XLII Trofeo José Cano – Canillejas (2022)

Después de cinco años (pandemia de por medio) he vuelto a correr en casa, en la carrera de mi barrio, la que más veces me ha visto en su línea de salida (11 participaciones desde 2001, si no llevo mal la cuenta). Tiempo suficiente para comprobar si algo ha cambiado o todo continúa tal y como lo dejé en 2017.

A grandes rasgos, todo sigue igual. El circuito es el mismo, el precio es el mismo (13 euros, aunque los gastos de gestión han bajado a 0,60 euros), los kilómetros siguen igual de bien marcados, la bolsa del corredor es prácticamente idéntica y la falta de agua en meta también. La camiseta me ha gustado más, eso sí. De hecho, mucha gente compite con ella puesta.

La participación compruebo que sigue bajando. En mi última participación entramos en meta 2384 corredores y en esta edición el número de finishers según sportmaniacs.com es de tan solo 1452 atletas. Eso son 900 personas menos en cinco años. Imagino que algo tendrá que ver el pinchazo de la burbuja del running que tanto se comenta. El caso es que en la salida se notaba la menor participación: había hueco suficiente para todos y se podía llevar un buen ritmo desde el inicio, sin las apreturas de hace años. Me alegro por mí, que no me gusta sentirme atrapado en una marea humana, pero no tanto por los organizadores.

Quizá este descenso continuo de participación sea la causa de que este año también se haya celebrado un 5K, aunque apenas ha atraído a 250 corredores. De todas maneras, queda claro que no es por un afán de conseguir una foto de la salida con más gente a toda costa que el organizador vaya buscando, porque si no no se entendaría que esos 250 participantes salieran 40 minutos antes del 10K y desde el kilómetro 5, no desde la salida.

Por mi parte espero y deseo que la carrera popular de Canillejas nos dure muchos años a los sanblaseños (aunque diga La Razón que somos sanblasinos) y canillejeros porque es una carrera de larga tradición, muy bonita, con la dificultad que entraña su paso por el parque de Arcentales, que hay que saber gestionar y que es parte de su encanto, y con tres kilómetros finales que son una auténtica locura (fantasía, dicen ahora… en plan), picando siempre para abajo, en los que se puede meter una, dos y hasta tres marchas más.

El día nos acompañó con un sol radiante y mi carrera fue prácticamente idéntica a la de 2017 (47:25 de tiempo oficial frente a 47:30 de hace cinco años). Podía haberme esforzado más, pero los gemelos me avisaron en los últimos kilómetros para que no hiciera tonterías y hay que oír al cuerpo. Aun así, estar corriendo durante 10.000 metros por debajo de 4:45, con más de 73 kilos y midiendo lo mismo que Leo Messi (pero con 18 años más que él), me ha sabido a gloria.

Muy dabuti, recomendable. Repetiré.

IX Madrid Corre por Madrid (2017)

Madrid corre por Madrid
Cartel «Madrid corre por Madrid»

El domingo 17 de septiembre debuté en la «Madrid corre por Madrid«. Madrid tiene muchas carreras y todas ofrecen prácticamente lo mismo y al mismo precio (o muy parecido): una camiseta y un dorsal. Es preciso ser selectivo. Y yo ya no estoy dispuesto a correr dando vueltas a la Castellana, porque no, porque me aburre y porque me parece que es tirar el dinero en algo, correr, que puedo hacer en el parque al lado de mi casa a la hora que quiera, el día que quiera y, seguramente, por mejor circuito. Evidentemente, ahora compito mucho menos.

Así que el único motivo por el que elegimos esta carrera fue el recorrido: pasa prácticamente por todos los puntos de interés de la ciudad. Así que si no sale una buena marca al menos te has pegado una buena carrerita por Madrid viendo la Cibeles, la Puerta de Alcalá, Sol, la Gran Vía o el Palacio Real. Del resto, lo esperado: retirada del dorsal en una feria del corredor, camiseta bastante fea este año (apreciación puramente subjetiva), dorsal-chip y una bolsa de tela. Al menos el avituallamiento del final consistió en algo más que una simple botella de agua (punto positivo para la organización). El recorrido monumental, como se preveía, una temperatura perfecta y, eso sí, bastante participación por lo que conviene ponerse en el cajón de delante si pretendes hacer marca.

Mis expectativas no pasaban por MMP, así que me puse en el último cajón para salir con mi mujer y después del primer kilómetro, que me tomaría como calentamiento, trataría de ver si podía mantener un ritmo por debajo de 5’/km (mis últimos entrenamientos tampoco  eran, ni son, como para echar cohetes).

Y básicamente, eso hice. El recorrido tiene mucho tobogán y los fui aguantando más o menos bien hasta el kilómetro 7 (subida de la calle Mayor hasta llegar a la altura de la Pza. Mayor que se me atragantó un poquito) y de ahí hasta el final dosificando para no fundirme en los últimos 800 metros que son de subida por el Pº del Prado. Tiempo neto al final 0:50:20 al que creo que podía haber arañado unos segundillos de no haberme tomado el primer kilómetro con tanta tranquilidad.

