XII Media Maratón de Azuqueca (2018)

Cartel Media Maratón Azuqueca 2018

El primer dorsal del año ha tardado en caer. En parte por la lesión recurrente de los gemelos y en parte por falta de ganas/interés/llámalo x. Sin embargo, en cuanto la organización del medio maratón de Azuqueca avisó por mail de la apertura de inscripciones, me apeteció correrla. Quizá porque poco a poco voy cogiendo más confianza en que no me voy a romper corriendo y quizá porque el ritmo de una media, al ser más lento que un 10.000, me ofrecía más confianza. Lo que no deseaba era cebarme y acabar lesionado. Además, el precio de la inscripción era tan sólo de 10 euros, menos de lo que cuesta un 10K en Madrid pero con mejor bolsa del corredor, una cervecita helada al final y la posibilidad de recoger el dorsal el mismo día de la carrera. Otro de los factores añadidos que tuve en cuenta era la posibilidad de poder retirarte en la primera vuelta (el recorrido es ahora a dos vueltas, no a tres como era en 2015 cuando participé por primera vez), por si las cosas iban mal dadas.

Mi estado, comparado con el de 2015 cuando participé por primera vez, ha variado mucho. Entonces tenía la ilusión por mantener un ritmo de 4:50 y estaba ilusionado con un maratón de otoño. Este año, por el contrario, sin objetivos maratonianos llegaba al día de la carrera con tan sólo 260 kilómetros recorridos en todo lo que llevamos de año (13 por semana). En definitiva: llegaba sin preparación y pasado de peso, como es habitual. La semana anterior improvisé un rodaje de 15K para comprobar si era capaz de llegar a la carrera en condiciones de terminar y al final salieron 16K a 5:50, lo que me daba esperanzas para mantener un ritmo de 5:20 y, salvo debacle, no retirarme en la primera vuelta. Tristemente, ese era mi objetivo.

Así que el domingo a las 9:30 me coloqué atrás de un pelotón de 632 corredores, entre participantes de la media y de la media de la media, con la firme decisión de mantener mi ritmillo y no pasarme. Lo bueno de Azuqueca es que es muy plana, así que mantener un ritmo constante sin hacer sobreesfuerzos no es difícil y al ser poco más de 600 corredores el mogollón del principio es también menos mogollón por lo que es más fácil colocarte sin estorbar ni ser estorbado.

Hago la primera vuelta en 55:40, con buenas sensaciones y con la casi certeza de que voy a acabar muy entero, y en la segunda vuelta, sin forzar en ningún momento, mejoro cuarenta y cinco segundos la marca parando el crono en 53:55. En total, un tiempo neto de 1:49:35, a 5:12 el kilómetro; mucho mejor de lo que esperaba, que ya veía yo que podía hacer peor marca que en aquel medio maratón de Zamora de 2015 en que toqué fondo con 1:56:19.

De la carrera tengo que decir que ha mejorado mucho de hace tres años a ahora. El parking vigilado, el ropero, el circuito a dos vueltas, la media hora de adelanto para evitar el calor (aunque hizo un día perfecto), la bolsa del corredor, las dos cervezas y la comida popular (a la que tampoco me quedé este año y es que a mí eso de esperar como que no me va). El recorrido sigue siendo plano como la palma de la mano (salvo el kilómetro de acceso al estadio) y ahora pasa por el centro, aunque no hay mucha animación. Quizá ese es el defecto que más le achaco a la carrera, la indiferencia hacia el medio maratón que hay en la ciudad. De hecho mucha gente parecía no haberse enterado de la carrera habida cuenta de que vi no uno ni dos encontronazos entre conductores y policía local, sino varios más. Sin hablar ya de la mala educación de algún conductor como el que nos adelantó en la Avenida Norte después de que la organización le dejara acceder al circuito entre corredor y corredor con la advertencia de que se quedara detrás, al ritmo de los corredores y sin rebasarles. Se la repampinfló, evidentemente.

Sin embargo, anécdotas aparte, la carrera es muy recomendable y prueba de ello es que sigue creciendo año tras año, sin llegar a la saturación de las pruebas madrileñas: el año que yo participé, 2015, llegamos a meta 240 corredores y este año 406.

P.D.: Muchos vídeos, muchas fotos en la web de la carrera y además sms de la organización con tu tiempo al finalizar la prueba. Ya casi lo único que les falta es una app de la carrera con el tracking en vivo. 😉

XXXVIII Trofeo José Cano – Canillejas (2017)

Cartel de Canillejas 2017

Hace ya mucho desde que en 2001 corriera por primera vez Canillejas. Desde entonces he participado en diez ocasiones y he fallado en siete. Imagino que eso la convierte, con mucho, en mi carrera preferida porque, como he dicho muchas veces es la de mi barrio, la de toda la vida. Y este año, por fin, puedo escribir algo positivo de ella tras las críticas que publiqué en 2013 y 2015. Yo creo que casi todo lo que se va haciendo en esta carrera se hace ya con sentido común: el precio de la inscripción ha bajado de 15 a 13 euros (y la comisión por venta online ya no es de 1,30, sino que se queda en 0,94); el dorsal, el chip y la camiseta (por cierto más fea que Picio) se entregan antes de la carrera; los puntos kilométricos están bien señalizados y visibles (incluso con una raya de pintura que atraviesa completamente la carretera); se entrega una bolsa del corredor en meta con bebida y algo de comer y las colas que se pudieron formar para recogerla eran las normales de cualquier carrera popular.

En lo negativo, seguimos sin agua en meta (o yo no la vi) y hemos perdido la medalla de finisher. Y mira, lo de la medalla me importa menos, pero el agua es más necesaria. Sí, ya sé que había Powerade y cerveza 0,0 isotónica fresquita, pero una botellita de agua nunca, repito, nunca viene mal.

