San Silvestre Alcalaína 2022

Llevo viviendo en Alcalá de Henares hará como diez años y, por una cosa o por otra, nunca había corrido su San Silvestre. Tampoco es que yo sea fan de las San Silvestres porque tan solo he corrido cuatro en Madrid y una en Zamora, cuando se corría dando vueltas al Eroski (en la que tengo el dudoso honor de haber quedado el último). Pero este año también me apetecía una carrera navideña. Podía haberme ido a la Jarama María de Villota en Nochebuena como el año pasado, pero me decidí por Alcalá más que nada porque tanto la carrera en sí, como la recogida del dorsal, me quedan al lado de casa y eso facilita mucho las cosas, sinceramente. Que sí, que en el caso de la Jarama-María de Villota el correr por el circuito del Jarama mola, pero recoger el dorsal en Mirasierra-Paco de Lucía no mola tanto, ni siquiera si vives en Madrid. Y es que en Alcalá, a pesar de ser una ciudad grande, las distancias son otras.

Volviendo a la San Silvestre Alcalaína hay que decir que no es una carrera barata precisamente: 16 euros en el primer tramo, al que no llegué a tiempo, por lo que tuve que pagar 19 euros a cambio de una camiseta, un cepillo de dientes y una carrera que dicen que es de 10 kilómetros pero que a todos nos midió unos 200 metros más. La vallecana, con todo su marketing cuesta 25 euros, por comparar.

El último día de 2022 amaneció soleado y perfecto para correr. Perfecto también que no hubiera que madrugar porque la salida era a las 11:30 (punto para la SanSil Alcalaína). Y lo mejor de correr en casa, la guinda del pastel, es coincidir con caras conocidas: Dieguito, del trabajo; Pedro, Rubén y Majano, del Olimpia; y algún otro más que estaba, pero que no vi.

Mucha aglomeración de gente en la salida. Según el listado que ha facilitado la organización éramos más de 1550 corredores (1700 inscritos, no se alcanzó el límite de 2000). Vale, que 1500 no son muchos… si sales de la Castellana en Madrid. Pero en una salida en Alcalá, embocada hacia la calle Mayor que no es precisamente la Gran Víal, créanme, 1500 personas provocan un embotellamiento importante. Yo tardé en atravesar el arco de salida más de minuto y medio desde el disparo. Y durante el primer kilómetro mantener el ritmo que quería me fue imposible. Pero es Alcalá, y es la San Silvestre y qué necesidad hay de ver lo negativo en todo.

El circuito es llano como la palma de la mano y se presta a correr rápido, tan sólo teniendo cuidado con los tramos de empedrado del centro histórico. Hubo un avituallamiento de agua en el kilómetro 5 y recuerdo también ver muchos coches parados porque por calles anchas solíamos correr por uno de los sentidos de circulación y teníamos a los coches atascados en el otro sentido. Pero los conductores respetuosos en general, alguno con cara de circunstancia y alguno/a un poco más alterado, pero bien. Con respecto a los puntos kilométricos estaban bien señalizados (aunque alguno no lo llegué a ver) y lo único el kilómetro final que estaba muy, muy alargado.

En meta agua, isotónico, un bollito y pa’casa. Agua en meta es bien (apúntate eso, Canillejas).

Mi carrera fue prácticamente idéntica a la del Trofeo José Cano, 47:46 de tiempo neto, unos 30 segundos peor (porque era más larga), pero algo mejor de ritmo real según mi reloj (4:39 frente a 4:42). Y la sensación final de no acabar tan machacado debido a la ausencia de cuestas. Tan bien acabé que al día siguiente me fui a hacer 17 kilómetros al Monte de los Cerros.

Para empezar bien el año.

IIª Carrera 10K Mercamadrid (2017)

10kmercamadrid17
Cartel de la carrera

Normalmente soy un negado para que me toque nada. Ni una rifa en el cole. Pero bueno, sobre todo después de ganar la lotería para una plaza en la maratón de Nueva York de 2014, parece que de vez en cuando las tornas cambian y algo pillo. Esta semana fue para enmarcar y cayeron 9 euros en la Primitiva (¡tomaaaa!) y un dorsal para participar en la segunda edición de la Carrera 10K Mercamadrid en un sorteo que había puesto en marcha la organización del Trofeo José Cano.

