Con Mahou en el Bernabéu

¿Por qué, por qué, los domingos por el fútbol me abandonas?

Pues sí. Tal como dice la canción de Rita Pavone, este último domingo he abandonado al running, a una carrera, la Norte-Sur, por un partidito de fútbol. Y me he quedado tan oreado a pesar de que la corrían amigos y compañeros. Tampoco es que ahora vaya a ponerme a practicar júrgol y dejar de correr no. No tengo interés y, para mi desgracia económica, tampoco tengo las cualidades. A mí el fúmbol, cómo decía la canción de Peretni fu, ni fa”.  De hecho casi me tienen que explicar el aspecto de la pelota para poder reconocerla el día del partido no sea que acabara dándole un chut (¿se dice así?) al árbitro por equivocación.

El caso es que lo del partido, además, cuadraba. Era en mi semana de descanso antes de ponerme a partir del lunes de después con un nuevo plan de entrenamientos que me tiene que llevar en la mejor forma física posible a la Maratón de Chicago. Así que pensé, ¿por qué someter al cuerpo al estrés de la competición cuando puedo jugar una pachanga con mis sobrinos y mi cuñado en el mismísimo estadio Santiago Bernabéu?

 

panorámica
Panorámica. Los del centro somos nosotros. Fuente: Mahou.

Porque sí, el partido se celebraba en el Bernabéu, el “Coliseo Blanco”. Evidentemente, si no me gusta el deporte de la pelotita y los 22 tíos corriendo detrás, tampoco es que sienta especial simpatía por ningún equipo, ni siquiera los de Madrid. Pero reconozco que el estadio en sí es un edificio emblemático de la ciudad y que es muy poca la gente que puede tener la oportunidad de pisar su césped y, aún menos, jugar allí. Además es el estadio al que fui a ver el único partido de fútbol que he visto en mi vida: el Real Madrid 6-Anderlecht 1 de diciembre de 1984. Así que ya era hora de volver después de más de 30 años sin pisar sus instalaciones.

¿Que cómo llegamos hasta allí? Resulta que, por lo que se ve, todos los años Mahou pone en marcha una promoción en su página web de “Somos Auténticas Estrellas” que consiste en ir formando, a través de un capitán (mi sobrinazo que es el que se ocupa de todo eso), un equipo de diez jugadores y una vez que todos se hayan dado de alta cada uno de los integrantes puede ingresar en la cuenta del equipo un máximo de veinte códigos al día de los que vienen en las etiquetas de los botellines (y en las anillas de los botes) de cerveza Mahou Cinco Estrellas. Al final de la promoción se realiza un sorteo entre los equipos participantes (los que, supongo, hayan llegado a un mínimo de códigos introducidos) y 100 equipos son agraciados con jugar entre ellos en un evento que se celebra sobre el césped del estadio Bernabéu. ¡Y nos tocó!

 

Aston Birra
Foto oficial del Aston Birra

Ese evento fue el del pasado domingo 21 de junio. Allí nos plantamos los 100 equipos… y supongo que algunos más invitados (enchufados) por la propia Mahou, porque empezó la cosa a las nueve de la mañana y se preveía acabar a las ocho de la tarde, así que si cada 30 minutos se disputaban tres partidillos de fútbol 7 simultáneamente a lo ancho del campo, en 11 horas tuvieron que jugar 132 equipos, ya que los partidos no tenían carácter competitivo y ningún equipo jugó más de uno, eso contando con que las matemáticas sigan siendo una ciencia exacta.

Aunque eso de que los partidos eran amistosos también fue un poco relativo, porque veías a cada equipo que parecía que iban a jugar la final de la Champions (alguno sólo por poder decir eso de “yo he marcado un gol en el Bernabéu” casi mata): espinilleras, los porteros con guantes, vamos, de “tó” (barriguitas cerveceras la mía y pocas más, curiosamente). La uniformidad la guardábamos todos muy bien porque Mahou nos regaló camiseta y pantalón (siempre se enfrentaba un equipo blanco con un equipo rojo) con el logo de la cervecera bien visible para las fotos (los derechos sobre la propia imagen se ceden, que lo sepas). Así que las botas fue lo único que tuvimos que llevar los jugadores (las mías de prestado, porque de eso no gasto).

