IV Media Maratón Cervantina de Alcalá de Henares

En el año 2007 corrí la primera media maratón de Alcalá de Henares. Aquella edición fue única, se celebró en octubre y los organizadores debieron quedar tan escaldados (supongo que con la autoridad competente) como aquellos que organizaron el Millennium Marathon, tanto que jamás se volvió a celebrar. Fue la primera carrera que corrí después de saber que no había sacado la oposición aquel año, apenas unas horas después de haberme bajado de un avión procedente de Roma. Otra vez el running como terapia, como forma de aclarar la mente. Quizá por eso no tenga demasiados recuerdos de aquella carrera, de su trazado. Recuerdo que salimos del recinto ferial y que la meta estaba en la Plaza de Cervantes. El resto lo he olvidado. Puestos a desempolvar memorias Google me dice que participó Martín Fiz y que quedó tercero y Don Pablo, el alma máter de «Correr te hace Libre», me cuenta de viva voz que también él la disputó. Y esta mañana, calentando todavía vi a un participante con la camiseta conmemorativa de aquel medio maratón de hace ya siete años y pienso que la mía debe andar guardada también en algún cajón por casa.

El tiempo pasó. Al año siguiente aprobé la oposición, pero ya no había media en Alcalá. Tampoco al año siguiente, ni al otro. No fue hasta la primavera del año 2011 cuando volvió a celebrarse la media maratón en Alcalá. La primavera en que nació Mateo. Desde entonces, organizada por el club A.J. Alkalá, tomó el nombre de Media Maratón Cervantina y se ha venido celebrando cada año, ininterrumpidamente, aunque yo no la había vuelto a correr, hasta este año cuando Don Pablo, alcalaíno de pro, me invitó a correrla con los chicos, y habiendo descartado la media de Zamora por logística familiar, no me lo pensé ni un segundo. Y en esta salida hemos vuelto a coincidir los dos en la media de Alcalá, pero no ya como extraños sino como funcionarios y compañeros, y si esta vez nos ha faltado Martín Fiz, al menos hemos fichado para el equipo a Ismael Martínez, nuestro corredor más carismático, y a su guía David Plaza Cervantes que con ese nombre hoy podríamos decir que corría en casa.

Y ya, hablando de lo que fue la carrera decir que el objetivo era entrenar el ritmo de maratón (5’/km) durante la primera de las dos vueltas del circuito y salir en la segunda a por todas con las fuerzas que quedasen. Uno de los chicos de Don Pablo, Héctor, me dijo que quería correrla también a ese ritmo y salimos juntos. Nos situamos a unos 30 metros de la pancarta de salida, encajonados en la calle Mayor, que pensé iba a ser una ratonera, pero supongo que es lo bueno del límite de 1.000 corredores de la carrera, que no hubo agobios en y apenas tardamos 30 segundos en cruzar por el arco de salida, lo que nos permitió, además, no tener que ir los primeros kilómetros recuperando el tiempo perdido.

Empezamos a correr y nuestro ritmo (4’40») era más rápido que el previsto (5’00»), y aunque traté de frenarme no me salía ir tan lento. Es más, estaba muy cómodo rodando así. El caso es que sobre el kilómetro 2 nos encontramos una barrera de unos 4 o 5 corredores del equipo «Alkalá Trotters» que corren en paralelo ocupando de lado a lado la calle. Estoy tentado de rebasarles, pero llevan un ritmo constante que me va bien y me quedo detrás de ellos, a rueda. Un par de kilómetros más adelante pierdo a Héctor, que al final de la carrera, en meta, me contó que le dio un dolor en la espalda del que no se recuperó hasta el kilómetro 10 y aunque tiró fuerte la segunda vuelta ya no me vio.

Seguí a rueda de los chicos del «Alkalá Trotters» y sobre el kilómetro 7 me adelantan un par de corredores con camisetas de «Deportes Evolution» y uno reconoce que la que llevaba yo puesta era la del maratón de Barcelona del año pasado (decidí correr con ella en el último suspiro, sentirme maratoniano, manías de corredor viejuno) y me saluda, me cuenta que él también lo corrió. Van a un ritmo más vivo que nosotros y en unos pocos cientos de metros nos dejan atrás.

Llegamos al kilómetro 10 y voy muy entero. En el avituallamiento se me cae el teléfono y tengo que bajar el ritmo aunque sin parar de correr. Reinicio el cacharro y vuelvo a poner en marcha el Strava y la música. Estoy hasta la coronilla de correr con el teléfono, qué ganas tengo de ahorrar y comprarme un Garmin o un Suunto o un cachivache de esos que lleváis algunos, aunque como me acompañaba también mi incombustible Casio de hace 15 años, seguí marcando los parciales y no perdí mis referencias en ningún momento porque la verdad es que los kilómetros estaban bien marcados en el suelo y los cartelones que los indicaban en la acera se veían perfectamente.

