El apocalipsis runner

Casi todo en la vida se puede medir: tu talla, tu peso, tus años, los besos que diste, las risas que echaste, los litros de lágrimas que derramaste por tonterías, las veces que te emborrachaste o el dinero que empleaste en comprar golosinas. Otra cosa es que merezca la pena llevar el control. Cuando empecé con esto del running, y siempre que digo esto pienso: “ya viene el abuelo Cebolleta a contar otra batallita”… y me fastidia. Que, por una parte, es normal porque tengo edad como para haber leído historietas de la familia Cebolleta, y con eso quiero decir que he tenido tiempo para que me hayan ocurrido cosas en la vida; pero, por otra parte, no es tan normal que me ocurra al hablar de running, que es algo relativamente reciente en mi vida, no va más allá de 1999; vamos que, en esa época ya se emitían “Los Simpsons”, que no estoy hablando del pleistoceno medio.

Cuando empecé en esto del running, decía, me importaba bien poco saber cuántos kilómetros corría porque mi objetivo principal era otro: hubiera sido completamente ilógico obsesionarse por saber qué distancia recorría si no era capaz de correr diez minutos seguidos. Pero, como ya apuntaba maneras, para medir el (poco) tiempo que pasaba corriendo me compré un cronómetro Casio que fue el primer artículo que me compré (antes incluso que unas zapatillas) relacionado con el footing (que es como yo llamaba a esto de correr). De running, jogging, footing y otras denominaciones ya hablaremos otro día.

Cronómetro Casio
El mi Casio

Continuemos, que hoy estoy especialmente “cebolletil”. Hablábamos de medir los entrenos. El caso es que cuando te haces a la resistencia y puedes correr en condiciones decentes más de 30 minutos, entonces sí, empiezas a preguntarte cuánto estarás corriendo. Y es lógico. Hoy día eso no supone ningún problema, pero en 1999 era algo un poco más dificultoso porque por no había tecnología que nos ayudara y nos las apañábamos como podíamos. En mi caso, el cálculo lo hacía a ojo: si una vuelta al parque por el cuentakilómetros del coche eran más o menos tres kilómetros, pues corriendo sería más o menos la misma distancia. Y si solía tardar aproximadamente 15 minutos en recorrerlos, lógicamente, aunque entrenase por lugares diferentes, la media siempre se aproximaría a un kilómetro cada cinco minutos.

Había otros runners con más suerte que tenían bicicletas con cuenta kilómetros y podían marcar circuitos con más precisión. Y era verdad, los parques estaban llenos de marcas de pintura que los corredores habituales hacían para medir los entrenos. El problema estaba en que entre que medían dos o tres tíos el mismo parque, cada uno empezando por el lado que más le convenía, y encima se repintaban las marcas y no siempre coincidían, la mayoría de las veces el resultado era un batiburrillo sin sentido salvo para el que hubiera hecho las marcas (al que tampoco creo que le importara que los demás se aclarasen o no). Y así, con ese control de aquella manera, pues te hacías tu tablilla en Excel y sabías aproximadamente cuantos kilómetros acumulabas por semana. Lo que, sinceramente, sólo me importaba en los cuatro meses anteriores al maratón (otro día hablaremos de planes tontos para  preparar un maratón), mientras que el resto del año me conformaba con salir a correr por tiempo cuando me apetecía: veinte minutos o media hora, o una hora o algo más si tenía ganas de una tirada larga. Dos, tres días por semana, sin control (o simplemente tachando en el calendario los días que había salido a correr).

Pero el tiempo pasa y con él vienen nuevos adelantos que, con el propósito de hacer más fácil tu vida, acaban por complicártela definitivamente. Es decir, si yo estaba bien con mi Casio, mis kilómetros calculados por la cuenta de la vieja y mis dos tres salidas por semana a mi aire, ¿por qué iba a querer tener más control, más exactitud, más números? Da igual, en un momento dado apareció Google Earth con sus mapitas por satélite y con aquella herramienta llamada “regla” con la que simplemente tenías que acordarte por dónde habías corrido, trazar el recorrido sobre el mapa y el programa te iba calculando automáticamente la distancia. Como el tiempo invertido lo conocía por el cronómetro, todo era cuestión de crear una hoja de cálculo en Excel, cruzar ambos datos y empezar a llevar el control de kilómetros y acumularlos por semanas, meses, años; lo mismo con el tiempo invertido y, por añadidura, también con los ritmos… un montón de datos que ni siquiera me interesaban antes y que lo único que servían era para quitarme tiempo de hacer otras cosas. Aunque, como dicen… sarna con gusto no pica.

