2018

2018
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El concepto de annus horribilis fue popularizado por la monarquía británica en 1992 y desde entonces es ampliamente utilizado. Sin ir más lejos yo voy a declarar oficialmente 2018 como annus horribilis, uno de los peores desde que empecé a correr. Venía lastrado desde 2017, también es verdad, desde que corrí uno de los peores maratones de mi vida y mentalmente ya no he vuelto a levantar cabeza. Este año han sido únicamente tres pruebas en las que he participado: la media de Azuqueca de Henares (por hacer una carrera medio larga), un 10K gratuito en el Juan Carlos I que ni siquiera tenía cronometraje oficial y un 5K ¡virtual! En principio tenía en mente alguna más, pero o me ha faltado motivación o me ha sobrado horribilis.

En los entrenos también se ha notado esta falta de rendimiento. Este año no corrido ni 890 kilómetros, doscientos kilómetros menos que en 2017 que ya fue uno de los años con menos kilómetros de mi historia deportiva.

De ritmos mejor no hablar: si antes ir a 5:30 era un ritmo lento, en 2018 5:30 ha pasado a ser “el ritmo”; 5:00 un rodaje exigente y correr por debajo de 5:00 entrenamiento de calidad. Ritmos de 4- 4:15 el kilómetro no he llegado ni a verlos.

En la parte positiva, haber sido capaz de encadenar 19 días consecutivos corriendo en agosto, aprovechando las vacaciones. Va a ser que el trabajo me mata.

Después de este 2018 de bajón, espero mucho de 2019 porque será un año de aniversario: se cumplirán 20 años desde que en 1999 me pusiera en la línea de salida del Maratón Popular de Madrid. 20 años corriendo maratones y 14 carreras de maratón completadas. Así que este año toca maratón sí o sí.

Me apuntaré a la lotería de Nueva York por si suena la flauta y si no, las alternativas serán Valencia, que es un maratón que tengo ganas de conocer (sobre todo tras su meteórica proyección de los últimos años), Lanzarote (me encantan las Islas Canarias y correr con sol, aunque lo del viento me echa para atrás) o Málaga (otra vez por el sol, aunque no tenga tan buenas críticas como Valencia).

O a lo mejor ninguno y sigo de horribilis, quién sabe.

Feliz 2019.

P. S. No quisiera pasar la ocasión sin felicitar a mi cuñado que aun con un curro de autónomo, con muy poco tiempo para entrenar, empezó a correr hace apenas unos años y este 2018, con 54 años, ha corrido su primer maratón, en Valencia, en 3h51m y sin haber conocido al hombre del mazo. ¡Enhorabuena!

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Carta de fin de año para un joven Sensei [off topic]

Hace algo más de cinco años, cuando ni d

Fausto joven
Fausto, como yo lo conocí, el segundo por la derecha (foto del grupo de Facebook de antiguos alumnos del Colegio XXV Años de Paz)

e lejos pensaba volver a entrenar, me enteré de la muerte de mi maestro de kárate, con el que empecé en San Blas cuando apenas era un mocoso de nueve años. Entonces escribí un texto en el que traté como pude de recordarle y de explicar, y explicarme, lo que había supuesto en mi vida y lo que de sus enseñanzas todavía quedaba en mí. Recuerdo que lo escribí con mucha emoción porque a su recuerdo se sumaba su ausencia y cuando los sentimientos se entremezclan con la intención de razonar siempre hay algo que se te agarra a la tripa y que no te suelta ni te soltará jamás.

Y eso me ha pasado hoy cuando he vuelto a repasar ese texto para ver cuántas de las cosas que dije entonces necesitaban ser actualizadas. Y he vuelto a sentir ese dolor que nos nace a todos en la boca del estómago y esa pena infinita cuando recuerdas que alguien se fue injustamente y que no lo volverás a ver.

Y así, aunque me lo hayas pedido, Martín, mi nuevo y joven maestro, no voy a hablarte de las razones que encontré para retomar el kárate o qué me hizo volver después de más de treinta años sin vestir un karategi. Voy a hablarte de lo que duele no poder decir a ciertas personas a su debido tiempo lo importantes que son para nosotros. Y como la vida siempre se repite, has de ser consciente de que aquel “yo” del pasado al que me refiero podría ser hoy cualquiera de tus niños y niñas del Olimpia.

