San Silvestre Alcalaína 2022

Llevo viviendo en Alcalá de Henares hará como diez años y, por una cosa o por otra, nunca había corrido su San Silvestre. Tampoco es que yo sea fan de las San Silvestres porque tan solo he corrido cuatro en Madrid y una en Zamora, cuando se corría dando vueltas al Eroski (en la que tengo el dudoso honor de haber quedado el último). Pero este año también me apetecía una carrera navideña. Podía haberme ido a la Jarama María de Villota en Nochebuena como el año pasado, pero me decidí por Alcalá más que nada porque tanto la carrera en sí, como la recogida del dorsal, me quedan al lado de casa y eso facilita mucho las cosas, sinceramente. Que sí, que en el caso de la Jarama-María de Villota el correr por el circuito del Jarama mola, pero recoger el dorsal en Mirasierra-Paco de Lucía no mola tanto, ni siquiera si vives en Madrid. Y es que en Alcalá, a pesar de ser una ciudad grande, las distancias son otras.

Volviendo a la San Silvestre Alcalaína hay que decir que no es una carrera barata precisamente: 16 euros en el primer tramo, al que no llegué a tiempo, por lo que tuve que pagar 19 euros a cambio de una camiseta, un cepillo de dientes y una carrera que dicen que es de 10 kilómetros pero que a todos nos midió unos 200 metros más. La vallecana, con todo su marketing cuesta 25 euros, por comparar.

El último día de 2022 amaneció soleado y perfecto para correr. Perfecto también que no hubiera que madrugar porque la salida era a las 11:30 (punto para la SanSil Alcalaína). Y lo mejor de correr en casa, la guinda del pastel, es coincidir con caras conocidas: Dieguito, del trabajo; Pedro, Rubén y Majano, del Olimpia; y algún otro más que estaba, pero que no vi.

Mucha aglomeración de gente en la salida. Según el listado que ha facilitado la organización éramos más de 1550 corredores (1700 inscritos, no se alcanzó el límite de 2000). Vale, que 1500 no son muchos… si sales de la Castellana en Madrid. Pero en una salida en Alcalá, embocada hacia la calle Mayor que no es precisamente la Gran Víal, créanme, 1500 personas provocan un embotellamiento importante. Yo tardé en atravesar el arco de salida más de minuto y medio desde el disparo. Y durante el primer kilómetro mantener el ritmo que quería me fue imposible. Pero es Alcalá, y es la San Silvestre y qué necesidad hay de ver lo negativo en todo.

El circuito es llano como la palma de la mano y se presta a correr rápido, tan sólo teniendo cuidado con los tramos de empedrado del centro histórico. Hubo un avituallamiento de agua en el kilómetro 5 y recuerdo también ver muchos coches parados porque por calles anchas solíamos correr por uno de los sentidos de circulación y teníamos a los coches atascados en el otro sentido. Pero los conductores respetuosos en general, alguno con cara de circunstancia y alguno/a un poco más alterado, pero bien. Con respecto a los puntos kilométricos estaban bien señalizados (aunque alguno no lo llegué a ver) y lo único el kilómetro final que estaba muy, muy alargado.

En meta agua, isotónico, un bollito y pa’casa. Agua en meta es bien (apúntate eso, Canillejas).

Mi carrera fue prácticamente idéntica a la del Trofeo José Cano, 47:46 de tiempo neto, unos 30 segundos peor (porque era más larga), pero algo mejor de ritmo real según mi reloj (4:39 frente a 4:42). Y la sensación final de no acabar tan machacado debido a la ausencia de cuestas. Tan bien acabé que al día siguiente me fui a hacer 17 kilómetros al Monte de los Cerros.

Para empezar bien el año.

Media Maratón Cervantina (2022)

Cartel Media Maratón Cervantina 2022

Han pasado siete años desde que corrí esta prueba por última vez. He releído un poco la crónica que escribí en aquella ocasión y, a pesar de haberla acabado tres minutos más lento, lo que dejé escrito en aquel entonces lo puedo suscribir hoy: muy satisfecho a nivel personal y muy contento con la organización de la carrera.

