El corredor estoico

«Quiero correr sin fin, quiero correr hasta morir». Bueno, en realidad Tino Casal usaba el verbo “bailar”, en vez de “correr”, pero no he podido evitar parafrasearle ahora que se cumplen 25 años de su muerte. Casal murió como mueren los artistas grandes, “en trágicas circunstancias”, y si hay una palabra que pueda definirlo es una de las que forma parte del título de la exposición que el Museo del Traje le dedica estos días en Madrid: “El Arte por Exceso“. Exceso. Y del exceso quería hoy hablar. No ese exceso tan de la Movida que se puede encontrar en sus canciones («una pequeña dosis más, quiero bailar hasta morir»), sino el exceso que cada día encuentro entre ciertos corredores.

No me importa en absoluto el exceso del que habla de constantemente de sus entrenos o sube interminables fotos a sus redes sociales de él o ella entrenando, en carrera, tomando batidos proteicos, luciendo nueva equipación, nuevas zapatillas, nuevo pulsómetro o el cachivache más nuevo del mercado, llámalo equis. Allá cada uno. No es mi estilo, pero puede ser el suyo. Live and let live, if you know what I mean. También he conocido algunos de estos profetas del running que tras profesar exageradamente el runnerismo y vivirlo de forma tan intensa de pronto desaparecen y te enteras de que han dejado de correr porque se les ha pasado la “fiebre”, o resulta que se han pasado al crossfit de forma tan vehemente y voraz como practicaron el correr. Que los hay.

Zenon de Citio, "el Estoico"
Zenón de Citio, “el Estoico”

Yo nací como corredor cuando el tema éste de la “información” no era tan fácil ni tan inmediato como hoy, sobre todo si no venías del atletismo de clubes o no tenías experiencia atlética previa. Y así me vi yo. Aprendiendo tras cada maratón con aquella revista que editaba Mapoma y que regalaba en la bolsa del corredor cada año y que tras la portada (y tras el saludo del Rey, ‘maratoniano de honor’, y el del Alcalde, y el del Presidente de la Comunidad, y el del Consejero, y el del Concejal, etc. etc.) podías encontrar artículos estupendos sobre lo que iba a ser la maratón: su exigencia física y mental y lo que haberla corrido iba a hacerle a tu organismo. En cierta forma, aquellos artículos me enseñaron, si no a tenerle miedo a la carrera, sí a pensar que carreras tan largas, en exceso (todo en exceso), podrían ser contraproducentes para tu salud. Me convertí en un corredor estoico (si no lo era ya por naturaleza): más racional que visceral, cauto, imperturbable y, vale, vale, aburrido.

Desde entonces he corrido conforme a lo razonable sin salirme de lo que aquellos consejos aprendidos con cuatro artículos periodísticos marcaban como saludable: un maratón al año (dos, máximo), tres o cuatro medias y ocho o diez 10K. El resto, salvo las semanas de entrenamiento para la maratón: correr por correr, correr por salud. Y no me ha ido mal si miro hacia atrás. Ninguna lesión grave en 18 años, ni dolores crónicos en ninguna articulación, ni secuelas físicas apreciables (las propias de la edad).

He sobrevivido.

Quizá demasiado. Quizá hasta el punto de llegar hasta este momento, a este siglo XXI tan plagado de corredores epicureos que encuentro tan ajenos a mí, tan pasionales, tan “aprovecha el momento” y que son capaces de encadenar sin demasiados remordimientos tres, cuatro, cinco maratones al año, algunos separados entre sí por tan sólo unas semanas. Veo sus fotos, leo sus crónicas, repaso la expresión de sus rostros sonrientes mordiendo la última medalla de finisher del maratón de moda o de esa ultra con chorrocientos mil metros de desnivel positivo o la super megamedalla que demuestra que has corrido de los Apeninos a los Andes como Marco pero sin mono Amedio y cruzándote el Atlántico a nado con un neopreno de colorines y tirando de una zodiac con los dientes.

Son esos momentos en los que no puedo evitar sentirme viejo, mirar para arriba, los ojos en blanco, y musitar: “maremíamaremíamaremía“.

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2 comentarios en “El corredor estoico

  1. Maestro yo empece a correr porque empezaba a ser lo mas parecido a un muñeco Michelín y poco después tuve que seguir corriendo para que mi jodida enfermedad no pueda conmigo. Pero de pronto, al volver después de verano, cada carrera que he corrido ha sido para acompañar a alguien y de pronto al ir ayudando a los demás me he dado cuenta que correr es otro elemento mas de mi vida.
    P.D.: yo me confieso…..abuso de subir fotitos a las redes sociales…jeje.

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