II Villa de Torrejón 10K Running Music (2019)

Cartel de la carrera
Cartel de la Carrera

Primera participación en esta carrera que celebró el pasado 24 de febrero su segunda edición y a la que acudimos más de 1600 corredores, según la organización. No tenía claro si apuntarme, por causa de esta galbana que me invade desde hace ya tiempo… bueno no, al contrario, lo que tenía claro es que no correría, porque la pereza me arrastra a no querer correr ni esta ni ninguna otra carrera; pero dos compañeros de curro se habían inscrito, me lo comentaron y, bueno, eso, unido a que Torrejon de Ardoz está muy cerca para los que nos movemos por el corredor del Henares entre Alcalá y el Este de Madrid ,tiró de mí lo suficiente como para animarme a participar, aunque sin ninguna expectativa.

El viernes por la tarde me acerqué a Torrejón a recoger el dorsal y la bolsa del corredor que, para los tiempos que corren, estaba bien surtida. También me dieron la camiseta oficial, de la marca Joma, demasiado finita para mi gusto y con la que correría el día de la prueba pero con una térmica de compresión debajo. Me gusta correr con ropa de compresión, me encuentro muy a gusto (sin que boten los michelines) y encima me mantiene seco.

El día de la carrera quedé con mi compañero Diego para ir juntos, pues nuestro tiempo sería similar. Mucho ambiente en la salida y muchos clubs. Nos colocamos en la parte de atrás del pelotón y salimos con mucha tranquilidad. Adelantando gente, pero tranquilos. A la altura del kilómetro 1 subimos un puente con una pendiente bastante pronunciada y ahí decidimos, sin hablar, tirar para adelante y unas veces yo y otras él nos alternamos para imprimir ritmo y alcanzar al globo de los 55 minutos. A la altura del kilómetro 5 nos perdemos el avituallamiento porque sólo hay una mesa a un lado de la calle y lo único que pudimos hacer fue esquivar a los corredores que se paraban para coger una botella de agua. Al ser una carrera de 10K tampoco me importa demasiado, pero es un fallo que la organización debería mejorar en próximas ediciones.

Sobre el kilómetro 6,5 se gira a la derecha y unos espectadores nos informan de que hace poco que ha pasado el globo de los 50 minutos. Lo veo al fondo de la calle, bastante lejos, pero pienso que podría alcanzarlo antes del final, así que meto una marcha más y Diego, mi compañero, queda definitivamente atrás. Aun así, reacciona bien y me sigue a unas decenas de metros por detrás sin perderme de vista. La verdad es que da gusto verle correr. Hace unos años pesaba 20-25 kilos más (¡como que ahora pesa lo mismo que yo y me saca la cabeza!), ha sufrido con paciencia las lesiones y ahora que está en forma puede disfrutar de correr. Y todavía lo va a hacer mejor si las malditas contracturas le dejan. Un ejemplo.

El recorrido continúa hacia meta tan llano como lo ha sido desde la salida, así que no me resulta complicado gestionar el cambio de ritmo sin desfondarme. El globo cada vez está más cerca pero no lo alcanzo hasta pasado el kilómetro 9. Al llegar a su altura el corredor que lo porta me anima a adelantarle y me asegura que él va en tiempo de sub 50′. Le dejo atrás y tiro todo lo rápido que puedo los 200 o 300 metros que me quedan para llegar a meta. Finalmente paro bajo el arco de meta en 50:23 (48:58 en tiempo neto).

Para mi estado de forma actual opino que es una gran marca. Además, con un segundo parcial minuto y medio más rápido que el primero, por lo que fácilmente podríamos haber hecho 47 minutos si no nos hubiésemos entretenido tanto al principio.

De la carrera en sí no tengo nada malo que decir. Muy bien organizada, con un trazado super rápido, puntos kilométricos bien visibles y en su sitio, bolsa del corredor en condiciones y avituallamiento final adecuado. No me quedé a los conciertos del final, por lo que la parte de “Music” no voy a entrar a valorarla. Los únicos “peros” que le pongo son: la imposibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera (lo entiendo para los de Torrejón, pero para los de fuera es un incordio) y ese avituallamiento del kilómetro 5 tan corto del que ya he hablado.

