El Viejo Corredor

Cuando empecé a entrenar, por el parque de El Paraíso solía cruzarme con él. Era un señor muy mayor con rodilleras en ambas piernas y una cinta en el pelo. Corría despacio, con una zancada corta pero frenética. Otras días lo veía en el césped haciendo series cortas a un ritmo que a cualquiera de nosotros no nos arrancaría ni una gota de sudor.Pero su gesto circunspecto y su camiseta de una carrera reciente te hacía pensar que se tomaba el running muy en serio. Alguna vez creí haberme cruzado con él en la salida de una popular, concentrado en su carrera y en sus posibilidades, colocándose discretamente para el disparo inicial ante la indiferencia del resto de los corredores, la mayoría de ellos jóvenes que no habrían alcanzado ni la media maratón de la vida y que estaban más preocupados en sus propias fanfarronadas, en sus risas con los amigos, en su ambición por pegar un buen bocado a su mejor registro personal que en prestarle atención a un viejo. Confiados en un cuerpo joven y entrenado, aquellos atletas eran completmente ajenos al futuro que aquel buen hombre representaba, como un espejo que se paseaba entre nosotros y en el que todos, absolutamente todos, nos reflejábamos, aunque alguno no lo quisiéramos mirar e hiciéramos como si no existiera, como hacemos con el negrito de la puerta del híper o con el músico ambulante. Imperfecciones de la sociedad.

Según fueron pasando los años era más raro encontrarme a aquel corredor por el parque, pero siempre que lo hacía lo veía con el mismo gesto concentrado, su saludo apenas un leve movimiento de cabeza, y con la misma dignidad del que hace algo a sabiendas de que sabe hacerlo aunque ya el cuerpo no responda como la máquina engrasada que fue un tiempo atrás.

Y poco antes de irme del barrio, las últimas veces que lo vi, ya no corría. Había cambiado los pantalones cortos y la camiseta por un chándal y la carrera por el paseo, pero allí seguía.

No volví a coincidir con él jamas de nuevo en ninguna carrera, pero sí con otros como él que me recuerdan cómo seré yo dentro de unos años. Guerreros cansados que no aparecen en los anuncios de las grandes marcas deportivas, pero que siguen ahí y no piensan renunciar a dar batalla por más que la sociedad les ignore. Manteniendo a raya al colesterol y los triglicéridos, a la presión arterial, a los dolores de espalda y a las maltrechas articulaciones. Rogando que un maldito cáncer no llegue y les aparte de la carrera y de la vida. Luchadores hasta el final.

Tampoco he vuelto jamás a ver al señor mayor del parque, aunque siempre que vuelvo a correr por San Blas le busque. Quizá ya no vuelva a verlo nunca. Quizá lo haya retirado un joven de bata blanca y título de doctor bajo el brazo, igual que le quitó el café o el chorizo del pueblo. O quizá, Dios no lo quiera, haya cruzado la línea de meta de su maratón particular, de ese maratón que es la vida. Ojalá que haya podido correrli recibiendo los ánimos de sus seres queridos en esos últimos kilómetros cuando tanto se necesita una voz amiga y que se haya ido con una sonrisa en los labios, cerrando los ojos, con los brazos en alto bajo el arco de meta, sabedor de el triunfo consiste en haber hecho la mejor carrera posible y no la más rápida. Contento de que por fin llegue el descanso que todos merecemos después de esos 42 kilómetros largos de vida.

Viejo guerrero, no nos conocemos pero en el fondo somos iguales. Y si hay un valhalla de corredores en el más allá nos reconoceremos con ese leve gesto de cabeza con el que saludabas. Así que guárdame un sitio a tu lado, una cerveza y mil historias de batallas que compartir.

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6 comentarios en “El Viejo Corredor

  1. Guerreros pero no cansados, uno sólo va adaptando su ritmo al ritmo de su edad y ya esta. Yo siempre me fijo en gente mayor que corre en las carreras a las que voy, y pienso…..yo también seguiré. Sólo hacen falta unas zapatillas y muchas ganas, y eso Carlos no lo perderemos nunca.

    1. Hasta dónde llegaremos o cómo llegaremos tío, eso es un misterio, pero yo quiero llegar hasta la meta, hasta el final, dando guerra y cansado, pero no en el sentido de cansado del running. El día que correr me canse haré como Forrest Gump y me volveré a mi casa, a sentarme en una hamaca en el porche… No pasará 😉

    1. Muchas gracias. La verdad es que hay veces que no repararamos en ellos y me da mucha rabia. Hoy correr es una moda, pero en su tiempo ellos fueron unos pioneros y unos bichos raros para la mayoría de la gente.

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