Recogí el dorsal y la camiseta conmemorativa (muy chula, de manga larga, de 42Krunning) el jueves por la tarde y el domingo me planté en esa miniciudad que es Mercamadrid, en la que nunca había estado, ni me lo había planteado siquiera. Y de verdad que merece la pena. Por todo, por curiosidad, por organización, por ese trazado que a veces entra incluso dentro de las naves…

Llegué con algo de tiempo puesto que no conocía cómo iba a ser aquello, ni cómo llegar, ni dónde podría aparcar. Pero desde el primer momento te das cuenta de que la organización es muy buena. Los voluntarios y los vigilantes te dan paso al recinto (hay barreras de acceso, como las de los peajes) y te van indicando las zonas de aparcamiento. Es súper cómodo estar en un espacio cerrado y poder dejar tranquilamente las cosas en el coche.

Y siguiendo a la gente me acerqué a la zona de salida-meta donde ya había bastante ambiente. Me tomé un café y un zumo antes de la carrera, cortesía de la organización aunque ya había gente, sobre todo los acompañantes, desayunando de forma contundente, en la carpa de Ahorramás, creo. Después fui a un wc portátil en el que pude entrar sin apenas colas y el resto del tiempo que me sobraba lo dediqué a curiosear por ahí aprovechando que hacía muy buen tiempo, demasisdo (hice bien en no estrenar la camiseta de manga larga de la carrera y a los que vi con ella iban todos arremangados). También pude localizar algún punto kilométrico y comprobé que estaban señalados por carteles en el suelo, como de un metro de altos, y me hice la idea de que el trazado iba a ser bastante llano.

Un par de minutos antes de la hora fui a la zona de salida pero ya no pude colocarme muy delante a pesar de que la participación está limitada a 2.000 personas (inscripciones agotadas). Hasta que salimos todos y se estiró la carrera no me fue posible correr «rápido». Por dar un dato: desde el disparo de salida hasta que pasé por el cartel del km 1 pasaron 6 minutos y medio. El paso por la primera nave es una jaula, pero a partir de ahí ya pude correr bien pues hasta que vuelves a entrar en una de las naves pasan un par de kilómetros corriendo por espacios abiertos y la carrera te coloca en el lugar que te corresponde.

En previsión de que el gps no fuera muy fiable,  por correr a tramos dentro de las naves (que no lo fue y al final me salieron sólo 9,8 kms con algunas mediciones un tanto desastrosas -aunque menos de lo que pensaba-) me llevé también mi viejo Casio con el que iba marcando los laps manualmente con los carteles de los kilómetros. Vi todos menos el del 4, quizá porque en el 4 dieron agua, pero bueno, también volvieron a dar en el 7 y ése no se me escapó.

El trazado estaba siendo plano, como se preveía, aprovechando el espacio tanto de los viales de Mercamadrid como el interior de las propias naves. Sin embargo allá por el kilómetro 6 nos encaminaron a unas naves más al sur a las que se accede desde una pronunciada cuesta abajo. Así que ya me temía yo que ese desnivel habría que volverlo a subir para llegar a meta. Efectivamente, había que guardar fuerzas porque del 8 al 9 se salva de nuevo el desnivel. Así que, tras el esfuerzo,  del 9 al 10 se corre en reserva aunque espoleado por la cercanía de meta.

Al final un tiempo oficial de 47:59 (no he encontrado el neto en ningún sitio) que me deja muy contento ya que apenas corro 7-8 kilómetros dos días por semana en estos momentos.

Al finalizar la meta recogí la bolsa del corredor (bien), me tomé una cervecita y una brocheta de frutas y me fui al coche. Eso yo, porque otra mucha gente al ser jornada festiva en Mercamadrid se quedó por allí disfrutando de todo lo que había dispuesto la organización: degustaciones, bebida, comida, reparto de muestras de diferentes productos, juegos para niños, un trenecito turístico, etc. Yo no me quedé porque la verdad es que no me gustan nada las aglomeraciones ni las colas, pero hay gente que sí y otra que, ya llevado al extremo, parecía que había venido a hacer la compra. Y alguno, por ser más avaricioso de la cuenta, acabó con todo el género por el suelo y la botellita de vino que nos regalaron rota, que lo vieron estos ojillos que se ha de comer la tierra.

Muy recomendable. Felicidades a los organizadores.

