Reflexiones premaratonianas

La semana que viene, Dios (o la Providencia) mediante, estaré corriendo el maratón de Liverpool. Mi preparación no ha sido nada del otro mundo: me he dejado guiar por el plan de la página de Polar y siento que voy escaso de kilómetros. Además durante un par de semanas dejé sin completar una de las sesiones semanales porque no me di cuenta de que, a pesar de estar planificadas en la web de Polar Flow y cargadas en el pulsómetro, no estaban en la App de Polar del teléfono, que es donde yo solía comprobar los entrenamientos que tocaban cada semana. Un bug incomprensible porque normalmente todo se sincroniza como la seda en cualquier dispositivo asociado a Polar Flow. Un negativo para Polar.

Por otro lado, todos los rodajes planificados han sido muy lentos, a muy bajas pulsaciones. Prácticamente frenándome a cada poco. No entiendo que el plan se cebe en entrenarme a unos ritmos inferiores entre uno y dos minutos a los que él estima que puedo ser capaz de mantener en carrera. ¡Pero si no he entrenado ese ritmo de crucero! Así que tengo la sensación de no haberme castigado. Y es que no he llegado a estar cansado ninguna semana. Apenas he hecho 40 kilómetros las semanas de más carga. Y 21 kilómetros la tirada más larga.

Además no he visto que haya sufrido la transformación física maratoniana: esa en la que el cuerpo se afina, se desinfla, ganas agilidad y te sientes verdaderamente en forma.

En cualquier caso ya he llegado más veces falto de kilómetros a la línea de salida de un maratón (Barcelona 2013, Nueva York 2014), así que sé lo que me espera, que es estar rondando las 3:55 horas y no las 3:31 que ahora mismo Polar estima que voy a tardar.

Veremos. En cualquier caso, a partir del domingo que viene, contaré por aquí mi experiencia corriendo en la ciudad de los Beatles.

P.S. La parte positiva de un maratón en mayo es que los entrenamientos, al no ser en pleno invierno, han sido mucho más llevaderos, los he disfrutado mucho más. Sobre todo contando conque este año desde marzo ya hemos tenido muy buen tiempo.

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Descubrir la maravilla

Y sintió la alegría del olvido
y al andar descubrió la maravilla
del sonido de sus propios pasos
en la gravilla.

(Radio Futura, “El Canto del Gallo”)

 

Yo no soy muy místico, ni contemplativo ni zen, como dicen ahora. Pero sé cuando salgo ganando con el cambio. Siempre he sido, y soy, un corredor urbano y me he sentido, además, muy cómodo en mi hábitat de parques, calles, descampados y carriles-bici. Por supuesto que muchas veces he fantaseado con correr por senderos y caminos alejados de la ciudad, sobre todo en esas ocasiones en las que divisas una senda blanca que a pleno sol serpentea por las laderas mientras que sobre tus cuatro ruedas te alejas de allí a razón de 120 kilómetros por hora.  Pero supongo que tampoco me llamaría tanto la experiencia cuando nunca me dio por decidirme y echarme un día al monte con las zapatillas. No. Siempre he aceptado como natural que mi ecosistema era el que estaba al otro lado de la puerta de mi casa y lo demás, pájaros volando.

El caso es que la puerta de mi casa, por desgracia o por fortuna, no se está mucho tiempo quieta en un mismo sitio y el ecosistema pues va cambiando y así, a bote pronto, recuerdo: mi puerta de San Blas de toda la vida, mi puerta de Londres, mi puerta de Malasaña (x2), mi puerta de Zamora, mi puerta de Barajas, mi puerta de Las Rosas y mi puerta de El Ensanche de Alcalá de Henares. Sí. Mi familia y yo somos como el baúl de la Piquer.  Y nuestra última puerta (que espero que nos dure unos añitos porque esto de las mudanzas no es nada, pero nada, divertido) nos acaba de traer a un nuevo ecosistema que está a 10 minutos corriendo de la entrada al Parque de los Cerros de Alcalá de Henares, un enorme espacio natural protegido al sur del río Henares. Para haceros una idea: mi penúltima puerta estaba a 10 minutos corriendo del inicio de un carril-bici en una zona urbana en plena construcción (grúas, calles sin abrir, edificios sin terminar) y me parecía una zona fantástica para correr. Como es fácil deducir, el contraste ha sido abismal.