A partir del 11 la cuestión era aguantar o tirar hasta ver dónde llegaba, pero como los «Alkalá Trotters» mantenían el ritmo seguí con ellos hasta el 13 que vi que el grupo empezaba a dividirse, unos quedaron descolgados y dos de ellos se fueron por delante, así que me pegué a los que se iban y seguí su estela calculo que un kilómetro más, hasta el avituallamiento del 14, ahí les rebasé y los perdí. Estuve ya haciendo mi carrera solo, en tierra de nadie, desde entonces. Sobre el 16 uno de los dos ‘Trotter’ me pasó a toda velocidad (además era uno de los que gustaba recortar por las aceras). Pero se le acabó el combustible como a unos 60-70 metros por delante de mí, y se quedó en todo momento a la vista. Así que pensé en mantenerle ahí hasta el último kilómetro para tratar de alcanzarle entonces.

Entrando en meta con Mateo
Entrando en meta con Mateo. Fuente: instagram @cmansog

Sobre el 19 alcancé a los dos chicos de Deportes Evolution, uno se iba quedando y el que había corrido Barcelona trataba de tirar de él, les volví a saludar y a lo mío, tratando de ir pendiente del suelo porque pasábamos por la zona empedrada de la calle Mayor y la perspectiva de torcerse el tobillo por no andar atento no es un pensamiento agradable. Por cierto, llevaba mis Adidas Glide Boost 6 y la verdad es que se portaron muy bien, terminé muy contento de su rendimiento. A la llegada a la plaza Cervantes pico el kilómetro 20 y todavía queda un kilómetro de callejeo extra para completar la distancia. Trato de que no se me vaya el Trotter. Pasamos por delante de la impresionante fachada de la Universidad Cisneriana y desembocamos de nuevo en la plaza por otra calle. En la acera veo a Cristina, mi mujer, y a mi hijo Mateo, me paro a darles un beso y le digo a mi mujer que me acerque al niño por el otro lado de la plaza para entrar con él en meta. Ya paso del ‘trotter’ y de tiempos y de todo. Sólo quiero entrar con mi hijo. Corro despacito hasta el otro lado, le espero y le agarro de la mano. Apenas quedan 60-70 metros. Al principio va con una sonrisa de oreja a oreja, corriendo y con la lengua fuera, pero a los 40 o 50 metros ya empieza a estar harto y me mira como diciendo a dónde demonios vamos, jajaja. Entramos andando bajo el arco de meta cuando el reloj oficial marca 1 hora, 39 minutos y 8 segundos.

Conclusión. Magnífica carrera, mucho más llana que Getafe, probablemente la media más llana que haya corrido jamás. Magnífico día para correr: sol pero con temperaturas no muy altas. Los puntos más negativos quizá sean la zona de la calle Ávila, en la que hay que compartir uno de los dos carriles con coches (en la segunda vuelta sobre todo se notó mucho el olor a tubo de escape) y el adoquín de la calle Mayor. Una media para tener en cuenta de ahora en adelante.

Reflexión personal: parece que los entrenos van dando sus frutos. Esta es la carrera que yo había soñado en Getafe, lo que pasa es que el cuerpo entonces no estaba preparado y sufrí lo que no estaba escrito y me frustré por no haber bajado entonces de 1:40′. No había para más. Hoy, por el contrario, sin sufrir, reteniéndome en los primeros kilómetros, he bajado sobradamente de 1:39′ en tiempo neto con parada para saludar a la familia incluída y entrando a paso de niño de 3 años en meta. Enorme inyección de moral a cuatro semanas de terminar la preparación del maratón. Parece que las cosas van como debieran. Veremos qué pasa el 27 de abril. Salvo sorpresas de última hora no me volveré a colocar ningún dorsal hasta ese día. La semana que viene trataré de hacer una súper tirada larga y a partir de entonces bajar el pistón para llegar a la salida del Mapoma con hambre de kilómetros.

PD: Dar las gracias y pedir perdón al grupito de «Alkalá Trotters» con los que coincidí por haber ido con ellos «chupando rueda» durante tantos kilómetros, espero que todos hayáis conseguido vuestros objetivos.

Media Maratón de Fuencarral-El Pardo 2014

Cartel Media Maratón Fuencarral-El Pardo
Cartel Media Maratón Fuencarral-El Pardo

Le tenía ganas a esta carrera y a mediados de semana decidí encajarla como la tirada larga semanal en mi plan para el Maratón de Madrid. De todas formas, quiero parar esta fiebre de ponerme cada domingo un dorsal. Yo nunca he sido un competidor y me ha gustado mucho más ir a mi bola, entrenar a mi ritmo, sin dejarme llevar por la vorágine de la competición que siempre acelera demasiado los ritmos. En anteriores ocasiones he podido competir como mucho dos veces antes del maratón: un 10k por diversión y una media en las 3 o 4 semanas previas al maratón para comprobar sensaciones y estado de forma.