Yo no puedo darte lecciones de nada porque soy tu alumno y al alumno sólo le corresponde aprender. Pero sí puedo hacerte recordar cosas que de sobra sabes. Por eso te recuerdo que tienes una gran responsabilidad con ellos, con tus niños, quizá más de la que creas (o no), y que es la misma que tuvo mi Sensei Fausto sobre mis compañeros y sobre mí. Te lo habrán dicho mil veces, pero es verdad: ellos aprenderán viéndote, escuchándote, imitándote, sintiendo con alegría tu afecto y con temor tus reprimendas. Serás su padre (con permiso de Valeria o sin él), su hermano mayor, su profe, el colega guay que todos quieren tener y hasta el líder de una secta si tú quisieras, porque muchos te seguirían al fin del mundo. ¡Serás Bruce Lee! Tal poder tienes sobre ellos. Tu figura será una referencia que les acompañará desde la infancia hasta buena parte de su vida adulta porque tú, a diferencia de muchos de sus profes, no cambiarás con el nuevo curso. Siempre estarás ahí y les verás crecer, hacerse hombres y mujeres. Y sí, les enseñarás katas y kumité, harás hincapié en la técnica y les ayudarás en la competición… todas esas cosas por las que se supone que te pagan, te pagamos, sus familias. Pero cuando ellos acaben su recorrido deportivo a tu lado y se aparten para seguir su camino en la vida, porque muchos se apartarán antes o después (ya lo sabes por experiencia), con el tiempo no te recordarán por aquellas enseñanzas, te recordarán por todo lo demás, por todos esos valores inmateriales que hay escritos en las paredes de tu gimnasio y que se habrán incorporado a su propio ADN a través del trabajo diario, a través de tu ejemplo: humildad, respeto, compañerismo, paciencia, sacrificio, esfuerzo, tesón, disciplina, superación. Todo eso que va más allá de aprenderse paiku, kosokun sho o pinan godan y que, como sabes, es bastante más importante.

Y quizá un día, si los posos que vas dejando son los adecuados, uno de aquellos chicos que se apartaron del kárate y que afirmaron rotundamente que jamás volverían a pisar un tatami se presente a la puerta de tu dojo, dentro de muchos años, siendo él ya todo un hombre y tú un venerable sensei, con su hijo, para apuntarle, preguntarte si te acuerdas de él y si le dejas volver.

Entonces, y sólo entonces, mi joven maestro, tus preguntas hallarán respuesta.

Por muchos más años en el Do: ¡Feliz Año, Sensei! ¡Feliz Año, Olimpia!

Carrera Cultura Mediterránea Madrid (2018)

Cartel Carreras Cultura Mediterránea

Cartel de las carreras

La característica más importante de esta Carrera Mediterránea, que se celebraba simultáneamente el pasado 21 de octubre en Madrid, Guadalajara y Soria (no me pregunten por qué), era sin duda su carácter gratuito. Hoy no es normal que las carreras sean gratis, pero siempre ha habido. Yo recuerdo la Melonera, cuando salía de Hipercor, y medía lo que le daba la gana (se decía que eran casi diez kilómetros); o la media de Moratalaz, que no era gratis pero su coste era irrisorio (y compartía con la Melonera el sanbenito de estar mal medida). Y básicamente ese fue el motivo por el que me inscribí, junto a que se celebraba en el Juan Carlos I que no queda lejos de mi cuartel de intendencia madrileño (la casa de mi padre, en concreto).

¿Se puede hoy día hacer una carrera gratuita? Parece que sí. Primero tenemos un patrocinador institucional que elimina de un plumazo muchos de los problemas de las pequeñas carreras, en este caso el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Segundo, nada de camisetas (gorrilla y tirando millas). Tercero, circuito a dos vueltas dentro de un parque donde no hay que cortar calles, luego no hay que pagar más al Ayuntamiento por eso. Cuarto, no indiques los puntos kilométricos, que los participantes, como es a dos vueltas, cuando pasen por meta sabrán que están en el kilómetro 5. Y quinto, prescinde del cronometraje, se da el pistoletazo de salida y cada uno que cronometre su carrera con sus propios medios. Para el resto, la organización se comportó como en una carrera “normal”: voluntarios en los cruces, arco de salida/meta, speaker, avituallamiento a mitad de carrera y otro al finalizar (agua, leche y plátano). ¿Veis? Es fácil. Si te sientes a gusto con las peculiaridades de la carrera, pienso que no hay mejor plan para un domingo por la mañana.