De todas formas estoy contento con mi marca. Para lo que entreno, mi peso y mi edad, sigo ahí en los 50 minutos, resistiendo como un campeón. 🙂

 

II 15Kms. MetLife Madrid Activa (2016)

15kmetlife16
Cartel 15KM Madrid Activa 2016

A última hora del jueves de la semana pasada me apunté a esta carrera, a pesar de que ya no pensaba volver a competir hasta pasado el verano. Eran 15 kilómetros con un perfil muy asequible, pasando por lugares emblemáticos de mi ciudad y a un precio razonable (12 euros). El viernes trabajé mañana y tarde, así que estuve muy desconectado del mundo 2.0, por lo que el sábado por la mañana fue cuando me enteré por la cuenta de Instagram de «A mis Cuarenta y…» de que habían cambiado el recorrido y que ahora quedaba reducido a ir Castellana abajo, Castellana arriba y otra vez Castellana abajo en el tramo de Plaza de Castilla a Cibeles. O sea, el trazado más repetido y, por tanto, más aburrido de todas las carreras de Madrid. Parece ser que las fiestas del orgullo LGTBI (en mi época, el orgullo gay) tuvieron algo que ver con ello y el Ayuntamiento de Madrid decidió a última hora y unilateralmente que la carrera iba a ser por el «carreródromo» y únicamente por el «carreródromo». La polémica está explicada perfectamente en este artículo de Luis Blanco en Capital Radio.

El caso es que me fastidió mucho y a punto estuve de no recoger el dorsal ya que la organización se había comprometido a devolver el dinero a los inscritos que no quisieran participar. Pero la finalidad solidaria de la carrera, la investigación del TDAH, me hizo pensarlo dos veces y al final decidí participar muy a mi pesar. Pero afortunadamente tengo esta esquinita de Internet en la que al menos puedo desahogarme y mostrar mi enfado por este tipo de cosas, aunque no sirva para nada. 

Y ojo, que yo no digo que la manifestación LGTBI no sea algo digno de proteger, como tampoco digo que en tiempos de Gallardón una procesión no fuera un motivo importante, aparte de una genuina expresión de la libertad religiosa, como para cambiar el recorrido de un trofeo clásico. Pero en ambos casos a los corredores nos fastidiaron. Fastidio que se acrecienta cuando recuerdas que además de no correr por donde pensabas que lo harías, habías pagado por hacerlo. Cosa que no recuerdas haber hecho (pagar) cuando has acudido a una procesión o en tus tiempos te fuiste de marcha a la Fiesta del Orgullo (el que crea que allí solo se juntan gays es que no ha vivido nunca en Madrid: es una de las mayores fiestas del verano, a la que acude toda la juventud de Madrid sea homo, hetero o militar).
Una vez dicho esto, al turrón. Nunca había disputado una carrera de 15K, así que tampoco tenía referencias anteriores y tampoco me quise poner a buscar pasos por el km. 15 de otras carreras más largas (que como buen friki los guardo), así que acudí sin presiones de marcas. 

El nuevo trazado se podía dividir perfectamente en tres tramos: 5 kilómetros cuesta abajo, cinco cuesta arriba y cinco cuesta abajo otra vez. Así que decidí hacer el primer tercio al ritmo que me pidiera el cuerpo, el segundo tramo al tiempo que me marcara mi cabeza y el último tramo a todo lo que me quedara en las piernas.

Y eso fue lo que hice: 5 kilómetros a unos 4’45», 5 kms a unos 5’10» y 5 kms a 4’20» para acabar parando el crono en 1:10:35 (1:09:56 netos). Una marca discretita con la que me doy por contento por ser la época que es y prometo, ya sí, descansar de carreras hasta septiembre si Dios quiere y el Ayuntamiento lo permite.

IX Carrera Liberty (2016)

Cartel IX Carrera Liberty
Cartel IX Carrera Liberty

El pasado 22 de mayo volví de nuevo a correr la Carrera Liberty que este año cumplía su novena edición. Poco puedo aportar a lo que ya dije de ella en 2013, 2014 y 2015. Pero que la vuelva a correr, por cuarto año consecutivo, supongo que ya lo dice todo. No es una carrera fácil, pero quizá por eso me gusta más: los dos primeros kilómetros cuesta abajo corriendo fuerte para buscar un buen lugar, luego subir la Castellana a ritmo y sufrir en la cuesta de Concha Espina, recuperarse en Príncipe de Vergara e ir poco a poco metiendo velocidad para finalmente llegar a la última cuesta, la de Goya, entero y hacer un buen tiempo.

La estrategia, por tanto, como todos los años, estaba clara, pero la novedad es que en esta ocasión me acompañaría mi sobrino, de 17 años. A pesar del boom de las carreras populares, pocas son las que admiten la participación de menores. Algo entendible porque si ya es una mala publicidad para una carrera que mueran un par de participantes bragados en esto de correr, no me quiero imaginar qué pasaría si algún día le pasase algo a un menor. Pero sí es verdad que hay chicos que quieren participar. Algunos, como mi sobrino, sólo buscan divertirse, les gusta el ambiente de las carreras, que les den una camiseta y pasar una mañana haciendo deporte. Por eso siempre que me entero de que alguna de las carreras que estoy interesado en correr admite menores se lo digo y si nos viene bien a los dos, le apunto conmigo. Lo malo es que entre que yo tampoco estoy domingo sí y domingo también participando en carreras y que hay que tener en cuenta que la agenda de un chavalín de 17 años también tiene sus apreturas entre exámenes y ‘fiesta, fiesta’, pues no habíamos corrido juntos desde noviembre.

