Descubrir la maravilla

Y sintió la alegría del olvido
y al andar descubrió la maravilla
del sonido de sus propios pasos
en la gravilla.

(Radio Futura, “El Canto del Gallo”)

 

Yo no soy muy místico, ni contemplativo ni zen, como dicen ahora. Pero sé cuando salgo ganando con el cambio. Siempre he sido, y soy, un corredor urbano y me he sentido, además, muy cómodo en mi hábitat de parques, calles, descampados y carriles-bici. Por supuesto que muchas veces he fantaseado con correr por senderos y caminos alejados de la ciudad, sobre todo en esas ocasiones en las que divisas una senda blanca que a pleno sol serpentea por las laderas mientras que sobre tus cuatro ruedas te alejas de allí a razón de 120 kilómetros por hora.  Pero supongo que tampoco me llamaría tanto la experiencia cuando nunca me dio por decidirme y echarme un día al monte con las zapatillas. No. Siempre he aceptado como natural que mi ecosistema era el que estaba al otro lado de la puerta de mi casa y lo demás, pájaros volando.

El caso es que la puerta de mi casa, por desgracia o por fortuna, no se está mucho tiempo quieta en un mismo sitio y el ecosistema pues va cambiando y así, a bote pronto, recuerdo: mi puerta de San Blas de toda la vida, mi puerta de Londres, mi puerta de Malasaña (x2), mi puerta de Zamora, mi puerta de Barajas, mi puerta de Las Rosas y mi puerta de El Ensanche de Alcalá de Henares. Sí. Mi familia y yo somos como el baúl de la Piquer.  Y nuestra última puerta (que espero que nos dure unos añitos porque esto de las mudanzas no es nada, pero nada, divertido) nos acaba de traer a un nuevo ecosistema que está a 10 minutos corriendo de la entrada al Parque de los Cerros de Alcalá de Henares, un enorme espacio natural protegido al sur del río Henares. Para haceros una idea: mi penúltima puerta estaba a 10 minutos corriendo del inicio de un carril-bici en una zona urbana en plena construcción (grúas, calles sin abrir, edificios sin terminar) y me parecía una zona fantástica para correr. Como es fácil deducir, el contraste ha sido abismal.

Rutas Cerros Alcalá
Rutas en los Cerros. Fuente: Guía Breve de los Cerros de Alcalá

Al principio uno llega a eso del campo y la naturaleza de forma muy cautelosa y hasta con bastante respeto porque uno sabe que está fuera de sitio y que con sus zapas asfalteras (que se portan muy bien en llano y subiendo, todo hay que decirlo) y sus tobillos de cristal puede tener graves problemas de salud. Sobre todo en las bajadas. Vamos, que puede acabar “estontonándose” la cabeza contra un pino. Pero poco a poco uno se va soltando (se compra una zapatillas de trail súper chulas en oferta), empieza a levantar la cabeza, aprende a mirar a lo lejos y quiere no perderse detalle: el olor de los pinos, el polvo del camino que se cuela en la garganta con cada jadeo, el roce de las zarzas en las pantorrillas, la gota de sudor que cae por la coronilla, el viento que convierte en frío helado el sudor acumulado en la camiseta, el aleteo de un pájaro que se asusta y emprende el vuelo. Pero, sobre todo, lo que a uno más le ha llamado la atención es el silencio. Ese silencio en el que sólo se escucha, rítmico, el sonido de sus zancadas contra el suelo. Ese silencio tan ajeno a la experiencia de un corredor urbano que le hace pensar que es como si no estuviera allí, como si esas zancadas fueran las zancadas de otro y las suyas propias se hubieran quedado sobre el asfalto de la ciudad, atrapadas entre edificios de acero y cristal donde nadie será capaz de oírlas nunca.

Y pienso que si el placer de correr no es esto, no sé qué será.