Esta edición ha supuesto el retorno de la Media Maratón Cervantina tras la pandemia. Si no estoy equivocado ha sido la edición número diez, tras la anulación de la carrera en 2020 (por motivos obvios) y 2021 (por la situación sanitaria y ausencia de vacunas). El caso es que se ha notado mucho, tengo la sensación, en cuanto a participación puesto que de entrada yo, que me suelo colocar al final del grupo en la salida, no tardé en llegar al arco de salida tanto como en ediciones anteriores y tampoco noté el típico tapón de otros años cuando el circuito se estrecha en el kilómetro 1. Repasando las clasificaciones en casa compruebo que el número total de finishers ha sido de 651 por lo que no creo que ni siquiera se hayan cubierto las mil plazas que suelen ofertarse todos los años.

En lo personal, carrera disputada de menos a más, de esas que hacen que vuelvas a casa con una sonrisa; y un día magnífico para correr después de una noche en la que había estado diluviando y que parecía anticipar una media maratón pasada por agua.

Pinceladas:

  • Que la carrera popular de 5K se celebre después de la media me sigue pareciendo un acierto.
  • La medalla finisher de madera quizá no es necesaria, pero es un recuerdo.
  • La bolsa del corredor más que correcta.
  • El precio sigue contenido (18 euros) para lo que se ve por ahí.

Colofón:

  • 29ª participación en una media maratón… 25º mejor tiempo (1:48:50 – 1:48:03 neto).

Y estoy contento…

Último pensamiento:

  • Sigo buscando un trail para debutar.

Qué raro todo esto

Llevo nueve días sin correr, sin hacer siquiera ejercicio, y no sé cuándo volveré a hacerlo. Los días se suceden, uno tras otro, la situación no mejora y sólo ir a trabajar, cuando toca, me hace cambiar de escenario. Y yo soy afortunado, vivo en una casa grande, con patio pequeño, pero al menos me da el aire, si quiero. Me he visto todas las películas nominadas a la última edición de los Oscars. Me he leído entera la Ley de Sociedades de Capital. Cocino. Aspiro. Friego. A Cristina le han aplicado un ERTE. Mateo está encantado en casa. A sus casi nueve años no sé cómo recordará esto de mayor. Me duelen las rodillas cuando subo escaleras, aunque me mantengo en el peso. He empezado a usar las videollamadas en el teléfono para ver a mi padre. Y eso que los nuestros están limpios de virus, tocamos madera. No tengo perro que poder pasear. Tampoco tengo mascarillas, tan sólo dos pares de guantes de vinilo que saqué del trabajo el último día que fui. Una compañera del trabajo está en el hospital, pero no sabemos más. Mi amigo Davide vive en el Veneto y ayer le mandé un mensaje: está bien; encerrado, pero bien. Como nosotros. Con un mundo vacío ahí fuera y secuestrados en casa por miedo a un pequeño bicho, tan pequeño que no se le puede ver. Como en una distopía absurda: un mundo de hombres sanos encerrados en casa por miedo a contagiarse de una enfermedad para la que no hay cura. De momento. Pero, ¿y después? ¿Qué pasará con la vacuna después? ¿Será efectiva? ¿Pasará como con la vacuna de la gripe que cada año vale para unas cepas pero no para otras? ¿Desarrollará distintas cepas? ¿Mutará? ¿Tendremos que pasarnos el resto de nuestra vida con mascarilla y guantes? El curso de Mateo casi lo doy por finalizado. El verano está a la vuelta de la esquina. No quiero que el bicho también nos robe el verano. En Wuhan llevan dos meses aislados y eso que ya no tienen contagios locales. Italia ha cumplido el primer mes sin colegio. ¿Y la gente de qué va a vivir? Madrid es el centro económico de España y es donde peor estamos. Donde el confinamiento se alargaría en el peor de los casos. ¿Y si no hay ingresos quién paga impuestos? Porque si no hay trabajo y nadie paga impuestos no hay, no puede haber, prestaciones que ayuden a toda la gente que se quede sin trabajo. No quiero seguir pensando, no quiero seguir escribiendo.

Malos tiempos para la lírica… a pesar de que ayer fuera el día mundial de la poesía.

Quedaos en casa.