Su objetivo era bajar de 50 minutos porque habíamos corrido sobrados en Canillejas e hicimos 51:40. Pero yo sabía que podía apretarle un poco más. Durante la preparación del maratón me acompañó en alguna tirada larga de más de dos horas sin dar muestras de fatiga y aunque no entrena sé que sale a correr de cuando en cuando y que tiene mucho margen de mejora. Así que digamos que le llevé «con el gancho».

Nos situamos correctamente en la salida, entre los carteles del sub-45 y del sub-50 y aun así tuvimos que esquivar a muchísima gente los dos primeros kilómetros. También es verdad que le llevé algo rápido ese tramo, a una media de 4:15 min/km. En la Castellana nos relajamos un poco, pero aun así ningún kilómetro se nos fue por encima de 5 minutos. Tras el avituallamiento del km. 5 vimos a su padre, mi cuñado, animándonos. En la subida de Concha Espina pensé que lo perdía, pero tiró como un campeón, aunque me dijo que tenía algo de flato. Pensé que en Príncipe de Vergara se recuperaría, pero le vi sufrir y perdimos algunas posiciones porque no era plan de reventar, y aun así hicimos ese tramo a 4:35-4:40. Y ya en la cuesta final, en Goya, tuve que animarle mucho diciéndole lo poco que quedaba y lo bien que lo estaba haciendo para que no se me hundiera definitivamentes. Pero aguantó como un campeón y cruzamos la línea de meta en un tiempo neto de 46:54 que está muy pero que muy bien. Tan bien como que al día siguiente, cuando salieron las clasificaciones vimos que había obtenido el quinto puesto de su categoría, la Junior masculino. ¡Un crack, mi sobrino!

Si entrenase un poco en serio, podía estar haciendo unas marcas que yo ni siquiera podría soñar. Aun así, y estando las cosas como están, pienso que tiene el sub-45 en las piernas, y ése va a ser nuestro próximo objetivo si no para antes de que se meta el verano encima, para el próximo otoño.

11ª Media Maratón de Latina (2016)

Cartel 11 media maratón Latina
Cartel 11 media maratón Latina

Mi plan de maratón, raro donde los haya, sólo incluía una competición previa a los 42K: un medio maratón al final de la octava semana de entrenamiento. Pues bien, esa competición tenía que ser hoy, día 28 de febrero, y la única media maratón, por tanto, la Media de Latina.

He de decir que nunca la había corrido, y eso también tengo que agradecérselo a mi plan de maratón, porque me ha dado la posibilidad de conocerla y he de reconocer que he quedado muy satisfecho de la carrera. Pero repito que para mí es difícil no quedar satisfecho de una carrera que transcurre durante 9 kilómetros por la Casa de Campo.

El caso es que tenía el tiempo justo para competir y la cosa tenía que ser: llegar, correr y extraerse de allí cuanto antes (aunque sin la obligación de ganar la carrera, thank God ;)). Pues bien, la organización me ha sorprendido gratamente: recogida de dorsal el mismo día (casi, casi hasta el pistoletazo de salida) -ideal para los que venimos del pueblo- y la posibilidad de aparcar en el parking del Centro Comercial Plaza de Aluche sin necesidad de andar dando vueltas y vueltas para encontrar un hueco y dejar el coche. Un diez. Además, hoy con el «pelete» que hacía, se agradeció el cobijo del centro comercial.

Así que recogí el dorsal (sin colas), dejé las cosas en el buga, busqué un baño para una última visita y al salir ya había un miembro de la organización gritando que quedaban diez minutos y que fuéramos a la salida, que estaba, poco más o menos, a cien metros de allí.

Por una vez en la vida creo que me situé bien en la salida y a pesar de que los participantes se cuentan por miles, y de los apretujones del principio, no perdí mucho tiempo hasta empezar a correr.

En seguida alcancé al «globo» de 1:40 y me puse a su lado. Corriendo junto a él me di cuenta del coñazo que supone ser liebre. El chaval iba a ritmos cercanos a 4:30, imagino que porque el trazado era favorable en esa zona y para tener un «colchón» para las cuestas que estaban por venir. Pues no dejaba de oír a otros corredores cuchichear que si la liebre, que si por qué iba tan deprisa, que si iba a petar, que si iba a hacer petar a los que la seguían. Spain is different. Así que llegado al kilómetro 5 me puse por delante para buscar mi carrera, sin referencias.

La primera parte del recorrido es muy urbano, muy asfaltero y plagado de toboganes. Cuestas arriba y cuestas abajo que van desgastando las piernas. Y el peor tramo del recorrido, para mí, fue del kilómetro 8 al nueve, en el que hay que «escalar» una cuestarraca para entrar en la Casa de Campo que me dejó muy tocado.