Rutas Cerros Alcalá
Rutas en los Cerros. Fuente: Guía Breve de los Cerros de Alcalá

Al principio uno llega a eso del campo y la naturaleza de forma muy cautelosa y hasta con bastante respeto porque uno sabe que está fuera de sitio y que con sus zapas asfalteras (que se portan muy bien en llano y subiendo, todo hay que decirlo) y sus tobillos de cristal puede tener graves problemas de salud. Sobre todo en las bajadas. Vamos, que puede acabar “estontonándose” la cabeza contra un pino. Pero poco a poco uno se va soltando (se compra una zapatillas de trail súper chulas en oferta), empieza a levantar la cabeza, aprende a mirar a lo lejos y quiere no perderse detalle: el olor de los pinos, el polvo del camino que se cuela en la garganta con cada jadeo, el roce de las zarzas en las pantorrillas, la gota de sudor que cae por la coronilla, el viento que convierte en frío helado el sudor acumulado en la camiseta, el aleteo de un pájaro que se asusta y emprende el vuelo. Pero, sobre todo, lo que a uno más le ha llamado la atención es el silencio. Ese silencio en el que sólo se escucha, rítmico, el sonido de sus zancadas contra el suelo. Ese silencio tan ajeno a la experiencia de un corredor urbano que le hace pensar que es como si no estuviera allí, como si esas zancadas fueran las zancadas de otro y las suyas propias se hubieran quedado sobre el asfalto de la ciudad, atrapadas entre edificios de acero y cristal donde nadie será capaz de oírlas nunca.

Y pienso que si el placer de correr no es esto, no sé qué será.

XXXIII Media Maratón Ciudad de Zamora (2017)

Cartel
Cartel promocional XXXIII Media Maratón Zamora

He vuelto a correr. Tras nueve meses de ausencia me he puesto de nuevo un dorsal con la sana intención de competir. Y no ha podido ser en mejor lugar que en Zamora, en la media que hace dos años se me atragantó. No estaba en mi plan. De hecho, mi plan para correr el maratón de Liverpool no contempla ninguna competición, salvo el propio maratón de Liverpool. Así que hice mis deberes y ejecuté todo lo que me marcaba el plan para la semana (tirada larga incluida el día anterior a la carrera) y me puse en la salida el domingo para ejercitarme un poco a unos ritmos que el plan no me deja ni oler.

Como siempre en Zamora, una participación muy discreta (unos 700 participantes) pero con un día precioso de primavera en el que daba gusto correr. Repetimos el mismo circuito de los últimos años, que me parece perfecto: llano cuando sigue el Duero y duro cuando se adentra en la ciudad o se interna en Cabañales. Una sola vuelta, los kilómetros perfectamente medidos, agua en los kilómetros 5, 10, 15 y 20, además del avituallamiento final en meta (agua, aquarius, fruta, bollería). Todos los cruces y desvíos señalizados con conos amarillos y circuito completamente cerrado al tráfico con mucho curro de Policía Local y Protección Civil. Yo creo que hasta los ciclistas y andarines del carril bici de la Aldehuela fueron mucho más civilizados en esta edición. Carrera recomendable 100% y ayer, con el tiempo que nos acompañó y esta primavera adelantada, la ciudad estaba realmente hermosa. Ojalá esta carrera pueda crecer al ritmo de otras porque merece la pena, la verdad.

Mi carrera muy bien, de menos a más (mis kilómetros más rápidos fueron los dos últimos), acabando con mucha gasolina en el depósito, aunque con las piernas algo doloridas al no estar acostumbradas a tocar ritmos por debajo de los 5 min/km. Tiempo oficial 1:41:39 (neto, por mi reloj 1:41:28). Lejos de mis mejores tiempos pero acabando con muy buenas sensaciones. Si sigo así puedo volver al 1:36-1:37 en que me movía el año pasado.