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Carrera Cultura Mediterránea Madrid (2018)

Cartel Carreras Cultura Mediterránea

Cartel de las carreras

La característica más importante de esta Carrera Mediterránea, que se celebraba simultáneamente el pasado 21 de octubre en Madrid, Guadalajara y Soria (no me pregunten por qué), era sin duda su carácter gratuito. Hoy no es normal que las carreras sean gratis, pero siempre ha habido. Yo recuerdo la Melonera, cuando salía de Hipercor, y medía lo que le daba la gana (se decía que eran casi diez kilómetros); o la media de Moratalaz, que no era gratis pero su coste era irrisorio (y compartía con la Melonera el sanbenito de estar mal medida). Y básicamente ese fue el motivo por el que me inscribí, junto a que se celebraba en el Juan Carlos I que no queda lejos de mi cuartel de intendencia madrileño (la casa de mi padre, en concreto).

¿Se puede hoy día hacer una carrera gratuita? Parece que sí. Primero tenemos un patrocinador institucional que elimina de un plumazo muchos de los problemas de las pequeñas carreras, en este caso el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Segundo, nada de camisetas (gorrilla y tirando millas). Tercero, circuito a dos vueltas dentro de un parque donde no hay que cortar calles, luego no hay que pagar más al Ayuntamiento por eso. Cuarto, no indiques los puntos kilométricos, que los participantes, como es a dos vueltas, cuando pasen por meta sabrán que están en el kilómetro 5. Y quinto, prescinde del cronometraje, se da el pistoletazo de salida y cada uno que cronometre su carrera con sus propios medios. Para el resto, la organización se comportó como en una carrera “normal”: voluntarios en los cruces, arco de salida/meta, speaker, avituallamiento a mitad de carrera y otro al finalizar (agua, leche y plátano). ¿Veis? Es fácil. Si te sientes a gusto con las peculiaridades de la carrera, pienso que no hay mejor plan para un domingo por la mañana.

Como crítica a la organización, en Madrid la carrera estuvo bien medida, pero en Guadalajara me consta que no fue así (nada que no solucione un gps el año que viene, si la carrera tuviera continuidad).

La carrera de Madrid estuvo muy bien, el día parecía que iba a ser, meteorológicamente hablando, peor de lo que luego fue. Participaríamos 200 o 300 corredores entre 5 y 10K por lo que se podía correr muy bien. El circuito bonito, dentro del parque, aunque con algunas cuestas (que tampoco eran el Mortirolo, claro), y superficie mixta: asfalto y camino de tierra.

No llegaba yo en condiciones (buenas) a la carrera después de una semana de gripe/constipado fuerte/catarro/llámalo x y cuando empecé a correr noté claramente que no me entraba el oxígeno suficiente a los pulmones. Aun así intenté correr rápido pero a pesar de todos mis esfuerzos no conseguía bajar a esos 5 min/km que me hubiera gustado, con el agotamiento extra que ese esfuerzo supuso y unas pulsaciones desbocadas. En la cuesta arriba del kilómetro 6 pensaba, incluso, que no podría terminar la carrera. Pero bueno, uno tiene oficio ya después de 20 años, y se sobrepone a la situación aunque sea con el piloto automático puesto.

Al final paré el crono (nunca mejor dicho) en unos muy discretos 52:27 (51:42 netos, si descontamos los 45 segundos que tardé hasta cruzar el arco de salida).

Así es la vida de los corredores.

El lado positivo es que sigo corriendo, las lesiones me respetan, y contándolo por aquí.