Este año, sin embargo, llevo seis semanas de entreno y en cuatro he competido. Así que de aquí al maratón sólo tengo intención de participar en la Carrera del Taller, porque ya estoy inscrito, y, si puedo, la Media de Zamora que me apetece mucho (aunque seguramente esté difícil porque mi mujer trabaja y tendré que cuidar de Mateo ese finde).

Volvamos a la carrera. Tenía entendido que era una carrera difícil, con muchas cuestas, de ahí mi interés, porque creo que gano más forma, más resistencia, en un circuito así que en uno llano como el de Getafe. Así que la idea era rodar a ritmo de maratón (5 min./km) en la primera parte, hasta el km. 12 y en cuanto se pusieran las cosas mal dadas bajar a 5’20″/km, que es el ritmo que ahora llevo en los rodajes largos, hasta la meta.

Las previsiones meteorológicas el día antes no eran halagüeñas pero afortunadamente a la hora de la salida, a pesar de estar nublado, el frío no era excesivo y no llovía. Aun así, calentando eché de menos los guantes que había dejado con el resto de cosas en el ropero. La recogida de dorsal y la entrega de la ropa muy bien organizadas, con mucho espacio.

Sin embargo, la salida fue un caos. Éramos 3.000 personas, que tampoco son tantas, pero se sale de un camino en un parque que limita con la pista de atletismo y era muy estrecho. Yo me pondría a 35-40 metros del arco de salida, no más, pero tardé casi tres minutos en pasar por debajo de él. Y el primer kilómetro por las calles de Fuencarral, un horror: tardé más de ocho minutos en completarlo desde el disparo de salida. No entiendo el afán de la gente por salir delante del todo. Hay un señoruco con una camiseta del Bansander (o algo así) al que he adelantado en todas las carreras que se han hecho en Madrid antes del kilómetro 3. Y yo no soy un Sputnik. Y si sólo fuera él…

Ese km 1 me descolocó porque me obligaba a correr mucho para recuperar todo el tiempo perdido. Desde el km 2 iba picando en 4’40» el km, salvo el 4 que hago una «parada técnica» y se me va a 5’20». Me encuentro bien y continúo a esa velocidad, total -pienso- «ya lo pagaré en las cuestas pero lo que adelante ahora ya lo llevo ganado. Tampoco creo que me venga abajo como para hacer 7′ por kilómetro».

El tramo de Herrera Oria es horrible de feo, una de esas calles de dos carriles por sentido con una pequeña mediana y que en día de diario los coches te pasan a toda velocidad. La avenida va haciendo toboganes pero claramente el desnivel es negativo. La cosa cambia cuando tomamos la carretera de El Pardo. El paisaje se convierte en monte bajo y encinas. La verdad es que daba gusto correr por ahí. Todos esos kilómetros pican hacia arriba pero de forma tendida, el ritmo por debajo de los 5’/km se mantiene fácilmente. Por casualidad estoy entre 4 o 5 chicas (aparte de un montón de tíos, no penséis mal) y observo sus piques, no llevan bien eso de que otra les adelante y tratan de recuperar la posición como sea.

Así llegamos al kilómetro 12, en las inmediaciones del Palacio de El Pardo (sí, el de Franco) y el cielo claramente amenaza agua. Al final de un cuartel se gira a la derecha siguiendo su tapia y ¡empieza lo bueno! La madre que parió a la cuesta. Por fortuna no dura más que 400 o 500 metros y la carretera vuelve a dar un respiro cuesta abajo para recuperar el aliento. El ritmo por kilómetro aumenta y en el kilómetro 14 llega una subida prolongada y tendida que poco a poco empieza a inclinarse más,  y más, y más. Empiezo a sufrir, como en un maratón, y también a adelantar gente que se pone a caminar directamente. Yo tiro de mi motorcillo diésel y pasito a pasito, bajo la cabeza y tiro para arriba sin dejar de correr. Me voy a 5’45». Son mis peores momentos. Pero cuando llegamos al km 16 oigo a un espectador que nos anima (de los pocos que encontramos esa mañana) decir que lo peor ya ha pasado. Y era verdad. Del 16 al 18 todo es cuesta abajo y vuelven los ritmos altos. Es curioso, a esas alturas de la carrera, en Getafe, me había tenido que tomar un gel y estaba reventado, sin embargo aquí entre el 17 y el 18 hago mi kilómetro más rápido habiendo bebido sólo agua (hubo tres avituallamientos, no dos como en Getafe). Disfruto hasta de las vistas espectaculares sobre Madrid. Montecarmelo se divisa a lo lejos… y está en lo alto. Efectivamente, del 18 al 19 toca subida otra vez. Pasamos por ese nuevo barrio sin pena ni gloria pues apenas hay gente en la calle y volvemos a descender para llegar al kilómetro 20 y volver a subir hasta Fuencarral otros 500 metros, cuando el cuerpo ya no está para tonterías. En esa subida la lluvia empieza a caer, menos mal que en un par de minutos todo habrá acabado.

