Preparando un maratón: vol. 2

Lunes 6 de enero, 10:30 am: 74,2 kgs.

Aunque hace ya años que dejé de ser niño, los Reyes Magos me han dejado un regalo: ser 1,4 kilos más ligero que la semana anterior.  Eso es porque he sido un adulto bueno y, sobre todo, he mantenido la boca cerrada. Yo soy de los que piensan que es bueno tener ilusiones, aunque la época infantil nos quede ya muy lejos. Yo, por ejemplo, sigo teniendo la ilusión de seguir bajando de peso y ponerme en la línea de salida viendo el “sesenta y…”, en la báscula.  Pero no tiene nada de particular esta credulidad mía, me viene de serie. Yo soy de los que creí en los Reyes Magos hasta bien mayor y cuando ya no me quedaron ilusiones infantiles y era de los más bajitos de la clase en el insti, seguía creyendo en aquello que me decía mi madre: “todavía puedes crecer, ha habido chicos que han pegado el estirón en la mili”. El caso es que la época del instituto pasó, llegó la mili y tampoco allí crecí, por lo que me he tenido que conformar con ser esa esencia que se guarda en tarro pequeño. 😉

Regalo de Reyes
Regalo de Reyes

El día de Reyes, decía, nos pilló en Zamora y tocaba entrenar así que a media mañana salgo a correr por el circuito del Duero. Toca una salida de ocho kilómetros que incorpora  un ritmo sostenido de 4’55”/km. durante los cuatro kilómetros  centrales. Los dos kilómetros de calentamiento y los tres primeros kilómetros a tempo pasan según lo planificado, pero en el cuarto siento un fuerte pinchazo en el gemelo derecho, otra vez, aunque finalmente puedo mantener el ritmo sostenido. Pero al llegar a los dos kilómetros finales de enfriamiento me dejo llevar y acabo arrastrado o casi arrastrado.

Ese mismo día por la tarde volvemos a Madrid y voy sintiendo la molestia incluso al caminar, por lo que decido posponer el resto del plan a final de semana y descansar cuatro días seguidos.  Para colmo, a partir del jueves empiezo a notar los síntomas de un catarro de manual que hemos pillado todos en casa. De hecho tuvimos incluso que subir a urgencias el viernes con el peque para que le vieran.

Llega el sábado y tengo tirada “larga” de 13 kms a 5’30”/km. Salgo a mediodía, que es cuando mejor hace y aprovecho además que luce un poco el sol. La molestia en el gemelo persiste, pero no pincha. Aun así no consigo enganchar el ritmo durante la primera mitad del entreno, noto que me faltan las fuerzas y la congestión nasal me impide respirar a gusto. Echo mano de la motivación, del autoconvencimiento, del “tío, son 13 kilómetros a trote cochinero, ¿no  vas a poder?” Y con más pena que gloria consigo terminarlos a una media de 5’26”, recortando todo lo que había perdido en la primera mitad.

Por la noche no puedo más, noto que el cuerpo me pide combustible y que al día siguiente compito con Diego en el “Trofeo Paris”, así que le digo a Cristina que pidamos unas pizzas del Domino’s para cenar . Lo hacemos y me sientan de maravilla.

El domingo me levanto con mucha peor congestión pero parece que una pastilla de Gelocatil y un comprimido efervescente de Couldina me ayudan a contener los síntomas. El “Trofeo Paris” son 10 kilómetros y lo voy a utilizar para sustituir al entrenamiento de calidad de la semana que hubieran sido series de 2.000 metros a un ritmo de 4’40”/km. Pero bueno, teniendo en cuenta que en cualquier momento puede empezar a dar guerra el gemelo y el constipado tampoco me va a dejar oxigenar bien, pues el objetivo pasa a ser terminar la carrera bien y hacer lo que pueda sin arriesgar. Me pongo en la parte de atrás del pelotón para no molestar, aunque al ser una carrera con 1.000 inscritos tampoco tardamos mucho en cruzar por el arco de salida. A partir de ahí Diego se queda atrás, a su ritmo, y yo paso el primer kilómetro en 5’10” . Sorprendentemente me veo bien. No sé si a causa de la pizza de la noche anterior, o de las pastillacas para el catarro que engullí por la mañana,  o porque el Parque Lineal del Manzanares se presta a ello. La cosa es que no me duele nada, absolutamente NADA y las piernas me piden más.   A partir del kilómetro 2 engancho ritmos de 4’35”-4’40”/km y sigo bien, así que a partir del cinco meto una velocidad más para rodar entre 4’25”-4’30”/km hasta que llega el km. 8 y con el vuelve a manifestarse el gemelo en forma de molestia. El miedo hace que baje un punto la velocidad y el km. 9 lo hago en 4’34” otra vez, pero llega el último kilómetro y con él la gente, y la recta de meta, y los arcos, y la música… y los últimos 300 metros te llevan en volandas y ese último parcial lo cierro en 4’27” para  una marca oficial de 45’59” a un ritmo de 4’36”/km, lo que no se aleja para nada de esas series a 4’40” que pretendía hacer y, además, con la sensación de tener todavía más margen de maniobra, más de donde tirar.

Así que la conclusión es que empecé una semana de forma horrible y se acabó enderezando a base de esfuerzo y de ilusión, y a pesar de estar escribiendo estas líneas endrogado con Frenadol estoy realmente contento y con ganas de seguir con el plan y ver cómo responde mi cuerpo a los nuevos retos que le tengo reservados, entre ellos una media maratón en un par de semanas.

Resumen de la semana: 31,1 kms.

PD. Del trabajo de abdominales que me había propuesto hablaremos ya si eso…

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6 comentarios en “Preparando un maratón: vol. 2

  1. Tienes que cuidarte ese pinchazo en el gemelo, al cual parece que no le gusta ni la velocidad ni la distancia.

    Enganchado a tus historias de correr, si señor 🙂

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