Valencia

Hay pocas cosas que decir.

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“Keep your fears to yourself, but share your courage with others”

Robert Louis Stevenson

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Corre y sé feliz

No hay duda de que cada cierto tiempo los corredores siempre volvemos a darle vueltas a los mismos temas. Temas tan tontos, por ejemplo, como que si yo soy runner, que si aquel no es runner, que si éste dice que a él le llames corredor porque para nada es runner, que si aquella otra es corredora pero tampoco se disgusta porque la llamen runner. Y así, con esto, junto a otros temas similares, tan tópicos y típicos como apasionadamente defendidos desde la trinchera por la que cada uno haya optado; solemos pasar algún tiempo entretenidos, incluso hasta ofendidos, dando bandazos de acá para allá, otorgando o quitando carnés de “buen corredor” dependiendo de cómo nos hayamos levantado por la mañana o de por dónde sople el viento a mediodía.

A mí a veces me pasa. Y no quiero.

Porque no, porque es perder el tiempo, porque es enredarse en lo accesorio para no disfrutar de lo principal que es el mero hecho de correr. De poder salir a correr. Y porque muchas veces, perdidos en la anécdota, no apreciamos la suerte que tenemos de que en ese preciso momento en que nos calzamos las zapatillas no nos duela nada. La suerte de estar y sentirnos vivos, de disfrutar de la maravilla de planeta que está ahí fuera, al alcance de nuestros pies y que se ofrece para que lo recorramos hasta donde lleguen nuestras fuerzas.

Correr por Barcelona, por Madrid, por Londres, por París, por Nueva York o por los campos de mi pueblo. Eso es lo que quiero hacer. Quiero salir de casa, doblar la primera esquina y correr, sentir el sol, el aire, el olor de las flores en primavera, secarme el sudor, notar (notarme) el corazón acomodando su trabajo a la fatiga. Y también quiero parar, acabar de correr y disfrutar de la ración extra de serotonina, de dopamina y de endorfinas que me regala mi cerebro sólo por eso, porque sí.

¿Y no has pensado que eso puede acabarse algún día? Yo sí. Echo la vista atrás y veo que hace veinte años empecé a correr, pero al volver la mirada hacia adelante tan sólo puedo ver mis pies aquí y ahora porque no sé dónde estaré dentro de otros veinte años, no sé si podré seguir corriendo o no, porque no sé si siquera si estaré.

Y entonces, ¿de qué me preocupo? ¿Qué más da si ése que se dice corredor, o aquel otro runner, corren el kilómetro por encima de cuatro minutos? ¿Qué más da si el de más allá habla en nombre de todos nosotros, los runners, cuando hace un año se fumaba dos paquetes diarios de tabaco y el único deporte que hacía era levantar cervezas en la barra del bar? ¿Qué más dan tantas cosas? ¿Qué más me da? ¿Qué más te da?… Si, como le dijeron a otro runner, a un blade runner: “todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”.

XIII Media Maratón de Azuqueca (2019)

Presentación de PowerPoint
Cartel XIII M.M. Azuqueca

Donde te lo pasas bien, repites. Así que yo sigo viniendo a Azuqueca a correr su medio maratón y ya van tres de las últimas cinco ediciones. Este año la organización había hecho una apuesta mediática con el “fichaje” de Chema Martínez, imagino que para atraer participantes y darle un “empujoncito” a la carrera. Pero aunque el speaker al principio de la prueba anunció que se había batido el récord de participantes «por poco», la verdad es que las cifras indican que el número total de finishers de la media ha descendido (por poco) y que la tampoco la participación de atletas en la carrera a una vuelta ha crecido. No es que la prueba no lo merezca, todo lo contrario; lo que ocurre es que mientras llega ese crecimiento, yo sigo disfrutando de una prueba corrible sin agobios, llana y bien organizada (aunque según mis cálculos le falten unos metros para ser una media maratón bien medida: la distancia del km 8 al 9, a mí, me “chirría”, no sé si a alguien más le pasa).