Entro en la pista de atletismo del Santa Ana, miro el reloj y acelero para bajar de 1:46. Al final 1:45:59 tiempo oficial (1:43:23 neto). Un poco peor que en Getafe pero con muchas mejores sensaciones y, teniendo en cuenta la dureza del trazado, mejor carrera.

Nos mojamos un poco tras cruzar la meta esperando a bolsa del corredor y la camiseta pero el cero para la organización se lo pongo por no haber tenido en cuenta la lluvia y dejar el ropero al raso con las bolsas de los corredores empapándose. Yo tuve suerte porque la recogí justo cuando empezaba a arreciar, pero los pobres que vinieran detrás… Podían haberlas tapado con unos plásticos, al menos.

Contento más que por el resultado, por las sensaciones. Creo que voy por el buen camino aunque ahora, como dije, quiero parar un poco y dejarme de tanto dorsal.

XV Trofeo Paris: crónica

Hace once años participé en la cuarta edición de esta carrera que se celebra en lo que hoy es el Parque Lineal del Manzanares. En 2003 el nombre ya lo tenía, pero el parque todavía era un proyecto. Recordaba un día nublado y gris de invierno y una carrera modesta, bien organizada, medida cada 500 metros y llana. Y eso es, básicamente, lo que nos hemos encontrado Diego y yo esta mañana en el barrio de San Fermin.

XV Trofeo Paris
Cartel XV Trofeo Paris

El Trofeo Paris no está patrocinado por grandes marcas ni tiene grandes infraestructuras pero hace sencillo lo que parece que, para otros más grandes, es tan difícil: que la recogida del chip no sea un caos, que el ropero sea ágil y rápido, que unos cajones orienten a los corredores sobre dónde ponerse en la salida, que en carrera el corredor tenga referencias (y que se vean) y que en meta te entreguen la camiseta y el avituallamiento sin colas, sin tener que pasar frío a la intemperie. Es verdad que con mil participantes todo eso se hace más fácil, pero también que conseguirlo dentro de un espacio tan limitado como es un parque público es para quitarse el sombrero.

En resumen, una carrera imprescindible en la agenda de cualquier corredor popular madrileño que se precie. Si alguien aún no la ha corrido, que lo haga, no se arrepentirá porque es bonita, porque es llana y porque la gente que la organiza lo hace bien.

En lo que toca a la carrera, nos tocó un día gris y feo, pero sin excesivo frío. Yo salí conservador tanto por los problemas que había tenido en el gemelo durante la semana como por un inoportuno catarro que en el entrenamiento del día anterior ya me había dejado con la lengua fuera tratando de no perder los 5’30» min/km. Sin embargo, hoy no sé por qué, no sé si sería por el Gelocatil o por la Couldina, pero me encontré muy bien. Tras marcar un ritmo de 5’10» el primer kilómetro decido ponerme a 4’30» y allí me mantengo hasta que a mitad de carrera me voy al 4’20» porque sigo sin notar ningún tipo de molestia. Tras cruzar el kilómetro 8 noto que la molestia en el gemelo derecho vuelve a aparecer por lo que me acobardo un poco, pero del 9 al 10 la meta ya se huele y los miedos se olvidan, así que vuelvo al ritmo de 4’20». Al final un fantástico 45’59», dos minutos y dieciséis segundos peor que en mi anterior participación… pero entonces era 11 años más joven. 🙂

Diego también hizo unos magníficos 54’34» incluso con sprint final para bajar de 54′ en tiempo neto.

Carrera de las Empresas 2013: crónica

En Madrid hay muchas carreras todos los fines de semana, tantas que un familiar mío que trabaja en una de las contratas de limpieza de la capital siempre me anda preguntando que por qué no nos vamos a correr a los “descampaos”, que ya le tenemos un poco harto de recoger esponjas, botellas de agua y geles. Lo normal en estos casos. El caso es que este domingo, como no podía ser menos, también había carrera y esta vez sí que la corrí, y además de gratis que es ya la gloria para un corredor.

Salida Carrera de las Empresas
Salida. Yo no estaba en primera fila.

La Carrera de las Empresas es una prueba de 10 kilómetros que a pesar de llevar sólo 15 ediciones en ella participan ya casi 9.000 personas y eso son muchas personas. Por dar una idea, la Maratón de Madrid de 1999 convocó a poco más de 8.000 corredores (por los 1.200 que corrieron aquel año la Carrera de las Empresas). En sus inicios, allá por el año 1998, que coincide con el momento en que yo también empecé a correr, se le llamaba la «Carrera de las 40 Manzanas» y su distancia era de 6 kilómetros (distancia clásica que aún se corre junto a la de 10 kms.). Y desde su origen, la inscripción es cuando menos curiosa porque de lo que se trata es de inscribir equipos de compañeros de trabajo. Quizá esa es una de las razones por las que no la había corrido hasta el domingo: nunca había tenido compañeros de trabajo dispuestos a correr conmigo. Pero el running está de moda y es curioso que sea en este momento, en el que el índice de paro debe ser uno de los mayores que se recuerdan, cuando se rompan récords de participación en una carrera en la que, se supone, participan trabajadores en activo.

