Mateo, mi hijo

I hope you don’t mind that I put down in words
How wonderful life is while you’re in the world
“Your Song”, Elton John (lyrics by Bernie Taupin)

Mateo vino al mundo antes de tiempo. Bastante antes. Le esperábamos en pleno estío, pero quiso nacer en abril. Cuando nació apenas pesaba un kilo y mis zapatillas de running eran más grandes que él. En el momento del parto sus pulmones todavía no estaban maduros y los médicos tuvieron que reanimarlo, conectarle a un respirador artificial y llevarlo con toda la urgencia del mundo a la UCI de neonatos… donde yo lo conocí. Era un lechoncito de color rojo, acostado de lado, conectado a todas las máquinas imaginables por un millón de cables e iluminado por un potente foco que habían colocado justo encima de la incubadora, con sus ojos protegidos por un pequeño antifaz. Mateo estaba rodeado de un ejército de batas verdes que iban y venían, que pululaban a su alrededor en aquella madrugada. Al percatarse de mi presencia tres doctores me rodearon, me dijeron que me tranquilizara, que el peque estaba bien pero que necesitaba pasar un tiempo en la UCI, que había nacido con un onfalocele que había que operar cuanto antes y que era más que probable que tuviera también el síndrome de Beckwitt-Wiedemann, que era pronto pero que también había que valorar si el tiempo que pasó sin oxígeno le pudiera haber afectado, que los niños prematuros pueden tener secuelas y… qué se yo. Mis ojos se iban a aquel pedacito de carne colorada del que salían cables por todos lados y las palabras de los médicos sonaban de fondo como un hilo musical que sabes que está allí, pero al que has dejado de prestar atención.

Y, efectivamente, Mateo tuvo que pasar “un tiempo” en la UCIN del hospital 12 de Octubre de Madrid. Un tiempo que en total fueron cien días… más de tres meses. Durante ese “tiempo” mi pequeño sufrió un pequeño infarto cerebral, una broncodisplasia pulmonar, una infección que le provocó una inflamación de órganos y para la que tuvieron que administrarle antibióticos contraindicados para bebés pero necesarios porque si no el niño moriría. También tuvieron que suspenderle una resonancia porque el niño estaba tan débil que cuando le estaban metiendo en la incubadora portátil para sacarlo de la UCI se dieron cuenta de que el niño no sobreviviría al traslado. Y un maldito fin de semana Mateo se puso tan malo que creímos que era el fin: las alarmas de las máquinas que registraban sus constantes vitales no dejaban de pitar, el niño no saturaba y tuvieron que echarnos varias veces de su lado mientras aquel ejército de batas verdes trataba de reanimarlo manualmente. A su madre y a mí no nos quedó más remedio que llorar, llorar todo lo llorable, llorar ríos y mares y volver a llorar… y cuando nos volvían a dejar entrar, ir directos a la incubadora a cubrirle con nuestras manos, y cantarle. Aquella doctora de guardia salvó la vida de nuestro hijo con su empeño en limpiarle los pulmones de mocos, todas las veces que hiciera falta. Y no olvidaré nunca la cara de Natalia, la enfermera, con los ojos vidriosos por las lágrimas. Todavía, a veces, nos cruzamos con la doctora cuando vamos con Mateo a revisión al hospital y siempre se hace presente de alguna manera aquel fatídico fin de semana en que Mateo quiso rendirse pero no le dejamos y tuvo que seguir luchando.

Todo esto viene a cuento porque el otro día repasando antiguos registros de mis entrenamientos me di cuenta de que durante aquel período no dejé de correr. De los cien días que Mateo estuvo ingresado salí a correr veintiocho. Al igual que el estado de salud de mi hijo me hizo relativizar el valor que los runners le damos a nuestra afición, también me sirvió para descubrir que el running podía servir como terapia. En el hospital había un psicólogo que nos daba charlas, montaba reuniones entre los papás y los médicos y otro personal sanitario; y muchas otras veces te paraba por el pasillo, o en la sala de padres y te preguntaba qué tal, cómo ibas. Nosotros apreciamos mucho su ayuda. Nos alivió en momentos de dolor y nos alentó a mantener la esperanza, a luchar, a permanecer unidos, a dejar trabajar a los profesionales. El running me sirvió para lo contrario, para no pensar, para agotarme, para dormir en mi cama y descansar a pesar de que mi hijo estuviera en el hospital atendido por alguien que no éramos ni su mamá ni yo.

Mateo
Mateo, by @garricar

A Mateo le dieron el alta en pleno mes de agosto y con la sonda en la nariz y la botella de oxígeno a cuestas nos fuimos a casa. Hoy, dos años después, Mateo es un niño perfectamente normal. Va tres veces a la semana a un Centro de Atención Temprana a causa de su prematuridad, donde tanto le han ayudado, donde tanto nos han ayudado. Y a pesar de que todavía nos quedan algunos flecos médicos con los que lidiar: la operación para corregirle la eventración y otra pequeña intervención para corregir una hipospadias; el niño grita, ríe, llora, camina, corre y saca de sus casillas a sus padres como cualquier otro canijo de su edad.