2019

2019Como es ya tradicional en este blog (aunque este año se me ha demorado el tema un poquito), llega la entrada en la que evalúo un poco lo que ha sido el año que nos deja en términos deportivos. El 2018 fue un año horrible, como ya conté en la entrada correspondiente. Sin embargo, este 2019 me ha dejado con otro sabor de boca. Por fin. Mucho mejor.

Si nos vamos a participaciones en carreras, no hemos avanzado mucho: un 10K en Torrejón, la media de Azuqueca y el maratón de Valencia. Y ya. Las dos primeras en un estado de forma deplorable y la maratón, que ha sido la prueba con mayúsculas, la niña mimada del año. Tenía ganas de haber corrido al menos una carrera más: la media de Zamora, en marzo; pero no pude porque en esa fecha estuvimos de obras en casa. Pero, vamos, que una carrera más, una menos en un año con tres pruebas en el haber… no viene sino a reafirmas que de dorsalitis padezco poco.

Pero vamos a lo bueno. Este año 2019 he corrido más (1667 kilómetros, por 1023 en 2018), he corrido mejor (con la sensación de ir bastante más rápido) y he podido correr sin ninguna lesión, beneficiándome también de una importante bajada de peso durante la preparación del maratón. Y eso es lo más importante y lo que ha definido que este año haya sido en términos generales buenos: correr más, correr mejor y aun así no lesionarse. Quizá lo que todos o la mayoría de corredores populares deseamos.

Pero 2020 ya está aquí y además el principal objetivo del año también está perfectamente definido porque ya estoy inscrito: la maratón de Oporto el 8 de noviembre. Así que este año seguiré corriendo maratones y descubriendo nuevas ciudades que es una forma maravillosa de vivir. Volver a correr 42K en Madrid, por tanto (un año, un maratón) tendrá que seguir esperando. De momento sigue sin motivarme y mi última participación en 2016 tampoco está tan lejos. Llegará de nuevo el momento de correrla, supongo, pero todavía no.

Pero aún tengo muchos más propósitos para 2020, otra cosa es que luego se concreten: me gustaría volver a correr en Zamora; para mayo, un mes con buen tiempo en el que me apetece siempre correr, Azuqueca me sigue pareciendo una muy buena opción; también tengo ganas de un trail corto, no muy técnico para disfrutar corriendo por el campo; y, cómo no, volver a Canillejas, a Moratalaz… y a disfrutar de una Sansil pero que no sea Madrid… quizá Alcalá y con la camiseta del Gimasio Olimpia… ¿por qué no?

Feliz y Deportivo Año Olímpico 2020.

Maratón de Valencia 2019: la crítica

Probablemente, Valencia sea el maratón con mejor trayectoria de todos los que se organizan en España. Sin duda esa fue la razón de escogerlo: experimentar en primera persona si realmente, hoy día, es el mejor maratón que uno puede correr en este país y entender qué le ha pasado a esta carrera que no llegaba a los 7000 corredores en 2011 y que con toda seguridad llegará a 30 000 en 2020 (a día de hoy, tres semanas después de la carrera, quedan menos de 5000 dorsales).

Eso no es normal. Una carrera no tiene esa evolución por nada. Y vale, sí, admito que puede estar de moda correr Valencia, pero Valencia no es sólo una moda. Así que escribir simplemente sobre si me ha gustado o me ha dejado de gustar la carrera sería simplificar algo muy complejo. Pues claro que me ha gustado. Hay que estar muy ciego para no darse cuenda de que es un maratón de primera. Tiene circuito, organización, ciudad, clima y la meta más icónica que yo haya pisado jamás. Pero tiene más cosas: Valencia sabe como nadie exportar su producto, venderlo, y por eso en 2020 prescinde del 10K, porque ningún gran maratón necesita un sidekick, sino que brilla con luz propia. ¿Se le pueden poner algunos peros? Seguramente, sí, pequeños flecos siempre los hay y los va a seguir habiendo, pero también hay mucho trabajo detrás para que la experiencia global del corredor sea positiva y que esos pequeños fallos queden en un segundo plano, porque muchas veces no son culpa del propio maratón. He leído crónicas de otros corredores que este año han participado y alguno ha dicho que era difícil aparcar, pues sí; otro que no había muchos baños, yo vi un montón (otra cosa es en qué estado quedaron); otro que había falta de animación en ciertos tramos… tampoco es tan grave, si uno quiere aliviarse es más fácil cuando transitas por algún sitio con poca gente (es broma).