Además, una cosa me ha gustado mucho ha sido la gestión de la carrera en redes sociales: muy constructiva y de gran ayuda contestando las dudas. Comprobada en primera persona.

¿Significa todo esto un nuevo resurgir de Canillejas? Pues no lo sé, hace años se hablaba de una prueba de 4.000 corredores y este año había leído que el cupo era de 5.000 participantes. El caso es que, según el listado de clasificaciones, el último llegado a meta hace el puesto 2.384 y no creo que se haya retirado la mitad de los atletas. 2.400 atletas en un día en el que la competencia más directa eran la Carrera de los Emprendedores y la Maratón de Valencia se me antojan pocos para una ciudad como Madrid.

En cualquier caso hasta el día acompañó pues no recuerdo haber corrido nunca Canillejas con un clima tan bueno, con una temperatura tan suave. Cosas del cambio climático… o del anticiclón de las Azores, vaya usted a saber.

Y pasando al tema personal, de mi carrera poco hay que contar. Un circuito más que bien conocido y la idea era apretar para ver cómo de cerca podía andar de 45 minutos. Creo que gestioné bien el kilómetro en subida de Arcentales, pero cuando llegaron los últimos 3 kilómetros, que es donde hay que apretar, no pude bajar de 4’20″/km. Al final un tiempo oficial (desde el disparo) de 47:30 (medio minuto mejor que en Mercamadrid) y 46:34 netos (desde la alfombrilla de salida), bastante lejos del sub 45′.

No puedo quejarme, insisto, si apenas corro 15 kilómetros a la semana bastante hago con mantener estos ritmos en carrera.

En principio, con esta carrera doy por finalizado el año en lo que a competiciones se refiere, excepto alguna San Silvestre que pudiera caer, pero que no será la Vallecana, eso fijo. Han sido tres diez miles, una media maratón y una maratón…

¿Para qué más?

🙂

IIª Carrera 10K Mercamadrid (2017)

10kmercamadrid17
Cartel de la carrera

Normalmente soy un negado para que me toque nada. Ni una rifa en el cole. Pero bueno, sobre todo después de ganar la lotería para una plaza en la maratón de Nueva York de 2014, parece que de vez en cuando las tornas cambian y algo pillo. Esta semana fue para enmarcar y cayeron 9 euros en la Primitiva (¡tomaaaa!) y un dorsal para participar en la segunda edición de la Carrera 10K Mercamadrid en un sorteo que había puesto en marcha la organización del Trofeo José Cano.

Recogí el dorsal y la camiseta conmemorativa (muy chula, de manga larga, de 42Krunning) el jueves por la tarde y el domingo me planté en esa miniciudad que es Mercamadrid, en la que nunca había estado, ni me lo había planteado siquiera. Y de verdad que merece la pena. Por todo, por curiosidad, por organización, por ese trazado que a veces entra incluso dentro de las naves…

Llegué con algo de tiempo puesto que no conocía cómo iba a ser aquello, ni cómo llegar, ni dónde podría aparcar. Pero desde el primer momento te das cuenta de que la organización es muy buena. Los voluntarios y los vigilantes te dan paso al recinto (hay barreras de acceso, como las de los peajes) y te van indicando las zonas de aparcamiento. Es súper cómodo estar en un espacio cerrado y poder dejar tranquilamente las cosas en el coche.

Y siguiendo a la gente me acerqué a la zona de salida-meta donde ya había bastante ambiente. Me tomé un café y un zumo antes de la carrera, cortesía de la organización aunque ya había gente, sobre todo los acompañantes, desayunando de forma contundente, en la carpa de Ahorramás, creo. Después fui a un wc portátil en el que pude entrar sin apenas colas y el resto del tiempo que me sobraba lo dediqué a curiosear por ahí aprovechando que hacía muy buen tiempo, demasisdo (hice bien en no estrenar la camiseta de manga larga de la carrera y a los que vi con ella iban todos arremangados). También pude localizar algún punto kilométrico y comprobé que estaban señalados por carteles en el suelo, como de un metro de altos, y me hice la idea de que el trazado iba a ser bastante llano.

Un par de minutos antes de la hora fui a la zona de salida pero ya no pude colocarme muy delante a pesar de que la participación está limitada a 2.000 personas (inscripciones agotadas). Hasta que salimos todos y se estiró la carrera no me fue posible correr «rápido». Por dar un dato: desde el disparo de salida hasta que pasé por el cartel del km 1 pasaron 6 minutos y medio. El paso por la primera nave es una jaula, pero a partir de ahí ya pude correr bien pues hasta que vuelves a entrar en una de las naves pasan un par de kilómetros corriendo por espacios abiertos y la carrera te coloca en el lugar que te corresponde.

En previsión de que el gps no fuera muy fiable,  por correr a tramos dentro de las naves (que no lo fue y al final me salieron sólo 9,8 kms con algunas mediciones un tanto desastrosas -aunque menos de lo que pensaba-) me llevé también mi viejo Casio con el que iba marcando los laps manualmente con los carteles de los kilómetros. Vi todos menos el del 4, quizá porque en el 4 dieron agua, pero bueno, también volvieron a dar en el 7 y ése no se me escapó.

El trazado estaba siendo plano, como se preveía, aprovechando el espacio tanto de los viales de Mercamadrid como el interior de las propias naves. Sin embargo allá por el kilómetro 6 nos encaminaron a unas naves más al sur a las que se accede desde una pronunciada cuesta abajo. Así que ya me temía yo que ese desnivel habría que volverlo a subir para llegar a meta. Efectivamente, había que guardar fuerzas porque del 8 al 9 se salva de nuevo el desnivel. Así que, tras el esfuerzo,  del 9 al 10 se corre en reserva aunque espoleado por la cercanía de meta.