El recorrido por la zona verde fue muy agradable, aunque se me hizo algo largo. En principio pensaba que serían cuatro o cinco kilómetros (¿se nota que no había estudiado el recorrido oficial?) que a la postre fueron exactamente nueve. Por cierto, chapó para la señalización kilométrica (carteles grandes, visibles, y bien puestos -aunque se me pasaron un par de ellos-).

La salida de la Casa de Campo, por la cuesta que llaman de AISA, contrariamente a lo esperado se me dio muy bien y salvo los últimos 50 metros, justo hasta el cartel del kilómero 18, tiene una pendiente muy llevadera. De ahí otra cuesta abajo de unos 500 metros y luego ya todo en subida tendida hasta la meta. Al comienzo de la cuesta, antes de llegar al kilómetro 19, está el último avituallamiento (los hubo en el 5, el 10 y el 15 -con agua e isotónicos-). Me pareció un acierto porque un avituallamiento en el 20, al menos para mí, ya no tiene sentido pues vas pensando sólo en la meta.

A falta de 500 metros miré el crono y calculé que terminaría sobre 1:37, más o menos. Y en recta de meta vi que si aceleraba bajaba un poco de ese tiempo. Así que me tocó dar un pequeño sprint para entrar sobre 1:36:56 (neto 1:36:20).

Pasada la meta, en el interior de la pista de atletismo del Polideportivo de Aluche, dispusieron la entrega de la bolsa del corredor, sin esperas, con su camiseta de rigor (no de mucha calidad, pero sin mangas, ideal para el veranito). Y sin perder tiempo me fui a buscar el coche para salir del aparcamiento del Centro Comercial antes de que llegara el mogollón y se formasen atascos.

En definitiva, una carrera muy bien organizada de la que muchos deberían aprender, por un precio bastante ajustado (13 euros, 14 online) y con un recorrido que es todo un desafío por su dureza (me pareció hasta más duro que los 21K de las Vía Verde de Arganda), pero ideal para los que estamos preparando el maratón de Madrid, precisamente por eso.

Con la carrera de hoy doy por terminada mi temporada competitiva hasta el día del maratón (salvo excepciones) y ya sólo me centraré en afinar los entrenamientos para poder acabarlo sin sufrir.

La Cuarta Parte

La cuarta parte
La Cuarta Parte

Si eres tan viejo como yo, te recordarás muchas mañanas de sábado tirado en el sofá viendo “La Bola de Cristal”, aquel programa de Lolo Rico que consiguió reunir a pequeños y grandes junto a la tele para ver brujas, hadas, electroduendes, personajes de “la movida”, viejas series en blanco y negro y a Javier Gurruchaga, el cuarto hombre, conduciendo precisamente, “La Cuarta Parte”. Pero no voy a hablar de televisión, ni de nostalgias, y el título de este post no quiere decir nada más que lo que expresa: que el domingo pasado acabé las primeras cuatro semanas de las dieciséis del plan para la maratón de Madrid, es decir, la cuarta parte.

No sé vosotros, pero yo debo ser un apasionado de las fracciones (o los quebrados, como queráis) y cada vez que me toca salir a recorrer una kilometrada siempre voy haciendo cálculos del tipo, ya llevo corrido un cuarto, o un tercio, o dos tercios, o tres quintos o cuatro novenos. Supongo que en tiradas de más de 20 kilómetros hay mucho tiempo que rellenar y el cerebro tendrá que entretenerse en algo, el pobre. Tampoco llevo toda la vida así, no soy tan freak. Fraccionando mi vida, digo. Eso se lo dejo al protagonista de “About a Boy”, la novela de Nick Hornby, que dividía sus actividades diarias en unidades de tiempo de media hora cada una. Y menos aún fraccionando planes de entrenamiento. No porque no quisiera hacerlo antes, sino porque yo nunca he llevado un plan de entrenamiento hasta hace relativamente poco tiempo. Supongo que llega una edad en la que notas que la forma física ya no se adquiere corriendo por correr como cuando tenía 30 años. Entonces me la refanfinflaban los planes. Simplemente me apuntaba al maratón y salía a correr más a menudo. Si al cabo del tiempo podía correr en 41-42 minutos los 10 kilómetros y sobre 1:30-1:35 la media, sabía que ya estaba listo. Ahora me dicen que haga 1:30 en media maratón y me da la risa floja. Como si me piden que haga un kilómetro a 4 minutos, cosa que antes podía hacer en cualquier entrenamiento en el que me picase conmigo mismo. Con la edad me he vuelto lento. Los ritmos más rápidos que he visto en estas cuatro semanas de plan no han llegado ni a los 4:15 por kilómetro. Y tampoco creo que vayan a mejorar y tampoco me importa porque me veo bien a los ritmos que entreno (progresando adecuadamente). Simplemente lo acepto y sé que hoy día necesito correr y prepararme de otra manera más “ordenada” para conseguir las mismas marcas que hace 12 años salían “solas”.

El metabolismo también me ha cambiado y me cuesta mucho más bajar de peso (si es que bajo) cuando antiguamente me «desinflaba» con cuatro o cinco semanas continuadas corriendo con regularidad. Desventajas de hacerse viejo. Pero al menos soy de los que no se dan por vencidos sin luchar y he conseguido robarle 3 kilos a la báscula en estas cuatro semanas (no está mal, pero todavía me sobran más de diez kilos).

