Marathon (2005)

Marathon
Marathon (2005)

¿Qué hacía yo el otro día viendo una película coreana (del sur) con subtítulos? No lo sé. Imagino que es uno de esos enigmas del universo para los que todavía no hay explicación científica. El caso es que me topé con esta película en una entrada sobre cine y running de Perarnau Magazine (el que yo anduviera visitando una web que habla principalmente de fútbol es otro enigma universal aún mayor, si cabe) y me llamó la atención. En primer lugar por el running, claro, pero en segundo porque el protagonista era una persona autista y supongo que éso fue decisivo. Desde que Mateo, mi hijo, acude al Centro de Atención Temprana he tenido contacto con muchos papás de niños con discapacidad, entre ellos algunos diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) y sé lo especiales que son. O a lo mejor no lo sé, quizá no lo sepa nadie, salvo ellos mismos. Pero intuyo que “nuestra” realidad poco tiene que ver con la suya y no tiene por eso que ser ni peor ni mejor. Todavía recuerdo cómo Mateo era un proyecto de ser humano de poco más de un kilo y al que intentábamos transmitir nuestro amor a través de la incubadora con caricias y besos… hasta que una enfermera, haciendo trizas nuestros esquemas mentales preconcebidos, nos explicó que para nuestro cachorro el verdadero amor era la protección y el calor de unas manos, mientras que los besos y de las caricias no significaban nada. ¿Qué hay de malo en ver el mundo con otros ojos? O quizá seamos nosotros, “los normales”, los que seamos ciegos.

Volviendo a “Marathon”, la sinopsis de la película podéis encontrarla en cualquier web de cine como IMDb o FilmAffinity mucho mejor contada de lo que yo lo haría. Pero quiero destacar que está basada en una historia real, la de Bae Hyeong-jin, un autista que con 18 años corrió el maratón de Chuncheon (el segundo más importante de Corea del Sur) en un tiempo de 2:57:07 que ya quisiera yo para mí. La peli parece que fue un taquillazo en Corea y contribuyó a visibilizar y dar a conocer el término “autismo” en un país donde vivir con una discapacidad no debe ser lo más agradable del mundo.

Bae Hyeong-jin
Bae Hyeong-jin

Así que si hoy toca ser crítico de cine será mejor que comience. La peli en sí es buena, dentro de lo que a priori uno pueda pensar antes de ponerse a ver una película coreana (del sur). Quizá la primera parte de la película sea bastante más lenta de lo deseable y poco a poco te haga ir perdiendo atención, y lo peor es que es cuando se centra en el running. Como corredor no me creo al entrenador, se supone que un antiguo campeón de maratón que llegó incluso a ganar en Boston pero que ahora tiene que hacer trabajos en beneficio de la comunidad por sus problemas con el alcohol. Tampoco me creo esos entrenamientos que pone al chico y que consisten en dar vueltas al campo de fútbol de tierra del colegio. Ni siquiera el equipamiento, que claramente patrocina New Balance en la película, es el más adecuado para correr. Pero el actor que da vida a Cho-won la verdad es que borda el personaje y hace que nunca llegues a perder el interés.

Sin embargo, a partir de la hora de metraje (la peli dura casi dos), el director consigue remontar el vuelo pero esta vez por la parte de las emociones, de la tragedia de estos chicos, del amor de sus padres, de la frialdad de la sociedad y de tantas y tantas preguntas que uno se hace en torno a ellos. Es el momento en el que si fuera una película de Stallone, Rocky empezaría a castigar el hígado de su oponente con esos puñetazos demoledores construidos a base de golpear una y otra vez reses congeladas. Bofetada tras bofetada nos damos cuenta de que nosotros también golpeamos con Rocky y queremos que, de un K.O, mande a su rival a la lona. Lo mismo pasa con Cho-won, queremos que le pase todo, que les dé un “zas en toa la boca” a su madre, a su entrenador, a la sociedad ¡y hasta que gane el puto maratón de Chuncheon!

Llegado a este punto ya no me importa si lo que me propone el director es creíble o no, me da igual me lo creo todo. Estoy con el subidón, así que si el chico quiere correr el maratón sin haber entrenado el último año, ¡qué más me da!, y si a pesar de todo (y de pararse, y de sentarse, y de correr a un ritmo cochinero según se ve en algunos planos), me cuenta que ha llegado a meta en 2:57, ¿a quién le importa? Da lo mismo. Cho-won ¿qué son tus piernas?: “Un millón de dólares”; ¿Y tu cuerpo?: “¡Un asesino!”; ¿Puedes hacerlo?: “¡Sí!”

Esa es la magia del cine, sé que no es posible, pero lo compro igualmente. Y disfruto.

Total, desde que vi “Princesas” y compré que Candela Peña fuera prostituta aunque su personaje viniera de una familia bien, no desestructurada, sin problemas mentales, con estudios superiores, sin adicciones de ninguna clase y sin afán de vivir sin trabajar (vamos, que decidió ser puta como la que decide ser oficinista); ya lo compro todo.

🙂

Anuncios

2 comentarios en “Marathon (2005)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s