Al final un tiempo oficial de 47:59 (no he encontrado el neto en ningún sitio) que me deja muy contento ya que apenas corro 7-8 kilómetros dos días por semana en estos momentos.

Al finalizar la meta recogí la bolsa del corredor (bien), me tomé una cervecita y una brocheta de frutas y me fui al coche. Eso yo, porque otra mucha gente al ser jornada festiva en Mercamadrid se quedó por allí disfrutando de todo lo que había dispuesto la organización: degustaciones, bebida, comida, reparto de muestras de diferentes productos, juegos para niños, un trenecito turístico, etc. Yo no me quedé porque la verdad es que no me gustan nada las aglomeraciones ni las colas, pero hay gente que sí y otra que, ya llevado al extremo, parecía que había venido a hacer la compra. Y alguno, por ser más avaricioso de la cuenta, acabó con todo el género por el suelo y la botellita de vino que nos regalaron rota, que lo vieron estos ojillos que se ha de comer la tierra.

Muy recomendable. Felicidades a los organizadores.

IX Madrid Corre por Madrid (2017)

Madrid corre por Madrid
Cartel «Madrid corre por Madrid»

El domingo 17 de septiembre debuté en la «Madrid corre por Madrid«. Madrid tiene muchas carreras y todas ofrecen prácticamente lo mismo y al mismo precio (o muy parecido): una camiseta y un dorsal. Es preciso ser selectivo. Y yo ya no estoy dispuesto a correr dando vueltas a la Castellana, porque no, porque me aburre y porque me parece que es tirar el dinero en algo, correr, que puedo hacer en el parque al lado de mi casa a la hora que quiera, el día que quiera y, seguramente, por mejor circuito. Evidentemente, ahora compito mucho menos.

Así que el único motivo por el que elegimos esta carrera fue el recorrido: pasa prácticamente por todos los puntos de interés de la ciudad. Así que si no sale una buena marca al menos te has pegado una buena carrerita por Madrid viendo la Cibeles, la Puerta de Alcalá, Sol, la Gran Vía o el Palacio Real. Del resto, lo esperado: retirada del dorsal en una feria del corredor, camiseta bastante fea este año (apreciación puramente subjetiva), dorsal-chip y una bolsa de tela. Al menos el avituallamiento del final consistió en algo más que una simple botella de agua (punto positivo para la organización). El recorrido monumental, como se preveía, una temperatura perfecta y, eso sí, bastante participación por lo que conviene ponerse en el cajón de delante si pretendes hacer marca.

Mis expectativas no pasaban por MMP, así que me puse en el último cajón para salir con mi mujer y después del primer kilómetro, que me tomaría como calentamiento, trataría de ver si podía mantener un ritmo por debajo de 5’/km (mis últimos entrenamientos tampoco  eran, ni son, como para echar cohetes).

Y básicamente, eso hice. El recorrido tiene mucho tobogán y los fui aguantando más o menos bien hasta el kilómetro 7 (subida de la calle Mayor hasta llegar a la altura de la Pza. Mayor que se me atragantó un poquito) y de ahí hasta el final dosificando para no fundirme en los últimos 800 metros que son de subida por el Pº del Prado. Tiempo neto al final 0:50:20 al que creo que podía haber arañado unos segundillos de no haberme tomado el primer kilómetro con tanta tranquilidad.

De todas formas estoy contento con mi marca. Para lo que entreno, mi peso y mi edad, sigo ahí en los 50 minutos, resistiendo como un campeón. 🙂

 

R’n’R Liverpool Marathon 2017: la crítica

Cuando se empieza a correr, o mejor, a participar en competiciones, lo normal es ir aumentando poco a poco de distancia: empezar por los 10K, seguir con medios maratones, para acabar corriendo la distancia reina, el maratón y sus 42.195 metros. Es, aparte de la evolución lógica, básicamente, un modo de mantenernos motivados: «a ver si soy capaz de…». Posteriormente, dominada la distancia, la motivación consiste, a mi juicio, en ir mejorando las marcas, en ser mejores corredores: más rápidos, más eficientes, llegar mejor preparados. Consecuentemente, si esta perfección a la que aspiramos se repite en una serie de años más o menos larga, es más que probable que lleguemos a un punto en el que ya sintamos que hemos tocado techo como maratonianos y, salvo que nos convirtamos en alguien obsesionado con conseguir unas marcas casi equiparables a las de los atletas de élite (para lo que necesitamos una constancia y una dedicación en tiempo que muchos no tenemos o no queremos), nuestras viejas amigas, esas carreras fijas que tenemos marcadas año tras año en el calendario, dejarán de motivarnos.

A mí me pasó con el maratón de Madrid. Ya a mediados de la década pasada, durante cuatro años, dejé de correrlo. Lo volví a retomar en 2009, pero en 2013 le fui «infiel» por Barcelona. Y así descubrí que correr nuevos maratones era mi nueva forma de motivarme. Repetí en 2014 con Nueva York y, por problemas económicos, me tuve que apear de Chicago 2015, en el último momento. En 2016 volví a Madrid pensando en que después de un par de años debería echarle de menos, pero no fue así. Ni siquiera el paso por la Puerta del Sol me resultó emocionante. Así que después de 10 ediciones de la carrera madrileña me propuse decirle adiós por un tiempo (nunca puedes decir nunca) y explorar nuevas competiciones.

Y ahí apareció Liverpool. Suponía un maratón barato (me inscribí por 35 libras -40 euros- y mi mujer, que debutó en medio maratón, por algo menos), que se disputaba a finales de mayo (lo que me permitiría no tener que entrenar en los meses más fríos del invierno, cosa que odio) y estaba organizado por el grupo Competitor bajo la marca Rock’n’Roll que conocemos sobradamente en Madrid. Además, los vuelos con EasyJet son baratos si se compran con tiempo, y los hoteles tampoco son excesivamente caros. Nosotros nos quedamos en un Premier Inn cercano al aeropuerto porque el vuelo desde Madrid llegaba muy tarde a Liverpool, pero se llegaba al centro de la ciudad en autobús en apenas 35 minutos. Por otra parte, la ciudad, al ser pequeña (no tiene ni metro) es perfectamente visitable sin necesidad de utilizar transporte público y el que hay es barato si lo comparamos con Londres, por ejemplo.