El caso es que, empleados o no, se respiraba muy buen ambiente alrededor de los Nuevos Ministerios la mañana del domingo. Muchos grupos de compañeros de trabajo haciéndose fotos, charlando, riendo y escapando de la cotidianidad del trabajo diario. Por supuesto muchos no tenían aspecto de runners y a la hora de empezar a correr ese extremo fue rápidamente confirmado: no eran runners.   Y otra particularidad más es que debe ser una de las pocas carreras en las que no se entrega camiseta conmemorativa. De hecho no hace falta, porque la mayoría de las empresas diseña camisetas específicas para los empleados  que participan en esa carrera, con gran profusión de logotipos. Había, por cierto, algunas muy bonitas, por lo que sugiero a la organización que entregue un premio también al mejor diseño de camiseta. No obstante, como @muchachino dijo en un tuit por la tarde: “coincidiremos en que la compañía más representada en la Carrera de las Empresas” era Kalenji”. Para los no runners, “Kalenji” (aparte de una tribu indígena del norte de Kenia) es la marca de running de Decathlon, el hipermercado del deporte.   El caso es que los compañeros con los que iba nos demoramos un poco y cuando fuimos a colocarnos en la salida, aquello estaba “a reventar” como decía el Dúo Sacapuntas. Ni ademán de intentar meternos entre las vallas a un puesto más o menos adecuado a nuestro tiempo. Fuimos para atrás y a esperar a que aquella masa se pusiera en marcha. Así que desde que dieron el pistoletazo de salida hasta que pasamos por debajo del arco transcurrieron más de seis minutos. El trazado era simple: Castellana arriba, Castellana abajo. Bajar los escasos metros que nos separaban del Paseo de la Castellana y subir hasta la Plaza de Castilla, dar media vuelta y bajar todo lo subido y más hasta la Plaza de Colón y volver a hacer un giro de 180 grados para llegar nuevamente a la esquina de Islas Filipinas con Agustín de Betancourt que fue nuestro punto de partida.

La subida hasta Plaza de Castilla se me hizo muy larga, y además tuve que ir, más que adelantando, esquivando a la gente que más que a correr había ido a pasar la mañana con los compañeros haciendo algo de deporte y que ,independientemente del nivel de cada uno, habían salido todos juntos formando piña. Hablando en plata: estaban en el medio. Son circunstancias de una carrera de este tipo. No me quejo. Si otro año la corro estaré más atento y trataré de colocarme antes en la salida.

A trancas y barrancas encontré un ritmo de más o menos 4:30 el kilómetro hasta llegar a las inmediaciones de la Plaza de Castilla, donde quedo atrapado en un embotellamiento cuando hay que evitar el subterráneo de la plaza y salir todos por un carril hacia el lateral, poco más de un minuto en el que el ritmo se va a 6:30 por kilómetro. En la bajada me lanzo a tumba abierta y cuando los participantes que hacen sólo 6 kilómetros se desvían la verdad es que se empieza a poder correr de verdad. El último kilómetro cuesta abajo (del 7 al 8) reservo un poco las fuerzas porque sé que los dos últimos son en subida y puedo morir. Voy acompañado de otro compañero del equipo pero en cuanto empiezan las primeras rampas en el 8 y me quedo a ayudarle me dice que no, que tire porque él no puede seguir con el ritmo. Así que me quedo solo y aguanto todo lo que puedo por debajo de los 5 minutos por kilómetro para entrar en meta en 52:39 tiempo oficial (46:30 en tiempo neto).

Al terminar hubo un poco de aglomeración para recoger la bolsa del corredor, muy completa: mochila, Aquarius, agua, una muñequera portallaves, guantes de lana (de esos con los que puedes manejar la pantalla táctil del móvil sin quitártelos), barrita de cereales y snacks. Y en seguida al metro para ir a casa de mis padres, que había dejado al heredero a su cuidado.

Y como, salvo sorpresas, se acabaron para mí las competiciones en este 2013 mi resumen anual de carreras queda así:

  • Maratones: 1 (Barcelona)
  • Medias Maratones: 0.
  • 10 kilómetros: 4 (Liberty, Norte-Sur, Canillejas, Empresas)
  • Otras pruebas: 0

Puede parecer escaso pero, por ejemplo, nunca había pasado de dos diezmiles en un año. 🙂

Trofeo José Cano – Canillejas 2013: la crónica

Por cuestiones de espacio y por no aburrir al personal, voy a dividir mis impresiones sobre esta carrera en dos entradas: la crónica y la crítica. Empezaremos por la primera

El domingo 17 de noviembre se levantó lluvioso y me hizo recordar aquella otra edición de Canillejas que comentaba en “Lluvia, carreras y los anuncios de Nike”. En cualquier caso, un día estupendo para correr. Antes de la salida nos juntamos los tres mosqueteros de la mañana: Diego y Jamie, compañeros de trabajo, Roberto, seguidor irredento del blog, y yo. Foto de rigor que nos hace una amiga que venía acompañando a Jaime y que se adjunta, más que nada por el enorme valor documental que supone la célebre gorra roja de mi padre que tanto juego nos dio a todos en Facebook.

