La vida te da sorpresas (Preparando un maratón: vol. 13)

Esta semana iba a ser la más importante del plan, la de mayor carga de kilómetros, la más exigente, la más especial. Y lo fue, y no sólo por los entrenamientos.

Ya desde el sábado o el domingo anterior, un mensaje de correo electrónico me alertaba para  verificar los datos de mi tarjeta de crédito porque se acercaba el día del sorteo para la maratón de Nueva York. Recordé entonces que me había apuntado en noviembre a la lotería, previo pago de 3 o 4 dólares. A decir verdad lo hice porque Manuel y otros blogueros a los que leo estuvieron corriendo allí en 2013, publicaron sus crónicas y se me pusieron los dientes muy, muy largos. Sus relatos me convencieron de que correr en Nueva York es algo que tienes que hacer al menos una vez en la vida. Aunque, sinceramente, no tenía muchas esperanzas porque tal y como estaba (o está) montado el sistema no era muy fácil conseguir plaza. De hecho, la vía de entrada más normal era participar en tres sorteos, no ser elegido y esperar hasta el cuarto año para que la organización te garantizara la participación. Esas eran mis expectativas: esperar 4 años hasta que me tocara.

Así que ni me molesté en verificar que la tarjeta fuera la correcta ni nada de nada. Borré el mensaje, volvía a dejar el teléfono y me olvidé. Sin embargo, el miércoles por la noche, después de haber dormido a Mateo y de ver un episodio de “The Walking Dead” (sí, estoy enganchadísimo) tenía un mensaje en mi móvil de mi banco: mi tarjeta había realizado una operación de 347 dólares a favor de New York Road Runners. ¡Ostras! ¡No podía ser! Empecé a bucear en la web de NYRR y mi inscripción no estaba confirmada, pero en las redes sociales todos apuntaba a que sí. La propia organización aclaraba en su muro de Facebook que tras el sorteo la actualización de los distintos estatus no era simultánea, pero añadía una frase significativa: “if your card is charged, you’re in”. ¡Y mi card estaba charged!

I'm in!
I’m in!

Al día siguiente recibí el mail de confirmación y mi status en myNYRR ya mostraba la inscripción a la carrera. 77.087 corredores habían participado en el sorteo y sólo 9.170 fueron elegidos para estar el 2 de noviembre en la línea de salida junto a los otros 40.000 participantes que acceden por otras vías (por marca, por tour operador, por recaudar dinero para obras de caridad, etc.). Y yo entre esos afortunados. Yo, que no tengo suerte ni para jugar a pares o nones. Que lo máximo que me ha tocado en un sorteo de lotería habrán sido 10 euros. Que no gano un premio ni en la rifa del colegio de mi peque. Pero en diciembre Manuel me lo advirtió cuando le confesaba mis dudas sobre si merecía la pena entrar en el sorteo con la mala suerte que tengo: piensa que hasta ahora no te ha tocado nada gratis, pero es que aquí, si te toca, ¡tienes que pagar! Y qué razón tenía. Estos primeros días buscando vuelos, alojamientos… vaya, que se aceptan patrocinadores. 😉

En definitiva, este verano habrá un nuevo “garriplan” el “garriplan2”, pero prometo no dar la brasa con posts semanales sobre los entrenamientos. Con los del garriplan1 ya (todos) hemos tenido (tenemos) bastante. Si el garriexperimento funciona en Madrid, esta cosa de un cuarentón que sólo tiene tiempo de entrenar 3 días a la semana y sin ninguna pretensión de hacer un tiempazo (pero tampoco hundirme más allá de las 4 horas), lo repetiré a partir de julio, con la vista puesta en New York, pero de eso a volver a dar la matraca con él, va un abismo.

Ahora, sí, ahora toca matraca. Garriplan, semana 13. Empiezo a entrenar el jueves, con un rodaje tempo de 10 kilómetros por debajo de 4’40” que me costó mucho completar. Cuando llegó el kilómetro de descalentamiento creo que respiré de alivio. El viernes descansé. Vuelve el tiempo perruno a Madrid y hay veces que no apetece, lo que me obliga siempre a no fallar el sábado y domingo.

El sábado tocaba hacer series y me plantee salir a correr muy temprano en la mañana, antes de que mi mujer se fuera a trabajar, pero el niño tuvo una mala tarde-noche (otro constipado más) y por miedo a despertarlo me quedé en cama y salí por la tarde cuando Cris volvió del curro. Hice un calentamiento largo, chispeando, hasta la recta del campus que conozco y sé que mide más o menos 400 metros (algo menos por Google Maps) y el plan era hacerme 20 rectas a 1’35” con un minuto o algo menos de recuperación entre ellas. Tras las primeras de tanteo veo que estoy para hacerlas en 1’30” así que las siguientes las hice ya buscando ese tiempo. Entonces fue cuando empezó a llover a cántaros y me doy cuenta de que debo ser el único entretenimiento para las personas que salen del hospital Príncipe de Asturias y se refugian en la marquesina que hay en el extremo occidental de la recta hasta que llegue el autobús. Un loco, empapado, bajo la lluvia, dando carreritas con una camiseta amarillo canario de allá para acá y de acá para allá y vuelta a empezar. Al final por el viento (excusas, excusas) se me marchó alguna recta un poco por encima de 1’30” pero en las últimas conseguí hacer hasta record del segmento en Strava.