Por otra parte, el adaptar el plan que llevaba para Chicago este verano me ha dado la posibilidad de compararme en ambos y he llegado a la conclusión de que el frío me hace correr más. No sé si para llegar antes a casa y darme una ducha caliente, pero es un hecho que corro entre 5 y 10 segundos más rápido por kilómetro. El calor aplatana, sí. Pero lo que verdaderamente odio, odio, odio y odio es salir a correr a las 6 de la mañana. Maldita sea, si ya sé hasta dónde voy a encontrarme el coche de los municipales con los guardias dentro durmiendo. Cada vez que me los cruzo, aparte de la envidia que me dan, pienso que si abren el ojillo y me ven pensarán: «¿dónde irá este gilipollas corriendo, a estas horas?»

En conclusión, primeras cuatro semanas completadas a plena satisfacción, sin incidencias y ciñéndome al plan. Cuatro semanas con una carga de kilómetros de 47+47+55+61 kilómetros, lo que hace un total de 210 kms.

Ahora vamos a por otras cuatro, ¡vamos a por la mitad!

Aquellos tiempos en los que correr no tocaba

A veces me parece la prehistoria, pero hubo un tiempo en el que yo no corría.

Podría decir ahora que aquella fue una época negra, una etapa infinitamente peor en la que no me sentía bien conmigo mismo ni con mi vida y que fue el running el que finalmente me salvó… pero mentiría. Simplemente eran otros tiempos. Tiempos en los que no tocaba correr. Durante aquella época tocó estudiar, formarse, divertirse, viajar, salir y hasta hacer los primeros pinitos en el mercado laboral. No recuerdo ni estar más gordo ni menos gordo que ahora, ni más sano ni más pocho, ni más feliz ni más triste que cuando unos años después empecé a correr. Sólo recuerdo que no hacía ejercicio de forma continuada: algún sábado podía bajar a las pistas del parque para jugar un partidillo de fútbol con los amigos del barrio, o quedar y jugar un poco al baloncesto con los de la universidad. Pero esporádicamente. No era lo «normal».

Sí que conocí durante aquel período a gente activa, gente que practicaba deporte asiduamente: que nadaba, que jugaba al tenis, que hacía artes marciales. Pero sin prestarles demasiada atención y, por descontado, sin sentir envidia ni pretender emularles desde el siguiente día. Ya lo he dicho, no tocaba. Y, sin embargo, sí que recuerdo, perfectamente, que cuando llegaba el buen tiempo y se alargaban los días me encantaba salir a caminar. Caminar por Madrid. Podía salir de casa de mis padres cualquier tarde y acabar en Ríos Rosas, o bajar hasta Manuel Becerra o el Palacio de los Deportes y volver subiendo toda la calle Alcalá. Yo solo. Pero a buen ritmo, sin que aquello pudiera considerarse un paseo: sin descansar, sin pararme a tomar algo en ningún bar. Y sobre todo me gustaba caminar por el mero placer de hacerlo y no por tener necesidad de comprar algo o hacer algún recado, tan sólo por  mirar hacia arriba, por explorar la ciudad, por conocerla pateándome sus calles.

Puerta de Alcalá
Puerta de Alcalá. 1995 (Fuente: Panoramio)

De todos aquellos recorridos el que más me gustaba era el que solía hacer en mi época de reponedor en El Corte Inglés de Sol cuando decidía volver a casa caminando: tomaba la calle Alcalá, pasaba por Cibeles, Puerta de Alcalá, atravesaba el Retiro, continuaba por O’Donnell, me desviaba a la altura del Pirulí hacia La Elipa, subía hasta el Cementerio de la Almudena y desde allí enfilaba Largo Caballero hasta llegar a San Blas. Tardaba una hora y me parecía que había andado muchísimo. Hoy sé que son apenas 7 kilómetros, pero yo no lo sabía entonces y me sentía extraordinariamente fuerte pensando poco menos que había recorrido 10 o 15. Quizá aquella confianza ciega en mis fuerzas basada exclusivamente en la distancia recorrida durante mis caminatas fuera lo que me llevara a pensar, cuando el Mapoma se cruzó en mi camino, que yo podía terminar aquella maratón con mi proverbial perseverancia… y tan sólo un poco de esfuerzo. Porque la juventud es vanidad, dice el Eclesiastés.

Ahora me parece la prehistoria, pero hubo un tiempo en el que, aunque yo no corría, ya era maratoniano.

Carrera Popular AVT 2015

Cartel
Fuente: AVT.org

Después del abandono de la preparación para Chicago tocaba ya ponerse un dorsal. Primero para comprobar cómo estaba de forma después de tres semanas en que he pasado de entrenar cinco o seis días por semana a hacerlo tan solo dos (si a eso se le puede llamar entrenar); y segundo y más importante: porque me apetecía.