Los mosqueteros
Los mosqueteros

Me encantó quedar con todos ellos y fue un momento muy especial para mí, acostumbrado a correr solo durante muchos años, tantos que llegué a pensar que era la mejor forma de correr (pero el running se ha popularizado tanto en los últimos años que, por fin, no soy el único loco de mi entorno que le da por salir a la calle en zapatillas, camiseta y pantalón corto –y gorra-; y me alegro). Faltó a la convocatoria mi cuñado José Luis pero se hizo daño en un tobillo unos días antes de la carrera y viendo que llovía y por lo que pudiera ocurrir prefirió no arriesgar y quedarse en casa. Me parece estupendo, hay que llegar a las carreras siempre en las mejores condiciones y lo primero es la salud, pero le eché de menos (fue el primer ser humano con el que compartí carrera en una Melonera de hace ya, por lo menos, diez años) y para la próxima espero que no me falle.

Tras el pistoletazo nos separamos. Jaime, que lleva nada más que dos meses corriendo, y Diego prefieren ir a un ritmo un poco más conservador y Roberto y yo tratamos de, sin ir demasiado deprisa, mantener una posición que no nos haga perder mucho la referencia de los 50 minutos para los diez kilómetros que tenemos por delante. Canillejas es mi carrera, es la carrera del barrio y además he participado muchas veces en ella, así que el recorrido me lo conozco como la palma de la mano. Por eso intento llevar lo mejor que puedo a Roberto para que no se me funda por el camino, sobre todo entre los kilómetros 3 y 7 que coinciden con el trazado del parque de El Paraíso y es un continuo sube y baja. Para mí, también es la parte más bonita porque se baja por un lado de la avenida de Arcentales y se sube por el otro lado, así que, separados por la mediana, nos vamos viendo a todos los participantes: te cruzas con la cabeza de carrera, animas, y después vas buscando conocidos que vayan por el otro lado para volver a animarlos. Sobre el kilómetro cinco Rober y yo vemos bajar a Diego y le pegamos un grito: “¡venga Diego!”. Nos saluda y sonríe. Le veo bien.

Del kilómetro 6 al 7 viene lo peor, una subida larga y tendida que encima pica hacia arriba todavía más los últimos 300 metros. Roberto viene ya tocado. Tiene mucho mérito Rober. Correr como corre él. Disfrutar como disfruta, con todos sus “a pesar de”. Se diría que corre más con el corazón que con las piernas. Pocos corredores he conocido como él. Ojalá la salud le respete y pueda verlo disfrutar en muchas ocasiones más. Compañero: te admiro, pero siempre haz caso al médico, por ti y por los que te rodean y te quieren.

Le dejo en lo alto de la cuesta, en el kilómetro 7. Gracias a él no cometí el error de otros años de ir malgastando energía tontamente desde el kilómetro 1 y llegar al 7 tocado para completar la carrera completamente hundido. Este año en el fatídico kilómetro 7 me encuentro fuerte, entero, con ganas de correr. Le digo a Rober que ya todo es bajada, que disfrute de la lluvia, del ambiente y del trazado y me voy hacia adelante pues tengo en la cabeza hacer menos de 50 minutos de tiempo oficial.

Del 7 al 10 voy adelantando a gente todo el rato. Engancho un ritmo de 4:15 y me quedo ahí. Recuerdo entre melancólico y divertido  cuando yo podía aguantar ese ritmo una media maratón completa… ahora 3 kilómetros, cuesta abajo y dando gracias. Pero el caso es que voy disfrutando, como dice el magnífico bloguero Antonio Navas, “como nunca”. Veo a lo lejos el arco de meta y me tranquilizo, marca 49 y poco, tengo tiempo de sobra para conseguir mi objetivo. Al final 49:29 tiempo oficial (48:12 tiempo neto) y muy buenas sensaciones. Rober acaba en unos magníficos 51:17 (50 clavados en tiempo neto), Diego (otro ejemplo de coraje) baja ampliamente de la hora: 57:53 (56:33 netos) y Jaime debuta espectacularmente con 57:30 (56:10 netos). Sois la leche.