El año siguiente al nacimiento de Mateo corrí la maratón de Madrid. En meta el speaker hablaba de nosotros, los finishers, como de héroes, apelando a la épica del maratón y todas esas cosas que tanto nos gusta oír a los corredores, pero mis pensamientos se fueron inmediatamente al 12 de octubre, a los niños y enfermos que luchan por sobrevivir y a los médicos y enfermeras que andan a carreras por los pasillos en cuanto algo no va bien, que se desviven por salvar la vida del desconocido que tienen delante. Me habría gustado decirle al speaker que no, que nosotros, que yo, no somos héroes, que sólo somos personas que han entrenado a su organismo para conseguir el objetivo de llegar y que sufrir es únicamente el tributo que hay que pagar. Que los héroes de verdad no están cruzando la meta. Que allí sólo hay gente haciendo lo que le gusta, gente celebrando, gente disfrutando o lamentando su marca, pero gente común y corriente.

Yo sí tengo la suerte de tener un héroe en casa. Rubio como la paja. Listo como un ratón. Cabezón como sus padres. Y luchador hasta la extenuación. Un superviviente nato. Un fuera de serie. Y sólo espero que en mi próxima maratón, mi héroe bajito me acompañe en los últimos metros de la carrera, cuando las fuerzas me falten y más lo necesite. Para mí será un honor y un orgullo. Y si entonces al speaker le da por hablar de los héroes, pensaré que sí, que esta vez sí que están, que yo, al menos, voy de la mano de uno.

De Mateo, mi hijo.

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21 comentarios en “Mateo, mi hijo

    1. Gracias, Cristina. Condensar todo aquello y tratar de expresarlo también ha sido doloroso para mí. Demasiados recuerdos. Pero era algo que tenía pendiente y por fin lo he podido sacar. Un abrazo.

  1. Madre mia Carlos!!!! Nunca inaginé todo lo que tuvisteis que pasar, pero leyendote, doy todavia mas gracias al cielo, de haber salido aquel 28 de junio del 12 de Octubre con mi beba en los brazos. Porque nadie quiere pasar por todo lo que habeis pasado. De algun modo siempre he pensado, que Paula y Mateo se conocieron en la unidad de Neonatos y lo mismo la vida les pone juntos en algun otro lugar. Vosotros, los tres y toda vuestra familia sois unos autenticos heroes! Un abrazo

    1. Es algo que no se puede explicar, ver salir a los otros papás con sus bebés regordetes en brazos y una sonrisa de oreja a oreja mientras que tú bajas a la UCI como si bajaras a las entrañas del infierno para simplemente “estar” con tu pequeño y ver cómo lucha sin poder hacer otra cosa. Son dos universos paralelos en un mismo espacio físico. Seguro que Paula y Mateo tienen mucha vida por delante y a lo mejor comparten algún tramo juntos, por qué no? 🙂 Un beso, mil gracias por leerlo.

  2. Mis queridos hijos los tres, yo sufrí de veros sufrir a vosotros y luego ver a este canijo que hoy tanto nos alegra la vida, nosotros siempre pensábamos que era el niño Milagro y aun lo seguimos pensando, pero reconocemos que esto lo consiguieron sus Ángeles de verde y alguna ayuda Divina, pues toda la familia les encomendábamos Milagros y el Milagro se hizo realidad.
    Aun hoy seguimos pidiendo mas y mas para que este enano quita penas,siga adelante como esta ahora, con su sonrrisa siempre puesta como si nada hubiera penado, es un verdadero Angel.
    Un fuerte habrazo para los Papas y para el un fuerte achuchon.
    Os queremos guapos los tres.

    María del Carmen

  3. Ay, me has hecho llorar… Es hermoso cómo escribes y te agradezco por compartirlo, cuánta razón tienes Carlos cuando de héroes hablas. Sigue escribiendo siempre! Porque eres eso, escritor. Además de padre, esposo, amante, trabajador y corredor!

    1. Gracias, Luján. Son demasiadas cosas las que dices que soy como para hacerlas todas bien. Padre es la que mejor me acomoda y la que más me gusta. El otro día le pregunté a Cris por ti: “No escribe”, le dije. Así que aplícate el cuento, que decimos por aquí. Un beso grande. Y gracias otra vez!

  4. Carlos, es muy bonito lo que has contado pero para ser consciente de lo que habéis pasado habría que vivirlo porque estoy seguro que hay mucho más de lo que se puede transmitir con palabras. Vosotros, los padres también sois unos héroes. Un abrazo fuerte y mucha suerte. Cuidaos mucho.

  5. Cuando descubro historias como la vuestra con Mateo, siempre pienso en aquel anuncio de Aquarius en el que el narrador acababa diciendo: ” y es que el ser humano es extraordinario “. Tu hijo y la gente del Hospital que se empeñó en no permitir que se rindiera son, sencillamente, extraordinarios…y son afortunados por ello.

  6. Joder, me has dejado sin palabras, me has conmovido y yo últimamente me emociono poco ….. Ni ñoño, ni cursi ni afectado , la palabra es emocionante. Sabes lo que te digo, que enhorabuena por ser y sentir así y por saber contarlo, y gracias por compartirlo con extraños , eres muy generoso.

    1. Gracias a ti por leerme, Epicteto. ¿Sabes esa sensación de necesitar soltar algo que llevas dentro, de dar las gracias, de no querer quedarte con ello para ti solo porque necesitas expresarlo, ponerlo en un papel? Pues el resultado es este post que espero que algún día, cuando Mateo sepa leer y entenderlo, se sienta tan orgulloso de él como su padre de dedicárselo. 🙂

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