Incluso, con suerte, a los mismísimos Bleck o Glub. O a Muelle, el padre de todos ellos.

“El Francotirador Paciente “(Arturo Pérez-Reverte)

Cuando yo era cani y tenía tal pavazo encima que no entraba por el quicio de las puertas la motivación para correr era distinta. Mayormente, no había ninguna. Correr, corríamos… en el instituto, en clase de educación física, y ya. El único que yo recuerde que mostraba cierto interés por la carrera a pie era un tal Uribe, un compañero, repetidor, con gafitas, de esos que gustaban de ir solos al cine y tomar notas y que a menudo solías ver leyendo apartado de los demás en un rincón del patio. Tampoco era para que dijéramos que era un autista: yo le conocía de toda la vida porque vivía en el portal de al lado y se llevaba bien con la mayoría de nosotros, pero no hacía piña con nadie. No sé si me explico, pero se me entiende. Este Uribe solía hasta pedir permiso a la profesora para poder quedarse a gimnasia con clases distintas a la suya y seguir corriendo, así que se entiende que lo consideráramos un rarito (o un friki en terminología actual).

Correr por correr, recuerdo, no tenía sentido. Mis amigos y yo, por ejemplo, nos sacamos un carnet para poder entrar en el Polideportivo del Barrio de la Concepción a correr en la pista de tierra batida. ¿Lo hacíamos? Pues… si dar una vuelta o dos a la pista con el pantalón del chándal siempre puesto (que los pantalones cortos eran cosa de niños) puede considerarse correr… sí, lo hacíamos… ¿Que por qué nos apuntamos? Pues porque el horario de la pista coincidía con el de entrenamiento de un equipo femenino de baloncesto y después de “correr” nos quedábamos a ver a las chicas y a hacernos los chulitos y toda clase de tontás ante la total indiferencia de ellas. Y así un par de años, hasta que cumplimos 16 y pudimos empezar a hacernos los chulitos, y las tontás, en la disco (curiosamente con idéntico resultado). El ejercicio físico más que en la pista lo hacíamos en la calle porque íbamos desde San Blas al Bº de la Concepción andando y volvíamos de la misma manera (todos menos Paquillo que se volvía en metro, el muy traidor).

Pero hablaba del Uribe y puedo asegurar que a él fue al primero que le vi unas Asics Tiger, porque antes las llamábamos así: Asics Tiger; ni Asics a secas, ni Onisuka Tiger (que eso vino mucho después, cuando Tarantino y Kill Bill): ¡Asics Tiger! Además, como ya he dicho, el Uribe era un notas y encima llevaba una zapatilla de cada color. Tampoco es que le envidiáramos las zapatas porque eran “de correr” y nosotros en San Blas, estábamos más que contentos con las Yumas y sus tres bandas (azules o naranjas fosforito, a elegir) que eran más multidisciplinares, vamos que servían para todo: lo mismo quedaban genial con unos vaqueros Jesus de pitillo que valían para jugar al fútbol, al baloncesto, hacer gimnasia, correr o lo que se terciara.

Al cabo de los años, descubrimos que el Uribe tampoco corría por gusto, sino porque por aquel entonces se había hecho grafitero y se había dedicado a llenar las paredes de la ciudad con su firma: “Bleck (la rata.).” y como debía tenerle ganas medio cuerpo de policía municipal de Madrid necesitaba estar en forma para salir por patas en cuanto veía un uniforme asomar por cualquier esquina.

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Como Bleck y el Muelle fueron los grafiteros míticos de aquella época, puedo asegurar, como runner, que las clases de gimnasia corriendo junto al Uribe han sido lo más parecido a compartir entreno con un atleta de élite que me haya ocurrido en la vida.

🙂

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14 comentarios en “Bleck (la rata) y el running

    1. Me alegro de que te gustara.Muchísimas gracias por comentar, saber que alguien se toma la molestia de leer lo que, bien o mal, escribes eso sí que motiva. 🙂

  1. A esa edad, la gente que corría no era muy bien vista. La verdad que los que lo hacemos ahora tampoco. Si me dieran un euro cada vez que me dice uno “eso de correr, es de cobardes”, forrao estaba.

    1. Desde que marchó, nada. Ni de él ni de sus hermanas. Su padre sigue viviendo en su casa de toda la vida, alguna vez me lo he cruzado, pero de Juan Carlos nada.

  2. Acabo de encontrarme con esto. No sabía que Bleck era de San Blas pero si recuerdo muchas pintadas suyas por mi barrio, una en el mismo bloque donde hoy siguen viviendo mis padres en la calle Etruria.

    1. Pues lo era. El barrio estaba plagado de tags suyas. No me extraña que Canillejas también. Y esa firma en la calle Etruria sigue existiendo? Es que no recuerdo que haya sobrevivido ninguna. Un saludo.

      1. Y… sabias más o menos por qué zona vivía??
        Que va, ya no existe la firma, hace muchísimo desapareció, es más, ayer después de leer varios artículos sobre este tema pensé pasarme por allí para ver si vislumbraba parte de la firma que fue borrada hace tantos años aunque creo que eso es imposible. Ojala quedase alguna!!! Un saludo.

      2. Bleck era vecino, vivía en las torres de detrás del ambulatorio de García Noblejas. Fuimos al mismo cole, el Pablo Casals y luego al mismo instituto, el Gabriela Mistral. Después le perdí la pista. Creo que se fue a los USA.

      3. OK. Gracias por la info y sobre todo por tu blog. Yo soy de Cani, estudié en el Alberto Alcocer y después en el Gómez Moreno.
        Eso dicen por la red, que después de viajar por el mundo ahora está en NY
        Si vuelves a tener noticias ya sabes…
        Saludos.

  3. Ayer pasé justo por la pared que comenté más arriba, justo donde sabía que había habido un tag de Bleck y… bingo!!! allí se pueda aún vislumbrar su firma. No sé si se podrá apreciar en la foto que hice pero la puedo pasar si quieres.
    Saludos.

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