Así que me puse a escarbar en el calendario de la web de Carreras Populares y reparé en la Carrera Popular AVT por Moratalaz y la escogí frente a la GlobalEnergyRaceSaveThePlanetasyouKnowitBecauseyou’reAmazingMan de turno (no puedo con ello, oye). En definitiva, una carrera modesta, en un barrio modesto y cerquita de casa de mi padre (ducha y desayuno post-carrera de diez y en inmejorable compañía). La carrera la organiza la Asociación de Víctimas del Terrorismo y como es lógico se guarda un minuto de silencio antes de dar la salida en recuerdo de todas ellas. Uno podrá estar más o menos de acuerdo con las decisiones políticas que toma la directiva de esa asociación, le pueden gustar más, menos o nada, pero las víctimas están ahí, sus familias también y a mí me merecen un respeto. A ellas nadie les preguntó su ideología. Pero desbarro, como siempre, así que al lío.

Conozco Moratalaz porque he entrenado mucho por ahí y he corrido su medio maratón también unas cuantas veces. Aun así estuve mirando el recorrido por la web y descubrí que buena parte se corría por el Parque Cuña Verde de O’Donnell, por tierra, un lugar además que no tiene ni un tramo llano: o subes o bajas. Así que ya me imaginé que iba a ser una carrera divertida.

A las 9 de la mañana tomamos la salida unos 600 participantes según el speaker, pero me temo que éramos bastantes menos, así que apenas tardé 15 segundos en pasar por debajo del arco. El objetivo era correr por debajo del ritmo de maratón que tenía previsto para Chicago: 4:50 por kilómetro.

El primer kilómetro salió un poco por encima pero es lo normal: ir lento hasta que el pelotón se estira. Hasta el kilómetro 2 el terreno sigue por el carril bici del Anillo Verde Ciclista de Madrid (que por cierto seguía abierto a ciclistas y paseantes) picando hacia arriba para luego llanear e incluso bajar un poco hasta el 3,5. Por cierto, no vi ni un sólo cartel que marcara un punto kilométrico, así que todas las referencias las tomo de mi Nike Sportwatch. A partir de ahí, y ya por el Parque de la Cuña Verde de O’Donnell, todo el trazado es de toboganes. En el kilómetro cinco había instalado un cronómetro digital, un control de tiempos intermedios y un punto de avituallamiento de agua (genial). Y del 6 al 8 viene lo divertido: un kilómetro y pico de cuesta, pero cuesta cuesta, con unos repechos que te hacen jurar en arameo y que afortunadamente yo conocía de antes, así que bajé un poco el pistón y por eso se me fueron a 4:37-4:38.

En el último repecho, viendo el nivel de bufidos de los compañeros con los que coincidí en ese tramo, interpreté que no conocían el circuito, así que les avisé de ya quedaba poco y que a partir del kilómetro 8 todo era cuesta abajo… y lo agradecieron 😉

Los dos últimos kilómetros, tras recuperar el resuello, no quedaba otra que disfrutarlos, claro. Y la alegría es total al entrar en el Polideportivo y oler la meta al otro lado. En la última curva adelanto a la tercera chica y la animo (quedó a tiro de piedra de la segunda, un kilómetro más y la alcanza). Y yo, viendo que no bajaba ya de 44 minutos, regulo en la recta final para no acabar echando los higadillos en la llegada (que me ha pasado, eh, llegar a meta y empezar a darme arcadas).

En resumen, al final terminé en 44 minutos y 22 segundos (44:06 tiempo neto), puesto 74 de 430 llegados y 18 de mi categoría. Me he visto rápido (para mi nivel) pero siento que de haber sido el circuito un poco menos exigente podría haber bajado a 43 altos. A pesar de ello, y sin embargo, ha sido justamente en las cuestas donde me he visto fuerte y donde he ido pasando a la gente.

En meta bolsa, camiseta (que pedí una talla más grande para regalar a mi sobri de 16 años que quiere correr Canillejas y anda escaso de ropa técnica -como al final se anime a esto luego no va a saber qué hacer con ellas-), agua, aquiarius, plátano y unas chuches.

Mi valoración es que se trata de una carrera estupenda para correr sin agobios por la escasa participación. Exigente por las cuestas y con el nivel de dificultad añadido de transitar por caminos de tierra y tener que bajar el ritmo en varios giros de 180 grados para no resbalar y romperte la crisma. La salida y la meta en la fantástica pista de tartán azul del polideportivo de Moratalaz, es un plus. La recomiendo sobre todo si alguien está tratando de preparar un maratón de otoño como entrenamiento de calidad y fuerza. La parte negativa: no están señalizados los kilómetros y tener que compartir el carril bici con sus usuarios por no cortar un par de calles unos minutos.

¿La próxima carrera? Ni idea. Salvo Canillejas no tengo nada fijo.

EDP Rock’n’Roll Madrid Maratón & 1/2 (2015)

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EDP Rock’n’Roll Madrid Maratón & 1/2 Huawei (más largo que un día sin pan)

Ha llegado el momento para el tradicional Mapoma de dar un paso adelante, de llevar la carrera a otro nivel y, sobre todo, de tomar las acciones necesarias para que esto sea así. No vale únicamente con ponerle un nombre largo y prácticamente impronunciable. Lo que los participantes pedimos es una carrera. No, miento, pedimos una gran carrera. Desafortunadamente, los organizadores del Maratón de Madrid, a día de hoy, no han sido capaces de darnos eso.

