2016

2017
2017

Llego un poco pasado de tiempo a este resumen tradicional del año que se va, pero ha tenido que ser así debido a que justo ayer corrí la San Silvestre Vallecana y quería disponer de los kilómetros totales del año y demás manías mías que me acompañan habitualmente y que quedan entre mi loquero y yo.

Lo bueno es que parece que en la entrada del año pasado no me marqué ningún objetivo concreto, salvo correr el maratón de Madrid, así que podríamos decir que: ¡objetivo conseguido! Sin embargo, mi plan era ambicioso y en mi interior albergaba la intención de bajar de las tres horas y media. Lamentablemente no lo conseguí y me quedé en 3:33:13. Este año, el objetivo de los 42K es Liverpool y no conozco nada de él, así que mi ambición será la misma, pero el trazado podrá sorprenderme y hundirme, llegado el caso. De todas formas no volveré a seguir el plan de Chicago porque creo que era demasiado largo e intenso. Yo creo que llegué cansado a abril y que me sobraban semanas. Quizá busque prepararlo tan sólo en 12 semanas, o en 16 pero con menos kilometradas. Total, esto es una afición. Tan sólo un dato: en 2014 corrí dos maratones recorrí 1.580 kms en total. En este pasado 2016 he corrido un sólo maratón, además estuve dos semanas sin correr por lesión y he totalizado 1.747 kms… 985 de ellos dedicados a preparar el maratón. Hay que reflexionar sobre ello.

El resto del año ha quedado así:

  • Cinco carreras de 10K: una de ellas nueva, la Ciudad de Segovia, y otra a la que no había vuelto desde 2006, la San Silvestre Vallecana.
  • Una carrera de 15K, la MetLife Madrid Activa, distancia que nunca había corrido.
  • Dos medias maratones, la de las Vías Verdes de Arganda y la de La Latina, en las que también debuté, que me encantaron y en las que me salieron buenos tiempos a pesar de su dificultad.
  • Y una lesión: en agosto, en Canarias me re-torcí el tobillo derecho que ya me había torcido un mes antes en Madrid y tuve que parar totalmente dos semanas. Después empezar a correr con mucho cuidado y desde entonces hasta hoy no he hecho tonterías y he corrido muy poco y teniendo mucho cuidado de dónde aterrizaba el pie.

¿Propósitos para el 2017? Terminar elegantemente mi maratón de Liverpool, no lesionarme y disfrutar en alguna que otra carrera menor… a ser posible no masificada.

Feliz 2017.

New Balance 780v5

NB 780v5
NB 780v5

No soy mucho de comentar material, pero cuando lo hago, como a muchos otros compañeros, me gusta hacerlo al final de su vida útil. Ya sé que a los corredores, en cuanto una novedad nos llama la atención enseguida buscamos información sobre ella, sobre todo la opinión de los probadores que muchos medios poseen y que han tenido la suerte de testar el producto antes que nadie. Pero esa prueba, por muy completa que sea, no puede tener en cuenta qué va a suceder con esas zapatillas en cuanto tengan kilómetros y kilómetros encima. Por eso considero que hacer la crítica al final, casi como un crítico de cine, es lo más honesto que puede hacerse. Porque sería absurdo valorar una película habiendo visto sólo los cinco primeros minutos, ¿no?

Me compré estas NB 780v5 en marzo, básicamente porque costaban 50€. Un vistazo rápido a Internet y bingo: zapatillas neutras para corredores de peso medio y hechas para rodar y rodar. Ni tecnologías chupiguay ni nombres mercadotécnicamente facturados: ni Vazee, ni Fresh Foam. Unas zapas de “fondo de armario”, básicas, como esos vaqueros viejos que uno acaba poniéndose siempre.

Ya en la tienda me sorprendieron por su comodidad. De esto que te las pones, das tres pasos y las notas blanditas, amortiguadas, como si pudieras botar sobre ellas. A mí me gustan así. Si me las pruebo y son duras como piedras, mal empezamos. Así que pasamos por caja, las metemos debajo del brazo y a casa.