Como crítica a la organización, en Madrid la carrera estuvo bien medida, pero en Guadalajara me consta que no fue así (nada que no solucione un gps el año que viene, si la carrera tuviera continuidad).

La carrera de Madrid estuvo muy bien, el día parecía que iba a ser, meteorológicamente hablando, peor de lo que luego fue. Participaríamos 200 o 300 corredores entre 5 y 10K por lo que se podía correr muy bien. El circuito bonito, dentro del parque, aunque con algunas cuestas (que tampoco eran el Mortirolo, claro), y superficie mixta: asfalto y camino de tierra.

No llegaba yo en condiciones (buenas) a la carrera después de una semana de gripe/constipado fuerte/catarro/llámalo x y cuando empecé a correr noté claramente que no me entraba el oxígeno suficiente a los pulmones. Aun así intenté correr rápido pero a pesar de todos mis esfuerzos no conseguía bajar a esos 5 min/km que me hubiera gustado, con el agotamiento extra que ese esfuerzo supuso y unas pulsaciones desbocadas. En la cuesta arriba del kilómetro 6 pensaba, incluso, que no podría terminar la carrera. Pero bueno, uno tiene oficio ya después de 20 años, y se sobrepone a la situación aunque sea con el piloto automático puesto.

Al final paré el crono (nunca mejor dicho) en unos muy discretos 52:27 (51:42 netos, si descontamos los 45 segundos que tardé hasta cruzar el arco de salida).

Así es la vida de los corredores.

El lado positivo es que sigo corriendo, las lesiones me respetan, y contándolo por aquí.

 

 

Solo ante el Streaking (vol. 2)

Este año, coincidiendo con las vacaciones de agosto, he vuelto a las andadas con el streaking y he repetido la experiencia que ya conté en el blog el año pasado aunque con una pequeña modificación: si en 2017 la distancia mínima eran 5 kilómetros este año decidí subirla a 8. Y un propósito: superar el número de días consecutivos saliendo a correr que fueron 16 días el año pasado. Adelanto que lo conseguí y que he dejado la “plusmarca” en 19. Ahí lo dejo. Además me ha venido de perlas para elevar mis estadísticas de días saliendo a correr en un mes hasta un total de 25 en agosto de este año. Tendría que revisar si alguna vez he corrido tantos días como durante este mes.

Como comenté la vez anterior en el blog, a mí no me cuesta entrenar en verano ni lo dejo para descansar. Al contrario, tengo más tiempo libre y puedo dedicarlo a hacer deporte (que es algo que me gusta) y, concretamente, a correr (que es algo que me gusta mucho) ya que muchas veces, durante la temporada, entreno mucho menos de lo que me gustaría.

Y, como el año pasado, sigo comprobando en propia piel que el verano es una época de excesos, y que si esperaba una diferencia física notable entre el antes y el después, me equivocaba. Como sí me he encontrado es físicamente mejor, no sólo subjetivamente (que también) sino mejorando ligeramente mi rendimiento en la segunda mitad del período de streaking (tampoco una locura, que los ritmos han sido siempre muy suaves).

Como conclusión, dejo aquí un pequeño resumen, en números, como a mí me gusta:

  • 19 días encadenados (16 en 2017).
  • Distancia promedio de 8,15 kms por entreno (2,66 kms más que en 2017).
  • Tiempo promedio de entrenamiento: 47’23” (15’52” más que en 2017).
  • Ritmo promedio de entrenamiento 5’49″/min (5 segundos más lento que en 2017).

El año que viene, si dios quiere y la autoridad lo permite, mas.

XII Media Maratón de Azuqueca (2018)

Cartel Media Maratón Azuqueca 2018

El primer dorsal del año ha tardado en caer. En parte por la lesión recurrente de los gemelos y en parte por falta de ganas/interés/llámalo x. Sin embargo, en cuanto la organización del medio maratón de Azuqueca avisó por mail de la apertura de inscripciones, me apeteció correrla. Quizá porque poco a poco voy cogiendo más confianza en que no me voy a romper corriendo y quizá porque el ritmo de una media, al ser más lento que un 10.000, me ofrecía más confianza. Lo que no deseaba era cebarme y acabar lesionado. Además, el precio de la inscripción era tan sólo de 10 euros, menos de lo que cuesta un 10K en Madrid pero con mejor bolsa del corredor, una cervecita helada al final y la posibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera. Otro de los factores añadidos que tuve en cuenta era la posibilidad de poder retirarte en la primera vuelta (el recorrido es ahora a dos vueltas, no a tres como era en 2015 cuando participé por primera vez), por si las cosas iban mal dadas.