Los problemas del sábado, las enormes colas, en la recogida de dorsales no son de recibo. Aún menos la respuesta de la organización echando la culpa a la seguridad del recinto. Evidentemente pudo existir un exceso de celo de los vigilantes en el control de accesos, pero después de lo que pasó con el Madrid Arena, ¿quién puede reprochárselo? ¿Que no había tornos para la comprobación de aforo? ¿Y? ¿Quién eligió la Casa de Campo para poner la Feria del Corredor? ¿Acaso desconocían ese punto? Por favor, aprendan, acepten su responsabilidad y mejoren para la próxima vez. Claro que la gente se enfadó. No es la primera vez que la organización mete la pata hasta el corvejón. ¿Recordamos el pifostio del guardarropa de 2011? ¿Recordamos la primera edición en la que se les ocurrió poner el guardarropa en el Retiro y la salida en Colón?

Esa es otra. Ya han pasado varios años y sigo viendo corredores, sobre todo extranjeros, pegándose unos sprints espectaculares para dejar la ropa antes de que den la salida. ¿Por qué generar ese nivel de estrés en gente que sólo quiere divertirse? ¿Por qué hay que empezar a correr a las nueve de la mañana de un domingo cabreado como una mona? Señores organizadores, en NINGÚN maratón del mundo que se precie de serlo y que tenga algo de dignidad y cierto renombre, repito, en NINGUNO ocurre esta situación. La ropa tiene que poder entregarse en la salida y tiene que recogerse sin incidencias en la meta: sota, caballo y rey. ¿Tan difícil es? Pues viajen y vean.

Esta, además, ha sido la primera vez que he ido acompañando a alguien que debutaba, aunque fuera en la media maratón, y he conocido la carrera desde el cajón 5. Hemos tardado más de doce minutos en pasar por debajo del arco de salida. Incluso haciendo que los del 10k salgan media hora antes, la cantidad de gente que participa se ha hecho inmanejable (se estimaban unas 24.000 personas entre maratón y media maratón). Madrid no se merece esto. No se puede correr así. Madrid necesita de forma urgente no sólo la división en cajones que ya existe, sino la salida escalonada por oleadas para que, sencillamente, se pueda correr a gusto. Y separar la salida de la media maratón y del maratón… ¿por qué no? Pero mucho me temo que no va a ser así. Deduzco que a la organización le mola la foto con la estampida de 25.000 corredores más que a un tonto mascar chicle. Porque queda mejor que sólo 15.000 y porque jugar con las grandes cifras te da ese prestigio internacional que queda muy bien en un papel aunque la realidad sea otra.

Y no estoy diciendo que lo que propongo sea fácil y que la organización podría hacerlo «en dos patás«, no. Estoy diciendo que es necesario y que tienen que ponerse las pilas. Que Barcelona nos da mil vueltas, que Valencia está tratando de convertirse en una referencia. Que Sevilla cada vez tiene más adeptos. Pasaron los tiempos aquellos en los que el Maratón en España era Mapoma. Y si esta competencia existe dentro de nuestras fronteras, del extranjero ni hablamos.

De la carrera en sí no puedo decir nada malo. Me encanta Madrid, me encanta correr por Madrid y me encanta la lluvia, así que disfruté más que Peppa Pig saltando en un charco de barro. Los servicios médicos siempre visibles ofreciendo vaselina y Réflex. Los avituallamientos cada 5 kilómetros en los que nunca faltaba agua. Y el detalle del avituallamiento sólido con gel y plátanos para los de la media (aunque honestamente crea que para esa distancia es absolutamente innecesario). Gran trabajo de las fuerzas de seguridad cerrando el recorrido al tráfico. Las bandas de música, las pobres, hicieron lo que pudieron en un día de perros que no invitaba a tener gente en la calle animando. Como siempre la nota negativa son esos viejecillos que cruzan la calle, por sus cojones, con el riesgo de que un día acaben arrollados por un corredor (mi cuñado no se llevó a uno por delante en Bravo Murillo porque lo abrazó para que no cayera, pero vamos, el susto se lo dio). Y la animación muy escasa: el barrio de Salamanca, una vez que nos separamos de los maratonianos, parecía una ciudad fantasma.

Nuestra carrera fue de libro. De menos a más. Con una primera mitad muy lenta entre paradas técnicas y embotellamientos de corredores y una segunda mitad rápida en la que constantemente fuimos adelantando gente, incluso en la subida de Alfonso XIII. Al final 1:51:17 por mi reloj. Muy bien teniendo en cuenta que mi  cuñado a sus 50 tacos tenía como objetivo simplemente bajar de 2 horas. Pero ha hecho los deberes, entrenado bien y, como este deporte es muy agradecido, le ha permitido disfrutar de la carrera y esa sensación yo creo que es la que buscamos en cada carrera todos los corredores.

Enhorabuena a todos. Si Madrid es aún una gran carrera es por la gente que la corre, es por todos nosotros, no lo olvidemos nunca.

Un saludo.