V Media Maratón Cervantina de Alcalá de Henares (2015): la crónica

Este domingo tocaba volver a ponerme un dorsal y encadenar la Media de Zamora con esta Media Cervantina de Alcalá de Henares. Segundo año consecutivo corriéndola y segundo año defendiendo los colores del equipo “Correr Te Hace Libre” gracias a la gentileza de Don Pablo. Pero que haya repetido tiene también que ver con la magnífica organización y sobre todo ese extraordinario circuito que, pese a ser a dos vueltas, se ha currado el Club A.J. Alkalá, organizador de la carrera.

mmcervantina2015
Cartel anunciador Media Maratón Cervantina 2015

El centro histórico de Alcalá de Henares es muy bonito, si la media maratón es capaz de sacar el mejor partido de él y si encima la altimetría indica que es casi tan llana como la palma de la mano, no se puede pedir mucho más por 15 euros. En el mundo del corredor se habla mucho de la Media de Getafe para hacer marca, pero probablemente Alcalá reuna mejores condiciones para ello (no sólo el recorrido, sino la importante limitación de dorsales que impide la masificación) y, por supuesto, el entorno le da mil vueltas (sólo baste recordar que Alcalá de Henares es Patrimonio de la Humanidad).

Puntos negros: convivir con el tráfico en algunas calles y el adoquinado de la calle Mayor que obliga a prestar mucha atención para conservar los tobillos (sobre todo en la segunda vuelta cuando uno lleva ya 20 kilómetros y anda algo cansado). Hablando de tráfico muy desagradables los bocinazos del Paseo de Pastrana, sobre todo cuando la Policía hacía lo que podía para aligerar de vez en cuando los embotellamientos y, sobre todo, el deplorable comportamiento de un energúmeno en el Paseo del Val encarándose a una agente de policía por no poder pasar y enfrentándose e insultando a los corredores cuando éstos le reprochaban su actitud. Una pena que tan magnífica ciudad tenga algunos ciudadanos así. Gente.

Respecto a mi carrera he de decir que mejor de lo esperado. Venía de arrastrarme en Zamora el pasado domingo, por lo que iba con todas las prevenciones. El día anterior salí a “soltar carbonilla” y me salieron 4 kilómetros interesantes a una media de 4:30 que me sorprendió hasta a mí.

El domingo por la mañana me acerqué a la salida en la moto a pesar de que el cielo amenazaba agua. Chispeaba cuando Pablo me entregó el dorsal. Después me di una vuelta por la zona de salida para respirar el ambiente. Paso al lado del Club Atletismo Villanueva cuando se están haciendo la foto de grupo y reconozco a un bloguero clásico de Guadalajara: “El Peñu“; me pregunto cuántas testas rebanará hoy :). Pero no me paro, queda poco tiempo y tengo que vaciar la vejiga antes de nada. Al salir del excusado ya no llueve. Se ha quedado el cielo encapotado y una temperatura fresca, no fría (a pesar de que son las 9:30 de la mañana), y un ligero viento que no llega a ser molesto. En suma, un día ideal para correr.

Me coloco al final del pelotón, no quiero molestar a nadie porque voy a salir muy prudente (léase lento). Tardo 45 segundos en pasar por el arco de salida. Poco a poco voy buscando mi hueco en el pelotón. Me vuelve a sorprender la cantidad de “cagaprisas” que salen detrás y luego van esquivando gente. Siempre pensé que eran los lentos los que se ponían delante y estorbaban, ahora también sé que hay “rapidillos” que se ponen detrás (o salen tarde) y molestan con sus adelantamientos y zigzags.

En el kilómetro 1 la calle se estrecha y hay un poco de tapón que ralentiza el ritmo que había puesto (ese embudo también podría ser mejorado por los organizadores). Adelanto un par de grupos que corren en paralelo y enseguida tengo espacio suficiente. Paso el kilómetro 5 en 26:31 a una media de 5:18. Sin embargo me encuentro fuerte, con ganas de correr más, y es que el circuito alcalaíno te hace correr aun sin tener intención de hacerlo.

