercanía de meta.

Al final un tiempo oficial de 47:59 (no he encontrado el neto en ningún sitio) que me deja muy contento ya que apenas corro 7-8 kilómetros dos días por semana en estos momentos.

Al finalizar la meta recogí la bolsa del corredor (bien), me tomé una cervecita y una brocheta de frutas y me fui al coche. Eso yo, porque otra mucha gente al ser jornada festiva en Mercamadrid se quedó por allí disfrutando de todo lo que había dispuesto la organización: degustaciones, bebida, comida, reparto de muestras de diferentes productos, juegos para niños, un trenecito turístico, etc. Yo no me quedé porque la verdad es que no me gustan nada las aglomeraciones ni las colas, pero hay gente que sí y otra que, ya llevado al extremo, parecía que había venido a hacer la compra. Y alguno, por ser más avaricioso de la cuenta, acabó con todo el género por el suelo y la botellita de vino que nos regalaron rota, que lo vieron estos ojillos que se ha de comer la tierra.

Muy recomendable. Felicidades a los organizadores.