Pero más allá de esto, la organización es activa, da la sensación de que la gente que hay detrás no se duerme en los laureles y que quiere seguir mejorando año tras año. A mí me ha encantado. Y sinceramente opino que la Gold Label otorgada por la IAAF se le queda corta. Puedo equivocarme o no, pero creo que Valencia aspira aún a más y, puestos a soñar, si alguna vez Europa obtuviera un tercer Major después de Londres y Berlín, estoy totalmente convencido de que uno de los nombres que sonarían con más fuerza sería el del Maratón de Valencia. Ellos lo saben, nosotros también.

Salvador Sostres

El martes, una entrada en el blog Siempre Corriendo me puso en la pista: el columnista del diario El Mundo, Salvador Sostres, nos había dedicado un artículo titulado «Las Endorfinas» que puede resumirse en que la gente que corre para sentirse bien es «imbécil». Literal. Del latín imbecillis: alelado (lelo, tonto), falto de razón.

Hubo un tiempo que Sostres me enervaba. Sin ir más lejos aquel otro artículo que se menciona en la carta abierta de Siempre Corriendo, el que escribió hace dos años con motivo del fallecimiento de la atleta Teresa Farriol en una prueba de ultrafondo, me pareció más inhumano, más ruín, mucho más bajo y mucho más humillante para todos los corredores, porque no respetaba ni siquiera el dolor de una familia a pesar de ese «lamentar la trágica noticia, y acompañar en el sentimiento a los familiares». Que es como cuando alguien empieza una conversación con el típico «no te molestes con lo que te voy a decir»: sabes perfectamente que esa persona, a pesar del aviso, va a molestarte, y mucho.

Sin embargo, hoy, cualquier cosa que Sostres escriba me produce indiferencia, una indiferencia profunda, casi vital. Sostres está ahí, en El Mundo (como podía estar en El País, La Vanguardia o el ABC), y escribe lo que escribe precisamente por la polémica que crea, de la que él es plenamente consciente y sabedor de que el día en que deje de ser «Salvador Sostres» tendrá que ganarse la vida con el sudor de su frente (esto de las referencias a la Biblia parece gustarle mucho). Claro que, si yo fuera él, tal perspectiva tampoco me parecería demasiado halagüeña.

Por ello, hace tiempo Sostres dejó de ser persona para ser personaje. No importa tanto lo que él piense como lo que los demás piensen de él o de sus esputos literario-periodísticos, sobre todo si eso comporta que la gente compre periódicos o inunde de visitas su página web. Lo que Sostres representa, lamentablemente, para el periodismo del siglo XXI es lo mismo que Belén Esteban a la televisión de calidad: un ser esperpéntico, envuelto en la polémica para subir audiencias, para vender, y que provoca filias y fobias por igual. Aunque él, a propósito, fomente más las fobias que las filias y ella, la mi pobre, sólo busque el amor (=€€€) del pueblo cuando se le llena la boca de esa «España» (=la audiencia) que la mima y la golpea hasta el ridículo una y otra vez.

Sostres tiene más doblez, es más taimado, más ladino. Es un cizañero porque la controversia, en su faceta más hostil, está en su naturaleza; y es de tal calibre que conseguiría lo que parece imposible: hasta que Blancanieves y el Príncipe Encantador se divorciaran.

Probablemente Sostres no escriba lo que realmente piense, ni seguramente piense mucho lo que va a escribir. Sólo necesita provocar, encontrar el resorte que haga saltar al otro. Y en eso es un maestro. Si la vida sana está de moda, pontificará las virtudes del colesterol. Si la mala gestión de un Gobierno es un clamor, él definirá a sus miembros como insignes próceres de la patria. Si un banquero podrido de dinero muere, lo glorificará. Si un terremoto provoca una mortandad, dirá que la Naturaleza es sabia. Si el pueblo pide República, él nos aleccionará sobre la descendencia divina e incuestionable del Monarca. Y si las tornas cambian, mañana será capaz de defender lo contrario sin enrojecer.

