Media Maratón de Fuencarral-El Pardo 2014

Cartel Media Maratón Fuencarral-El Pardo
Cartel Media Maratón Fuencarral-El Pardo

Le tenía ganas a esta carrera y a mediados de semana decidí encajarla como la tirada larga semanal en mi plan para el Maratón de Madrid. De todas formas, quiero parar esta fiebre de ponerme cada domingo un dorsal. Yo nunca he sido un competidor y me ha gustado mucho más ir a mi bola, entrenar a mi ritmo, sin dejarme llevar por la vorágine de la competición que siempre acelera demasiado los ritmos. En anteriores ocasiones he podido competir como mucho dos veces antes del maratón: un 10k por diversión y una media en las 3 o 4 semanas previas al maratón para comprobar sensaciones y estado de forma.

Este año, sin embargo, llevo seis semanas de entreno y en cuatro he competido. Así que de aquí al maratón sólo tengo intención de participar en la Carrera del Taller, porque ya estoy inscrito, y, si puedo, la Media de Zamora que me apetece mucho (aunque seguramente esté difícil porque mi mujer trabaja y tendré que cuidar de Mateo ese finde).

Volvamos a la carrera. Tenía entendido que era una carrera difícil, con muchas cuestas, de ahí mi interés, porque creo que gano más forma, más resistencia, en un circuito así que en uno llano como el de Getafe. Así que la idea era rodar a ritmo de maratón (5 min./km) en la primera parte, hasta el km. 12 y en cuanto se pusieran las cosas mal dadas bajar a 5’20″/km, que es el ritmo que ahora llevo en los rodajes largos, hasta la meta.

Las previsiones meteorológicas el día antes no eran halagüeñas pero afortunadamente a la hora de la salida, a pesar de estar nublado, el frío no era excesivo y no llovía. Aun así, calentando eché de menos los guantes que había dejado con el resto de cosas en el ropero. La recogida de dorsal y la entrega de la ropa muy bien organizadas, con mucho espacio.

Sin embargo, la salida fue un caos. Éramos 3.000 personas, que tampoco son tantas, pero se sale de un camino en un parque que limita con la pista de atletismo y era muy estrecho. Yo me pondría a 35-40 metros del arco de salida, no más, pero tardé casi tres minutos en pasar por debajo de él. Y el primer kilómetro por las calles de Fuencarral, un horror: tardé más de ocho minutos en completarlo desde el disparo de salida. No entiendo el afán de la gente por salir delante del todo. Hay un señoruco con una camiseta del Bansander (o algo así) al que he adelantado en todas las carreras que se han hecho en Madrid antes del kilómetro 3. Y yo no soy un Sputnik. Y si sólo fuera él…

Ese km 1 me descolocó porque me obligaba a correr mucho para recuperar todo el tiempo perdido. Desde el km 2 iba picando en 4’40” el km, salvo el 4 que hago una “parada técnica” y se me va a 5’20”. Me encuentro bien y continúo a esa velocidad, total -pienso- “ya lo pagaré en las cuestas pero lo que adelante ahora ya lo llevo ganado. Tampoco creo que me venga abajo como para hacer 7′ por kilómetro”.

El tramo de Herrera Oria es horrible de feo, una de esas calles de dos carriles por sentido con una pequeña mediana y que en día de diario los coches te pasan a toda velocidad. La avenida va haciendo toboganes pero claramente el desnivel es negativo. La cosa cambia cuando tomamos la carretera de El Pardo. El paisaje se convierte en monte bajo y encinas. La verdad es que daba gusto correr por ahí. Todos esos kilómetros pican hacia arriba pero de forma tendida, el ritmo por debajo de los 5’/km se mantiene fácilmente. Por casualidad estoy entre 4 o 5 chicas (aparte de un montón de tíos, no penséis mal) y observo sus piques, no llevan bien eso de que otra les adelante y tratan de recuperar la posición como sea.

Así llegamos al kilómetro 12, en las inmediaciones del Palacio de El Pardo (sí, el de Franco) y el cielo claramente amenaza agua. Al final de un cuartel se gira a la derecha siguiendo su tapia y ¡empieza lo bueno! La madre que parió a la cuesta. Por fortuna no dura más que 400 o 500 metros y la carretera vuelve a dar un respiro cuesta abajo para recuperar el aliento. El ritmo por kilómetro aumenta y en el kilómetro 14 llega una subida prolongada y tendida que poco a poco empieza a inclinarse más,  y más, y más. Empiezo a sufrir, como en un maratón, y también a adelantar gente que se pone a caminar directamente. Yo tiro de mi motorcillo diésel y pasito a pasito, bajo la cabeza y tiro para arriba sin dejar de correr. Me voy a 5’45”. Son mis peores momentos. Pero cuando llegamos al km 16 oigo a un espectador que nos anima (de los pocos que encontramos esa mañana) decir que lo peor ya ha pasado. Y era verdad. Del 16 al 18 todo es cuesta abajo y vuelven los ritmos altos. Es curioso, a esas alturas de la carrera, en Getafe, me había tenido que tomar un gel y estaba reventado, sin embargo aquí entre el 17 y el 18 hago mi kilómetro más rápido habiendo bebido sólo agua (hubo tres avituallamientos, no dos como en Getafe). Disfruto hasta de las vistas espectaculares sobre Madrid. Montecarmelo se divisa a lo lejos… y está en lo alto. Efectivamente, del 18 al 19 toca subida otra vez. Pasamos por ese nuevo barrio sin pena ni gloria pues apenas hay gente en la calle y volvemos a descender para llegar al kilómetro 20 y volver a subir hasta Fuencarral otros 500 metros, cuando el cuerpo ya no está para tonterías. En esa subida la lluvia empieza a caer, menos mal que en un par de minutos todo habrá acabado.

Entro en la pista de atletismo del Santa Ana, miro el reloj y acelero para bajar de 1:46. Al final 1:45:59 tiempo oficial (1:43:23 neto). Un poco peor que en Getafe pero con muchas mejores sensaciones y, teniendo en cuenta la dureza del trazado, mejor carrera.

Nos mojamos un poco tras cruzar la meta esperando a bolsa del corredor y la camiseta pero el cero para la organización se lo pongo por no haber tenido en cuenta la lluvia y dejar el ropero al raso con las bolsas de los corredores empapándose. Yo tuve suerte porque la recogí justo cuando empezaba a arreciar, pero los pobres que vinieran detrás… Podían haberlas tapado con unos plásticos, al menos.

Contento más que por el resultado, por las sensaciones. Creo que voy por el buen camino aunque ahora, como dije, quiero parar un poco y dejarme de tanto dorsal.

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