IX Carrera Liberty (2016)

Cartel IX Carrera Liberty
Cartel IX Carrera Liberty

El pasado 22 de mayo volví de nuevo a correr la Carrera Liberty que este año cumplía su novena edición. Poco puedo aportar a lo que ya dije de ella en 2013, 2014 y 2015. Pero que la vuelva a correr, por cuarto año consecutivo, supongo que ya lo dice todo. No es una carrera fácil, pero quizá por eso me gusta más: los dos primeros kilómetros cuesta abajo corriendo fuerte para buscar un buen lugar, luego subir la Castellana a ritmo y sufrir en la cuesta de Concha Espina, recuperarse en Príncipe de Vergara e ir poco a poco metiendo velocidad para finalmente llegar a la última cuesta, la de Goya, entero y hacer un buen tiempo.

La estrategia, por tanto, como todos los años, estaba clara, pero la novedad es que en esta ocasión me acompañaría mi sobrino, de 17 años. A pesar del boom de las carreras populares, pocas son las que admiten la participación de menores. Algo entendible porque si ya es una mala publicidad para una carrera que mueran un par de participantes bragados en esto de correr, no me quiero imaginar qué pasaría si algún día le pasase algo a un menor. Pero sí es verdad que hay chicos que quieren participar. Algunos, como mi sobrino, sólo buscan divertirse, les gusta el ambiente de las carreras, que les den una camiseta y pasar una mañana haciendo deporte. Por eso siempre que me entero de que alguna de las carreras que estoy interesado en correr admite menores se lo digo y si nos viene bien a los dos, le apunto conmigo. Lo malo es que entre que yo tampoco estoy domingo sí y domingo también participando en carreras y que hay que tener en cuenta que la agenda de un chavalín de 17 años también tiene sus apreturas entre exámenes y ‘fiesta, fiesta’, pues no habíamos corrido juntos desde noviembre.

Su objetivo era bajar de 50 minutos porque habíamos corrido sobrados en Canillejas e hicimos 51:40. Pero yo sabía que podía apretarle un poco más. Durante la preparación del maratón me acompañó en alguna tirada larga de más de dos horas sin dar muestras de fatiga y aunque no entrena sé que sale a correr de cuando en cuando y que tiene mucho margen de mejora. Así que digamos que le llevé «con el gancho».

Nos situamos correctamente en la salida, entre los carteles del sub-45 y del sub-50 y aun así tuvimos que esquivar a muchísima gente los dos primeros kilómetros. También es verdad que le llevé algo rápido ese tramo, a una media de 4:15 min/km. En la Castellana nos relajamos un poco, pero aun así ningún kilómetro se nos fue por encima de 5 minutos. Tras el avituallamiento del km. 5 vimos a su padre, mi cuñado, animándonos. En la subida de Concha Espina pensé que lo perdía, pero tiró como un campeón, aunque me dijo que tenía algo de flato. Pensé que en Príncipe de Vergara se recuperaría, pero le vi sufrir y perdimos algunas posiciones porque no era plan de reventar, y aun así hicimos ese tramo a 4:35-4:40. Y ya en la cuesta final, en Goya, tuve que animarle mucho diciéndole lo poco que quedaba y lo bien que lo estaba haciendo para que no se me hundiera definitivamentes. Pero aguantó como un campeón y cruzamos la línea de meta en un tiempo neto de 46:54 que está muy pero que muy bien. Tan bien como que al día siguiente, cuando salieron las clasificaciones vimos que había obtenido el quinto puesto de su categoría, la Junior masculino. ¡Un crack, mi sobrino!

Si entrenase un poco en serio, podía estar haciendo unas marcas que yo ni siquiera podría soñar. Aun así, y estando las cosas como están, pienso que tiene el sub-45 en las piernas, y ése va a ser nuestro próximo objetivo si no para antes de que se meta el verano encima, para el próximo otoño.

V Carrera Monumental Ciudad de Segovia (2016)

Carrera Monumental Ciudad de Segovia
Carrera Monumental Ciudad de Segovia

Segundo fin de semana consecutivo que me pongo un dorsal, y segundo fin de semana consecutivo que ese dorsal me toca en un sorteo de Run Academy. Como dijo mi mujer cuando se lo conté: “ya podrías tener la misma suerte con los Euro Millones”. Pues sí. En cualquier caso era un motivo de alegría poder pasar un domingo corriendo y en familia en Segovia. Pero el tiempo se complicó, las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas y decidimos que era mejor no exponer al peque a la lluvia y al frío y me acerqué hasta Segovia yo solo.