Pros y contras de la carrera:

A favor:

  • Bolsa del corredor con productos de la tierra.
  • No te cobran extra por pagar con tarjeta por internet (eso sí, suben el precio de 12 a 18 euros si te inscribes a última hora… como yo).
  • Recogida de dorsal el mismo día de la carrera.
  • WC portátil en la salida exclusivo para chicas (obviamente no lo usé, pero me gustó el detalle).
  • El final en la ciudad deportiva.

En contra:

  • La camiseta es muy fea y la calidad no es la mejor.
  • El chip no es desechable y hay que entregarlo en meta.
  • La falta de una alfombrilla en línea de salida para calcular los tiempos netos (de alfombrillas intermedias ni hablamos).
  • En Cabañales no había control de tráfico en un par de cruces y algún conductor despistado pudo liarla a pesar de los conos.

El plan que me pide el cuerpo

Como maratoniano, cada año y con cierta antelación marco en rojo en mi calendario una fecha fatídica: la del siguiente maratón. Al principio se ve lejana, lo que me permite holgazanear, salir a correr sin pretensiones, porque sí, por placer, porque me apetece. Sin embargo, según se va aproximando esa condenada fecha, mi cuerpo intuye el castigo físico que se avecina y se pone a buscar como loco un nuevo plan de entrenamiento que permita compaginar mis propias expectativas (correr mucho mucho mucho) con sus absurdos propósitos (salvar los muebles sin sufrir demasiados daños). En cristiano: me pide que me ponga a entrenar de una puñetera vez y me deje de zarandajas.

Este año, entre mudanza, estudios, trabajo, casa y niño no he “querido” buscar mucho, así que el plan elegido ha sido el que me propone el pulsómetro. Sí, sí, así de absurdo. El propio cacharrillo tiene una función (o su App, o su web, ¡qué más da!) que te pide la fecha de la carrera y él planifica las sesiones y las carga en el reloj: fases, duración, zonas de frecuencia cardiaca. Y ya está. Yo sólo tengo que ponérmelo y salir a correr que ya me dice él lo que tengo que hacer. ¡Joder, si me viera mi ‘yo’ de 1999, tan analógico él, le daba un pasmo!

Hasta ahora he acabado primera etapa, de tres semanas, que el plan denomina de “trabajo previo” y la verdad es que me quedo asombrado de la inocencia del “bicho”: me ha planificado 16 semanas con sólo tres salidas en cada una de ellas y a unas pulsaciones bajísimas para lo que yo acostumbro (lo que hace que corra a ritmo de tortuga); y aun así, el cachondo, me dice que podré acabar la carrera en 3h13m, que sería mi MMP con diferencia. Es decir, que cuando otros años me he esforzado tanto y he estado trabajado duramente por mejorar ritmos y he acumulado cientos de kilómetros en las piernas lo he estado haciendo mal y por eso no he tenido más que marcas normalitas 😂😂😂.

CapturaPantalla2017-03-06
No me lo invento: ¡3 horas y 13 minutos!

La verdad es que nunca antes había entrenado por pulsaciones y me está costando bastante sujetarme y mantenerme en zona. Me explico, digamos que el cacharro crea cinco zonas en función de porcentajes basados en mi frecuencia cardíaca máxima, siendo la zona 1 la de más bajas pulsaciones y la 5 la más cercana al FCMáx. Pues normalmente, en un entrenamiento normal nunca me pedirá que pase de la zona 3 y exigirá que me mantenga durante el tiempo que toque entre 125 y 142 pulsaciones, por ejemplo: ni por encima ni por debajo. Incluso me obligará a ir en zonas 1-2 durante el calentamiento y el enfriamiento. Tan sólo los días de intervalos me pide trabajar las zonas 4-5. Pero esas sesiones, que son de las más cortas, ni siquiera las programa todas las semanas.