 

 

XII Media Maratón de Azuqueca (2018)

Cartel Media Maratón Azuqueca 2018

El primer dorsal del año ha tardado en caer. En parte por la lesión recurrente de los gemelos y en parte por falta de ganas/interés/llámalo x. Sin embargo, en cuanto la organización del medio maratón de Azuqueca avisó por mail de la apertura de inscripciones, me apeteció correrla. Quizá porque poco a poco voy cogiendo más confianza en que no me voy a romper corriendo y quizá porque el ritmo de una media, al ser más lento que un 10.000, me ofrecía más confianza. Lo que no deseaba era cebarme y acabar lesionado. Además, el precio de la inscripción era tan sólo de 10 euros, menos de lo que cuesta un 10K en Madrid pero con mejor bolsa del corredor, una cervecita helada al final y la posibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera. Otro de los factores añadidos que tuve en cuenta era la posibilidad de poder retirarte en la primera vuelta (el recorrido es ahora a dos vueltas, no a tres como era en 2015 cuando participé por primera vez), por si las cosas iban mal dadas.

Mi estado, comparado con el de 2015 cuando participé por primera vez, ha variado mucho. Entonces tenía la ilusión por mantener un ritmo de 4:50 y estaba ilusionado con un maratón de otoño. Este año, por el contrario, sin objetivos maratonianos llegaba al día de la carrera con tan sólo 260 kilómetros recorridos en todo lo que llevamos de año (13 por semana). En definitiva: llegaba sin preparación y pasado de peso, como es habitual. La semana anterior improvisé un rodaje de 15K para comprobar si era capaz de llegar a la carrera en condiciones de terminar y al final salieron 16K a 5:50, lo que me daba esperanzas para mantener un ritmo de 5:20 y, salvo debacle, no retirarme en la primera vuelta. Tristemente, ese era mi objetivo.

Así que el domingo a las 9:30 me coloqué atrás de un pelotón de 632 corredores, entre participantes de la media y de la media de la media, con la firme decisión de mantener mi ritmillo y no pasarme. Lo bueno de Azuqueca es que es muy plana, así que mantener un ritmo constante sin hacer sobreesfuerzos no es difícil y al ser poco más de 600 corredores el mogollón del principio es también menos mogollón por lo que es más fácil colocarte sin estorbar ni ser estorbado.

Hago la primera vuelta en 55:40, con buenas sensaciones y con la casi certeza de que voy a acabar muy entero, y en la segunda vuelta, sin forzar en ningún momento, mejoro cuarenta y cinco segundos la marca parando el crono en 53:55. En total, un tiempo neto de 1:49:35, a 5:12 el kilómetro; mucho mejor de lo que esperaba, que ya veía yo que podía hacer peor marca que en aquel medio maratón de Zamora de 2015 en que toqué fondo con 1:56:19.

De la carrera tengo que decir que ha mejorado mucho de hace tres años a ahora. El parking vigilado, el ropero, el circuito a dos vueltas, la media hora de adelanto para evitar el calor (aunque hizo un día perfecto), la bolsa del corredor, las dos cervezas y la comida popular (a la que tampoco me quedé este año y es que a mí eso de esperar como que no me va). El recorrido sigue siendo plano como la palma de la mano (salvo el kilómetro de acceso al estadio) y ahora pasa por el centro, aunque no hay mucha animación. Quizá ese es el defecto que más le achaco a la carrera, la indiferencia hacia el medio maratón que hay en la ciudad. De hecho mucha gente parecía no haberse enterado de la carrera habida cuenta de que vi no uno ni dos encontronazos entre conductores y policía local, sino varios más. Sin hablar ya de la mala educación de algún conductor como el que nos adelantó en la Avenida Norte después de que la organización le dejara acceder al circuito entre corredor y corredor con la advertencia de que se quedara detrás, al ritmo de los corredores y sin rebasarles. Se la repampinfló, evidentemente.

Sin embargo, anécdotas aparte, la carrera es muy recomendable y prueba de ello es que sigue creciendo año tras año, sin llegar a la saturación de las pruebas madrileñas: el año que yo participé, 2015, llegamos a meta 240 corredores y este año 406.