Pude recoger el dorsal y la camiseta la misma mañana de la carrera, sin ningún contratiempo, pero quedaba más de una hora para la salida, así que como el cielo estaba nublado, hacía frío y amenazaba lluvia, me volví al coche y me refugié en él. E hice bien, porque como a las 10:30, media hora antes de la salida, cayó un buen chaparrón. La verdad es que el suelo húmedo me preocupaba un poco porque no sabía cómo iban a comportarse las Mizuno Wave Sayonara, si resbalarían o no, habida cuenta de que gran parte del recorrido sería por adoquín y empedrado.

Unos quince minutos antes del pistoletazo me voy a dar una carrerita por la Av. Fernández Ladreda para entrar en calor y cuando llego a la zona de salida, justo a los pies del impresionante acueducto, ya hay bastante gente situada. A pesar de que me parecía estar bastante cerca de los primeros puestos tardo más de 45 segundos en pasar por encima de la alfombrilla. Hay muchísima gente delante de mí. Así que una de dos, o la gente se sitúa mal en las salidas o yo me coloco peor.

Los dos primeros kilómetros, cuesta abajo por el Pº Santo Domingo de Guzmán, son un suplicio: avanzo a tirones, acelerando y frenando, zigzagueando, esquivando corredores a izquierda y derecha sin encontrar hueco. Paso el kilómetro 1 y el kilómetro 2 sin ver los puntos kilométricos, así que me voy guiando únicamente por la distancia que me marca el GPS. Al llegar a la Cuesta de los Hoyos la carrera se abre… o, mejor, se ralentiza, porque la cuesta cuesta y aunque sigo pasando corredores ya puedo correr sin agobios.

A mitad de la cuesta veo el cartel del kilómetro 3 (por fin) en una farola, pero al chequear con mi SportWatch éste marca más de 3,25 kms en ese punto. Me parece demasiado desfase (de seguir así, la carrera se podría ir a casi 11 kilómetros en mi reloj). Y pensando en estas tonterías «corono el puerto», es decir, giramos a la izquierda y salimos de la Cuesta de los Hoyos; y, aunque seguimos subiendo, al menos la pendiente de la Calle San Valentín (curioso, recorro la calle de San Valentín el 14 de febrero, día de San Valentín) es más asequible. Estamos entrando en el casco urbano de Segovia y ya no lo abandonaremos hasta la meta. La verdad es que la carrera es muy bonita. Hemos tenido unas vistas del Alcázar desde abajo espectaculares y a partir de ahora pasaremos por la mayoría de monumentos que hay dentro de Segovia, incluida la catedral. Pero si para la vista la carrera es maravillosa, los pies, por el contrario, sufren corriendo sobre adoquín y empedrado. Un suelo que me recuerda mucho al de la parte vieja de Zamora. Quizá la ciudad entera me recuerda un poco a Zamora y por eso me siento muy a gusto corriendo por sus calles (aunque en Zamora no nos gusta mucho eso de tener a gente cortando el centro porque somos un poco cazurros).

En el kilómetro 5 llegamos al Alcázar, ante la sorpresa de los despistados turistas que se han atrevido a visitar hoy Segovia a pesar del frío, y unos cientos de metros más adelante pasamos por un avituallamiento de agua en vaso. Tengo sed, así que agarro uno de encima de la mesa y me echo un par de sorbos al coleto. A estas alturas, la carrera ya está estabilizada y todos corremos con compañeros que van a nuestro mismo ritmo, más o menos. En mi grupo vamos estirados, en fila de a uno, a 4 y pico el kilómetro, por eso al correr por calles estrechas y con muchos giros de 90 grados o más  hay que poner los cinco sentidos en el pavimento, porque el de delante puede taparte un bolardo y te puedes dejar la espinilla (por cierto, qué cantidad de bolardos hay en Segovia, Cristo bendito).

Pasamos por el punto kilométrico 6 (tampoco he visto ni el 4 ni el 5) y mi gps marca 6,2 kms (la diferencia con mi gps se ha reducido… ni tan mal). El circuito está siendo un absoluto rompepiernas, lleno de toboganes, pero voy disfrutando como un gorrino. Sobre el kilómetro 7 pasamos por la Plaza Mayor bordeando el kiosko de música donde una banda segoviana, The Quotes 2.0, están versionando el Vertigo de U2 que tengo tan asociado a mi época londinense. Más subidón.