El maratón se vende como un fin de semana de gran fiesta (es cierto que el sábado y el domingo había muchísimos corredores por las calles) y comprende no sólo el 42K, sino también el Medio Maratón, un 5K y una Milla festiva. En prensa se dio la cifra de 20.000 participantes, aproximadamente, en esta edición. Pero esa era la cifra global sumadas todas las carreras (incluso duplicando corredores que participaron en varias distancias). Para aclararnos: 10.000 fueron los participantes del medio maratón que se disputó el domingo, media hora antes del maratón; 4.000 fueron los participantes del maratón; otros 4.000 participaron en la carrera de 5K del sábado (integrada también por gente que correría el domingo, y que así se ganaba una medalla extra por completar dos distancias) y 2.000 en la milla que se disputó a medio día del domingo (con meta distinta a la del Half y el Marathon). Es un poco lioso, ya lo sé.

Marathon Expo. IG: @garricar

La feria del corredor abría viernes y sábado y se desarrolló en el Liverpool Echo Arena, que es un espacio multiusos, tipo Palacio de los Deportes, que queda donde los viejos muelles, junto al río Mersey. No lejos de la zona comercial de la ciudad. Pero como digo, Liverpool es pequeño y todo está cerca. Desde esa zona de los Docks saldría la carrera y también terminaría. Además, el día de la prueba, el Echo Arena serviría de ropero y de zona de entrega, a cubierto, de la bolsa con avituallamiento líquido y sólido a los corredores.

La entrega de dorsales a los corredores ingleses se hace por correo en las semanas previas a la carrera, lo que evita las colas a los extranjeros que vamos a recoger el dorsal el sábado. En el mismo acto recoges la camiseta conmemorativa (que no está patrocinada por ninguna marca de ropa deportiva), aunque también puedes irte sin ella y recogerla al finalizar la carrera (te hacen una marca en el dorsal para evitar la picaresca). Los stands son pocos y pequeños al no haber un patrocinador principal. Una tarima, un proyector y unas cuantas sillas sirven para las conferencias. Nada especial. Eso sí, no faltan los photocall y en especial uno en el que te podías disfrazar de los Beatles, muy divertido, que para eso estamos en su ciudad.

El recorrido me pareció muy asequible, con algunas dificultades hasta el kilómetro 15 o 16 (muchos tramos de sube y baja, lo que ellos llaman «hilly«) y desde allí hasta el final todo plano o con una ligera inclinación. Los últimos 5-6 kilómetros se hacen a la orilla del río, más expuestos al viento, pero el día de la carrera no pasaba de ser una ligera brisa que no impedía correr.

La medición del trazado está en millas, pero yo no me fiaría mucho. Los primeros carteles de millas no los vi. En el suelo tampoco se dibuja la línea que seguimos en España. En algunos sitios sí que estaba el kilómetro marcado: por ejemplo en el 10 (milla 6,21), que coincidía con una alfombrilla. La alfombrilla del medio maratón estaba puesta en el medio de un parque, sin arco, sin pancartas, nada. Otra alfombrilla estaba en la milla 20 y otra en el km 37,2 (lo que viene a ser la milla 23,11). Un caos tanto si usas millas como kilómetros como referencia. Vi también un cartelito de km. 40 pero sin marca en el suelo, así que no sabría determinar si estaba bien puesto o no. El recorrido total que me marcó el Polar fue de 42,44 kms, lo que me lleva a la conclusión de que, al menos, la distancia global sí que estaba bien medida.

El avituallamiento tampoco es como en Madrid: cada 5 kilómetros. Allí hay 11 puntos de hidratación en las millas 1.8, 4.4, 7.2, 9, 11.1, 13.1, 15.7, 18.3, 20, 22.2 y 24.3. O sea, un lío. Así que nunca sabía si tenía cerca el agua o no (también Lucozade y, en un par de puntos, geles).

De animación, más o menos como en Madrid. Tramos donde hay mucha gente animando: salida, meta, Penny Lane y el paso por el centro de la ciudad; y tramos por parques y en zonas alejadas en los que no había nadie más que los corredores y cuatro que pasaban por allí. Mucha parte del recorrido se hace cruzando parques urbanos, pero a mí no me molestó, al contrario, algunos de los parques por los que corrimos eran extraordinariamente bellos. Prefiero eso a compartir media carretera con los coches. Recuerdo, por ejemplo, el principio del Otterspool Park como de cuento de hadas con una luz filtrada a través de unos árboles inmensos que parecía sacada de un libro de fantasía. De haber llevado cámara me habría parado a hacer fotos, seguro. Además, al no ser excesivo el número de participantes en cuanto se estira la carrera te encuentras corriendo en fila de a uno y puedes compartir perfectamente el espacio con los usuarios de los parques. Algún tramo hubo también de acera, eso no me gustó tanto.

La animación musical, como es habitual en las carreras de Rock’n’Roll, muy abundante a lo largo del recorrido, aunque en varios puntos se limitaba a un equipo de música, no a música en vivo. O eso o como iba tan lento llegué tarde y la banda ya se había ido, que podria ser 😉

Birra post-maratón

En la zona de meta, muy animada, a la salida del Echo Arena se había montado un escenario y había un concierto de música para participantes y acompañantes. La organización invitaba, además, a una pinta de Heineken a todos los corredores.