Este año venía mejor preparado que en 2018, con más kilómetros a las espaldas (o, mejor dicho, en las piernas), con la participación previa en un 10K y sobre todo con una continuidad en los entrenamientos favorecida por la Semana Santa y el puente de Mayo. También un par de kilos menos, que se nota, aunque en las fotos que cuelga la organización (un montón de ellas, y gratis) se me vayan los ojos siempre al barrigón. Bueno, es algo que se va a ir reduciendo con un poco de vigilancia sobre la comida y, sobre todo, entrenamiento. El caso es que la marca de este año ha sido seis minutos y medio mejor que la del año pasado: 1:43:04, por 1:49:35 en 2018. Y sobre todo las sensaciones han sido mucho mejores. Creo que he corrido con cabeza, haciendo todos los kilómetros en zona 4 y por debajo de cinco minutos (salvo el primero) y apretando en los dos últimos, acabando con fuerza y muy entero aunque ya en zona 5. ¿Pude haber apretado más? Seguramente. ¿Me habría desfondado? Pues como no lo hice no puedo saberlo. Quiero pensar que podía haberlo hecho mejor, que esta no era mi mejor versión, pero sin embargo, me siento muy contento con la marca.

Por lo demás, agradecer el apoyo de mi compañero de curro Diego, azudense él, que no pudo correr, pero que estuvo animando en varios puntos de la carrera y con el que compartí una cerveza, obsequio de la organización, en meta.

Un detalle más de la carrera, novedad este año, ha sido la medalla conmemorativa, aunque si se me permite (y como el blog es mío, me lo permido), sugeriría a la organización que en ediciones posteriores diseñaran la medalla con la edición a la que corresponde, sobre todo para que los que no grabamos la marca en las medallas recordemos, dentro de algún tiempo, al verla, qué año fue el que la corrimos. Y eso no va a ocurrir si sólo pone “Media Maratón de Azuqueca”.

A pesar de estos pequeños detalles, siempre que pueda, siempre que siga pasándomelo bien, seguiré participando en esta media maratón.

II Villa de Torrejón 10K Running Music (2019)

Cartel de la carrera
Cartel de la Carrera

Primera participación en esta carrera que celebró el pasado 24 de febrero su segunda edición y a la que acudimos más de 1600 corredores, según la organización. No tenía claro si apuntarme, por causa de esta galbana que me invade desde hace ya tiempo… bueno no, al contrario, lo que tenía claro es que no correría, porque la pereza me arrastra a no querer correr ni esta ni ninguna otra carrera; pero dos compañeros de curro se habían inscrito, me lo comentaron y, bueno, eso, unido a que Torrejon de Ardoz está muy cerca para los que nos movemos por el corredor del Henares entre Alcalá y el Este de Madrid ,tiró de mí lo suficiente como para animarme a participar, aunque sin ninguna expectativa.

El viernes por la tarde me acerqué a Torrejón a recoger el dorsal y la bolsa del corredor que, para los tiempos que corren, estaba bien surtida. También me dieron la camiseta oficial, de la marca Joma, demasiado finita para mi gusto y con la que correría el día de la prueba pero con una térmica de compresión debajo. Me gusta correr con ropa de compresión, me encuentro muy a gusto (sin que boten los michelines) y encima me mantiene seco.

El día de la carrera quedé con mi compañero Diego para ir juntos, pues nuestro tiempo sería similar. Mucho ambiente en la salida y muchos clubs. Nos colocamos en la parte de atrás del pelotón y salimos con mucha tranquilidad. Adelantando gente, pero tranquilos. A la altura del kilómetro 1 subimos un puente con una pendiente bastante pronunciada y ahí decidimos, sin hablar, tirar para adelante y unas veces yo y otras él nos alternamos para imprimir ritmo y alcanzar al globo de los 55 minutos. A la altura del kilómetro 5 nos perdemos el avituallamiento porque sólo hay una mesa a un lado de la calle y lo único que pudimos hacer fue esquivar a los corredores que se paraban para coger una botella de agua. Al ser una carrera de 10K tampoco me importa demasiado, pero es un fallo que la organización debería mejorar en próximas ediciones.