Desde esa fecha habrán hecho fácilmente 800 kilómetros y sólo puedo decir que siguen casi como el primer día. Las sigo notando blandas, extremadamente confortables para rodar (cosa que no me ocurrió con las Adidas Glide Boost en cuanto empezaron a acumular kilómetros, por ejemplo). Y exteriormente impecables. Han resistido perfectamente a mis dedos  gordos que siempre tiendo a dejar para arriba cuando corro (las Nike Pegasus se me rompieron justamente en esa zona). Tan sólo se ha deteriorado un poco la tela que va en contacto  con el tendón de Aquiles, pero sin afectar a la comodidad. Por eso pienso que todavía tengo zapatilla para 300 o 400 kilómetros más. Así que, para lo que me costaron me parece una relación calidad/precio excelente y no puedo dejar de recomendarlas.

Quizá sería bueno que nos fijásemos de vez en cuando en los modelos de gama media y no tanto en las “primas donnas” que los fabricantes nos meten por los ojos. Para nuestro nivel de corredores aficionados nos van a servir lo mismo unas de gama alta como otras de gama media, y nuestro bolsillo lo agradecerá. Eso sí, para chulear en redes sociales no son tan  resultonas. Pero afortunadamente  ya no somos adolescentes afectados de “marquitis” que tienen la necesidad de ir por ahí presumiendo de zapatillas de más de 100 euros… ¿O sí?

Ay, creo que me ha salido una espinilla, voy a ver si encuentro un poco de Clearasil.

Diez consejos navideños para engancharte a correr

1.- Pruébalo. Corre. Ponte unas zapatillas, un pantalón corto y una camiseta (no necesitas más), sal a la calle y corre. Si no lo pruebas nunca sabrás si esto te hubiera gustado y, por el contrario, si sales y decides que no te gusta, ya podrás tacharlo de tu lista.

2.- Si no tienes ganas de salir a correr, no lo hagas. Si ya corres regularmente pero notas que hay veces que te sientes obligado a salir a entrenar cuando no tienes ninguna gana, te lo repito: no lo hagas. Nunca te sientas obligado a salir a correr. No hay nada más fácil de aborrecer que lo que nos obligan (o nos obligamos) a hacer. Si un día no te apetece salir, no salgas. Quédate en casa y lee un libro o vete al cine o a esa exposición que acaban de inaugurar. Seguro que aprovecharás mejor el tiempo.

3.- Cuando corras, exígete un poco. Es la otra cara de la moneda. Has salido a correr porque te apetecía y querías, así que te toca sudar y no tocar(te) la gaita. No quiero decir que salgas a rodar a muerte, con el cuchillo entre los dientes, todos los días, no (ese es el mejor camino para dejar de correr para siempre… por lesión). Sólo digo que cada vez que salgas a correr intentes sufrir un poquito, que tu cuerpo llegue a casa cansado mientras que tú lo hagas con una sonrisa en la boca.

4.- Varía. Pero varíalo todo: cambia de circuitos, corre por la mañana, por la tarde, por la noche, en primavera, en verano, en otoño y en invierno; corre cuando haga sol, pero también cuando esté nublado, cuando haga viento, cuando llueva a mares y hasta cuando nieve; corre por asfalto, por aceras, por senderos, por montaña y por el descampado más cercano. Y varía también de ejercicios: unos días rodarás largo, otros harás cambios de ritmo, otros meterás cuestas rompepiernas, otros irás a ritmo y otros los harás en progresión. Pero, sobre todo, disfruta.

6.- Date un capricho de vez en cuando. Cómprate algo bonito y sal a estrenarlo: un cronómetro, unas mallas, unas zapatillas que te gusten, unos calcetines horteras, la camiseta de tu última carrera, cualquier cosa que te haga ilusión y te puedas permitir.