Mi estado, comparado con el de 2015 cuando participé por primera vez, ha variado mucho. Entonces tenía la ilusión por mantener un ritmo de 4:50 y estaba ilusionado con un maratón de otoño. Este año, por el contrario, sin objetivos maratonianos llegaba al día de la carrera con tan sólo 260 kilómetros recorridos en todo lo que llevamos de año (13 por semana). En definitiva: llegaba sin preparación y pasado de peso, como es habitual. La semana anterior improvisé un rodaje de 15K para comprobar si era capaz de llegar a la carrera en condiciones de terminar y al final salieron 16K a 5:50, lo que me daba esperanzas para mantener un ritmo de 5:20 y, salvo debacle, no retirarme en la primera vuelta. Tristemente, ese era mi objetivo.

Así que el domingo a las 9:30 me coloqué atrás de un pelotón de 632 corredores, entre participantes de la media y de la media de la media, con la firme decisión de mantener mi ritmillo y no pasarme. Lo bueno de Azuqueca es que es muy plana, así que mantener un ritmo constante sin hacer sobreesfuerzos no es difícil y al ser poco más de 600 corredores el mogollón del principio es también menos mogollón por lo que es más fácil colocarte sin estorbar ni ser estorbado.

Hago la primera vuelta en 55:40, con buenas sensaciones y con la casi certeza de que voy a acabar muy entero, y en la segunda vuelta, sin forzar en ningún momento, mejoro cuarenta y cinco segundos la marca parando el crono en 53:55. En total, un tiempo neto de 1:49:35, a 5:12 el kilómetro; mucho mejor de lo que esperaba, que ya veía yo que podía hacer peor marca que en aquel medio maratón de Zamora de 2015 en que toqué fondo con 1:56:19.

De la carrera tengo que decir que ha mejorado mucho de hace tres años a ahora. El parking vigilado, el ropero, el circuito a dos vueltas, la media hora de adelanto para evitar el calor (aunque hizo un día perfecto), la bolsa del corredor, las dos cervezas y la comida popular (a la que tampoco me quedé este año y es que a mí eso de esperar como que no me va). El recorrido sigue siendo plano como la palma de la mano (salvo el kilómetro de acceso al estadio) y ahora pasa por el centro, aunque no hay mucha animación. Quizá ese es el defecto que más le achaco a la carrera, la indiferencia hacia el medio maratón que hay en la ciudad. De hecho mucha gente parecía no haberse enterado de la carrera habida cuenta de que vi no uno ni dos encontronazos entre conductores y policía local, sino varios más. Sin hablar ya de la mala educación de algún conductor como el que nos adelantó en la Avenida Norte después de que la organización le dejara acceder al circuito entre corredor y corredor con la advertencia de que se quedara detrás, al ritmo de los corredores y sin rebasarles. Se la repampinfló, evidentemente.

Sin embargo, anécdotas aparte, la carrera es muy recomendable y prueba de ello es que sigue creciendo año tras año, sin llegar a la saturación de las pruebas madrileñas: el año que yo participé, 2015, llegamos a meta 240 corredores y este año 406.

P.D.: Muchos vídeos, muchas fotos en la web de la carrera y además sms de la organización con tu tiempo al finalizar la prueba. Ya casi lo único que les falta es una app de la carrera con el tracking en vivo. 😉

Fisioterapia

Algún día tenía que llegar. Durante mis casi 20 años corriendo de forma ininterrumpida no he tenido nunca que pisar una clínica de fisioterapia. Es algo que, además, he llevado estúpidamente muy a gala. Casi como una condecoración: el hombre que no se rompe. Ya ves tú. Pero mira por dónde, cedes parte del tiempo que le dedicabas a correr a otro deporte y ¡zasca!, el cuerpo reacciona… para mal. Y esa es la historia de mis últimos seis meses. Fue empezar a compaginar kárate y running y mis gemelos se han quejado. Los dos. Dos veces pinchazos en la pierna izquierda y un sólo pinchazo muy fuerte en el de la derecha, tanto que ha sido el que tras guardar diez días de reposo me ha hecho pasar por las manos del (de la, en este caso) fisioterapeuta.