Salvador Sostres
Salvador Sostres

Nunca jamás un personaje se acercó más a aquella estupenda frase atribuída a Groucho: «estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros».

Solo que el más fascinante de los hermanos Marx, querido amigo Sostres, hacía reír.

Atentamente,

Uno de esos imbéciles que corre para sentirse bien.

 

 

Nike+ Sportwatch

Pues sí, lo admito, hasta hace una semana no tenía reloj GPS. No es que no me llamaran la atención o no me gustaran, simplemente no necesitaba uno. Como he contado en alguna otra ocasión, cuando empecé a correr no existían y me apañaba con un cronómetro Casio que me compré y que todavía me acompaña. Después vino el invento de los teléfonos «inteligentes» y eso colmó todas mis expectativas: cronómetro, gps y mp3 a la vez.

Pero el Maratón de Nueva York ha supuesto una nueva necesidad que mi Casio, el pobre, no iba a resolver: el recorrido sólo está marcado en kilómetros de cinco en cinco, por lo que iba quedarme sin referencias de media hora en media hora (más o menos). Demasiado para mí. Así que yo como los japoneses, que dicen que tienen la misma grafía tanto para «problema» como para «oportunidad», por lo que yo he tratado de convertir mi «problema» en eso: la oportunidad de hacerme con un reloj GPS. 😉

Al principio no sabía cuál adquirir… o a lo mejor sí. Ese Garmin Forerunner 620 tiene pinta de ser una preciosidad y una mala bestia en cuestión de prestaciones, pero se me iba mucho de presupuesto en un momento en el que ir a Nueva York por sí solo ya es un desembolso considerable. Así que pensé en el hermano menor, el Forerunner 220, pero no lo vi en ningún sitio por menos de 200 euros. No es mal precio, pero podía ser mejor. Y ya estaba casi decidido a comprarlo cuando el Nike+ se cruzó en mi camino. Don Pablo es el orgulloso poseedor de uno y estéticamente me gustaba mucho (el Nike+ Sportwatch, no Don Pablo), así que indagué un poco sobre él y, teóricamente, «daba el perfil». Podía equipararse en prestaciones a un Forerunner (eso sí, el 10, el baratico) pero estéticamente es mucho más bonito y además utiliza la web de Nike que yo había utilizado (y me gustaba bastante) durante muchísimo tiempo pues tuve el famoso sensor de las zapatillas aquel que se emparejaba con el iPod y calculaba sin GPS la distancia al correr.

El caso es que me metí en la tienda online de Nike y estaba de oferta a 119€, y como aparte conseguí un código promocional de descuento del 10%, se me quedaba finalmente en 107€ puesto en casa. Así que: «bye, bye Forerunner, hello Sportwatch

Esta semana lo he estado probando y parece que va fenomenal. Eso sí, es muy sencillo. Yo en grande le he puesto la distancia (le puedes programar también para que pite en cada kilómetro) y en chiquitito el ritmo promedio (o la velocidad, si lo prefieres), aunque también puedes alternar con los botones laterales entre ritmo actual (o velocidad instantánea), tiempo, calorías, reloj…

Necesita un pequeño programa llamado Nike+ Connect para interactuar con el ordenador (Mac o PC) y conectarlo por USB (el conector está en la correa del reloj). Es conveniente emparejarlo frecuentemente con la computadora no sólo para volcar los entrenos a la web (no lo hace vía wifi ni bluetooth ni nada de eso) sino para que precargue la posición de los satélites y tarde poquito en conectar cuando sales a entrenar. También el Nike+ Connect te permite personaliza un poco las pantallas, así como programar un pequeño entrenamiento de fartlek, poco más.

La precisión de la medida es más o menos la misma que las apps de los móviles, que suelen marcar más distancia de la que realmente corres. Supongo que eso es consustancial al margen de error de la tecnología GPS y hay que aguantarse.

Lo que echo de menos es la música y las indicaciones de voz de las apps móviles. De hecho tendré que comprarme un reproductor mp3 chiquitito para correr porque ¿no sería una buena idea, para los fabricantes de chismes de estos, meterle un par de gigas de memoria, un minijack para unos cascos y un reproductor musical y convertirlos en un GPS/mp3? Ahí lo dejo.