P.D.: Muchos vídeos, muchas fotos en la web de la carrera y además sms de la organización con tu tiempo al finalizar la prueba. Ya casi lo único que les falta es una app de la carrera con el tracking en vivo. 😉

XXXVIII Trofeo José Cano – Canillejas (2017)

Cartel de Canillejas 2017

Hace ya mucho desde que en 2001 corriera por primera vez Canillejas. Desde entonces he participado en diez ocasiones y he fallado en siete. Imagino que eso la convierte, con mucho, en mi carrera preferida porque, como he dicho muchas veces es la de mi barrio, la de toda la vida. Y este año, por fin, puedo escribir algo positivo de ella tras las críticas que publiqué en 2013 y 2015. Yo creo que casi todo lo que se va haciendo en esta carrera se hace ya con sentido común: el precio de la inscripción ha bajado de 15 a 13 euros (y la comisión por venta online ya no es de 1,30, sino que se queda en 0,94); el dorsal, el chip y la camiseta (por cierto más fea que Picio) se entregan antes de la carrera; los puntos kilométricos están bien señalizados y visibles (incluso con una raya de pintura que atraviesa completamente la carretera); se entrega una bolsa del corredor en meta con bebida y algo de comer y las colas que se pudieron formar para recogerla eran las normales de cualquier carrera popular.

En lo negativo, seguimos sin agua en meta (o yo no la vi) y hemos perdido la medalla de finisher. Y mira, lo de la medalla me importa menos, pero el agua es más necesaria. Sí, ya sé que había Powerade y cerveza 0,0 isotónica fresquita, pero una botellita de agua nunca, repito, nunca viene mal.

Además, una cosa me ha gustado mucho ha sido la gestión de la carrera en redes sociales: muy constructiva y de gran ayuda contestando las dudas. Comprobada en primera persona.

¿Significa todo esto un nuevo resurgir de Canillejas? Pues no lo sé, hace años se hablaba de una prueba de 4.000 corredores y este año había leído que el cupo era de 5.000 participantes. El caso es que, según el listado de clasificaciones, el último llegado a meta hace el puesto 2.384 y no creo que se haya retirado la mitad de los atletas. 2.400 atletas en un día en el que la competencia más directa eran la Carrera de los Emprendedores y la Maratón de Valencia se me antojan pocos para una ciudad como Madrid.

En cualquier caso hasta el día acompañó pues no recuerdo haber corrido nunca Canillejas con un clima tan bueno, con una temperatura tan suave. Cosas del cambio climático… o del anticiclón de las Azores, vaya usted a saber.

Y pasando al tema personal, de mi carrera poco hay que contar. Un circuito más que bien conocido y la idea era apretar para ver cómo de cerca podía andar de 45 minutos. Creo que gestioné bien el kilómetro en subida de Arcentales, pero cuando llegaron los últimos 3 kilómetros, que es donde hay que apretar, no pude bajar de 4’20″/km. Al final un tiempo oficial (desde el disparo) de 47:30 (medio minuto mejor que en Mercamadrid) y 46:34 netos (desde la alfombrilla de salida), bastante lejos del sub 45′.

No puedo quejarme, insisto, si apenas corro 15 kilómetros a la semana bastante hago con mantener estos ritmos en carrera.

En principio, con esta carrera doy por finalizado el año en lo que a competiciones se refiere, excepto alguna San Silvestre que pudiera caer, pero que no será la Vallecana, eso fijo. Han sido tres diez miles, una media maratón y una maratón…

¿Para qué más?

🙂

IIª Carrera 10K Mercamadrid (2017)

10kmercamadrid17
Cartel de la carrera

Normalmente soy un negado para que me toque nada. Ni una rifa en el cole. Pero bueno, sobre todo después de ganar la lotería para una plaza en la maratón de Nueva York de 2014, parece que de vez en cuando las tornas cambian y algo pillo. Esta semana fue para enmarcar y cayeron 9 euros en la Primitiva (¡tomaaaa!) y un dorsal para participar en la segunda edición de la Carrera 10K Mercamadrid en un sorteo que había puesto en marcha la organización del Trofeo José Cano.