Pero todavía hay más, porque más adelante en el tiempo, como me gusta mucho la música, me compré un iPod que traía una función que se llamaba Nike+iPod que por medio de dos sensores (que se compraban aparte) uno en la zapa (tuve que pasarme de Adidas a Nike) y otro en el propio cacharro, calculaba por medio de un podómetro todo: tiempo, distancia, ritmo y parciales. ¡El acabóse! La verdad es que el mecanismo, si estaba bien calibrado (había que hacerlo sobre 400 metros y sobre 1 km, andando y corriendo), era muy fiable: cotejando los datos que daba en cada entreno con el mismo recorrido en Google Earth, apenas había algunas decenas de metros de diferencia.

Y, por último, apareció el que para mí ha sido el invento más importante de lo que llevamos del siglo XXI: el iPhone (sí, hoy cualquier teléfono inteligente hace lo que el iPhone y más, pero él fue al primero que se le ocurrió que lo hiciera mientras los demás pensábamos que el sistema operativo Symbian de Nokia era el no va más). Y con el iPhone llegaron las apps, las apps de running, y la forma de entender los entrenos. Con él no sólo abandonabas las marcas del parque, también el Casio, la “regla” de Google Earth, la hoja de cálculo y hasta el reproductor mp3. Todo eso nos lo daba el dichoso aparatejo y mucho más (otro día hablaremos de cómo correr con un teléfono en la mano: ventajas, riesgos y calamidades).

Y, cuando creíamos que con las apps se acababan los problemas, que ya podíamos tener on line para nuestro regocijo todos nuestros entrenos con aquel montón de datos de los que la mitad ya no nos eran necesarios para mejorar nuestro rendimiento (eso se consigue mayormente corriendo, delante de una pantalla es más difícil), resulta que las apps empezaron a pedirnos que ampliáramos campos: que les dijéramos la edad, el peso, la altura, la marca de las zapatillas, y empezaron a añadir automáticamente el tiempo meteorológico que había a la hora y en la localidad del entreno, un mapa con los datos del gps, la hora local de comienzo y la de finalización, la altimetría del recorrido, las calorías consumidas, y que siguiéramos a “amigos”, y que nos siguieran, y que les diéramos “kudos” y “me gusta”, y que compartiéramos todo en Facebook, y en Twitter y en Google+, y que conectáramos Instagram para incluir las fotos, y que…

Vamos, que me temo que cuando los runners nos convirtamos en una amenaza para la humanidad y llegue el día del apocalipsis runner, la enorme cantidad de datos alojados en las páginas web de nuestras apps de running favoritas (otro día hablaremos de apps de running) y a los que seguro tiene acceso la CIA, el FBI, la DEA y la policía local Villamor de los Escuderos, servirá a los Estados Unidos de América para enviar drones no tripulados a darnos caza y exterminarnos a misilazos y, ya os digo yo que les estamos poniendo fácil que nos acierten en el medio del colodrillo a la primera, sí o sí.

Así que, cuando al final del entrenamiento la puñetera app me pregunta si quiero dejar un comentario o añadir una nota, por si acaso el “Gran Hermano” lo lee, siempre escribo, con muy mala baba, lo mismo: “mecagüen tó, quiero mi Casio de vuelta, josdeputa!”

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4 comentarios en “El apocalipsis runner

  1. Bueno, buenísimo…jajaja. Ya sabes que yo soy nuevo en esto de correr, quizás por eso me gusta mas llamarlo running, una manera de sentirse uno importante, supongo.
    Gracias a todo esto puedo correr y escuchar música, quizás dos de mis pasiones…¡ vivan los avances tecnológicos !
    P.D.: Los Simpson, los 90……la de cosas que hemos vivido.

    Como siempre fantástico.

  2. Yo es que llegué al mundo del running con casi todo inventado, de hecho, mi primera salida la grabé con mi HTC Hero y el CardioTrainer …….. sólo han pasado 2 años y pico ….. pero al poco de comenzar a tener “registros” ……. pensé que había que dar el salto y tener más “precisión” y de ahí al Garmin ……
    Ahora sé porqué en muchos sitios he visto pintadas las piedras y baldosas 🙂

    Genial la entrada ………. eres afortunado, yo no viví “esa” época …….. aunque yo hice algo similar cuando tenía 14-15 años …… en los 90 también …….. pero con la bici, cogía el mapa de carreteras y me ponía a sumar los kms de la ruta que quería hacer …….. lo malo es que no indicaban las cuestas y eso te lo encontrabas en directo …….. qué tiempos, salir por ahí con la bici, con 14 años y hacer 70-80kms sin móvil ni nada ………

    1. Eran otros tiempos. Me pareció curioso recordarlos, pero por supuesto ahora con la tecnología no se echan de menos aquella etapa. Me alegro haber arrojado algo de luz a lo de las marcas que has visto pintadas por ahí 😉

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