Sobre el kilómetro 6,5 se gira a la derecha y unos espectadores nos informan de que hace poco que ha pasado el globo de los 50 minutos. Lo veo al fondo de la calle, bastante lejos, pero pienso que podría alcanzarlo antes del final, así que meto una marcha más y Diego, mi compañero, queda definitivamente atrás. Aun así, reacciona bien y me sigue a unas decenas de metros por detrás sin perderme de vista. La verdad es que da gusto verle correr. Hace unos años pesaba 20-25 kilos más (¡como que ahora pesa lo mismo que yo y me saca la cabeza!), ha sufrido con paciencia las lesiones y ahora que está en forma puede disfrutar de correr. Y todavía lo va a hacer mejor si las malditas contracturas le dejan. Un ejemplo.

El recorrido continúa hacia meta tan llano como lo ha sido desde la salida, así que no me resulta complicado gestionar el cambio de ritmo sin desfondarme. El globo cada vez está más cerca pero no lo alcanzo hasta pasado el kilómetro 9. Al llegar a su altura el corredor que lo porta me anima a adelantarle y me asegura que él va en tiempo de sub 50′. Le dejo atrás y tiro todo lo rápido que puedo los 200 o 300 metros que me quedan para llegar a meta. Finalmente paro bajo el arco de meta en 50:23 (48:58 en tiempo neto).

Para mi estado de forma actual opino que es una gran marca. Además, con un segundo parcial minuto y medio más rápido que el primero, por lo que fácilmente podríamos haber hecho 47 minutos si no nos hubiésemos entretenido tanto al principio.

De la carrera en sí no tengo nada malo que decir. Muy bien organizada, con un trazado super rápido, puntos kilométricos bien visibles y en su sitio, bolsa del corredor en condiciones y avituallamiento final adecuado. No me quedé a los conciertos del final, por lo que la parte de “Music” no voy a entrar a valorarla. Los únicos “peros” que le pongo son: la imposibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera (lo entiendo para los de Torrejón, pero para los de fuera es un incordio) y ese avituallamiento del kilómetro 5 tan corto del que ya he hablado.

2018

2018
Photo found in Fotolia

El concepto de annus horribilis fue popularizado por la monarquía británica en 1992 y desde entonces es ampliamente utilizado. Sin ir más lejos yo voy a declarar oficialmente 2018 como annus horribilis, uno de los peores desde que empecé a correr. Venía lastrado desde 2017, también es verdad, desde que corrí uno de los peores maratones de mi vida y mentalmente ya no he vuelto a levantar cabeza. Este año han sido únicamente tres pruebas en las que he participado: la media de Azuqueca de Henares (por hacer una carrera medio larga), un 10K gratuito en el Juan Carlos I que ni siquiera tenía cronometraje oficial y un 5K ¡virtual! En principio tenía en mente alguna más, pero o me ha faltado motivación o me ha sobrado horribilis.

En los entrenos también se ha notado esta falta de rendimiento. Este año no corrido ni 890 kilómetros, doscientos kilómetros menos que en 2017 que ya fue uno de los años con menos kilómetros de mi historia deportiva.

De ritmos mejor no hablar: si antes ir a 5:30 era un ritmo lento, en 2018 5:30 ha pasado a ser “el ritmo”; 5:00 un rodaje exigente y correr por debajo de 5:00 entrenamiento de calidad. Ritmos de 4- 4:15 el kilómetro no he llegado ni a verlos.

En la parte positiva, haber sido capaz de encadenar 19 días consecutivos corriendo en agosto, aprovechando las vacaciones. Va a ser que el trabajo me mata.

Después de este 2018 de bajón, espero mucho de 2019 porque será un año de aniversario: se cumplirán 20 años desde que en 1999 me pusiera en la línea de salida del Maratón Popular de Madrid. 20 años corriendo maratones y 14 carreras de maratón completadas. Así que este año toca maratón sí o sí.

Me apuntaré a la lotería de Nueva York por si suena la flauta y si no, las alternativas serán Valencia, que es un maratón que tengo ganas de conocer (sobre todo tras su meteórica proyección de los últimos años), Lanzarote (me encantan las Islas Canarias y correr con sol, aunque lo del viento me echa para atrás) o Málaga (otra vez por el sol, aunque no tenga tan buenas críticas como Valencia).