Recogí el dorsal y la camiseta conmemorativa (muy chula, de manga larga, de 42Krunning) el jueves por la tarde y el domingo me planté en esa miniciudad que es Mercamadrid, en la que nunca había estado, ni me lo había planteado siquiera. Y de verdad que merece la pena. Por todo, por curiosidad, por organización, por ese trazado que a veces entra incluso dentro de las naves…

Llegué con algo de tiempo puesto que no conocía cómo iba a ser aquello, ni cómo llegar, ni dónde podría aparcar. Pero desde el primer momento te das cuenta de que la organización es muy buena. Los voluntarios y los vigilantes te dan paso al recinto (hay barreras de acceso, como las de los peajes) y te van indicando las zonas de aparcamiento. Es súper cómodo estar en un espacio cerrado y poder dejar tranquilamente las cosas en el coche.

Y siguiendo a la gente me acerqué a la zona de salida-meta donde ya había bastante ambiente. Me tomé un café y un zumo antes de la carrera, cortesía de la organización aunque ya había gente, sobre todo los acompañantes, desayunando de forma contundente, en la carpa de Ahorramás, creo. Después fui a un wc portátil en el que pude entrar sin apenas colas y el resto del tiempo que me sobraba lo dediqué a curiosear por ahí aprovechando que hacía muy buen tiempo, demasisdo (hice bien en no estrenar la camiseta de manga larga de la carrera y a los que vi con ella iban todos arremangados). También pude localizar algún punto kilométrico y comprobé que estaban señalados por carteles en el suelo, como de un metro de altos, y me hice la idea de que el trazado iba a ser bastante llano.

Un par de minutos antes de la hora fui a la zona de salida pero ya no pude colocarme muy delante a pesar de que la participación está limitada a 2.000 personas (inscripciones agotadas). Hasta que salimos todos y se estiró la carrera no me fue posible correr “rápido”. Por dar un dato: desde el disparo de salida hasta que pasé por el cartel del km 1 pasaron 6 minutos y medio. El paso por la primera nave es una jaula, pero a partir de ahí ya pude correr bien pues hasta que vuelves a entrar en una de las naves pasan un par de kilómetros corriendo por espacios abiertos y la carrera te coloca en el lugar que te corresponde.

En previsión de que el gps no fuera muy fiable,  por correr a tramos dentro de las naves (que no lo fue y al final me salieron sólo 9,8 kms con algunas mediciones un tanto desastrosas -aunque menos de lo que pensaba-) me llevé también mi viejo Casio con el que iba marcando los laps manualmente con los carteles de los kilómetros. Vi todos menos el del 4, quizá porque en el 4 dieron agua, pero bueno, también volvieron a dar en el 7 y ése no se me escapó.

El trazado estaba siendo plano, como se preveía, aprovechando el espacio tanto de los viales de Mercamadrid como el interior de las propias naves. Sin embargo allá por el kilómetro 6 nos encaminaron a unas naves más al sur a las que se accede desde una pronunciada cuesta abajo. Así que ya me temía yo que ese desnivel habría que volverlo a subir para llegar a meta. Efectivamente, había que guardar fuerzas porque del 8 al 9 se salva de nuevo el desnivel. Así que, tras el esfuerzo,  del 9 al 10 se corre en reserva aunque espoleado por la cercanía de meta.

Al final un tiempo oficial de 47:59 (no he encontrado el neto en ningún sitio) que me deja muy contento ya que apenas corro 7-8 kilómetros dos días por semana en estos momentos.