7.- Presta atención a las personas que te rodean. Nunca, nunca, nunca creas que el running es más importante que ellos. Aunque se te dé muy bien esto de correr o aunque tengas una carrera “importantísima” cerca. Ningún entrenamiento, ninguna carrera, puede compararse a pasar una tarde con tu hijo, o ayudando a tu padre mayor que no sabe configurar un móvil, o a salir a tomar un café con ese colega que hace tanto que no ves y que necesita contarte algo muy importante para él. Entrenamientos hay muchos y difícilmente te acordarás de ninguno de ellos en cuanto pasen unos meses; sin embargo, momentos memorables con los que queremos, hay muy pocos, y te acordarás de ellos siempre.

8.- Compite. No vas a ganar ninguna carrera, pero de vez en cuando (y sólo de vez en cuando) apúntate a una competición y disfruta de tus progresos, del ambiente, de correr rápido, de Madrid, de Barcelona o de tu pueblo. Déjate seducir por el “efecto dorsal” (ya sabrás qué es eso cuando te lo pongas) y recuerda que tu rival sólo eres tú.

9.- Márcate objetivos, pero asegúrate que sean realistas y trata de cumplirlos. Educa tu voluntad, tu perseverancia, tu constancia y tu tesón. Sé disciplinado, pero flexible a la vez. Ayúdate de planes de entrenamiento, pero recuerda que son sólo herramientas que te ayudarán a conseguir el objetivo… y créeme si te digo que cumplir con el plan de entrenamiento no es el objetivo. Escucha a tu cuerpo y entrena tu mente.

10.- Por último, relativiza todos los consejos que te den. Escucha a unos y otros, investiga, lee y relaciona todo esa información con tus propias experiencias. Saca conclusiones y encuentra tu propia motivación, que ya eres mayorcito, hombre. ¿O acaso quieres pasarte la vida siguiendo los consejos que te dé este abuelo Cebolleta o cualquier otro con el que te cruces por el camino? No, ¿verdad?

Feliz Navidad a todos.

El corredor estoico

«Quiero correr sin fin, quiero correr hasta morir». Bueno, en realidad Tino Casal usaba el verbo “bailar”, en vez de “correr”, pero no he podido evitar parafrasearle ahora que se cumplen 25 años de su muerte. Casal murió como mueren los artistas grandes, “en trágicas circunstancias”, y si hay una palabra que pueda definirlo es una de las que forma parte del título de la exposición que el Museo del Traje le dedica estos días en Madrid: “El Arte por Exceso“. Exceso. Y del exceso quería hoy hablar. No ese exceso tan de la Movida que se puede encontrar en sus canciones («una pequeña dosis más, quiero bailar hasta morir»), sino el exceso que cada día encuentro entre ciertos corredores.

No me importa en absoluto el exceso del que habla de constantemente de sus entrenos o sube interminables fotos a sus redes sociales de él o ella entrenando, en carrera, tomando batidos proteicos, luciendo nueva equipación, nuevas zapatillas, nuevo pulsómetro o el cachivache más nuevo del mercado, llámalo equis. Allá cada uno. No es mi estilo, pero puede ser el suyo. Live and let live, if you know what I mean. También he conocido algunos de estos profetas del running que tras profesar exageradamente el runnerismo y vivirlo de forma tan intensa de pronto desaparecen y te enteras de que han dejado de correr porque se les ha pasado la “fiebre”, o resulta que se han pasado al crossfit de forma tan vehemente y voraz como practicaron el correr. Que los hay.