Y la experiencia ha sido muy positiva. Me preocupaba mucho tener que buscar a alguien un poco “de confianza”, más que nada por miedo a dar con un fisio que en vez de ayudarme me acabara de estropear. Pero como tampoco se puede vivir así, al final lo que hice fue localizar una clínica seria (es decir, con profesionales titulados y colegiados) cerca de mi casa, clínica FYS, gracias al buscador de centros de la web del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid. Pedí cita y allí me presenté. La fisioterapeuta era una chica muy simpática, le conté lo que me pasaba y mientras me descargaba las piernas me estuvo explicando que el running es un deporte maravilloso… pero no perfecto. Que los corredores utilizamos mucho la musculatura de la parte superior de las piernas, pero no tanto el resto, así que se produce una descompensación. Lo que quiso decir es que cuando hago kárate (cambios rápidos del centro de gravedad, mucho trabajo de piernas -patadas, barridos-, gemelos en tensión, etc.) me falta tono muscular para ese deporte. Específicamente, gluteos y gemelos y que por eso se producen los pinchazos. El cuerpo se queja. Y es verdad.

Así que ahora estoy pasando un periodo de tranquilidad en el que corro poco y a medio gas y entreno kárate con mucho cuidado mientras trato de cumplir con los ejercicios de fortalecimiento que me ha mandado la fisioterapeuta y otras recomendaciones como estirar y aplicar hielo en los gemelos al final de cada entrenamiento. Lo que no es nada fácil porque soy muy vago.

Al menos, seguimos… aunque sin objetivos concretos, como no sea seguir viviendo una vida activa.

Todo menos apalancarse en el sofá a ver la tele.

 

2017

2017Como ya es tradicional en este blog, toca entrada-resumen del año que nos deja y propósitos carreriles para el nuevo.

El año pasado me propuse “terminar elegantemente” la Maratón de Liverpool, que era prácticamente el objetivo del año. Pues bien, después de la petada espectacular, está claro que el objetivo no se cumplió. ¿Disfrutar en otras carreras menos masificadas? Pues yo creo que eso sí que lo he conseguido.

Corrí en marzo una nueva edición de la Media Maratón de Zamora, que disfruté mucho al dejar de lado por un día ese plan de preparación absurdo para Liverpool. Y después he corrido tres 10K: la “Madrid Corre x Madrid“, los “10K Mercamadrid“, y la “Carrera Popular de Canillejas“; las dos primeras nunca antes las había corrido y la de Canillejas, como siempre he dicho, es mi favorita y este año, a mi juicio, ha mejorado muchísimo. Las tres muy disfrutadas y, además, yendo de menos a más  en los dos meses que van de la primera a la tercera, aunque todavía muy lejos de los tiempos por los que me solía mover.

Resumiendo, un maratón, una media y tres diezmiles… nada espectacular. Más bien diría que ha sido un año escasito.

En cifras totales, 1.170 kilómetros recorridos; mi registro más bajo desde 2013, año en que corrí la maratón de Barcelona medio lisiado y bajé mucho el kilometraje después para recuperarme.

Como hito del año destacaría esa racha de dieciséis días seguidos saliendo a correr en agosto, coincidiendo con las vacaciones en el trabajo. Eso sí, cinco o seis kilómetros al día y a ritmos tranquilitos.

¿Propósitos para el 2018? La verdad es que ninguno, no tengo ni siquiera un maratón en la cabeza aunque probaré suerte en alguna lotería. Me gustaría repetir Zamora y poco más. Además desde el pasado septiembre he vuelto a retomar el kárate, deporte que practiqué de pequeñito y estoy disfrutándolo mucho, tanto que ya he ido a una competición el pasado diciembre (eliminado en ronda previa, por si alguno sentía curiosidad).

El blog cada vez registra menos entradas, y este año aún menos por la falta de carreras, pero no pienso abandonarlo. Al menos subiré la crítica de cada carrera en la que participe, a alguien le servirá.

Y nada más, sólo desearos a todos un feliz 2018.