Así que ahí estoy, saliendo a entrenar y frenándome cada dos por tres para que el cacharro no empiece a pitar como un loco en cuanto acelero un poco y me paso de pulsaciones.

En cualquier caso, y por concluir, un plan de sólo 3 días por semana y sin grandes kilometradas es un bombón por la de cantidad de tiempo que me deja libre para hacer otras cosas que como he comentado, son muchas.

Ahora, que lo de poder hacer 3:13 no entra en mi cabeza, por mucho que el programilla se esfuerce en repetírmelo una y mil veces.

Michelle Lewis ‘Run, Run, Run’

Hoy quiero compartir un vídeo musical con vosotros. La canción se llama ‘Run, Run, Run’ y la canta una artista de Boston llamada Michelle Lewis. El vídeo se produjo justo después de los atentados del Maratón de Boston y está dedicado a todos los maratonianos de Boston o entrenando para ese maratón. Para su rodaje contó con el apoyo y la participación de la comunidad runner de Massachusetts.

Os dejo con el enlace y la letra.


From the Colorado mountains
To the California sun
I won’t stop until I get there
I will run, run, run

I’ve been lonely for a long time
Always searching for someone
Still not sure what I am looking for
So I will run, run, run

There’s no use in making plans
‘Cause there’s no telling what to come
Just when you think you have a chance
The strings you’ve tied all come undone

I have loved you since I met you
Always knew you were the one
If you need me I’ll come get you
Yes I will run, run, run

There’s no use in making plans
‘Cause there’s no telling what to come
Just when you think you have a chance
All the strings you’ve tied have come undone

I have loved you for a long time
Always knew you were the one
If you need me I’ll be by your side
Yes I will run, run, run
Yes I will run, run, run
I will run, run, run.

 

Y, finalmente, este enlace a un artículo que cuenta la historia del vídeo (en inglés).

 

Corredores callejeros

Rob Falsini es un músico callejero al que es fácil escuchar en Covent Garden, en Londres. Llega con su abrigo y con su gorra y arrastra unas maletas con ruedas en las que transporta el ampli, su guitarra y el micrófono. Al poco extiende la funda de la guitarra en el suelo por si quieres depositar unas monedas y empieza a cantar. Versiona a los grandes, a las auténticas estrellas, y una tras otra van saliendo de su garganta canciones de U2, Tears for Fears, Pink Floyd, The Verve, Keane… Incluso vende copias de su propio CD con canciones originales… aunque esas no son las preferidas de los turistas.

Músico callejero, no me es difícil imaginarle viajando al centro de Londres desde algún barrio del extrarradio en metro, con sus maletas de ruedas y su guitarra a la espalda. Con la vista fija en el suelo, como queriendo pasar desapercibido, como cualquier otro pasajero. Rob canta durante horas para comer, quién sabe si para sacar adelante una familia. Pero no es un mendigo. Todo lo contrario. Cuando Rob canta es un artista y la plaza, la calle, es su escenario y los artistas pisan con fuerza el escenario y lo hacen suyo. La gente se para, le hace corro y le escucha. Alguno hasta deja unas monedas sobre la funda de su guitarra. Ya no es el tipo gris y tímido que hace un par de horas arrastraba unas maletas y una guitarra por el metro sin atreverse a mirar a los demás… aunque lo volverá a ser cuando recoja los bártulos y regrese a casa. Pero eso será más tarde. Ahora canta, ahora Rob es la estrella y no se cambiaría ni por Bono ni por Richard Ashcroft ni por Roger Waters. Es un músico callejero, pero un músico digno.

Los corredores populares somos un poco esos músicos callejeros. Estamos lejos de esas grandes estrellas que ganan medallas en los Juegos Olímpicos o ganan los grandes maratones. Nos desplazamos a las carreras con nuestros geles y nuestra equipación a cuestas, buscando una marca que creemos merecer y que nos ha costado muchas horas de esfuerzo. No somos estrellas pero una vez nos colocamos en la línea de salida, con nuestro dorsal en el pecho y empezamos a correr, en nuestro esfuerzo, en nuestras ganas, nada nos diferencia de ellos. Porque corriendo todos somos Damien Rice, todos somos Mick Jagger, todos somos Bruce Springsteen y como el Boss también nosotros nacimos para correr.