En definitiva, un maratón modesto, bien organizado en líneas generales y con un recorrido que te permitirá conocer lo más destacado de la ciudad. Recomendado para cualquiera que quiera un cambio de aires y ver cosas nuevas sin dejarse una pasta en un Major, y particularmente a futboleros y seguidores de la Premier League, no en vano Liverpool, con apenas 500.000 habitantes tiene dos equipos de la máxima categoría que suman entre ambos 27 títulos (aunque desde 1990 no rascan bola) y en el caso del Liverpool, además, 5 Copas de Europa. Y, por supuesto, a fans de los Beatles.

R’n’R Liverpool Marathon 2017: la crónica

I’m going down to Liverpool to do nothing

(Katrina & The Waves – «Going down to Liverpool«)

Son las 10 de la mañana del domingo 28 de mayo de 2017 y estoy en la línea de salida del Maratón de Liverpool. Los 4.000 maratonianos que nos agolpamos en el Albert Dock guardamos un respetuoso minuto de silencio por las víctimas del atentado del Manchester Arena. Empiezo a pensar en que estoy perdiendo la cuenta ya de cuántos minutos de silencio habré guardado en líneas de salida a consecuencia de la infinita necedad humana. Está nublado y habrá como 15 grados, temperaratura ideal para correr. No estoy agotado de entrenar, ni mucho menos, ni lesionado y el perfil del maratón es espectacular con las mayores dificultades del trazado en sus primeros 17 kilómetros. A partir de ahí, llano como la palma de la mano. Por si fuera poco, me han asignado al corral 2, por lo que tras el pistoletazo de salida no tardo ni 30 segundos en pasar bajo el arco de salida.

La estrategia está clara: mantener un ritmo de 5 minutos por kilómetro. No cebarme, pero tampoco ir más despacio. Es mi objetivo y es lo que se supone que el plan de entrenamiento me ha tenido que dar.

Los primeros kilómetros son de callejeo por la zona norte de la ciudad, siempre picando hacia arriba, buscando los estadios de fútbol: primero el del Everton y luego el del Liverpool; separados tan sólo por el Stanley Park, que también atravesamos. Mantengo el ritmo-objetivo, pero los continuos ascensos hacen que las pulsaciones suban y suban y, sin quererlo, me encuentro corriendo más tiempo en zona 5 (la de más esfuerzo) del que debería, por lo que ya no auguro un buen resultado final. Mis sensaciones son de pesadez, me noto sin agilidad, como si estuviera corriendo lastrado con plomos. A la altura del kilómetro 10 vamos corriendo por la acera, bordeando el exterior de un parque, y un corredor justo detrás de mí tropieza y cae a causa de una baldosa suelta. Pienso que podía haber sido yo. En seguida le asisten los voluntarios. 

Sigo manteniendo el ritmo, pero las sensaciones son cada vez peores. Por otra parte no deja de pasarme gente, así que como dice el meme de Twitter «ya no sé si soy lento o es que todos los demás son keniatas». Finalmente decido que pueden ser molestias intestinales, así que aprovecho unos baños portátiles en Rupert Lane Recreation Ground, a la altura del kilómetro 13, con las mejores vistas sobre Liverpool y la desembocadura del Mersey que uno se pueda imaginar, y hago una parada técnica (la primera de mi vida maratoniana). Pierdo dos minutillos y me olvido para siempre del globo de las 3:30 h que había llevado desde la salida al alcance de la vista. Sobre el kilómetro 15 vuelvo a estar en parciales de 5 minutos por kilómetro, pero sin mérito alguno puesto que los dos últimos kilómetros han sido en bajada hacia el centro de la ciudad y no me noto recuperado, al contrario. Continuamente me sigue pasando gente.

Liverpool Marathon (fuente: Facebook)

Atravesamos el centro de la ciudad, pasamos por delante de The Cavern, hay bastante gente animando y algo ayuda. Mentalmente. En el kilómetro 17 un inglés me pregunta por la camiseta del maratón de Madrid que llevo puesta, dice que él la corrió hace unos años, se ve que quiere pegar la hebra, pero yo ya no estoy para conversaciones así que le deseo suerte y me quedo descolgado. 

No he llegado ni a la media maratón y ya voy a ritmos de 6’/km, completamente desfondado. Aun así, salvo los muebles y completo la mitad de la carrera en 1:53:45. En estos momentos sólo pienso en abandonar, en no seguir prolongando la agonía. No entiendo las señales que me manda el cuerpo: en los avituallamientos siento que estoy bebiendo demasiado, pero antes de que llegue el siguiente punto de hidratación tengo sed; otras veces siento retortijones pero tampoco noto que quiero ir al baño; y sobre todo la terrible sensación de pesadez de estómago no me abandona, es como si hubiera salido a correr justo después de comer.

Decido mantener mis pulsaciones en zona 4 y trotar hasta donde llegue. Bueno, hasta donde llegue no: quiero llegar hasta Penny Lane y oír la famosa canción. Y decido que voy a hacerlo. Lo que no sabía es que todavía me faltaban 8 kilómetros penando parque arriba, parque abajo por Sefton Park. Me pasa el pacer de las 3:45. Me pasan españoles que me saludan por la camiseta del maratón de Madrid. Me pasa cualquiera que esté mínimamente entrenado. Voy a 6:30-6:40 por kilómetro dando pasitos de chinita cuando por fin salimos del parque buscando Penny Lane y me vengo arriba con el ambiente, con la música y, más que nada, al ser consciente de que por fin he podido llegar hasta allí. 

Es la última vez que sonreí. 