La lluvia arrecia y a veces se convierte en granizo, pero ya nada importa. Unos guiris nos gritan “you can do it!” y pienso en que of course we can do it, in fact we’re actually doing it. Veo el cartel del km. 8, está en el 8,1, parece que al final mi gps y el circuito se van a coordinar.

Las zapas, que tanto miedo me daban, se están portando fenomenal incluso sobre el suelo mojado y bajando a todo trapo. Ya no queda nada para meta. Una iglesia, una cuesta, un giro a la izquierda y ya se oye la megafonía. Sin embargo por mi reloj todavía queda casi un kilómetro para acabar. Intento ir un poco más rápido, pero ya no soy capaz de meter una marcha más y me concentro únicamente en mantener el ritmo.

Y llego al acueducto y paso por encima de las alfombras de llegada y me doy cuenta de que la gente se para y veo las vallas y a los voluntarios y estoy convencido de que tendríamos que seguir corriendo pero yo también me paro porque está claro que hemos llegado al final. Y detengo el gps aunque marque tan sólo 9,52 kilómetros y un tiempo de carrera de 45 minutos y 21 segundos (44:34 netos).

Es increíble que a la prueba le falten casi 500 metros, pienso. Así salen los tiempazos que salen en esta carrera, a pesar de su dureza. Si la carrera hubiera estado bien medida mi marca tendría que haber sido dos minutos largos más lenta: de casi 48 minutos (y la neta de unos 47). Pero ya da igual. La carrera ha terminado y quiero secarme y marcharme a casa con mi familia. Al otro lado acueducto nos dan el avituallamiento y nos advierten de que si queremos un caldito, nos lo dan unos metros más arriba, en la cafetería Bon Appétit. Un detallazo que yo agradecí mucho, sobre todo porque estaba calado hasta los huesos, sudado y además en esos momentos la lluvia se había convertido ya en agua nieve.

En resumen, una provincia más descubierta corriendo, otro entrenamiento de calidad completado y una pena lo de la distancia porque la carrera merecería que estuviera bien medida, porque cuando un corredor quiere correr un 1oK, lo menos que puede pedir a la organización es que ponga 10.000 metros por delante de sus piernas. Todo lo demás (camiseta, bolsa del corredor, trazado, actuaciones musicales, etc.) son menudencias.

XVII Trofeo Paris (2016)

El pasado 10 de enero volví a correr el Trofeo Paris que se celebra todos los años en el Parque Lineal del Manzanares. No me tocaba. El plan de maratón que he empezado a seguir el pasado día 4 no me exige tomar parte en ninguna competición, salvo un medio maratón el 28 de febrero. Así que me tocó jugar con el orden de los entrenos de la semana para desplazar la sesión de calidad del martes y sustituirla por la carrera del domingo. La parte positiva es que al estar de vacaciones no supuso complicación alguna.

¿Y todo esto por qué? Pues porque me apetecía. No corrí ninguna carrera de fin de año y además me gusta esa prueba y en esta tercera participación he vuelto a confirmar que me gusta mucho. A lo mejor es que me estoy asilvestrando porque últimamente me está encantando participar en pruebas que se hacen en zonas verdes: el Paris, el Akiles en la Casa de Campo, la Carrera de la AVT en el Parque de la Cuña Verde de O’Donnell, la Carrera del Taller en el Parque Juan Carlos I. Y al revés, me aburren todas esas pruebas que van Castellana arriba, Castellana abajo. Quizá tenga alguna vez que probar el trail, pero me da mucha pereza eso del desnivel acumulado. Me lo pensaré. Eso sí, elegí las Salomon Crossmax para esta carrera que tenía abandonadas en el fondo del armario ni sé de tiempo. De hecho están hasta descatalogadas. En general, fueron una buena opción con la de barro que había por el parque, salvo en la recta final que es una pasarela de madera que estaba empapada por la lluvia y en la que pensé que me iba a pegar la costalada padre porque resbalaba la maldita como si fuera una pista de hielo.

Es que no lo he dicho, pero hacía un día de perros. No ha llovido en Madrid en todo el invierno, pero este fin de semana ha sido de los de casa, estufa, tele y mantita. Es lo que tiene ser corretón. Cuando todos están a gustito en la cama o tomando un vermut al calor del amor en un bar, el corretón está entrenando o compitiendo. Probablemente porque podamos presumir de piernas, pero no tanto de cerebro. Lo bueno que tuvo la lluvia es que te das cuenta de que el Parque tiene un fallo enorme: no hay un sitio donde ponerse a cubierto (los olivos no fueron buena idea, lo probé). Pero bueno, la lluvia nos respetó durante buena parte de la competición (no así en los prolegómenos) y sólo al final hizo acto de presencia. Por suerte el guardarropa estaba al lado de meta y los voluntarios no tardaron nada en localizar mi bolsa en la que guardaba una camiseta seca y un chubasquero. Todo bajo control.