O a lo mejor ninguno y sigo de horribilis, quién sabe.

Feliz 2019.

P. S. No quisiera pasar la ocasión sin felicitar a mi cuñado que aun con un curro de autónomo, con muy poco tiempo para entrenar, empezó a correr hace apenas unos años y este 2018, con 54 años, ha corrido su primer maratón, en Valencia, en 3h51m y sin haber conocido al hombre del mazo. ¡Enhorabuena!

Carta de fin de año para un joven Sensei [off topic]

Hace algo más de cinco años, cuando ni d

Fausto joven
Fausto, como yo lo conocí, el segundo por la derecha (foto del grupo de Facebook de antiguos alumnos del Colegio XXV Años de Paz)

e lejos pensaba volver a entrenar, me enteré de la muerte de mi maestro de kárate, con el que empecé en San Blas cuando apenas era un mocoso de nueve años. Entonces escribí un texto en el que traté como pude de recordarle y de explicar, y explicarme, lo que había supuesto en mi vida y lo que de sus enseñanzas todavía quedaba en mí. Recuerdo que lo escribí con mucha emoción porque a su recuerdo se sumaba su ausencia y cuando los sentimientos se entremezclan con la intención de razonar siempre hay algo que se te agarra a la tripa y que no te suelta ni te soltará jamás.

Y eso me ha pasado hoy cuando he vuelto a repasar ese texto para ver cuántas de las cosas que dije entonces necesitaban ser actualizadas. Y he vuelto a sentir ese dolor que nos nace a todos en la boca del estómago y esa pena infinita cuando recuerdas que alguien se fue injustamente y que no lo volverás a ver.

Y así, aunque me lo hayas pedido, Martín, mi nuevo y joven maestro, no voy a hablarte de las razones que encontré para retomar el kárate o qué me hizo volver después de más de treinta años sin vestir un karategi. Voy a hablarte de lo que duele no poder decir a ciertas personas a su debido tiempo lo importantes que son para nosotros. Y como la vida siempre se repite, has de ser consciente de que aquel “yo” del pasado al que me refiero podría ser hoy cualquiera de tus niños y niñas del Olimpia.

Yo no puedo darte lecciones de nada porque soy tu alumno y al alumno sólo le corresponde aprender. Pero sí puedo hacerte recordar cosas que de sobra sabes. Por eso te recuerdo que tienes una gran responsabilidad con ellos, con tus niños, quizá más de la que creas (o no), y que es la misma que tuvo mi Sensei Fausto sobre mis compañeros y sobre mí. Te lo habrán dicho mil veces, pero es verdad: ellos aprenderán viéndote, escuchándote, imitándote, sintiendo con alegría tu afecto y con temor tus reprimendas. Serás su padre (con permiso de Valeria o sin él), su hermano mayor, su profe, el colega guay que todos quieren tener y hasta el líder de una secta si tú quisieras, porque muchos te seguirían al fin del mundo. ¡Serás Bruce Lee! Tal poder tienes sobre ellos. Tu figura será una referencia que les acompañará desde la infancia hasta buena parte de su vida adulta porque tú, a diferencia de muchos de sus profes, no cambiarás con el nuevo curso. Siempre estarás ahí y les verás crecer, hacerse hombres y mujeres. Y sí, les enseñarás katas y kumité, harás hincapié en la técnica y les ayudarás en la competición… todas esas cosas por las que se supone que te pagan, te pagamos, sus familias. Pero cuando ellos acaben su recorrido deportivo a tu lado y se aparten para seguir su camino en la vida, porque muchos se apartarán antes o después (ya lo sabes por experiencia), con el tiempo no te recordarán por aquellas enseñanzas, te recordarán por todo lo demás, por todos esos valores inmateriales que hay escritos en las paredes de tu gimnasio y que se habrán incorporado a su propio ADN a través del trabajo diario, a través de tu ejemplo: humildad, respeto, compañerismo, paciencia, sacrificio, esfuerzo, tesón, disciplina, superación. Todo eso que va más allá de aprenderse paiku, kosokun sho o pinan godan y que, como sabes, es bastante más importante.

