TCS New York City Marathon 2014 (I)

La noche antes de una maratón en el extranjero, mi primera maratón en el extranjero, la única inquietud que siento es pensar en que no he llegado hasta aquí como para perdérmelo ahora. Quizá eso explique que me despierte continuamente, que compruebe incluso a las tres de la mañana que la hora se ha atrasado y vuelven a ser las dos, que al final esté en pie media hora antes de lo previsto y que salga anticipadamente del hotel, con un café aguado humeante en una mano y mordisqueando un trozo de pastel de zanahoria en la otra.

Y allí, de noche, en la Sexta Avenida, desayunando junto a la parada de metro de la 47-50 Sts, compruebo en propias carnes que la organización no se había equivocado en el mail que nos había enviado esa misma madrugada: “all runners should dress appropriately for the cold and windy weather“.

Llevo el dinero contado para el metro, en monedas, no quiero lastres después. Saco el billete y paso el torno. Tengo que estar en el South Ferry Terminal a las 6:00. Tengo más de 45 minutos. Hasta el primer transbordo (exceptuando los 15 minutos de espera en una estación prácticamente desierta), todo va bien. Poco movimiento runner, pero no me extraña porque la línea que pasa por aquí lleva a sitios de la ciudad no relacionados con la maratón. Así que no puedo guiarme por nadie. Me bajo en la 34th St. porque tengo que transbordar a las líneas R N Q dirección Downtown, pero coincide que algún runner va hacia el andén que sube al uptown y me despista. Chequeo de nuevo los mapas, voy bien: downtown y línea R. Quizá esos corredores vayan a pillar los autobuses lanzadera que salen de la New York Public Library. Yo no, yo voy hacia el sur, al ferry de Staten Island.

La gente que va llegando al andén se queda al pie de las escaleras. El fondo está lleno de homeless durmiendo en los bancos, al resguardo del frío de la calle. El olor es peculiar, supongo que esa es la razón de no avanzar hasta el fondo. En las vías una pareja de ratas negras rebusca algo de comer por debajo de los raíles. Llega un tren de la línea N. Decido subirme, al menos me llevará hasta Canal St. y allí ya podré esperar el de la línea R, pero no me seduce la idea de quedarme en el andén otros 15 minutos. Queda media hora para las 6:00 y en el vagón se ven ya bastantes maratonianos, saludo con un movimiento de cabeza a uno enfrente de mí, de tez oscura, probablemente de Pakistán o cerca. En la parada de la 14th con Union Sq. se baja un buen grupo de corredores y se supone que no deberían. El pakistaní y yo nos miramos y el reflejo es instantáneo: salimos detrás de ellos como almas que lleva el diablo. El chico les pregunta si van por ahí al ferry y le dicen que no, que es que han quedado con más gente, que el tren en el que íbamos era el bueno.

El chico moreno y yo volvemos al andén que poco a poco se va llenando de corredores, ya no hay duda de que este es el camino. Empezamos a hablar y me aclara que a pesar de que el tren era de la línea N, los fines de semana por la noche cambia el recorrido y pasa a hacer el recorrido de la línea R, pero que sigue llamándose N a pesar de que no hace el recorrido de la N. Creo que no se explica, pero se le entiende. En cualquier caso, vamos bien y para sacarnos de cualquier duda el siguiente tren que llega a la estación es de la línea R. Le pregunto al chico si no me había dicho que la línea R no empezaba a funcionar hasta las 6:30. Sonríe y se encoge de hombros. Es nuestro tren.

Staten Island Ferry Terminal
Staten Island Ferry Terminal, New York City
2013, Hendrik Terbeck

En pocos minutos llegamos a la Whitehall Terminal Manhattan. Está amaneciendo pero todavía está oscuro y los neones morados encendidos hacen que la frase “Staten Island Ferry” se resalten contra el cubo de cristal iluminado del hall de la terminal. El conjunto tiene cierto aspecto de gigantesca hamburguesería de los años 50. El interior está repleto de corredores. Algunos sentados, otros de pie, algunos solos, otros en grupo. Pero no hay rincón donde no haya alguien. Da la sensación de que necesitaremos lo menos cinco o seis barcos para transportarnos a todos.

Por megafonía anuncian que la próxima salida será por la Gate 1. A los pocos minutos se abren las puertas de acceso al ferry y al subir a bordo me doy cuenta de que el barco es inmenso. Nos repartimos por las varias plantas que tiene. El chico pakistaní, que resulta ser indio y que se llama Shami, y yo subimos a la de arriba. Hacemos un amago de salir a cubierta para ver el paisaje: la estatua de la Libertad, el skyline de Manhattan con la nueva WTC construida en el lugar donde estuvieron las torres gemelas; pero un vientazo helado nos quita las ganas de golpe en cuanto abrimos la puerta y volvemos a refugiarnos al interior. Por otra parte, además, ni siquiera llevo el teléfono móvil para hacer fotos. El iPhone se lo he dejado a mi mujer para que siga mi carrera con la aplicación oficial de la maratón que lleva instalada.

Charlando nos ponemos en Staten Island casi sin enterarnos. Es imposible perderse. Todo está lleno de voluntarios que nos indican la dirección de los autobuses. A la salida de la terminal han instalado una fila enorme de baños portátiles y en la calle se divisa ya otra hilera sin fin, esta vez de autobuses. La distribución es asombrosa. Se nota que la organización lleva haciendo esto muchos años. Según vamos llegando nos distribuyen por toda la acera, subimos a los autobuses y arrancan todos a la vez, uno detrás de otro.

El viaje hasta Fort Wadsworth es más largo de lo que yo pensaba. Muchas casitas bajas, aquí no hay las alturas de Manhattan, y en bastantes todavía se conserva la decoración de Halloween. Tras bajar de los autobuses hay que pasar el control de seguridad del NYPD, aunque también se ven efectivos del ejército. Comprueban que la bolsa sea la oficial (transparente) para ingresar en el recinto, no se permiten mochilas, también que tengas el dorsal y por último te pasan la raqueta detectora de metales. Pero no hay colas, todo es muy rápido y los policías, muy respetuosos, te despiden con un good luck.

Una vez dentro del recinto, Shami y yo nos despedimos. Yo voy a la salida verde y él a la naranja (hay otra más, la azul). Quizá volvamos a encontrarnos porque salimos los dos en la primera oleada, la de las 9:40. Pero no lo volví a ver. Y después de la carrera tampoco he podido buscarle entre los finishers porque se me olvidó preguntarle su dorsal. Aun así, espero que haya acabado su primera maratón, la de su ciudad, la de Nueva York.

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7 comentarios en “TCS New York City Marathon 2014 (I)

  1. No te voy a mentir, estaba esperando esta entrada de tu blog como agua de mayo. Y como en las buenas series, al terminar ya estoy pidiendo el siguiente capitulo…..vamos por diossss!!!!!

  2. Babeando me tienes y aún no estás ni en la línea de salida … cada vez que leo estas crónicas más ganas me entran de apuntarme al sorteo, pero aún no es el momento, necesito todavía vivir más Maratones antes de experimentar algo así de grande.

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