La carrera en sí muy bien organizada, como siempre. Participación modesta. Entrega de dorsal y camiseta (normalita) sin colas ni esperas. El recorrido, llano a dos vueltas, con indicaciones cada 500 metros (se agradece mucho ese detalle que no sé cómo no lo incorporan más organizadores) y en meta agua (1) y Aquarius (1) sin tener que esperar colas tampoco.

Sobre mi rendimiento tampoco tenía demasiadas expectativas. Había tenido un par de días antes un tirón en los isquiotibiales, a la altura dela rodilla, por detrás. Así que salí muy conservador y hacer un poco de calidad si pudiera ser. Me coloqué de la mitad para atrás en el pelotón y poco a poco fui sintiéndome bien, así que empecé a adelantar gente hasta encontrar mi lugar en el grupo. Tampoco fui de paseo, me esforcé, pero la maquinaria en la primera semana del plan de maratón todavía no está muy engrasada y al final incluso se me fueron los compañeros con los que había coincidido la mayor parte de la carrera (las maderas resbaladizas influyeron un poquito, pero sólo un poquito).

En resumen, 10 kilómetros (aunque según mi GPS le faltaban algunos metros) en 45:43 netos (46:18 tiempo oficial) a un ritmo de 4:35 por kilómetro. Buen comienzo de plan. Y todavía me quedan otras 15 semanas para mejorar.

Carrera Popular AVT 2015

Cartel
Fuente: AVT.org

Después del abandono de la preparación para Chicago tocaba ya ponerse un dorsal. Primero para comprobar cómo estaba de forma después de tres semanas en que he pasado de entrenar cinco o seis días por semana a hacerlo tan solo dos (si a eso se le puede llamar entrenar); y segundo y más importante: porque me apetecía.

Así que me puse a escarbar en el calendario de la web de Carreras Populares y reparé en la Carrera Popular AVT por Moratalaz y la escogí frente a la GlobalEnergyRaceSaveThePlanetasyouKnowitBecauseyou’reAmazingMan de turno (no puedo con ello, oye). En definitiva, una carrera modesta, en un barrio modesto y cerquita de casa de mi padre (ducha y desayuno post-carrera de diez y en inmejorable compañía). La carrera la organiza la Asociación de Víctimas del Terrorismo y como es lógico se guarda un minuto de silencio antes de dar la salida en recuerdo de todas ellas. Uno podrá estar más o menos de acuerdo con las decisiones políticas que toma la directiva de esa asociación, le pueden gustar más, menos o nada, pero las víctimas están ahí, sus familias también y a mí me merecen un respeto. A ellas nadie les preguntó su ideología. Pero desbarro, como siempre, así que al lío.

Conozco Moratalaz porque he entrenado mucho por ahí y he corrido su medio maratón también unas cuantas veces. Aun así estuve mirando el recorrido por la web y descubrí que buena parte se corría por el Parque Cuña Verde de O’Donnell, por tierra, un lugar además que no tiene ni un tramo llano: o subes o bajas. Así que ya me imaginé que iba a ser una carrera divertida.

A las 9 de la mañana tomamos la salida unos 600 participantes según el speaker, pero me temo que éramos bastantes menos, así que apenas tardé 15 segundos en pasar por debajo del arco. El objetivo era correr por debajo del ritmo de maratón que tenía previsto para Chicago: 4:50 por kilómetro.

El primer kilómetro salió un poco por encima pero es lo normal: ir lento hasta que el pelotón se estira. Hasta el kilómetro 2 el terreno sigue por el carril bici del Anillo Verde Ciclista de Madrid (que por cierto seguía abierto a ciclistas y paseantes) picando hacia arriba para luego llanear e incluso bajar un poco hasta el 3,5. Por cierto, no vi ni un sólo cartel que marcara un punto kilométrico, así que todas las referencias las tomo de mi Nike Sportwatch. A partir de ahí, y ya por el Parque de la Cuña Verde de O’Donnell, todo el trazado es de toboganes. En el kilómetro cinco había instalado un cronómetro digital, un control de tiempos intermedios y un punto de avituallamiento de agua (genial). Y del 6 al 8 viene lo divertido: un kilómetro y pico de cuesta, pero cuesta cuesta, con unos repechos que te hacen jurar en arameo y que afortunadamente yo conocía de antes, así que bajé un poco el pistón y por eso se me fueron a 4:37-4:38.

