Corre y sé feliz

No hay duda de que cada cierto tiempo los corredores siempre volvemos a darle vueltas a los mismos temas. Temas tan tontos, por ejemplo, como que si yo soy runner, que si aquel no es runner, que si éste dice que a él le llames corredor porque para nada es runner, que si aquella otra es corredora pero tampoco se disgusta porque la llamen runner. Y así, con esto, junto a otros temas similares, tan tópicos y típicos como apasionadamente defendidos desde la trinchera por la que cada uno haya optado; solemos pasar algún tiempo entretenidos, incluso hasta ofendidos, dando bandazos de acá para allá, otorgando o quitando carnés de «buen corredor» dependiendo de cómo nos hayamos levantado por la mañana o de por dónde sople el viento a mediodía.

A mí a veces me pasa. Y no quiero.

Porque no, porque es perder el tiempo, porque es enredarse en lo accesorio para no disfrutar de lo principal que es el mero hecho de correr. De poder salir a correr. Y porque muchas veces, perdidos en la anécdota, no apreciamos la suerte que tenemos de que en ese preciso momento en que nos calzamos las zapatillas no nos duela nada. La suerte de estar y sentirnos vivos, de disfrutar de la maravilla de planeta que está ahí fuera, al alcance de nuestros pies y que se ofrece para que lo recorramos hasta donde lleguen nuestras fuerzas.

Correr por Barcelona, por Madrid, por Londres, por París, por Nueva York o por los campos de mi pueblo. Eso es lo que quiero hacer. Quiero salir de casa, doblar la primera esquina y correr, sentir el sol, el aire, el olor de las flores en primavera, secarme el sudor, notar (notarme) el corazón acomodando su trabajo a la fatiga. Y también quiero parar, acabar de correr y disfrutar de la ración extra de serotonina, de dopamina y de endorfinas que me regala mi cerebro sólo por eso, porque sí.

¿Y no has pensado que eso puede acabarse algún día? Yo sí. Echo la vista atrás y veo que hace veinte años empecé a correr, pero al volver la mirada hacia adelante tan sólo puedo ver mis pies aquí y ahora porque no sé dónde estaré dentro de otros veinte años, no sé si podré seguir corriendo o no, porque no sé si siquera si estaré.

Y entonces, ¿de qué me preocupo? ¿Qué más da si ése que se dice corredor, o aquel otro runner, corren el kilómetro por encima de cuatro minutos? ¿Qué más da si el de más allá habla en nombre de todos nosotros, los runners, cuando hace un año se fumaba dos paquetes diarios de tabaco y el único deporte que hacía era levantar cervezas en la barra del bar? ¿Qué más dan tantas cosas? ¿Qué más me da? ¿Qué más te da?… Si, como le dijeron a otro runner, a un blade runner: «todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia».

2 comentarios en “Corre y sé feliz

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