Y el domingo, tirada larga. Anticipo: no es buena idea hacer la kilometrada del siglo después de un entrenamiento de series. Ya desde el km 1 veo que no puedo ir a 5’ por km., pero en 5’10”-5’20” me muevo sin problemas. En el kilómetro 6 tengo que parar a cambiar el agua al canario. Continúo al mismo ritmo. En el 11 nueva parada técnica para lo mismo (menos mal que me pillaron ambas por el campo). En el 15 tenía pensado pasar por casa para recoger una botella de agua y un gel, pero en vez de eso enfilo rumbo al campus y de allí al complejo penitenciario de Alcalá-Meco. Sobre el 15 estoy llegando a la altura del C.I.S. y como tiene la barrera abierta me digo: entro y bebo un poco de agua; pero en la rotonda de accesos  fue como si me hubieran visto venir y veo que la barrera se va cerrando poco a poco. Así que decido que no es buena idea parar, llamar y pedirles que me abran, que eso me va a cortar el ritmo, por lo que continúo corriendo hacia la zona donde se hace el cross de la Universidad de Alcalá, dejo a un lado el apeadero de Renfe (y noto que ya no está la máquina de vapor antigua en su pedestal, ¿se la habrán llevado a restaurar?) y salgo del campus por un puente sobre la A-2 hacia mi casa. Llego pasado el kilómetro 20. Tomo la botella de agua de donde la había dejado y descarto el gel. No siento que lo necesite. En 3-4 kilómetros me he pimplado toda el agua. Y sigo mantentiendo el ritmo. Vuelvo a Espartales, al carril bici. Hace buena tarde. En el kilómetro 26 unos niños juegan al fútbol y se les escapa el balón, así que me pego un pequeño sprint para alcanzarlo, pararlo y chutarles la pelota de vuelta. Sigo. En el 28 adelanto a un abuelo en chándal que va corriendo. El hombre no era Usain Bolt, lo reconozco, pero me hizo ilusión. Y en el 30 doy por terminado el entrenamiento al mismo ritmo que empecé: 5’15”/km. Y con la sensación de poder haber seguido.

Esa noche noté las piernas un poco cargadas y me di un poco de árnica que tengo por casa, sobre todo en los gemelos, pero este lunes por la tarde ya no notaba molestias. Parece que el garriplan, como las notas de los escolares, “progresa adecuadamente”. Pero hasta el día 27 no se puede saber. 42 kilómetros son muchos kilómetros y siempre, siempre, siempre hay que tenerles mucho respeto. Como decía la bloguera María Caballero en su última entrada, que comparto plenamente, no se puede frivolizar un maratón.

Los numerillos:

  • Kilómetros totales de la semana: 58
  • Kilómetros acumulados del plan: 578,2
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11 comentarios en “La vida te da sorpresas (Preparando un maratón: vol. 13)

  1. Que gran suerte tienes por dos cosas por sobretodo poder estar e ir a Nueva York y por llevar esos ritmos sin notar que pierdes fuelle 30 kms, tus 42 los haras con o sin problemas pero los haras.Y muchas gracias por el pronostico pero esta vez no pude correr tanto:))
    Un abrazo.

  2. Vas muy bien y eso va dar su resultado el día 27. Y no te digo mas, porque cada día que pasa yo estoy mas acojonado, lo mio solo son 21 pero me parecen un mundo hoy día 3 de abril.

  3. Eres un crack Carlos! Yo corro 12K a 7′ y me siento Usain Bolt.. jajaja… Qué tarada! Pero lo tuyo, lo tuyo es de campeón. Mantienes el ritmo, corres 30K despues de un día de pasadas, y te atreves a pasar a otros sobre el km 28. No te aflijas por los 3 días semanales que corres, aunque no tuvieras una familia, ni hijo, como yo, tampoco hay mucho tiempo, porque aunque la vida sea linda corriendo, también es linda escribiendo, yendo al cine, comiendo, mirando series, leyendo… etc! Me alegro muchísimo, y considera que tienes suerte, eres muy suertudo, más de lo que crees! 😉

    1. Luján, te echábamos de menos. Gracias por tus palabras, no tengas duda de que soy consciente de tener mucha suerte, muchísima. Y la vida es linda, claro que sí, corras 0, 2 o 30 kms! Un besazo grande!

  4. Para alguien como tú que correr ha sido tan importante durante tantos años, estar en NY es algo más que un premio, esa Maratón es especial y ya tengo ganas de que llegue otoño 🙂

    1. Gracias, Antonio. No lo había visto así, pero me encanta esa perspectiva porque tienes toda la razón. 15 años haciendo de correr parte de mi vida bien merece una maratón en Nueva York! 🙂

      PD. Nos tienes abandonados a tus lectores. Ponte bueno ya que echamos mucho de menos tus posts.

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