Así que el sábado salí a correr un poco tan sólo por desentumecer un poco las piernas tras el pequeño parón de casi una semana (y por fijar un circuito de cuatro millas para unos entrenamientos que tengo en mente) y el domingo me planté en el estadio a las 8:15. Debo reconocer que me dieron mucha envidia los runners que llevaban puesta la camiseta de la Norte-Sur de este año con los que coincidí en el metro, aparte de los que luego vi subir calentando Castellana arriba y que pasaban por delante del Bernabéu mientras estábamos esperando para entrar ya que nuestro partidillo era a las 9:30. Es que la cabra tira al monte.

Momentos para el recuerdo
Momentos para el recuerdo

A las 9 nos metieron al estadio por la puerta 0, nos dieron las equipaciones y nos llevaron a un palco a cambiarnos (habían habilitado un montón de palcos del fondo norte como vestuarios y lugar seguro donde poder dejar las cosas hasta que finalizáramos). Cuando el monitor que nos acompañaba en todo momento nos indicó salimos al césped por uno de los corners con nuestros teléfonos móviles y cámaras para hacernos fotos, sirfis y movidas de esas como auténticos guiris con una sonrisa de oreja a oreja y cara de tontos. Y en esas estábamos cuando el speaker se pone a dar las alineaciones. Cuando dijeron mi nombre por la megafonía del estadio casi me parto de risa. Una sensación muy cómica oír tu nombre en el Bernabéu. En este punto, agradecer a mi hermana mayor y al madridista de mi cuñado José (el que debutó en la Media Maratón del Rock’n’Roll Madrid de este año) el apoyo que como afición nos dieron desde la grada: notable alto. Afortunadamente, además, el equipo rival que nos tocó en suerte también venía a vivir la experiencia y no a dejarse la piel en el campo (y de paso nuestro pellejo) por lo que los dos equipos pudimos jugar muy a gusto. El resultado fue lo de menos (ganamos 3 a 1, para el que tenga curiosidad), lo mejor fue que lo pasamos muy bien, que nos reimos muchísimo (cuando me pegué una cabalgada por la banda y al tratar de centrar le di al aire, casi me descuajaringo de risa) y que además trabajé velocidad (desconocida para mí, no estoy habituado a esos sprints explosivos que me agotaban como creía que una carrera no podría nunca agotarme) y músculos que con el running tenía olvidados (las agujetas del día siguiente lo atestiguan). Pero, sobre todo, que al final del partido, en la banda, habían montado unas carpas con un chiringuito con toda la cerveza (Mahou, of course) que quisieras y con algo de picar (sándwiches, croissants, taquitos de queso) eso sí todo limitado a los 30 minutos que duraba el partido de después.

Y siempre quedará espacio para una birra
Y siempre quedará espacio para una birra

Después, acompañados por nuestro monitor, de vuelta al “palco-vestuario” y tras acompañarnos a la salida nos dieron como obsequio una cajita con dos botellines de Mahou con motivos del Real Madrid y una copa de cerveza serigrafiada. Un detalle, vaya. La verdad es que todo eso se pueda vivir, y que salga por cero euros, es de agradecer y desde aquí felicitar a Mahou por la iniciativa.

Me quedo con una gran experiencia, muy divertida y muy recomendable. La organización es muy buena (casi alemana), los medios son abundantes y el escenario es de ensueño (sobre todo si eres futbolero y del Madrid) así que si alguno está interesado en vivir esta misma experiencia en sus propias carnes el año que viene, espero que esta entrada le haya servido de ayuda.

Cooling down en el post-partido
Cooling down en el post-partido

Ahora vuelta al lío y al running con mi particular #roadtoChicago.

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