Zenon de Citio, "el Estoico"
Zenón de Citio, “el Estoico”

Yo nací como corredor cuando el tema éste de la “información” no era tan fácil ni tan inmediato como hoy, sobre todo si no venías del atletismo de clubes o no tenías experiencia atlética previa. Y así me vi yo. Aprendiendo tras cada maratón con aquella revista que editaba Mapoma y que regalaba en la bolsa del corredor cada año y que tras la portada (y tras el saludo del Rey, ‘maratoniano de honor’, y el del Alcalde, y el del Presidente de la Comunidad, y el del Consejero, y el del Concejal, etc. etc.) podías encontrar artículos estupendos sobre lo que iba a ser la maratón: su exigencia física y mental y lo que haberla corrido iba a hacerle a tu organismo. En cierta forma, aquellos artículos me enseñaron, si no a tenerle miedo a la carrera, sí a pensar que carreras tan largas, en exceso (todo en exceso), podrían ser contraproducentes para tu salud. Me convertí en un corredor estoico (si no lo era ya por naturaleza): más racional que visceral, cauto, imperturbable y, vale, vale, aburrido.

Desde entonces he corrido conforme a lo razonable sin salirme de lo que aquellos consejos aprendidos con cuatro artículos periodísticos marcaban como saludable: un maratón al año (dos, máximo), tres o cuatro medias y ocho o diez 10K. El resto, salvo las semanas de entrenamiento para la maratón: correr por correr, correr por salud. Y no me ha ido mal si miro hacia atrás. Ninguna lesión grave en 18 años, ni dolores crónicos en ninguna articulación, ni secuelas físicas apreciables (las propias de la edad).

He sobrevivido.

Quizá demasiado. Quizá hasta el punto de llegar hasta este momento, a este siglo XXI tan plagado de corredores epicureos que encuentro tan ajenos a mí, tan pasionales, tan “aprovecha el momento” y que son capaces de encadenar sin demasiados remordimientos tres, cuatro, cinco maratones al año, algunos separados entre sí por tan sólo unas semanas. Veo sus fotos, leo sus crónicas, repaso la expresión de sus rostros sonrientes mordiendo la última medalla de finisher del maratón de moda o de esa ultra con chorrocientos mil metros de desnivel positivo o la super megamedalla que demuestra que has corrido de los Apeninos a los Andes como Marco pero sin mono Amedio y cruzándote el Atlántico a nado con un neopreno de colorines y tirando de una zodiac con los dientes.

Son esos momentos en los que no puedo evitar sentirme viejo, mirar para arriba, los ojos en blanco, y musitar: “maremíamaremíamaremía“.

From Fat to Finish Line (2015)

“Doce personas obesas cambian sus vidas cuando se comprometen a perder 45 kg cada una y correr juntas una carrera de relevos de 320 km”

Cartel del documental
Cartel del documental

Este es el resumen que Netflix hace de este documental estrenado el año pasado, aunque la carrera que en cierta forma es la protagonista de la película se celebrara en enero de 2013. Imagino que encontrar financiación para sacar adelante el proyecto no tuvo que ser fácil y de ahí el desfase entre cuando empezaron a rodarse las primeras imágenes en 2012 y este 2016 que parece que ha sido cuando ha empezado a despegar, sobre todo desde que Netflix le haya dado el empujón definitivo y haya llevado el film a todos los rincones del mundo civilizado en el que está presente su catálogo (afortunadamente España pertenece a ese mundo civilizado desde hace unos meses).

La peli no es más que eso, la narración de la historia personal de cada uno de los 12 miembros del equipo de relevos en cuanto a cómo y en qué momento se dan cuenta de que necesitan dar un giro a su vida, que necesitan perder peso, y qué les hace engancharse a una vida activa centrada más en el ejercicio que en la comida. Y el documental lo hace mostrando la historia de cada uno aprovechando los relevos de una carrera por equipos llamada “Ragnar Florida Keys” en la que se recorren más de 300 kilómetros por el estado de Florida utilizando aceras, carriles bici e incluso arcenes de carreteras.