Al finalizar la meta recogí la bolsa del corredor (bien), me tomé una cervecita y una brocheta de frutas y me fui al coche. Eso yo, porque otra mucha gente al ser jornada festiva en Mercamadrid se quedó por allí disfrutando de todo lo que había dispuesto la organización: degustaciones, bebida, comida, reparto de muestras de diferentes productos, juegos para niños, un trenecito turístico, etc. Yo no me quedé porque la verdad es que no me gustan nada las aglomeraciones ni las colas, pero hay gente que sí y otra que, ya llevado al extremo, parecía que había venido a hacer la compra. Y alguno, por ser más avaricioso de la cuenta, acabó con todo el género por el suelo y la botellita de vino que nos regalaron rota, que lo vieron estos ojillos que se ha de comer la tierra.

Muy recomendable. Felicidades a los organizadores.

IX Madrid Corre por Madrid (2017)

Madrid corre por Madrid
Cartel “Madrid corre por Madrid”

El domingo 17 de septiembre debuté en la “Madrid corre por Madrid“. Madrid tiene muchas carreras y todas ofrecen prácticamente lo mismo y al mismo precio (o muy parecido): una camiseta y un dorsal. Es preciso ser selectivo. Y yo ya no estoy dispuesto a correr dando vueltas a la Castellana, porque no, porque me aburre y porque me parece que es tirar el dinero en algo, correr, que puedo hacer en el parque al lado de mi casa a la hora que quiera, el día que quiera y, seguramente, por mejor circuito. Evidentemente, ahora compito mucho menos.

Así que el único motivo por el que elegimos esta carrera fue el recorrido: pasa prácticamente por todos los puntos de interés de la ciudad. Así que si no sale una buena marca al menos te has pegado una buena carrerita por Madrid viendo la Cibeles, la Puerta de Alcalá, Sol, la Gran Vía o el Palacio Real. Del resto, lo esperado: retirada del dorsal en una feria del corredor, camiseta bastante fea este año (apreciación puramente subjetiva), dorsal-chip y una bolsa de tela. Al menos el avituallamiento del final consistió en algo más que una simple botella de agua (punto positivo para la organización). El recorrido monumental, como se preveía, una temperatura perfecta y, eso sí, bastante participación por lo que conviene ponerse en el cajón de delante si pretendes hacer marca.

Mis expectativas no pasaban por MMP, así que me puse en el último cajón para salir con mi mujer y después del primer kilómetro, que me tomaría como calentamiento, trataría de ver si podía mantener un ritmo por debajo de 5’/km (mis últimos entrenamientos tampoco  eran, ni son, como para echar cohetes).

Y básicamente, eso hice. El recorrido tiene mucho tobogán y los fui aguantando más o menos bien hasta el kilómetro 7 (subida de la calle Mayor hasta llegar a la altura de la Pza. Mayor que se me atragantó un poquito) y de ahí hasta el final dosificando para no fundirme en los últimos 800 metros que son de subida por el Pº del Prado. Tiempo neto al final 0:50:20 al que creo que podía haber arañado unos segundillos de no haberme tomado el primer kilómetro con tanta tranquilidad.

De todas formas estoy contento con mi marca. Para lo que entreno, mi peso y mi edad, sigo ahí en los 50 minutos, resistiendo como un campeón. 🙂

 

R’n’R Liverpool Marathon 2017: la crítica

Cuando se empieza a correr, o mejor, a participar en competiciones, lo normal es ir aumentando poco a poco de distancia: empezar por los 10K, seguir con medios maratones, para acabar corriendo la distancia reina, el maratón y sus 42.195 metros. Es, aparte de la evolución lógica, básicamente, un modo de mantenernos motivados: “a ver si soy capaz de…”. Posteriormente, dominada la distancia, la motivación consiste, a mi juicio, en ir mejorando las marcas, en ser mejores corredores: más rápidos, más eficientes, llegar mejor preparados. Consecuentemente, si esta perfección a la que aspiramos se repite en una serie de años más o menos larga, es más que probable que lleguemos a un punto en el que ya sintamos que hemos tocado techo como maratonianos y, salvo que nos convirtamos en alguien obsesionado con conseguir unas marcas casi equiparables a las de los atletas de élite (para lo que necesitamos una constancia y una dedicación en tiempo que muchos no tenemos o no queremos), nuestras viejas amigas, esas carreras fijas que tenemos marcadas año tras año en el calendario, dejarán de motivarnos.