Volvemos a Sefton Park cruzándonos con los que todavía no han pasado por Penny Lane y veo que el pacer de las 4 horas me va a cazar más temprano que tarde. Pero ya no me queda otra que llegar hasta meta, estoy tan lejos del centro de la ciudad que mi única opción es seguir. Sigo arrastrando mis piernas y mis huesos por todo el trazado y antes del kilómetro 33, tras haber sido rebasado por el globo de las 4 horas, dejo de correr y empiezo a andar. No me duele nada, no estoy lesionado, no tengo las pulsaciones desbocadas. Simplemente estoy cansado y no quiero correr. Hacía años y años que no me sentía así. No sé cómo afrontar lo que me queda: 10 kilómetros que me parecen un mundo. De pronto me acuerdo del método Galloway, vamos, lo que siempre hemos llamado CaCo: caminar y correr. Decido que debo, que tengo que, andar 500 metros y correr otros 500 coincidiendo con los parciales del Polar (no hay carteles de kilómetros en el maratón de Liverpool, sólo de millas). En el 33 empiezo a correr pero no aguanto ni 450 metros. En el 34, lo consigo. En el 35 entramos en el precioso Otterspool Park y también lo consigo. Empiezo a encontrarme bien cada vez que dejo de andar y me pongo a correr. Tampoco es que corra como el viento, que cada kilómetro no baja de 8 minutos.

Desde el 36 a la meta seguiremos la orilla del Mersey. Hay salvavidas cada 100 metros, así que voy contándolos y cada vez que corro intento llegar más allá del quinto salvavidas. Ya me han adelantado también los del globo de 4:15. Y señoras entradas en carnes. Y abueletes. Ahora coincido más o menos con un mismo grupo de gente que está en el mismo estado que yo: cuando corro los dejo atrás, cuando camino me adelantan. Hay una señora que acompaña a otra y va cantando, feliz, con sus cascos puestos; un oriental pertrechado de ropa de marca (cara) de arriba a abajo, otro con pinta de nórdico con una camiseta que pone «where the f*chs is the finish line?» (yo también lo pienso), todos con la mente puesta en una meta que parece no llegar nunca. Sólo el río, el maldito río. Pero cada vez me siento con más fuerzas, ya corro 600-700 metros por kilómetro. Pasamos el kilómetro 38, el 39, el 40. Un fotógrafo oficial me hace fotos justo cuando me pongo a andar, maldita sea, también es mala suerte con lo fresco que debía parecer hace un momento. Kilómetro 41: empiezo a correr y ya no paro a mitad del kilómetro. Llego al kilómetro 42 por mi reloj, al 42,1… al 42,2… al 42,3… y por fin en el 42,4 llego a meta 4 horas, 22 minutos y 33 segundos después de haber pasado por la alfombrilla de salida.

Mi peor marca personal hasta la fecha.

¿Y sabéis qué?

Estoy muy orgulloso de ella.

A pesar de haber llegado en el vagón de cola. 

O quizás precisamente por eso.

Y van catorce.

XXXIII Media Maratón Ciudad de Zamora (2017)

Cartel
Cartel promocional XXXIII Media Maratón Zamora

He vuelto a correr. Tras nueve meses de ausencia me he puesto de nuevo un dorsal con la sana intención de competir. Y no ha podido ser en mejor lugar que en Zamora, en la media que hace dos años se me atragantó. No estaba en mi plan. De hecho, mi plan para correr el maratón de Liverpool no contempla ninguna competición, salvo el propio maratón de Liverpool. Así que hice mis deberes y ejecuté todo lo que me marcaba el plan para la semana (tirada larga incluida el día anterior a la carrera) y me puse en la salida el domingo para ejercitarme un poco a unos ritmos que el plan no me deja ni oler.

Como siempre en Zamora, una participación muy discreta (unos 700 participantes) pero con un día precioso de primavera en el que daba gusto correr. Repetimos el mismo circuito de los últimos años, que me parece perfecto: llano cuando sigue el Duero y duro cuando se adentra en la ciudad o se interna en Cabañales. Una sola vuelta, los kilómetros perfectamente medidos, agua en los kilómetros 5, 10, 15 y 20, además del avituallamiento final en meta (agua, aquarius, fruta, bollería). Todos los cruces y desvíos señalizados con conos amarillos y circuito completamente cerrado al tráfico con mucho curro de Policía Local y Protección Civil. Yo creo que hasta los ciclistas y andarines del carril bici de la Aldehuela fueron mucho más civilizados en esta edición. Carrera recomendable 100% y ayer, con el tiempo que nos acompañó y esta primavera adelantada, la ciudad estaba realmente hermosa. Ojalá esta carrera pueda crecer al ritmo de otras porque merece la pena, la verdad.

Mi carrera muy bien, de menos a más (mis kilómetros más rápidos fueron los dos últimos), acabando con mucha gasolina en el depósito, aunque con las piernas algo doloridas al no estar acostumbradas a tocar ritmos por debajo de los 5 min/km. Tiempo oficial 1:41:39 (neto, por mi reloj 1:41:28). Lejos de mis mejores tiempos pero acabando con muy buenas sensaciones. Si sigo así puedo volver al 1:36-1:37 en que me movía el año pasado.

Pros y contras de la carrera:

A favor:

  • Bolsa del corredor con productos de la tierra.
  • No te cobran extra por pagar con tarjeta por internet (eso sí, suben el precio de 12 a 18 euros si te inscribes a última hora… como yo).
  • Recogida de dorsal el mismo día de la carrera.
  • WC portátil en la salida exclusivo para chicas (obviamente no lo usé, pero me gustó el detalle).
  • El final en la ciudad deportiva.

En contra:

  • La camiseta es muy fea y la calidad no es la mejor.
  • El chip no es desechable y hay que entregarlo en meta.
  • La falta de una alfombrilla en línea de salida para calcular los tiempos netos (de alfombrillas intermedias ni hablamos).
  • En Cabañales no había control de tráfico en un par de cruces y algún conductor despistado pudo liarla a pesar de los conos.