En meta nos reagrupamos todos ,menos Jaime que había quedado con su amiga. Rober fue, además, compañero de carrera de mi mujer, los dos son biólogos (aunque ninguno ejerza), así que aprovecha que viene Cristina a buscarme para saludarla y presentarnos a su mujer y a sus peques. Un momento muy agradable, a pesar del frío que casi nos deja tiesos en la calle, sobre todo a Diego que dejó la ropa de abrigo en el coche, y que vio el cielo abierto cuando se metió en nuestro buga para que le lleváramos hasta la salida, que era donde lo tenía aparcado él (Diego, hay que aprovechar los roperos…  aunque parece que ese fue otro de los puntos débiles de la carrera).

En conclusión, otra edición de Canillejas más pero esta vez muy bien acompañado y haciendo una carrera de menos a más en la que he disfrutado como un bellaco y que me deja con un inmejorable sabor de boca. Espero que pronto tengamos la oportunidad de repetirlo y que esta vez no falte ninguno. Será buena señal.

Carrera Norte-Sur, la carrera de Madrid: crónica

Esta es otra de esas carreras que han surgido como setas en los últimos años y nunca la había corrido, aunque se disputaba ya la quinta edición. Como aquí estamos para reconocer las cosas, confieso que yo he sido siempre muy rígido (cabeza cuadrada lo llamaría mi mujer) en lo que se refiere a las competiciones que disputo al año (y en la vida en general, que diría mi mujer): un medio maratón antes de la maratón de primavera y la maratón. Después, si cuadraba, un medio maratón en mayo/junio (y tenía que ser Coslada) y la Melonera en septiembre. En otoño, el medio maratón de Moratalaz y la popular de Canillejas (las carreras más cercanas a mi barrio). Y para finalizar el año, la San Silvestre vallecana (que ya no he corrido en las últimas ediciones porque no me gusta tanta aglomeración de corredores). Y ya.

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Ambiente en la salida

Así que una carrera como ésta estaba condenada a no llamarme la atención, no sólo por mi estricta y limitada planificación anual (cabezacubo, que diría mi mujer), sino porque además me parece más un producto de marketing que otra cosa: los corredores están divididos en dos bandos (el Norte y el Sur) y corren con camisetas de distinto color (azul para el equipo “North” y amarilla para el “South”, juro por lo más sagrado que lo pone tal que así en la estampación de la mía “South”, no Sur, no: ¡“South”!). Así que si me puse en línea de salida fue, de nuevo porque la corrían personas como Dieguito, mi compi de curro, y Roberto, lector fiel con el que ya corrí la Liberty y con el que tenía pendiente bajar de 50 minutos en tiempo oficial. Aparte de que en esta carrera tuvimos el extra de un fichaje nuevo, Juanjo, conocido de Roberto de los Alcalares, que está empezando en esto de las carreras populares.

Pasamos a la carrera: climatología veraniega, con calor ya a primera hora de la mañana, y yo contento como un niño con zapatos nuevos… literalmente, nuevas: unas Adidas Supernova Glide 5 recién sacadas del horno que se estrenaban en competición. A las 9 de la mañana, con puntualidad británica se daba la salida mediante el bonito método de la cuenta atrás y empezamos a correr. Tardamos menos de un minuto en pasar por debajo del arco. Y dejando atrás a Diego y Juanjo y Roberto y yo nos lanzamos a por el globo de los 50’. Le dimos alcance sobre el kilómetro 2 y como íbamos más rápido que él, seguimos apretando los dientes aprovechando que, en promedio, la carrera es de bajada). Pero Rober no estaba para florituras: tuvo una caída no hace mucho y le perdí. Cuando me quise dar cuenta bajé un poco el pistón para mirar hacia atrás y ver si cabía la posibilidad de recuperarlo para la causa, pero es que ni le vi. Así que decidí aprovechar las buenas sensaciones que notaba y completar solo el resto de la carrera. Antes de la mitad de la carrera alcancé el globo de los 45’ y me puse detrás de él un tiempo, pero como se formaban tapones porque mucha gente le sigue para garantizarse una marca, decidí adelantarlo y ver hasta dónde podría llegar. Llegamos al avituallamiento del kilómetro 5 y me vino de perlas por el calor que hacía ya.

En el puente de Eduardo Dato noté que los repechos se me atragantaban y que no conseguía dejar atrás al del globo. Y pasado el kilómetro 8 la subida de Cibeles a la Puerta de Alcalá me pareció el Tourmalet y estaba convencido de que el globo me iba a pasar. Sorprendentemente, no lo hizo y a partir de ahí era todo llano o en bajada hasta la meta de la Cuesta de Moyano. Al final 45’24” (tiempo oficial) entrando por delante del globo de los 45’.

Estupendas sensaciones y ninguna secuela después de la competición. Me ha sentado muy bien psicológicamente saber que puedo correr ligero (no rápido) y quitarme la espina de esos más de 50 minutos (peor marca personal) de la Liberty, aunque haya quedado lejos de mi mejor 10.000 (41 y pico, hace ya bastantes años).