A mí me pasó con el maratón de Madrid. Ya a mediados de la década pasada, durante cuatro años, dejé de correrlo. Lo volví a retomar en 2009, pero en 2013 le fui “infiel” por Barcelona. Y así descubrí que correr nuevos maratones era mi nueva forma de motivarme. Repetí en 2014 con Nueva York y, por problemas económicos, me tuve que apear de Chicago 2015, en el último momento. En 2016 volví a Madrid pensando en que después de un par de años debería echarle de menos, pero no fue así. Ni siquiera el paso por la Puerta del Sol me resultó emocionante. Así que después de 10 ediciones de la carrera madrileña me propuse decirle adiós por un tiempo (nunca puedes decir nunca) y explorar nuevas competiciones.

Y ahí apareció Liverpool. Suponía un maratón barato (me inscribí por 35 libras -40 euros- y mi mujer, que debutó en medio maratón, por algo menos), que se disputaba a finales de mayo (lo que me permitiría no tener que entrenar en los meses más fríos del invierno, cosa que odio) y estaba organizado por el grupo Competitor bajo la marca Rock’n’Roll que conocemos sobradamente en Madrid. Además, los vuelos con EasyJet son baratos si se compran con tiempo, y los hoteles tampoco son excesivamente caros. Nosotros nos quedamos en un Premier Inn cercano al aeropuerto porque el vuelo desde Madrid llegaba muy tarde a Liverpool, pero se llegaba al centro de la ciudad en autobús en apenas 35 minutos. Por otra parte, la ciudad, al ser pequeña (no tiene ni metro) es perfectamente visitable sin necesidad de utilizar transporte público y el que hay es barato si lo comparamos con Londres, por ejemplo.

El maratón se vende como un fin de semana de gran fiesta (es cierto que el sábado y el domingo había muchísimos corredores por las calles) y comprende no sólo el 42K, sino también el Medio Maratón, un 5K y una Milla festiva. En prensa se dio la cifra de 20.000 participantes, aproximadamente, en esta edición. Pero esa era la cifra global sumadas todas las carreras (incluso duplicando corredores que participaron en varias distancias). Para aclararnos: 10.000 fueron los participantes del medio maratón que se disputó el domingo, media hora antes del maratón; 4.000 fueron los participantes del maratón; otros 4.000 participaron en la carrera de 5K del sábado (integrada también por gente que correría el domingo, y que así se ganaba una medalla extra por completar dos distancias) y 2.000 en la milla que se disputó a medio día del domingo (con meta distinta a la del Half y el Marathon). Es un poco lioso, ya lo sé.

Marathon Expo. IG: @garricar

La feria del corredor abría viernes y sábado y se desarrolló en el Liverpool Echo Arena, que es un espacio multiusos, tipo Palacio de los Deportes, que queda donde los viejos muelles, junto al río Mersey. No lejos de la zona comercial de la ciudad. Pero como digo, Liverpool es pequeño y todo está cerca. Desde esa zona de los Docks saldría la carrera y también terminaría. Además, el día de la prueba, el Echo Arena serviría de ropero y de zona de entrega, a cubierto, de la bolsa con avituallamiento líquido y sólido a los corredores.

La entrega de dorsales a los corredores ingleses se hace por correo en las semanas previas a la carrera, lo que evita las colas a los extranjeros que vamos a recoger el dorsal el sábado. En el mismo acto recoges la camiseta conmemorativa (que no está patrocinada por ninguna marca de ropa deportiva), aunque también puedes irte sin ella y recogerla al finalizar la carrera (te hacen una marca en el dorsal para evitar la picaresca). Los stands son pocos y pequeños al no haber un patrocinador principal. Una tarima, un proyector y unas cuantas sillas sirven para las conferencias. Nada especial. Eso sí, no faltan los photocall y en especial uno en el que te podías disfrazar de los Beatles, muy divertido, que para eso estamos en su ciudad.