Y quizá un día, si los posos que vas dejando son los adecuados, uno de aquellos chicos que se apartaron del kárate y que afirmaron rotundamente que jamás volverían a pisar un tatami se presente a la puerta de tu dojo, dentro de muchos años, siendo él ya todo un hombre y tú un venerable sensei, con su hijo, para apuntarle, preguntarte si te acuerdas de él y si le dejas volver.

Entonces, y sólo entonces, mi joven maestro, tus preguntas hallarán respuesta.

Por muchos más años en el Do: ¡Feliz Año, Sensei! ¡Feliz Año, Olimpia!

Carrera Cultura Mediterránea Madrid (2018)

Cartel Carreras Cultura Mediterránea

Cartel de las carreras

La característica más importante de esta Carrera Mediterránea, que se celebraba simultáneamente el pasado 21 de octubre en Madrid, Guadalajara y Soria (no me pregunten por qué), era sin duda su carácter gratuito. Hoy no es normal que las carreras sean gratis, pero siempre ha habido. Yo recuerdo la Melonera, cuando salía de Hipercor, y medía lo que le daba la gana (se decía que eran casi diez kilómetros); o la media de Moratalaz, que no era gratis pero su coste era irrisorio (y compartía con la Melonera el sanbenito de estar mal medida). Y básicamente ese fue el motivo por el que me inscribí, junto a que se celebraba en el Juan Carlos I que no queda lejos de mi cuartel de intendencia madrileño (la casa de mi padre, en concreto).

¿Se puede hoy día hacer una carrera gratuita? Parece que sí. Primero tenemos un patrocinador institucional que elimina de un plumazo muchos de los problemas de las pequeñas carreras, en este caso el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Segundo, nada de camisetas (gorrilla y tirando millas). Tercero, circuito a dos vueltas dentro de un parque donde no hay que cortar calles, luego no hay que pagar más al Ayuntamiento por eso. Cuarto, no indiques los puntos kilométricos, que los participantes, como es a dos vueltas, cuando pasen por meta sabrán que están en el kilómetro 5. Y quinto, prescinde del cronometraje, se da el pistoletazo de salida y cada uno que cronometre su carrera con sus propios medios. Para el resto, la organización se comportó como en una carrera “normal”: voluntarios en los cruces, arco de salida/meta, speaker, avituallamiento a mitad de carrera y otro al finalizar (agua, leche y plátano). ¿Veis? Es fácil. Si te sientes a gusto con las peculiaridades de la carrera, pienso que no hay mejor plan para un domingo por la mañana.

Como crítica a la organización, en Madrid la carrera estuvo bien medida, pero en Guadalajara me consta que no fue así (nada que no solucione un gps el año que viene, si la carrera tuviera continuidad).

La carrera de Madrid estuvo muy bien, el día parecía que iba a ser, meteorológicamente hablando, peor de lo que luego fue. Participaríamos 200 o 300 corredores entre 5 y 10K por lo que se podía correr muy bien. El circuito bonito, dentro del parque, aunque con algunas cuestas (que tampoco eran el Mortirolo, claro), y superficie mixta: asfalto y camino de tierra.

No llegaba yo en condiciones (buenas) a la carrera después de una semana de gripe/constipado fuerte/catarro/llámalo x y cuando empecé a correr noté claramente que no me entraba el oxígeno suficiente a los pulmones. Aun así intenté correr rápido pero a pesar de todos mis esfuerzos no conseguía bajar a esos 5 min/km que me hubiera gustado, con el agotamiento extra que ese esfuerzo supuso y unas pulsaciones desbocadas. En la cuesta arriba del kilómetro 6 pensaba, incluso, que no podría terminar la carrera. Pero bueno, uno tiene oficio ya después de 20 años, y se sobrepone a la situación aunque sea con el piloto automático puesto.

Al final paré el crono (nunca mejor dicho) en unos muy discretos 52:27 (51:42 netos, si descontamos los 45 segundos que tardé hasta cruzar el arco de salida).

Así es la vida de los corredores.

El lado positivo es que sigo corriendo, las lesiones me respetan, y contándolo por aquí.