Nike+ Sportwatch
Nike+ Sportwatch

¡Ah! Se me olvidaba: cada vez que terminas un entreno siempre muestra un mensaje de ánimo o una frase de motivación en pantalla. Una tontería, pero hace ilusión. Como la pegatina que protege la pantalla cuando lo sacas de la caja y que pone: «¿Corremos hoy?». Puro marketing, pero me gusta.

En conclusión, un GPS básico pero a muy buen precio, muy bonito estéticamente y con el respaldo de la marca Nike y de su web (allí se cargan los mapas, los tiempos parciales y un montón de detalles más). Útil para quien necesite poco más que medir que ritmo y distancia. Si buscas programación de entrenos complejos, seguimiento de rutas, multideporte o similares; evidentemente, este no es tu producto.

Joma Titanium XV

Cuando acabé la maratón de Madrid y empecé a pensar en la siguiente cita maratoniana de noviembre llegué a la conclusión de que debía jubilar mis Adidas Supernova Glide 5 con las que hice toda la preparación de Madrid. Lo normal es que su lugar lo hubieran ocupado las Adidas Supernova Glide 6 Boost con las que corrí el día del maratón y haber comprado otras del mismo estilo para domarlas y correr el NYC Marathon con ellas. Pero el dinero manda y las Glide 6 Boost me dejaron tan buenas sensaciones que decidí que repetiría con ellas en NY y que me haría con un par de zapas de gama media para el grueso de los rodajes de la preparación. Las elegidas fueron, por 49 euros, las Joma Titanium XV. Y ahora, cuando llevo ya más de 200 kms. con ellas, creo que ha llegado el momento de contar mis impresiones.

Básicamente, según la web zapatillasdeatletismo (porque la web oficial de Joma es un desastre), las Joma Titanium tienen como público objetivo a los corredores de pisada neutra, peso hasta 85 kilos y sirven para entrenamientos regulares y ritmos lentos. En la tienda mi número habitual de pie me pareció muy holgado y me dio la sensación de que la zapatilla me bailaba, por lo que elegí finalmente un número menos. Me sorprendió que recién llegadas a casa las pesara y fueran unos gramos más ligeras que mis Glide Boost (quizá influyera que las Adidas tuvieran ya casi 100 kms. encima). Y estéticamente me parecen bastante bonitas, aunque el que los materiales vayan cosidos en vez de termosellados puede que haga que parezca menos «moderna» que los modelos que últimamente salen de las grandes multinacionales.

Durante estos tres meses apenas han pisado algo que no sea asfalto (salvo aquella subida al volcán entre rocas volcánicas que hice en Lanzarote junto a Antonio en julio), y su aspecto es impecable, no aprecio signos de deterioro… y en la suela donde menos.

En cuanto al uso sí que puedo decir que no me han enamorado. Desde el primer momento, al calzártelas, notas como una dureza, como si tuvieran ya una forma de pie… pero que no es tu pie. No es como otros modelos (mis Glide, por ejemplo) que al ponerlas por vez primera es como si caminases entre nubes. En los primeros rodajes por encima de diez kilómetros, con calcetín fino, me acabaron rozando los dedos meñiques de los pies. También acababa los entrenos con algunos dolores en los aquiles, pero los achaqué a la falta de entrenamiento (agujetas).

Hoy, tres meses después, la sensación es que la zapatilla se ha domado, aunque siguen pareciéndome muy duras, pero las molestias en los aquiles persisten (no dolor: molestias), por lo que o son las zapatillas en sí, o una mala elección de talla (a lo mejor ese número de menos) porque se supone que tienen cámara de aire en el talón, vamos, que amortiguan bien. Eso sí, son muy estables, no recuerdo ninguna ocasión en la que el tobillo me haya «bailado» y eso que yo soy propenso a ello (torpe) en cuanto entro en contacto con una superficie que no sea lisa.

