Preparando un maratón: vol. 8

Semana 8 del plan, llegamos a la mitad y físicamente me encuentro cansado. Ha sido una de esas semanas de bajonazo, de preguntarme por qué corro. ¿Por qué tengo que salir a sufrir ahí afuera en vez de trotar y disfrutar? ¿Por qué querer convertir una de las actividades más placenteras que conozco en un infierno? Pienso en la carrera y realmente no sé si el esfuerzo merece la pena. Pienso que haga lo que haga llegaré al kilómetro 30 y allí estará esperándome el señor del mazo, recordándome que él tiene la sartén por el mango y que yo, pobre desgraciado, no soy más que un cacho de carne carbonizándose al fuego. Pero bueno, es algo que tengo que aceptar, admitir que ya no es tan fácil entrenar como cuando tenía 29 años, y no sólo por el físico, sino por todas las obligaciones (laborales, familiares, estudiantiles) que rodean a la vida y que me quitan ocupan tiempo. Conozco a algún bloguero que está convencido de que es cuestión de organizarse, y estoy de acuerdo, pero sumar tiempo al entreno restándoselo a mi poco tiempo de descanso me resulta muy cuesta arriba. ¡Y se acabó! ¡Basta ya por hoy! Hasta aquí el tiempo dedicado a quejas, reclamaciones y autocompasiones varias. Como me decía mi madre de pequeñajo: esto es lo que hay y si no te gusta, lentejas, que si quieres las comes y si no, las dejas.

Como viene siendo habitual en mi “plan”, siempre me recreo en perrear los cuatro primeros días de la semana y los viernes impepinablemente me encuentro con que tengo que entrenar sí o sí. Así que aproveché que también el viernes, en la oficina, a la una o así paramos para charlar y tomar un pinchito (que apoquinamos a escote) y dejé a los compañeros moviendo el bigote y poniéndose bien de cerveza y cocacola, para vestirme de romano y salir a corretear por los alrededores.

Este primer día semanal de entrenamiento es el mejor. Lo tengo controlado y no me cuesta nada hacer los 6 kilómetros de ritmo sostenido (esta semana todos por debajo de 4’40”/km) más los 4 kilómetros en total de trote para calentar/enfriar, que me saben de maravilla.

El sábado, por el contrario, es cuando me toca hacer series y supone el peor de los días. Además esta semana tuve que salir pronto por la mañana porque tenía que quedarme luego solo con el peque y me apetecía cero saltar de la cama prontito para salir a exprimirme. Así que decidí modificar el plan sobre la marcha y hacer una pequeña pirámide de cambios de ritmo: 1km+2km+3kms+2kms+1km (rec. 1km); con un kilómetro de calentamiento y otro de enfriamiento. El primer mil, patético a 4’38. El primer 2.000, algo mejor a una media de 4’22”. El 3.000, clave de la pirámide, a 4’30″ de media. El segundo 2.000 a 4’28″. Y el 1.000 del final, apretando los dientes, en 4’03”. No salieron los ritmos por debajo de 4’20” que buscaba, pero es lo que había.

En la rutina de un corredor popular hablar de domingo es hablar de tirada larga, es como decir: en Canarias sol y buen tiempo. Este domingo dejé al pequeño con mis padres, que son unos santos, y salí a correr por el circuito rompepiernas que me había diseñado por el carril-bici desde San Blas a la estación de cercanías de El Pozo y vuelta dando un pequeño rodeo por Vicálvaro, para regresar a San Blas vía carril-bici hasta la Peineta y enlazando con el parque de El Paraíso (160 metros de desnivel acumulado, no parece mucho pero un asfaltero como yo lo nota). Desde el momento en que pisé la calle me encontraba muy cansado, tanto que piqué el primer kilómetro en 5’20”. Afortunadamente el ritmo fue mejorando, pero las sensaciones no. En la subida desde El Pozo al puente del carril-bici sobre la A-3 creí que iba a echar hasta la primera papilla (de hecho por allí hice el kilómetro más lento de la tirada a 5’26”). Me fui recuperando poco a poco, supongo que el cuerpo se acostumbró a correr mecánicamente, pero no lo suficiente como para no acabar pidiendo la hora. En total más de 21 kilómetros a un ritmo de 5’01″ de media.

Los números:

Kms. totales de la semana: 46,7
Kms. acumulados del plan: 318,1

 

PD. La noche del domingo al lunes he disfrutado de una magnífica madrugada de gastroenteritis y he recordado un episodio de vómitos, sin causa aparente, de mi hijo justo la semana pasada viniendo de la guarde escuela infantil. A ver si ese cansancio del fin de semana se debe entonces a que estaba incubando el “bicho” y al bajarme las defensas con el entrenamiento se ha dado un festín, el cacho perro, con mi organismo. Pudiera ser.

PD2: Sigo buscando los abdominales stop En el camino he conocido algunos fondos stop No nos hemos hecho amigos stop

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4 comentarios en “Preparando un maratón: vol. 8

  1. Crack, crack, crack…vamos que no decaiga esto. Los bajones solo sirven para dar impulso mas grandes.
    P.D.: Hasta nuestras abdominales se han hecho amigas y están de juerga.

  2. ¿ Qué es un plan de maratón si bajones? Hasta el Garriplan cuenta con ellos. De todas formas seguro que la incubación del bicho pediátrico también tuvo que ver. A esa voz del miniyo que nos hace dudar, no hay que hacerle ni caso .
    PD: a lo mejor no te diste cuenta o lo viste , pero en mi penúltimo post tienes un guiño geográfico. Un abrazo

    1. Gracias, Epícteto. Leí el post, ¡pero se me pasó el enlace! Pensé que era tu “vecina” de Google la que “trabajaba” el Henares, nunca te asocié a ti con esta zona. Aunque yo corro por aquí más por obligación que por devoción a pesar de que me han dicho que el parque natural es una delicia para entrenar. A lo mejor, a lo mejor un día dejas de ser ese corredor solo… si las lesiones nos lo permiten 😉 Un abrazo.

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