En el último repecho, viendo el nivel de bufidos de los compañeros con los que coincidí en ese tramo, interpreté que no conocían el circuito, así que les avisé de ya quedaba poco y que a partir del kilómetro 8 todo era cuesta abajo… y lo agradecieron 😉

Los dos últimos kilómetros, tras recuperar el resuello, no quedaba otra que disfrutarlos, claro. Y la alegría es total al entrar en el Polideportivo y oler la meta al otro lado. En la última curva adelanto a la tercera chica y la animo (quedó a tiro de piedra de la segunda, un kilómetro más y la alcanza). Y yo, viendo que no bajaba ya de 44 minutos, regulo en la recta final para no acabar echando los higadillos en la llegada (que me ha pasado, eh, llegar a meta y empezar a darme arcadas).

En resumen, al final terminé en 44 minutos y 22 segundos (44:06 tiempo neto), puesto 74 de 430 llegados y 18 de mi categoría. Me he visto rápido (para mi nivel) pero siento que de haber sido el circuito un poco menos exigente podría haber bajado a 43 altos. A pesar de ello, y sin embargo, ha sido justamente en las cuestas donde me he visto fuerte y donde he ido pasando a la gente.

En meta bolsa, camiseta (que pedí una talla más grande para regalar a mi sobri de 16 años que quiere correr Canillejas y anda escaso de ropa técnica -como al final se anime a esto luego no va a saber qué hacer con ellas-), agua, aquiarius, plátano y unas chuches.

Mi valoración es que se trata de una carrera estupenda para correr sin agobios por la escasa participación. Exigente por las cuestas y con el nivel de dificultad añadido de transitar por caminos de tierra y tener que bajar el ritmo en varios giros de 180 grados para no resbalar y romperte la crisma. La salida y la meta en la fantástica pista de tartán azul del polideportivo de Moratalaz, es un plus. La recomiendo sobre todo si alguien está tratando de preparar un maratón de otoño como entrenamiento de calidad y fuerza. La parte negativa: no están señalizados los kilómetros y tener que compartir el carril bici con sus usuarios por no cortar un par de calles unos minutos.

¿La próxima carrera? Ni idea. Salvo Canillejas no tengo nada fijo.

V Carrera Proniño: la crónica

Una de las cosas más comunes que pueden ocurrir cuando vives con un niño pequeño es que el canijo se ponga malito. Mateo lleva renqueando con una gripe varias semanas, con episodios esporádicos de fiebre incluidos. Nos ha tocado ir a ver un par de veces a Juan, su pediatra, y probablemente nos quede todavía verlo otra vez antes de las vacaciones. Bueno, que me desvío, el caso es que como progenitor, y si no lo sois, cuando decidáis serlo lo sabréis; cuidas del heredero como mejor puedes, sin importarte las consecuencias. Consecuencias a las que te enfrentas con el pensamiento más lógico del mundo: niño chiquitito, bacilos chiquititos versus papá grande, anticuerpos grandes… ¡Papá gana! Error. El curso de los acontecimientos real es: niño chiquitito, bacilos cabrones, papá grande, anticuerpos «mariquitas»… ¡El nene gana!

Por eso el martes estaba como cansado, débil. Pero achacaba eso a un mal fin de semana con ingreso hospitalario de mi madre incluido. Pero no. En el momento en que apareció la tos de tuberculoso podrido ya no hubo dudas sobre el origen de todo. Y desde entonces sigo así, tosiendo como un viejo y temiendo que cada vez que voy al hospital a ver a mi madre, como está en Neumología, me confundan con un paciente a la fuga y me aten a una cama hasta que vengan las autoridades sanitarias y certifiquen que no soy un peligro para la sociedad, aunque mis compañeros de trabajo lleven una semana opinando lo contrario y pidiendo al jefe que me aislen con unos plásticos o algo.

En cualquier caso, Don Pablo me ofreció acompañarle a él y a los chicos a la Proniño del domingo y ni lo dudé porque para el domingo estaría yo ya curado, seguro. Objetivo: confirmar la buena marca de la carrera Liberty y si era posible, mejorarla un poquillo, ¿no?