Empieza la segunda parte del circuito. Voy siguiendo a grupos pero no me quedo con ninguno y al final acabo adelantándolos. Sin embargo no puedo seguir el ritmo de los que me adelantan a mí, o no me atrevo. El kilómetro 10 lo paro en 51:32: la media ha bajado a 5:09/km. La media de este parcial ha sido de 5 minutos por kilómetro, es un ritmo que me va bien y me propongo mantenerlo. Se me ha pasado el miedo de petar como en Zamora, me sigo encontrando fuerte. Evidentemente no estoy como el año pasado cuando preparaba Mapoma, pero sí que estoy para seguir a este ritmo sin dificultades.

Alcanzo el km. 15 en 1:16:18, 5:05 de media. El ritmo del parcial ha bajado a 4:57/km. Estoy yendo de menos a más, la carrera perfecta. Y voy solo, no tengo a nadie que me marque el ritmo, corriendo por sensaciones. Encaro el tramo hasta el kilómetro 20 muy contento sin embargo a partir del 18 noto que me encuentro más lentorro. Tengo gasolina (he bebido en todos los avitullamientos, poco pero he bebido), sin embargo carburo peor. La letra de una canción de Mamá “Nada más” martillea mi cabeza desde que tuiteó esta mañana un enlace al vídeo otro bloguero de casta (Pacheco, de “La República del Running“): nada más que lo mío, nada más, estoy vacío, no puedo ofrecerte nada más.

Pero a pesar del empedrado la llamada de la meta es fuerte y pico el 20 en 1:40:50 a 5:02 el kilómetro. ¡He hecho el último parcial a 4:54/km! Es curiosa esa alegría cuando el año pasado a esas alturas ya había acabado la carrera, pero bueno, esto es lo mejor de este deporte, que cualquier mejora sobre lo inmediatamente anterior te puede hacer tan feliz como si hubieras batido un record del mundo.

El kilómetro hasta la meta, el último kilómetro, es el más terrible. Sólo quieres acabar, encarar la plaza, la recta de meta aunque sabes que todavía tendrás que callejear un poco. Me he venido arriba, así que meto una marcha más a las piernas y éstas responden. Me veo corriendo rápido, a un ritmo de 4:33 me enteraría después. Los últimos 200 metros son prácticamente al sprint, no quiero que el reloj pase de 1:46:00 y finalmente lo consigo: 1:45:49, a una media de carrera de 5:01 por kilómetro. 1:45:01 en tiempo neto, a 4:59. ¡Síííí!

Me dan la bolsa con la camiseta y el avituallamiento y me encuentro eufórico. Por megafonía suena el “Uptown Funk” de Mark Ronson con Bruno Mars & The Hooligans y soy incapaz de reprimir las ganas de bailar: Don’t believe me, just watch! Hey, hey, hey, oh!

Yes, sir. Garricar is back in town!

IV Media Maratón Cervantina de Alcalá de Henares

En el año 2007 corrí la primera media maratón de Alcalá de Henares. Aquella edición fue única, se celebró en octubre y los organizadores debieron quedar tan escaldados (supongo que con la autoridad competente) como aquellos que organizaron el Millennium Marathon, tanto que jamás se volvió a celebrar. Fue la primera carrera que corrí después de saber que no había sacado la oposición aquel año, apenas unas horas después de haberme bajado de un avión procedente de Roma. Otra vez el running como terapia, como forma de aclarar la mente. Quizá por eso no tenga demasiados recuerdos de aquella carrera, de su trazado. Recuerdo que salimos del recinto ferial y que la meta estaba en la Plaza de Cervantes. El resto lo he olvidado. Puestos a desempolvar memorias Google me dice que participó Martín Fiz y que quedó tercero y Don Pablo, el alma máter de “Correr te hace Libre”, me cuenta de viva voz que también él la disputó. Y esta mañana, calentando todavía vi a un participante con la camiseta conmemorativa de aquel medio maratón de hace ya siete años y pienso que la mía debe andar guardada también en algún cajón por casa.