El recorrido me pareció muy asequible, con algunas dificultades hasta el kilómetro 15 o 16 (muchos tramos de sube y baja, lo que ellos llaman “hilly“) y desde allí hasta el final todo plano o con una ligera inclinación. Los últimos 5-6 kilómetros se hacen a la orilla del río, más expuestos al viento, pero el día de la carrera no pasaba de ser una ligera brisa que no impedía correr.

La medición del trazado está en millas, pero yo no me fiaría mucho. Los primeros carteles de millas no los vi. En el suelo tampoco se dibuja la línea que seguimos en España. En algunos sitios sí que estaba el kilómetro marcado: por ejemplo en el 10 (milla 6,21), que coincidía con una alfombrilla. La alfombrilla del medio maratón estaba puesta en el medio de un parque, sin arco, sin pancartas, nada. Otra alfombrilla estaba en la milla 20 y otra en el km 37,2 (lo que viene a ser la milla 23,11). Un caos tanto si usas millas como kilómetros como referencia. Vi también un cartelito de km. 40 pero sin marca en el suelo, así que no sabría determinar si estaba bien puesto o no. El recorrido total que me marcó el Polar fue de 42,44 kms, lo que me lleva a la conclusión de que, al menos, la distancia global sí que estaba bien medida.

El avituallamiento tampoco es como en Madrid: cada 5 kilómetros. Allí hay 11 puntos de hidratación en las millas 1.8, 4.4, 7.2, 9, 11.1, 13.1, 15.7, 18.3, 20, 22.2 y 24.3. O sea, un lío. Así que nunca sabía si tenía cerca el agua o no (también Lucozade y, en un par de puntos, geles).

De animación, más o menos como en Madrid. Tramos donde hay mucha gente animando: salida, meta, Penny Lane y el paso por el centro de la ciudad; y tramos por parques y en zonas alejadas en los que no había nadie más que los corredores y cuatro que pasaban por allí. Mucha parte del recorrido se hace cruzando parques urbanos, pero a mí no me molestó, al contrario, algunos de los parques por los que corrimos eran extraordinariamente bellos. Prefiero eso a compartir media carretera con los coches. Recuerdo, por ejemplo, el principio del Otterspool Park como de cuento de hadas con una luz filtrada a través de unos árboles inmensos que parecía sacada de un libro de fantasía. De haber llevado cámara me habría parado a hacer fotos, seguro. Además, al no ser excesivo el número de participantes en cuanto se estira la carrera te encuentras corriendo en fila de a uno y puedes compartir perfectamente el espacio con los usuarios de los parques. Algún tramo hubo también de acera, eso no me gustó tanto.

La animación musical, como es habitual en las carreras de Rock’n’Roll, muy abundante a lo largo del recorrido, aunque en varios puntos se limitaba a un equipo de música, no a música en vivo. O eso o como iba tan lento llegué tarde y la banda ya se había ido, que podria ser 😉

Birra post-maratón

En la zona de meta, muy animada, a la salida del Echo Arena se había montado un escenario y había un concierto de música para participantes y acompañantes. La organización invitaba, además, a una pinta de Heineken a todos los corredores.

En definitiva, un maratón modesto, bien organizado en líneas generales y con un recorrido que te permitirá conocer lo más destacado de la ciudad. Recomendado para cualquiera que quiera un cambio de aires y ver cosas nuevas sin dejarse una pasta en un Major, y particularmente a futboleros y seguidores de la Premier League, no en vano Liverpool, con apenas 500.000 habitantes tiene dos equipos de la máxima categoría que suman entre ambos 27 títulos (aunque desde 1990 no rascan bola) y en el caso del Liverpool, además, 5 Copas de Europa. Y, por supuesto, a fans de los Beatles.