Concluyendo, a pesar de que no me arrepiento de mi compra, sí considero que hay una diferencia importante entre un buen modelo de Adidas (mi marca preferida) y estas Joma: materiales, tecnología, confort… Como experiencia me ha resultado interesante, pero probablemente no repita con la marca… o vuelva a intentarlo si Joma decide fabricar algún modelo que, aunque sea un poco más caro, pueda competir de tú a tú con Adidas, Asics, Mizuno, etc. Porque nada me gustaría más que fuera una zapatilla de una marca española la que eligiéramos la mayoría de españoles que practicamos este deporte (y somos muchos), pero para eso a la marca toledana aún le falta, en mi opinión, un salto de calidad.

Joma Titanium XV
Joma Titanium (estado actual)

El Runner Low Cost

Por los tiempos que vivimos, parece que asociemos low-cost a productos o servicios de baja calidad. Lo barato sale caro, decía siempre mi madre. Así que cierto desprestigio hay en eso del bajo coste. Yo, como runner, ya debo ser un producto low-cost: nunca he bajado de 40 minutos en 10 kilómetros, ni de 1 hora 30 en la media maratón y ni por equivocación me he aproximado a las 3 horas en la distancia mágica del maratón. Sin embargo siempre me han gustado las marcas de renombre y siempre me he declarado fan de Adidas, a pesar de mi penitente paso por la marca del swoosh por aquello del sensor de Nike que sólo se podía poner en sus zapatillas. Últimamente he redescubierto Karhu y mi nostalgia de los años 80 ha hecho el resto: chubasquero, Fulcrum Star… Pero  (siempre hay un pero). Stuart Mill, decía que el hombre es un homo economicus y yo digo que es verdad, que lo soy y me considero como tal. Ya desde mi etapa londinense, cuando era capaz de visitar hasta tres supermercados en la misma tarde para comprar los ingredientes de la cena buscando la óptima, a mi entender, relación calidad-precio. El folleto del Lidl es mi biblia y además fue ahí donde empecé a comprar mis primeros artículos runner low-cost: camisetas de compresión, mallas… después continué mi expansión al Primark donde encontré las mejores camisetas térmicas base layer.

Adidas Supernova Glide Boost 6
Adidas Supernova Glide Boost 6

Y, finalmente, ha llegado el momento de planificar, homoeconómicamente, el maratón de otoño. Mis Glide 5 se han metido más de 1.100 kms en un año entre suela y upper, incluida una preparación para el maratón, y a pesar de no haber debutado en la distancia de los 42 kms me veo obligado a rebajarlas del servicio activo y pasarlas a la reserva en Zamora. Las Glide 6 Boost se quedaban como mis únicas zapas operativas, así que lo primero que pensé fue en utilizarlas como zapas de entreno y comprar unas Karhu Flow3 trainer por internet. Pero el hecho de no poder probarlas (no he conseguido averiguar si existen tiendas donde las tengan físicamente sin tener que viajar a Helsinki) y, sobre todo, que fueran unas zapas mixtas y muy ligeras las aproximaban demasiado al concepto que tengo de las Glide 6 Boost que debo decir me han encantado como zapatillas para maratones: ligeras, estilizadas, estables, para nada duras y… ¡muy bonitas! Estoy enamorado de ellas. ¡Y no quería dos pares de zapas ligeras! Quería unas zapas para hacerles kilometradas, unas zapas de batalla, zapas de infantería, zapas pisahormigas. Y me acordé de una marca española y nada cara: Joma. Joma ha existido siempre. En mi época de adolescente estaban las J’hayber, las Yumas, las Kelme y las Joma. Y nunca había tenido unas.

Joma Titanium XV
Joma Titanium XV (fuente: Sprinter.es)

Después de investigar un rato largo porque la página oficial es un caos y distribuidores tampoco es que haya muchos, descubrí tres modelos que se podían ajustar a lo que andaba buscando: las Carrera, las Hispalis y las Titanium. Todas son zapatones ideales para darles tralla, quizá las Carrera hubieran sido las más cercanas a mi constitución, pisada y ritmos, pero no pienso ir a buscar un par al quinto pimiento, así que me decidí por las Titanium XV que estaban a la venta en el Sprinter al lado de casa. Quizá sean para corredores con más peso que yo, pero tampoco he notado que sean una barbaridad de pesadas.

Y mi homo economicus está encantado porque me han costado 40 euros.

PD: Ojo, la empresa es española pero en las zapas pone Made In China y no Made In Toledo.