Del resto del grupo sé que Roberto bajó al final de 50 minutos y Diego, que defendía como buen traidor los colores del equipo Norte porque decía que la camiseta le gustaba más, también bajó de 55 minutos, que era su objetivo. Así que yo creo que hemos quedado todos muy contentos y pararemos esta locura de las carreras ya hasta la vuelta de las vacaciones para disfrutar de un merecido descanso, de los buffets libres de los hoteles, de las cañitas y de las tapas.

Chicos, ¿nos vemos en la Melonera? (y no, ¡no soy ningún cabecicubo!)

P.S. Como es costumbre, 10 kms equivalen a 10 euros que ingresaré a Claudia Alonso, una niña de la edad de Mateo con parálisis cerebral. Además su hermano es compañero de Mateo en el Centro de Atención Temprana de Alcalá de Henares. Claudia Alonso

Carrera Liberty 2013. Crónica.

Debo ser el tío más dejado del mundo, pero aquí están, por fin, mis impresiones sobre una carrera… no sé cuánto tiempo después de haberla disputado. Mis disculpas.

Salida Liberty
Salida Liberty 2013, por garricar

Lo primero que tengo que decir es que ha sido mi primera carrera tras el maratón de Barcelona y que la he corrido en mucha mejor condición física… Aclaro: que la corrí sin estar bajo los efectos de los antiinflamatorios y sin molestias, y eso ya es mucho decir. El sentido de «en mucha mejor condición física» ya es mucho más discutible si consideramos que tras haberme dedicado en cuerpo y alma al descanso desde marzo, me presenté en línea de salida con unas onzas de más (la mayoría de chocolate, claro, y el resto pues de otras drogas blandas… como mi abdomen) y por tanto con los bordes más redondeados, perjudicando gravemente lo que es la aerodinámica.

Dicho esto, debo añadir que nunca había corrido antes la Liberty y creo que habría seguido en mi ignorancia de no haberse juntado tres factores: el primero que la corría un colega (en sentido literal, un compi de trabajo); el segundo que la corría un compañero de facultad de mi sufrida esposa y casi único seguidor de este blog (@tuchopalacios en Twitter: ¡gracias, Rober!) y qué mejor oportunidad para desvirtualizarlo (mi sufrida esposa no necesitaba hacerlo, obviamente, y aunque lo hubiera necesitado no lo habría conseguido porque se quedó tranquilamente en la cama); y tercero: ¡que costaba 8 euros! Aunque luego al inscribirse online existía un sobrecargo de 30 céntimos, que no hay que ser rata y eso, pero que no me mola que pase. A su favor debo decir que por ese precio nos dieron una carrera bien medida y una camiseta más para la colección, suficiente.

Día soleado, pero fresco. Ropero sencillo y organizado. En la salida vi a mi compi y a su hermano y cada uno con un objetivo bien distinto: uno con un ritmo más lento que el que yo buscaba y el otro demasiado rápido. Y también conocí a Roberto, al que toda la mañana estuve llamando Alberto (lo siento, Rober, ¡no me dejes de leer, por fa!), que tenía como objetivo los 50 minutos, que para 10 kilómetros estaba muy bien también para mí, dadas las circunstancias, así que decidimos ir juntos.

Nos colocamos con el resto de la marabunta y tardamos casi dos minutos para pasar por debajo del arco de salida. A partir de ahí, zapatilla y manta. De neumáticos las mismas Adidas del Maratón de Barcelona en su última competición porque se me jubilan y serán sustituidas por unas Adidas Glide 5 en breve (oleoleole). El trazado pica hacia abajo los dos primeros kilómetros, lo que aprovechamos para colocarnos en nuestro sitio en carrera, prácticamente adelantando todo el tiempo. Luego tira hacia arriba unos cinco kilómetros, en los que tratamos de no perder fuelle. Y de ahí otra vez hacia abajo hasta la meta con el combustible que quedara en la reserva y lo hicimos muy bien, salvo un repecho cabrón de poco más de 200 ó 300 metros a escasa distancia de la meta que fue el que se nos atragantó, nos fundió y los 50 minutos se nos fueron por poco más de 15 segundos (tiempo oficial 50:18 para mí, tiempo neto 48:39 minutos: mi pmp -peor marca personal-). Así que Albert… digo Roberto, muy contento por bajar de 50′ y yo con las prisas me despido corriendo para ir casa de los yayos que había dejado al peque con ellos.

Diez kilómetros completados que tengo que convertir a euros, como me propuse desde el inicio de este año, y que donaré a una causa benéfica. En este caso a www.eljardindemihospi.org (en forma de compra de camiseta) que ha construido una zona de juegos para niños enfermos en el Hospital de La Paz y necesita fondos para hacer lo mismo en el Hospital 12 de Octubre.

Nota: en este último hospital nació mi hijo y pasó los cien primeros días de su vida (gran parte de ellos en cuidados intensivos), así que todo lo que pueda hacer por ayudar siempre será poco.

 

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