Y eso es todo. Quizá lo más interesante como siempre sea saber cómo se gestó todo. ¿A quién se le ocurre esto? ¿Cómo se seleccionó a los miembros del equipo? Parece que todo partió del blog de una de las participantes “Runs for Cookies“, a quien uno de sus lectores, un tal Rik (a la postre capitán del equipo), se lo propuso. Ambos habían perdido una gran cantidad de peso e incluso se habían sometido a la misma cirugía para retirarles la piel sobrante (sí, los gordos adelgazados tienen un problema con su piel, hay un montón de perfiles de Instagram que puedes encontrar de gente que se encuentra en esa situación) y eso les hizo conectar. Esta chica, Katie, publicó una serie de entradas buscando más candidatos y otros lectores, en su mayoría bloggers, aunque también simples lectores. Todos tenían en común el haber perdido mucho peso (sin cirugía de reducción de estómago) o estar en proceso de hacerlo. Por eso en la película verás que alguno de los participantes anda todavía algo sobrado de kilos.

La idea de poner esta reunión de bloggers en imágenes es de otra de las participantes, Jen Roe, que tiene un blog llamado “From Fat to Finish Line” (¡qué casualidad! ;)) y que ha trabajado en la producción de programas de televisión y piensa que de esto puede salir un buen documental, por lo que habla con su amiga Angela Lee, con la que había trabajado anteriormente, para que lo dirija, con el beneplácito del resto de participantes… aunque a la hora de jugarse los cuartos sólo son Angela Lee y Jen Roe las que, aparte del trabajo, ponen la pasta de su bolsillo para que el documental salga adelante. Imagino que recibiendo portazos en las narices durante cuatro años de productoras y distribuidoras poco menos que indignadas por haber sido molestadas con la historia de doce gordos que no conoce nadie.

La carrera acabó y cada participante siguió con su vida. En unos casos se volvieron a ver, en otros se perdieron la pista. Unos han mantenido el peso, otros engordado. Y aunque sería curioso seguirles la pista cuatro años después de la carrera no creo que nadie se gaste el dinero en otro documental de este tipo si no hay “Kilians” o “Chemitas” o cualquier otro influencer al uso en los títulos de crédito. Bueno, al menos desde “Runs For Cookies”, Katie ha prometido una próxima actualización sobre las vidas de los participantes en un post reciente porque al menos a mí sí me interesa y me motiva más este tipo de historias que las Titan Desert o los Desafíos de Atacama de cuatro petardas del Salvame Deluxe Runner.

Garrirunner

Hace muchos años que para mí correr dejó de ser un esfuerzo o un castigo para ser un hábito, una actividad naturalmente anclada a mi vida. Igual que el que se levanta y desayuna yo me levanto, me pongo las zapatillas y salgo a corretear por las calles. No me cuesta ni le doy mayor importancia, salvo cuando preparo un maratón que, entonces sí, toca entrenar. El resto del año no me preocupo excesivamente de si hace varios días que no salgo o, al contrario, de si llevo corriendo diez días seguidos. Sé que correr va a estar ahí, al alcance de mis piernas, mientras me respete la salud. Pero una vez me quito las zapas y me ducho yo soy otra persona que no puedo definir como corredor. O dicho de otra forma, no puedo ser corredor siempre. En mi trabajo soy un compañero, en mi casa soy padre y marido, en los exámenes soy un estudiante y en el supermercado soy un cliente. ¿Es más importante para mí correr un maratón que aprobar un examen o que llevar a mi hijo al parque? No lo creo. Todo tiene su momento y su lugar. Cuando se acerca un examen hay que estudiar, cuando se acaba la comida (mejor antes) hay que ir a comprar y cuando se acerca un maratón hay que entrenar. Y todo eso, junto y convenientemente mezclado, soy yo y es mi vida. Quizá no la mejor, pero sí la que he elegido y con la que disfruto.