El tiempo pasó. Al año siguiente aprobé la oposición, pero ya no había media en Alcalá. Tampoco al año siguiente, ni al otro. No fue hasta la primavera del año 2011 cuando volvió a celebrarse la media maratón en Alcalá. La primavera en que nació Mateo. Desde entonces, organizada por el club A.J. Alkalá, tomó el nombre de Media Maratón Cervantina y se ha venido celebrando cada año, ininterrumpidamente, aunque yo no la había vuelto a correr, hasta este año cuando Don Pablo, alcalaíno de pro, me invitó a correrla con los chicos, y habiendo descartado la media de Zamora por logística familiar, no me lo pensé ni un segundo. Y en esta salida hemos vuelto a coincidir los dos en la media de Alcalá, pero no ya como extraños sino como funcionarios y compañeros, y si esta vez nos ha faltado Martín Fiz, al menos hemos fichado para el equipo a Ismael Martínez, nuestro corredor más carismático, y a su guía David Plaza Cervantes que con ese nombre hoy podríamos decir que corría en casa.

Y ya, hablando de lo que fue la carrera decir que el objetivo era entrenar el ritmo de maratón (5’/km) durante la primera de las dos vueltas del circuito y salir en la segunda a por todas con las fuerzas que quedasen. Uno de los chicos de Don Pablo, Héctor, me dijo que quería correrla también a ese ritmo y salimos juntos. Nos situamos a unos 30 metros de la pancarta de salida, encajonados en la calle Mayor, que pensé iba a ser una ratonera, pero supongo que es lo bueno del límite de 1.000 corredores de la carrera, que no hubo agobios en y apenas tardamos 30 segundos en cruzar por el arco de salida, lo que nos permitió, además, no tener que ir los primeros kilómetros recuperando el tiempo perdido.

Empezamos a correr y nuestro ritmo (4’40”) era más rápido que el previsto (5’00”), y aunque traté de frenarme no me salía ir tan lento. Es más, estaba muy cómodo rodando así. El caso es que sobre el kilómetro 2 nos encontramos una barrera de unos 4 o 5 corredores del equipo “Alkalá Trotters” que corren en paralelo ocupando de lado a lado la calle. Estoy tentado de rebasarles, pero llevan un ritmo constante que me va bien y me quedo detrás de ellos, a rueda. Un par de kilómetros más adelante pierdo a Héctor, que al final de la carrera, en meta, me contó que le dio un dolor en la espalda del que no se recuperó hasta el kilómetro 10 y aunque tiró fuerte la segunda vuelta ya no me vio.

Seguí a rueda de los chicos del “Alkalá Trotters” y sobre el kilómetro 7 me adelantan un par de corredores con camisetas de “Deportes Evolution” y uno reconoce que la que llevaba yo puesta era la del maratón de Barcelona del año pasado (decidí correr con ella en el último suspiro, sentirme maratoniano, manías de corredor viejuno) y me saluda, me cuenta que él también lo corrió. Van a un ritmo más vivo que nosotros y en unos pocos cientos de metros nos dejan atrás.

Llegamos al kilómetro 10 y voy muy entero. En el avituallamiento se me cae el teléfono y tengo que bajar el ritmo aunque sin parar de correr. Reinicio el cacharro y vuelvo a poner en marcha el Strava y la música. Estoy hasta la coronilla de correr con el teléfono, qué ganas tengo de ahorrar y comprarme un Garmin o un Suunto o un cachivache de esos que lleváis algunos, aunque como me acompañaba también mi incombustible Casio de hace 15 años, seguí marcando los parciales y no perdí mis referencias en ningún momento porque la verdad es que los kilómetros estaban bien marcados en el suelo y los cartelones que los indicaban en la acera se veían perfectamente.