Cualquier tiempo pasado… la hemeroteca

Una de las cosas que más me gustan, más que a un tonto una piruleta, es una hemeroteca. Las hemerotecas son unos inventos fantásticos que demuestran que si algo sobra en esta vida, son opiniones. Así la hemeroteca puede ofrecer hoy un estudio a favor de la cerveza respaldado por la comunidad científica y mañana otro en contra de la cerveza respaldado por otros científicos tan respetabilísimos como los que estaban a favor ayer. Sin inmutarse. Y en el mundo político se puede comprobar como un mismo individuo a lo largo de su vida pública puede estar a favor y en contra de la OTAN, el aborto, el servicio militar y hasta la misma democracia si me apuras. La hemeroteca es lo que tiene, que da para unas cuantas risas.

Mapoma 1978
Mapoma 1978

El mundo del running tampoco se resiste a la hemeroteca y así, buceando un poco en los orígenes del Maratón Popular de Madrid, he dado con unos artículos firmados por Juan Mora en El País en 1978 que son auténticas perlas.

El primero se titula «En ocho semanas puede prepararse una maratón popular» y propone dos planes para correr Mapoma: el intensivo y el de dieciséis entrenamientos. Los dos se basan en correr (lo que el autor llama trote continuo: nada de series, cuestas, rodajes tempo, trabajo de fuerza, técnica de carrera o entrenamiento cruzado) pero el segundo plan es especialmente peligroso pues propone situar en línea de salida a individuos habiendo salido a rodar únicamente un par de veces a la semana en los últimos 60 días. Claro, que no es algo que sorprenda después de haber leído su afirmación de que «cualquier persona que haya hecho o haga algo de deporte es apta para poder llegar a la meta«. Y añade sin pudor que en Barcelona ese mismo mes se ha celebrado un maratón en la que «un gran número de participantes, incluso mujeres, llegaron a la meta«.

El segundo artículo se titula «La maratón popular recorrerá el Madrid castizo«, y en la que aparte de ensalzar el recorrido y la posibilidad de que en la meta se celebre una kermesse, suelta frases como «la maratón es una carrera que no debe asustar por su distancia«, y argumenta «en la maratón de Boston tomaron parte este año 5.000 deportistas, entre los que se encontraron niños, mujeres, ancianos e incluso minusválidos, que hicieron el recorrido en silla de ruedas. Ha habido ediciones en los que personas con 87 años hicieron completo el recorrido«. Informa, eso sí, de que los inscritos correrán asegurados, pero para dejar las cosas claras apostilla «esto no quiere decir que correr una maratón encierre peligro, pero sí que no está de más el que todos corran con una seguridad en caso de cualquier caída o accidente fortuito«. Y nosotros tan preocupados ahora por las pruebas de esfuerzo y todas esas mariconadas.

El tercer artículo se titula «La maratón popular reunirá a mil concursantes«. Sí, has leído bien: concursantes. Yo no sé si es que la corrió Chicho Ibáñez o las azafatas del «1, 2, 3«, pero algo debe de haber. El caso es que tener 1.000 participantes en la salida suponía estar en la crème de la créme de las maratones europeas «superior a la que se dio el pasado año en Berlín y similar a la de Amsterdam» y por supuesto muy por encima de Barcelona, oiga (y no me llame centralista que me ofendo). Aunque nos quedara mucho para llegar todavía a cifras estratosféricas como los 5.000 de Nueva York. Pero bueno, para quitarle hierro al asunto, el señor Mora nos tranquiliza: «generalmente las maratones son concluidas por más de la mitad de las personas que toman la salida. El trazado elegido para la de Madrid no es duro«. Vaya, que terminen la mitad es un consuelo, ¿no? Y Madrid no es duro, no… es lo siguiente.

Y el cuarto artículo, en vísperas de la celebración de la carrera es el no va mas. Se titula «La elección de la ropa y el calzado, fundamental para terminar la maratón popular«. Yo recomendaría su lectura íntegra.  En él, los participantes se han quintuplicado… ¡en quince días! (debió ser a causa de los artículos de Don Juan, muy motivadores)… y se ofrecen una serie de consejos útiles para la carrera. A saber: no utilizar ninguna prenda de hilo sintético (o sea que las grandes marcas con sus prendas técnicas nos han estado vendiendo la moto y lo suyo es la camiseta de algodón de toda la vida); colocar tiritas en las zonas propensas a las rozaduras (se ve que todavía no existía la vaselina en España), echar alcohol en en interior de las zapatillas junto a polvos de talco (desconozco su utilidad, lo juro) y lo más increíble de todo no beber en carrera «si acaso, sólo en los últimos kilómetros. Si se bebe agua desde el principio, se crea en el cuerpo una mayor necesidad de ingerir líquidos. En caso de mucha fatiga, lo mejor es no tragar el agua o bien refrescarse con esponjas empapadas en agua, pero sólo ligeramente«. En definitiva, genial de principio a fin.

Y para terminar, os dejo un artículo de Julián García Candau en el mismo periódico que viene a resumir y a ensalzar lo sucedido en esa primera maratón popular de Madrid y sus 6.500 participantes, prueba que califica como «el hecho deportivo más importante que se ha producido en España«.  Se titula:

«La Maratón madrileña, un éxito popular» El País, 23 de mayo de 1978.

Dedicado a todos los que estéis a punto de correr Mapoma este año, para que encontréis vuestra inspiración.