Y digo esto porque me he dado cuenta de que mucha gente en redes en redes sociales destaca de su perfil una sola dimensión, quizá con la que más se identifican: runners, triatletas, ciclistas… o cinéfilos, fotógrafos, amantes del café, de los gatos, de los viajes o qué sé yo cuántas más puedes encontrar. Quizá eso sea bueno tanto para encontrar referentes (los famosos influencers) como para conocer a gente con la misma afición o el mismo interés, seguirse mutuamente y compartir conocimientos y experiencia.

Lo entiendo. Pero no lo quiero para mí. Supondría reducirme tanto que me vería obligado a dar de alta un perfil por cada una de mis aficiones y tendría que desdoblar mi personalidad en tantas partes como perfiles hubiera creado. Y sería completamente absurdo porque al final dejaría de ser yo. Así que hace ya mucho tiempo que decidí que no. Que yo sería yo para lo bueno y para lo malo y que aun entendiendo que al que le guste el running no tienen por qué gustarle las series de televisión o los trenes, eso no iba a hacer que me “especializara” y que seguiría colgando en Instagram, por ejemplo, lo que me “saliera del alma” así fuera un atardecer, el último libro que hubiera leído o mis zapatillas de running.

Pero lo que nunca, nunca voy a hacer es dejar de ser garricar para convertirme en garrirunner.

Felices kilómetros.

“Lo que te hace grande”, de Valentí Sanjuan

Lo que te hace grande
Lo que te hace grande (foto by me)

En verano raro es el periódico o medio de comunicación que no saca una de esas listas de “lecturas de verano” enfocadas hacia una literatura de fácil consumo, compatible con días luminosos de playa y tardes de siestas memorables. Nada de “Mamotretos  de Alejandría” o sesudos ensayos sobre metafísica del siglo XIX. Así que hoy me voy a convertir en medio por un rato voy a tomar la libertad de recomendaros, si no una lista,  al menos una de esas lecturas de verano… pero más enfocada hacia nuestro tema, claro. Y allí aparece este pequeño libro de poco más de cien páginas de Valentí Sanjuan. Sí, ya sé que no es la última novedad editorial, que tiene ya un par de años. Pero es el que quiero recomendar y, lo más importante: que ha sido ahora cuando lo he leído.

Valentí Sanjuan puede ser conocido quizá en Cataluña, pero en el resto de España y fuera del circuito runner, tri, ultra… pues tampoco creo que sea una referencia mundial. No te apures, él te va a decir quién es en su libro (de otra cosa no, pero de él va a hablar mucho, para eso es su libro, qué narices), pero yo te puedo adelantar que es una especie de motivational speaker que anda siempre haciendo cosas raras relacionadadas con el deporte para luego subirlas a YouTube. Él dice que se dedica profesionalmente al branded content, pero me temo que el único content que es branded en su agencia es el propio Valentí Sanjuan. Evidentemente, en su libro tampoco vamos a encontrar a un nuevo Cervantes, pero maldita la falta que le hace. Y así, entre citas a anuncios de Adidas o a José Mota (si hay que ir se va, pero ir pa’ ná’…) va engarzando sus 50 cosas que aprendió corriendo (por el mundo, porque Tordera puede ser muy bonito, pero pronto se queda corto) y entre “cosa” y “cosa” aparece el Valentí que me ha fascinado. El Valentí que se pone serio y que deja ver que dentro le late un corazón grande, curtido a base de hostias como panes y que,  una detrás de otra, le han ido convirtiendo en la persona que es y esa sí que es una historia que merece ser contada y valorada. Lástima que luego venga el Valentí payaso a joder el momento y a venderme su canal de YouTube, o su libro anterior o su lista de Spotify.

Pero si un tío como el Sanjuan, con sus tontadas y su aire de hombre anuncio, ha conseguido en un par de momentos tocarme tan dentro y de forma tan dolorosa, qué no será capaz de conseguir este tipo el día que deje de pedir prestado un título a su grupo de música favorito, se ponga serio y escriba un libro de verdad.