A partir del 11 la cuestión era aguantar o tirar hasta ver dónde llegaba, pero como los “Alkalá Trotters” mantenían el ritmo seguí con ellos hasta el 13 que vi que el grupo empezaba a dividirse, unos quedaron descolgados y dos de ellos se fueron por delante, así que me pegué a los que se iban y seguí su estela calculo que un kilómetro más, hasta el avituallamiento del 14, ahí les rebasé y los perdí. Estuve ya haciendo mi carrera solo, en tierra de nadie, desde entonces. Sobre el 16 uno de los dos ‘Trotter’ me pasó a toda velocidad (además era uno de los que gustaba recortar por las aceras). Pero se le acabó el combustible como a unos 60-70 metros por delante de mí, y se quedó en todo momento a la vista. Así que pensé en mantenerle ahí hasta el último kilómetro para tratar de alcanzarle entonces.

Entrando en meta con Mateo
Entrando en meta con Mateo. Fuente: instagram @cmansog

Sobre el 19 alcancé a los dos chicos de Deportes Evolution, uno se iba quedando y el que había corrido Barcelona trataba de tirar de él, les volví a saludar y a lo mío, tratando de ir pendiente del suelo porque pasábamos por la zona empedrada de la calle Mayor y la perspectiva de torcerse el tobillo por no andar atento no es un pensamiento agradable. Por cierto, llevaba mis Adidas Glide Boost 6 y la verdad es que se portaron muy bien, terminé muy contento de su rendimiento. A la llegada a la plaza Cervantes pico el kilómetro 20 y todavía queda un kilómetro de callejeo extra para completar la distancia. Trato de que no se me vaya el Trotter. Pasamos por delante de la impresionante fachada de la Universidad Cisneriana y desembocamos de nuevo en la plaza por otra calle. En la acera veo a Cristina, mi mujer, y a mi hijo Mateo, me paro a darles un beso y le digo a mi mujer que me acerque al niño por el otro lado de la plaza para entrar con él en meta. Ya paso del ‘trotter’ y de tiempos y de todo. Sólo quiero entrar con mi hijo. Corro despacito hasta el otro lado, le espero y le agarro de la mano. Apenas quedan 60-70 metros. Al principio va con una sonrisa de oreja a oreja, corriendo y con la lengua fuera, pero a los 40 o 50 metros ya empieza a estar harto y me mira como diciendo a dónde demonios vamos, jajaja. Entramos andando bajo el arco de meta cuando el reloj oficial marca 1 hora, 39 minutos y 8 segundos.

Conclusión. Magnífica carrera, mucho más llana que Getafe, probablemente la media más llana que haya corrido jamás. Magnífico día para correr: sol pero con temperaturas no muy altas. Los puntos más negativos quizá sean la zona de la calle Ávila, en la que hay que compartir uno de los dos carriles con coches (en la segunda vuelta sobre todo se notó mucho el olor a tubo de escape) y el adoquín de la calle Mayor. Una media para tener en cuenta de ahora en adelante.

Reflexión personal: parece que los entrenos van dando sus frutos. Esta es la carrera que yo había soñado en Getafe, lo que pasa es que el cuerpo entonces no estaba preparado y sufrí lo que no estaba escrito y me frustré por no haber bajado entonces de 1:40′. No había para más. Hoy, por el contrario, sin sufrir, reteniéndome en los primeros kilómetros, he bajado sobradamente de 1:39′ en tiempo neto con parada para saludar a la familia incluída y entrando a paso de niño de 3 años en meta. Enorme inyección de moral a cuatro semanas de terminar la preparación del maratón. Parece que las cosas van como debieran. Veremos qué pasa el 27 de abril. Salvo sorpresas de última hora no me volveré a colocar ningún dorsal hasta ese día. La semana que viene trataré de hacer una súper tirada larga y a partir de entonces bajar el pistón para llegar a la salida del Mapoma con hambre de kilómetros.

PD: Dar las gracias y pedir perdón al grupito de “Alkalá Trotters” con los que coincidí por haber ido con ellos “chupando rueda” durante tantos kilómetros, espero que todos hayáis conseguido vuestros objetivos.