II 15Kms. MetLife Madrid Activa (2016)

15kmetlife16
Cartel 15KM Madrid Activa 2016

A última hora del jueves de la semana pasada me apunté a esta carrera, a pesar de que ya no pensaba volver a competir hasta pasado el verano. Eran 15 kilómetros con un perfil muy asequible, pasando por lugares emblemáticos de mi ciudad y a un precio razonable (12 euros). El viernes trabajé mañana y tarde, así que estuve muy desconectado del mundo 2.0, por lo que el sábado por la mañana fue cuando me enteré por la cuenta de Instagram de «A mis Cuarenta y…» de que habían cambiado el recorrido y que ahora quedaba reducido a ir Castellana abajo, Castellana arriba y otra vez Castellana abajo en el tramo de Plaza de Castilla a Cibeles. O sea, el trazado más repetido y, por tanto, más aburrido de todas las carreras de Madrid. Parece ser que las fiestas del orgullo LGTBI (en mi época, el orgullo gay) tuvieron algo que ver con ello y el Ayuntamiento de Madrid decidió a última hora y unilateralmente que la carrera iba a ser por el «carreródromo» y únicamente por el «carreródromo». La polémica está explicada perfectamente en este artículo de Luis Blanco en Capital Radio.

El caso es que me fastidió mucho y a punto estuve de no recoger el dorsal ya que la organización se había comprometido a devolver el dinero a los inscritos que no quisieran participar. Pero la finalidad solidaria de la carrera, la investigación del TDAH, me hizo pensarlo dos veces y al final decidí participar muy a mi pesar. Pero afortunadamente tengo esta esquinita de Internet en la que al menos puedo desahogarme y mostrar mi enfado por este tipo de cosas, aunque no sirva para nada. 

Y ojo, que yo no digo que la manifestación LGTBI no sea algo digno de proteger, como tampoco digo que en tiempos de Gallardón una procesión no fuera un motivo importante, aparte de una genuina expresión de la libertad religiosa, como para cambiar el recorrido de un trofeo clásico. Pero en ambos casos a los corredores nos fastidiaron. Fastidio que se acrecienta cuando recuerdas que además de no correr por donde pensabas que lo harías, habías pagado por hacerlo. Cosa que no recuerdas haber hecho (pagar) cuando has acudido a una procesión o en tus tiempos te fuiste de marcha a la Fiesta del Orgullo (el que crea que allí solo se juntan gays es que no ha vivido nunca en Madrid: es una de las mayores fiestas del verano, a la que acude toda la juventud de Madrid sea homo, hetero o militar).
Una vez dicho esto, al turrón. Nunca había disputado una carrera de 15K, así que tampoco tenía referencias anteriores y tampoco me quise poner a buscar pasos por el km. 15 de otras carreras más largas (que como buen friki los guardo), así que acudí sin presiones de marcas. 

El nuevo trazado se podía dividir perfectamente en tres tramos: 5 kilómetros cuesta abajo, cinco cuesta arriba y cinco cuesta abajo otra vez. Así que decidí hacer el primer tercio al ritmo que me pidiera el cuerpo, el segundo tramo al tiempo que me marcara mi cabeza y el último tramo a todo lo que me quedara en las piernas.

Y eso fue lo que hice: 5 kilómetros a unos 4’45», 5 kms a unos 5’10» y 5 kms a 4’20» para acabar parando el crono en 1:10:35 (1:09:56 netos). Una marca discretita con la que me doy por contento por ser la época que es y prometo, ya sí, descansar de carreras hasta septiembre si Dios quiere y el Ayuntamiento lo permite.

IX Carrera Liberty (2016)

Cartel IX Carrera Liberty
Cartel IX Carrera Liberty

El pasado 22 de mayo volví de nuevo a correr la Carrera Liberty que este año cumplía su novena edición. Poco puedo aportar a lo que ya dije de ella en 2013, 2014 y 2015. Pero que la vuelva a correr, por cuarto año consecutivo, supongo que ya lo dice todo. No es una carrera fácil, pero quizá por eso me gusta más: los dos primeros kilómetros cuesta abajo corriendo fuerte para buscar un buen lugar, luego subir la Castellana a ritmo y sufrir en la cuesta de Concha Espina, recuperarse en Príncipe de Vergara e ir poco a poco metiendo velocidad para finalmente llegar a la última cuesta, la de Goya, entero y hacer un buen tiempo.

La estrategia, por tanto, como todos los años, estaba clara, pero la novedad es que en esta ocasión me acompañaría mi sobrino, de 17 años. A pesar del boom de las carreras populares, pocas son las que admiten la participación de menores. Algo entendible porque si ya es una mala publicidad para una carrera que mueran un par de participantes bragados en esto de correr, no me quiero imaginar qué pasaría si algún día le pasase algo a un menor. Pero sí es verdad que hay chicos que quieren participar. Algunos, como mi sobrino, sólo buscan divertirse, les gusta el ambiente de las carreras, que les den una camiseta y pasar una mañana haciendo deporte. Por eso siempre que me entero de que alguna de las carreras que estoy interesado en correr admite menores se lo digo y si nos viene bien a los dos, le apunto conmigo. Lo malo es que entre que yo tampoco estoy domingo sí y domingo también participando en carreras y que hay que tener en cuenta que la agenda de un chavalín de 17 años también tiene sus apreturas entre exámenes y ‘fiesta, fiesta’, pues no habíamos corrido juntos desde noviembre.

Su objetivo era bajar de 50 minutos porque habíamos corrido sobrados en Canillejas e hicimos 51:40. Pero yo sabía que podía apretarle un poco más. Durante la preparación del maratón me acompañó en alguna tirada larga de más de dos horas sin dar muestras de fatiga y aunque no entrena sé que sale a correr de cuando en cuando y que tiene mucho margen de mejora. Así que digamos que le llevé «con el gancho».