Pero llegaremos a meta y no habrá prensa que nos fotografíe, ni podium, ni los periódicos hablarán de nosotros al día siguiente porque eso lo seguirán copando Bekele o Kipsang. Y volveremos en metro a casa, con el dorsal entre las manos, en busca de una merecida ducha y quizá también evitemos la mirada huraña de los demás viajeros… ¡qué entenderán ellos de nuestra locura, qué sabran!

Y a la salida quizá te encuentres con un músico callejero y buscarás una moneda en tu bolsillo porque él sí, él sí comprende tu locura… y tú la suya. Porque tú eres un corredor callejero y los dos venís, como cantaba U2, de donde las calles no tienen nombre.

San Silvestre Vallecana Popular 2016

San Silvestre Vallecana 2016
San Silvestre Vallecana 2016

Si no llevo mal las cuentas, la de este año ha sido mi cuarta participación en la San Silvestre Vallecana Popular tras las ediciones de 2001, 2004 y 2006. Después de correr esta última, que ya salía por oleadas desde el Bernabéu, me prometí no volver a correrla porque simplemente ya no se podía correr a gusto.

Este año mi mujer ha empezado a correr. Despacito. Poco. Pero nos apetecía a los dos que ella debutara en alguna carrera popular. Por el ambiente y por el trazado lo tuvimos claro: tenía que ser en la San Silvestre Vallecana. Pero ya teníamos claro que el objetivo era simplemente salir a trotar acompañados de tanta y tanta gente cuyo único propósito es llegar a meta y pasarlo bien. De hecho, el tiempo final se ha convertido en mi peor marca personal de siempre en un 10K (1:09:38 a un ritmo de 6:58 el km), pero el objetivo era ayudar a Cristina a que lo consiguiera y entrar los dos en meta, juntos. Y eso se ha conseguido con creces.

De la carrera en sí no puedo decir nada nuevo que no haya pensado de ella ya en todos estos años. Sigue siendo una carrera para no correr. Sobre todo si sales del cajón “>60′”. Muchísima gente, muchos disfraces y algo que me llamó mucho la atención: muchos niños. Pero niños pequeños, de 10 años o así. No sé hasta qué punto puede ser bueno que a esas edades se hagan 10 kilómetros y espero que cuando Mateo, mi hijo, sea un mocoso de esa edad no sea yo el que le lleve a una Vallecana. No digo que los niños no puedan hacer esa distancia, digo que a lo mejor no la deben hacer. Pero supongo que hay gente más entendida que yo en el tema y admito quizá esté equivocado. Aunque, insisto, yo trataré de no hacer lo mismo con mi hijo. Por lo menos hasta que cumpla 14 o 15 años.

La organización muy buena, la animación espectacular, un Madrid iluminado de lujo y un fenomenal ambiente. El que quiera una experiencia que corra esta carrera.

Por contra, sopesando lo que cuesta la inscripción, quizá los servicios que se dan sean algo cicateros (que escatima lo que da o lo que gasta: agarrado, avaro, tacaño). El ropero de salida a meta se paga aparte, la camiseta… de papel de fumar (comparada con la que me dieron en 2006 y que todavía utilizo), lo del chip no desechable es muy del siglo pasado y, ya sin culpa de la organización, me gustaría criticar el comportamiento inconsciente de algunos madrileños empeñados en cruzar las calles a pesar de la marea humana que bajaba por ellas, sin pensar que podrían llevárselos por delante (realmente hay tanta gente que no ves lo que pasa tres metros por delante).

En cualquier caso, a pesar de lo bien que me lo he pasado, sigo pensando que en Nochevieja hay mejores sitios para correr si de verdad quieres correr, por la mitad de precio. Ahora, para empezar la fiesta antes de las uvas, sin duda ayer, hoy y siempre: la San Silvestre Vallecana Popular.