Pero llegó el día de la carrera y mi tos perruna seguía acompañando a una voz cazallera pero bueno, el caso era ir, participar y hacer un entreno a buen ritmo y de paso sudar un poco para echar todos los bichos fuera. Habíamos quedado en el metro Ronda de la Comunicación, y como nunca había ido por allí me sorprendió el tinglado que tiene Telefónica montado en eso que se ha venido en llamar Distrito Telefónica. ¡Cacho instalaciones! Y la verdad es que en el aspecto organizativo de la carrera también estaba todo bastante bien pensado con los cajones de acceso por tiempos estimados para que la gente se fuera colocando bien, stands de marcas ofreciendo degustación de productos (me sorprendió lo de las gominolas energéticas y me parecieron muy ricas) y hasta animación infantil para los más peques (tras la carrera grande llegarían las carreras de los más niños). El día, además, muy bueno para correr porque el vientecito era fresco. Tardaron unos minutos más de la cuenta en dar la salida, pero en cuanto nos largaron no me pareció que hubiera mucho agobio para poder correr sin problemas: calles muy anchas en un distrito de nueva creación. Eso es lo mejor y lo peor que se puede decir de un recorrido: mucho sitio para correr, poca gente para animar. Además un recorrido muy rompepiernas con subidas y bajadas, ninguna podía considerarse un gran repecho, pero sí que eran largas y tendidas y al final acababan machacando.

En mi caso, pude aguantar el ritmo los tres primeros kilómetros, a partir de entonces, sólo pensaba en llegar o en retirarme. Estaba agotado, como si llevara 35 kilómetros corriendo. Imagino que se tuvo que deber, más que a un bajo estado de forma, a la escasa entrada de aire en los pulmones fruto del gripazo, la inflamación de los bronquios o lo que quiera en que consista eso. Así que no me quedó otra que olvidarme de marcas, apencar con las cuestas y acomodarme en ritmos de hasta 5:10 por kilómetro. Al final conseguí no hundirme por debajo de los 50 minutos y paré el crono en 0:48:37.

Proniño
Con los chavales, Chema Martínez y Martín Fiz.

Después de la carrera, reagrupación de efectivos y foto de familia acompañados de dos figuras/estrellas del atletismo como Martín Fiz y Chema Martínez. Dos auténticos cracs que participaron en la carrera y que después aguantaron estoicamente, siempre con una sonrisa, a todos los corredores, amigos de corredores y familias de corredores que buscaban/buscábamos hacernos una foto con ellos. Muy grandes. Alguno de los chicos de «Correr Te Hace Libre» estaba hasta emocionado. Y eso, en gente que ha pasado por la cárcel, es decir mucho. Espero que en el futuro siga pudiendo decir esto mismo porque en el 2008 también conocí a Urdangarín y hasta me pareció un tío majo.

Epilogo:

Creo que hasta aquí ha llegado la temporada. A partir de julio empieza una historia completamente diferente: la preparación para la maratón de Nueva York (flamante premio Príncipe/¿Princesa? de Asturias de los Deportes 2014) del próximo 2 de noviembre. Será la segunda vez que tenga que entrenar durante el verano. La primera fue en 2001 por la Millennium Marathon Madrid… pero de eso hace ya tantos años que ni recuerdo cómo lo hice. Supongo que adaptaré el garriplán, buscando a lo mejor un poco más de volumen y no tanto ritmos más altos. No voy pensando en llegar a Manhattan para hacer MMP. Quiero disfrutar esa experiencia de correr uno de los Majors hasta el último detalle, siendo consciente de que no se volverá a repetir, no por ganas, sino por el enorme desembolso económico que conlleva. Pero, ¿una vez en la vida? Sí, se puede.

Queda por ver cómo encajo el blog en todo esto puesto que no tengo intención, como ya dije, de ir comentando por aquí mis entrenos. Además tengo que preparar al menos dos asignaturas de Derecho de la UNED para septiembre, más el trabajo, etc. etc. Quizá lo aparque una temporada y sólo suba crónicas de las carreras en las que participe. Al menos hasta mediados de septiembre, una vez que  se hayan acabado los exámenes.

Por otra parte, en la primera quincena de julio tendré vacaciones y mi familia y yo buscaremos relajarnos unos días del agobio acumulado de todo el año en Lanzarote… siempre que al Gobierno no se le ocurra a última hora volver a dejarnos sin paga extra a los funcionarios. 😉

Felices entrenos.