¡Qué moreno que estás!

Hoy se han abierto las inscripciones para la próxima edición del maratón de Madrid que se disputará el próximo 24 de abril. En mi caso es un poco pronto para decidirme, pero si hay una cosa de la carrera que me gusta, que siempre me ha gustado, es su fecha de celebración: el último domingo de abril.

Madrid puede tener todos los defectos que queramos que tenga, pero para mí tiene una gran ventaja sobre maratones que se celebran en fechas anteriores, como el de Barcelona: el último mes. Me explico, para preparar Barcelona hay que hacerlo en pleno invierno, los cuatro meses, con ese frío que a mí particularmente me mata. Sin embargo, para preparar Madrid aunque haya que empezar en enero, el último mes, desde finales de marzo a finales de abril, si el año meteorológico es “normal”, uno tiene el privilegio de entrenar en plena efervescencia de la primavera: con sol, temperaturas suaves, cielos azules y una vegetación en plena ebullición. Y eso, creedme, es un gustazo después de 3 meses de frío. Compensa, digámoslo así.

Durante muchos años, para mí, Madrid fue el único objetivo de mis temporadas, el único maratón que me proponía correr, la carrera marcada en rojo en el calendario. Cada año, el uno de enero, como un clavo, salía a correr por la mañana y daba así por inaugurado el período de preparación, en el que penaba hasta marzo y en el que a partir de esa fecha, coincidiendo con la llegada del buen tiempo, lo daba todo para llegar fino y fuerte al día de la carrera. Acumulaba más kilómetros, corría más rápido y pasaba mucho más tiempo al aire libre, disfrutando del sol y del clima, incluso entrenando sin camiseta en esos días “perfectos”. Así, que poco a poco, iba cogiendo hasta colorcillo, y la gente, los compañeros de trabajo, vecinos siempre que me veían solían decirme:

 – ¡Qué moreno que estás!

Y yo tenía que recordarles «es que, como corro y eso», mientras les señalaba la marca de piel blanca de mi muñeca izquierda, donde solía llevar mi fiel compañero, mi cronómetro Casio, para que vieran que no era moreno de playa, que era de entrenar.

 – ¡Ah! Es verdad, que tú corres.

 Y eso solía pasarme todos los años porque, no sé por qué, la gente es olvidadiza por naturaleza y siempre tenía que andar en la boca con eso de que: «es que, como corro y eso».

 Recuerdo además, un año, allá a principios de la década del dos mil, en que tenía que operarme, nada grave, ese tipo de intervenciones casi ambulatorias en que únicamente pasas una noche en el hospital. El caso es que la pospuse hasta después del maratón, que fue uno de los que mejor me salió: llegué fino y bajé de las 3 horas 30 minutos sin sufrir. Y la mañana de mi intervención, en el hospital, me hicieron quitar la ropa y meterme en una camilla para que un camillero me llevara al quirófano con la historia clínica a los pies y demás. Podéis imaginaros la escena. Así que llegamos al hall y mientras esperábamos al ascensor coincidimos, el camillero y yo, con un matrimonio. En un momento dado la mujer se fijó en mí y le dijo al marido:

 – ¿Has visto qué aspecto más saludable que tiene este enfermo?

 Y yo, dispuesto como siempre a aclarar la situación, mientras el camillero empujaba mi camilla al interior del ascensor, les miré, y mientras señalaba mi muñeca blanca del cronómetro, les dije aquello de:

 – ¡Es que yo corro, y eso!

 No hubo tiempo para más, las puertas se cerraron y no pude explicarles en detalle que yo era deportista, que entrenaba al aire libre y que por eso estaba morenito. Tampoco sé qué impresión se llevarían ellos, pero a día de hoy imagino que la conclusión a la que llegarían es que aquel enfermo de aspecto saludable que gesticulaba tanto, probablemente estaba ingresado en la planta de Psiquiatría.

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4 comentarios en “¡Qué moreno que estás!

  1. Pues bendita locura, ¿no?
    Yo vivo el caso contrario. Al querer correr el de Valencia me estoy ‘comiendo’ ya los calores del verano. Es un sin vivir. Y solo voy por la primera semana.
    Siempre me han recomendado correr los maratones de primavera por las razones que tú propones.

    1. Bendita locura, Joaquín. Yo también estoy enfrascado en la preparación de mi maratón anual y es el 11 de octubre. ¡No te digo ná y te lo digo tó! 😉 Ánimo y fuerza.

  2. Por una vez te llevo la contraria, que bien se corre con fresquito, el frió en la cara y las piernas y esos días de lluvia. Pero como decía mi abuela, hijo para gustos los colores.
    Enhorabuena maestro una vez mas.

    1. Roberto, si yo te entiendo perfectamente. Y entrenar con fresquito es un gusto. Pero, entiéndeme, fresquito. Pero lo de Madrid en enero es frío de narices! 😉

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