Nos situamos correctamente en la salida, entre los carteles del sub-45 y del sub-50 y aun así tuvimos que esquivar a muchísima gente los dos primeros kilómetros. También es verdad que le llevé algo rápido ese tramo, a una media de 4:15 min/km. En la Castellana nos relajamos un poco, pero aun así ningún kilómetro se nos fue por encima de 5 minutos. Tras el avituallamiento del km. 5 vimos a su padre, mi cuñado, animándonos. En la subida de Concha Espina pensé que lo perdía, pero tiró como un campeón, aunque me dijo que tenía algo de flato. Pensé que en Príncipe de Vergara se recuperaría, pero le vi sufrir y perdimos algunas posiciones porque no era plan de reventar, y aun así hicimos ese tramo a 4:35-4:40. Y ya en la cuesta final, en Goya, tuve que animarle mucho diciéndole lo poco que quedaba y lo bien que lo estaba haciendo para que no se me hundiera definitivamentes. Pero aguantó como un campeón y cruzamos la línea de meta en un tiempo neto de 46:54 que está muy pero que muy bien. Tan bien como que al día siguiente, cuando salieron las clasificaciones vimos que había obtenido el quinto puesto de su categoría, la Junior masculino. ¡Un crack, mi sobrino!

Si entrenase un poco en serio, podía estar haciendo unas marcas que yo ni siquiera podría soñar. Aun así, y estando las cosas como están, pienso que tiene el sub-45 en las piernas, y ése va a ser nuestro próximo objetivo si no para antes de que se meta el verano encima, para el próximo otoño.

EDP Rock’n’Roll Madrid Maratón 2016

Aunque a veces parecía que no iba a llegar nunca, por fin llegó el acontecimiento deportivo más importante de la temporada para mí: el maratón de Madrid. Antes de hablar de mi carrera quería comentar que parece que, por fin, este año la organización ha querido enmendar todos los errores y faltas de años anteriores y tanto la entrega de dorsales como la organización del ropero antes y después de la carrera ha sido modélica. El traslado al Ifema de la Feria del Corredor, en el Campo de las Naciones, creo que ha sido un acierto porque las antiguas instalaciones de la Casa de Campo era evidente que no podían absorber la cantidad de visitantes que acuden a la feria y aún más este año en el que estábamos inscritos casi 34.000 corredores entre las tres carreras. En definitiva, todo estaba bien organizado y eso se nota. El único ‘pero’ fue que faltaba una pantalla donde comprobar el dorsal en la feria. Pero tampoco me voy a quejar demasiado por eso. A mí me encanta que las cosas funcionen y esta vez todo funcionó a la perfección.

De la carrera sólo puedo decir que estoy contento con el resultado final, pero tambié que no cumplí con mi objetivo que era bajar de las tres horas y media y, de haber sido posible, hacer mejor marca personal. Y la culpa se la echo principalmente a dos factores. El primero, mi peso. Y en eso tengo que estar con Rafa, autor del blog maratonman que le da muchísima importancia a este factor. Y, efectivamente, no se puede hacer MMP pesando 74 kilos a escasos días de la carrera teniendo en cuenta que mido apenas 170 centímetros. Si haces la cuenta en cualquier calculadora de IMC verás que estoy en lo que llaman ‘sobrepeso’. Y el entrenamiento intenso de estos últimos cuatro meses no ha sido suficiente para quitarme esos kilos de más. Ni siquiera en aquellas semanas que he llegado a correr 80-90 kms. he bajado de peso significativamente. Está claro que tenía que haber complementado el esfuerzo con una dieta más rigurosa porque 4 kilos menos en la carrera de ayer me habrían ayudado mucho.

Y el segundo de los factores me vino impuesto por la organización que decidió incluirme en el Cajón 3 en la salida y de lo que no me di cuenta en la feria (allí podría haber solicitado un cambio de cajón) sino que lo vi al llegar a casa. No entiendo cómo teniendo una marca de 2:32:26 en esa carrera en 2014 (en 2015 no corrí la maratón) la organización no lo comprueba de oficio y en lugar de ello me asigna un cajón en el que estaba la gente que salía con los globos de 4:30 y de 4:15. Que no lo digo como algo peyorativo, sino como fastidio porque mi estrategia era pegarme como una lapa al globo de 3:30 y rodar a su rueda, a 5 minutos por kilómetro, hasta el momento de meter un cambio de ritmo en el último tramo para mejorar mis tiempos; y sencillamente eso se fue a la porra porque lo que tuve que hacer fue ir esquivando genta para tratar de adelantar a todos los globos que pudiera: el de 4:30, el de 4:15, el de 4:00 y hasta el de 3:45. Pero ya en la media maratón me di cuenta de que no iba a ser posible seguir dando caña al cuerpo sin pagarlo al final tan sólo por alcanzar un globo y no poder seguir su ritmo después por estar desfondado. Así que mi planteamiento varió para tratar de mantener el ritmo que llevaba, en torno a los 4:55-5 minutos por kilómetro.

Resultados
Resultados

Pero el daño ya estaba hecho y a partir del 25 los kilómetros caían cada vez más lentos. Al principio poco a poco, pero a partir del 35 el ritmo bajó considerablemente. En el 37, al paso por Atocha, ya tenía una buena pájara que se fue haciendo más y más grande hasta el 40, y no porque recuperara las fuerzas, sino porque desde ese punto hasta la meta el trazado picaba hacia abajo y casi podía bajar rodando. Los dos últimos kilómetros a volví a recuperar un ritmo de 5’30», eso sí, dando gracias, para acabar parando el reloj en un tiempo real de 3:33:13 (tiempo oficial: 3:37:37).

Otra vez será.

Ahora, a descansar un poco y decidir cuál será el próximo objetivo maratoniano porque con 13 maratones no me puedo retirar, y no es que sea supersticioso pero tendré que buscar al menos el 14, digo yo.